Héctor Villarroel, un joven maracayero que escribió en el vidrio trasero de su Chevette “De Maracay pa’l mundo”, se quedó accidentado hoy en Turmero.
Mientras vendía mangos a la orilla de la carretera, para redondear sus ingresos, nuestro pasante subpagado logró hablar con Villarroel, que andaba esperando desde hace cuatro horas a un primo que tiene una pickup para que lo remolcara: “Pana, yo esta mañana no sé qué coño se me metió pero andaba como endiablado, con ganas de comerme el mundo, no sé por qué; me imagino que es porque desayuné. Entonces agarré el griffin este y le puse al vidrio de mi Porschevette ‘De Maracay pa’l mundo”, para que todo el que lo viera supiera que no andaba jugando carrito, que venía de frente a lo que fuera, sin comerle coba a nadie. Y bueno, salí, chamo, dispuesto a todo, sin rumbo, sin plan fijo, poderoso, regio, activo, sin maricoteo, como ya te venía diciendo, y faltando 500 metros para llegar a la Encrucijada se me espichó un caucho. ¿Ah? ¿Cómo? ¿Caucho de repuesto? ¡No, qué caucho de repuesto voy a estar teniendo! ¿Quién coño te crees que soy yo, Cisneros?” afirmó Villarroel, segundos antes de hacerle un trueque de un mango por un cigarro a nuestro pasante.
Un poco de humor venezolano para no perder el carisma que nos caracteriza.
Mientras vendía mangos a la orilla de la carretera, para redondear sus ingresos, nuestro pasante subpagado logró hablar con Villarroel, que andaba esperando desde hace cuatro horas a un primo que tiene una pickup para que lo remolcara: “Pana, yo esta mañana no sé qué coño se me metió pero andaba como endiablado, con ganas de comerme el mundo, no sé por qué; me imagino que es porque desayuné. Entonces agarré el griffin este y le puse al vidrio de mi Porschevette ‘De Maracay pa’l mundo”, para que todo el que lo viera supiera que no andaba jugando carrito, que venía de frente a lo que fuera, sin comerle coba a nadie. Y bueno, salí, chamo, dispuesto a todo, sin rumbo, sin plan fijo, poderoso, regio, activo, sin maricoteo, como ya te venía diciendo, y faltando 500 metros para llegar a la Encrucijada se me espichó un caucho. ¿Ah? ¿Cómo? ¿Caucho de repuesto? ¡No, qué caucho de repuesto voy a estar teniendo! ¿Quién coño te crees que soy yo, Cisneros?” afirmó Villarroel, segundos antes de hacerle un trueque de un mango por un cigarro a nuestro pasante.
Un poco de humor venezolano para no perder el carisma que nos caracteriza.