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Me hice el ricachón en un boliche

Humor•3/9/2017
Hola gente, aquí les traigo otra peculiar historia que nadie va a creer pero que es cierta y me sucedió hace algunos años en unas vacaciones.

Era el verano del 2011, me había ido de vacaciones con dos amigos al pintoresco pueblito de Claromecó y quienes han experimentado irse con amigos a la costa, podrán confirmar que lo único que importa es salir, tomarse todo y garchar. Si bien este viaje me dejó muchas historias para contar, hoy opto por abocarme solo a la que a continuación daré cuerpo.



En fin, aquí va...
Luego de un largo viaje por fin nos habíamos acomodado en el camping esquivando la administración para pagar menos de lo que debíamos, habíamos comido e ido a la playa a disfrutar del sol y el mar. Para la tardecita ya estábamos de nuevo en el camping listos para cenar alguna polenta mal cocida y comenzar los preparativos para nuestra primera noche de fiesta. Nos duchamos, tomamos algo como para entonarnos y salimos a recorrer la pequeña variedad de antros que el pueblito costero nos ofrecía. Luego de ingresar en un par de bares y alguna disco, decidimos volvernos caminando en pedo por la costanera, bajo la lluvia que nos regalaba esa primer noche, contemplando el tormentoso paisaje en donde los rayos podían verse desaparecer en el horizonte donde se une el cielo y el mar; cabe destacar que debíamos recorrer la ciudad de punta a punta para ir del centro al camping o viceversa.







La primer noche no había sido lo mejor, pero era solo el principio de lo que se vendría, así que sin quejarnos nos dormimos esperando el siguiente día. El segundo día fue como el primero, un día de playa, alimentación escasa, alguna vuelta al centro y al atardecer la vuelta al camping seguida de la preparación para la noche. Esa noche uno de mis amigos no quiso salir así que esta vez solo seríamos dos los que nos aventurásemos en el mundo nocturno.



Fuimos a un bar que se encontraba sobre la playa al otro lado de la ciudad, de aspecto rústico y muy buena pinta. Este lugar tenía un peculiar método de cobro, no pagabas entrada al ingresar, sino que le daban a cada persona una especie de ''chequera'' y te explicaban su función. El concepto era el siguiente, ese cartoncito que te daban tenía una especie de cuadro de doble entrada con varias columnas y casilleros, en la columna de la izquierda estaban los nombres de todas las bebidas que ofrecía la barra y a la derecha de cada trago varios cuadritos para completar. Cuando consumías algo el de la barra en lugar de cobrarte, marcaba con una cruz en el casillero correspondiente. Al salir del bar debías pasar por la boletaría en donde calculaban lo que había consumido y te cobraban, luego sellaban tu chequera como ''pagada'' y de esa forma te ibas sin que los de seguridad te caguen a trompadas.





Otro detalle acerca de este sistema es que si no consumías nada tendrías que pagar diez mangos al salir, este monto se anulaba si lo superabas en gastos de la barra... Para que me entiendan les dejo un ejemplo:
La cerveza estaba $7, si solo consumías una cerveza pagabas $17 ($10 de la entrada + $ 7 la cerveza), pero si consumías dos cervezas solo pagabas $14 ya que al superar el precio de la entrada, este monto se anulaba ($7 + $7 = $14).

Como última aclaración, es importante mencionar que si no presentabas la chequera a la salida, debías pagar un monto exorbitante que triplicaba la cantidad que yo había llevado para sobrevivir toda la semana. Esto era para evitar avivadas, ya que luego de llenar la chequera cualquiera pensaría en tirarla argumentando haberla perdido. En fin, este extraño sistema te obligaba a estar atento y a ser precavido durante toda la noche, básicamente guardabas el cartoncito entre los huevos para no perderlo. Pero ¿qué pasaría si por arte de magia tuvieses dos chequeras? He aquí lo interesante de mi historia.

Esa noche luego de haber consumido lo mínimo (2 cervezas), decidimos sentarnos y pasar la noche de manera tranquila ya que era un día de semana y queríamos guardar plata para el finde. De golpe mi amigo me mira y me dice ''vamos al baño que te quiero mostrar algo'', (imaginarán lo primero que pensé). Lo miré de manera extraña y luego de dudarlo accedí a acompañarlo, una vez ahí metió su mano en el bolsillo, yo lo miraba con la seguridad de que haría asomar la nutria y justo cuando estuve apunto de marcharme, dejó ver lo que quería mostrarme. Era una chequera casi vacía, la había encontrado debajo de la mesa en la cual estábamos sentados... no hicieron falta las palabras, nos miramos con complicidad, sonreímos y nos retiramos del tocador antes de que alguien sospeche de nuestra sexualidad.





Imagínense, dos adolescentes cargados de hormonas, en un boliche de la costa, con barra libre...
-Para el que no entendió, al tener una chequera extra podríamos saturar una hasta llenar todos los casilleros, luego tirarla y salir con la otra pagando a penas unos pesos.-



Bueno, continuando... nos sentamos en una mesa que en pocos minutos quedo repleta de bebidas a medio tomar, teníamos un pedo terrible así que comenzamos a invitar tragos a las chicas. A la mesa ahora se habían sumado tres minusas que se partían de lo buenas que estaban, eran de esas que en condiciones normales no te dan ni la hora, pero en ese momento ahí estaban, riéndose y emborrachándose con nosotros.





Con mi amigo nos mirábamos mientras repetíamos a coro el estribillo de una canción de una bandita que tocaba ese día, no conocíamos la letra pero la entonábamos con balbuceos por la euforia que manifestábamos. Les decíamos a las chicas ''¿Qué quieren tomar?, vallan a la barra y pidan lo que quieran'' ellas se volvían locas, pensarían que estaban con los pibes mas ricachones del bar y sin dudarlo iban y venían con dos vasos cada una.





Fue cuestión de tiempo para que nos comamos a esas lincesas, ya a esa altura yo a penas podía caminar y el lenguaje ya no era algo que manejara de forma fluida pero, como las minas estaban peor, no fue necesario el chamullo... cabe destacar que estas minas no solo estaban buenas, sino que también eran dos o tres años mayores y de clase alta... por lo cual ese levante era todo un logro para dos pibes muertos de hambre que no pagaban ni el camping y que habían cenado polenta cruda.



Ahí estaba yo, chapando con una de ellas, mi amigo se había ido a otro sector con su presa, mientras nosotros estábamos desparramados en la mesa, recuerdo que nos tropezamos y tiramos varias botellas que se rompieron. No puedo contarles con mucho detalle todas las secuencias de esa noche ya que mi estado era deplorable, sí se que en un momento nos encontrábamos con mi chica en un rincón medio oscuro del bar dejando fluir la lujuria que nos provocaba la ebriedad, cuando de repente nos dimos cuenta de que no quedaba bien manifestar en público semejante calentura.



Le pregunté si quería irse del lugar y ella me dijo que sí, pero que antes debía avisar a su hermana, que si bien había estado con nosotros en la mesa, no se había sumado al jolgorio como las otras dos. Lo primero que pensé fue ‘’ me voy con las hermanitas y me armo alta fiesta’’, así que accedí a recorrer el boliche en busca de ella para poder irme con ambas. De paso buscaría a mi amigo para comunicarle mi retirada.



Al encontrar a la susodicha, luego de dar mil vueltas abrazado a mi lincesa, le comentamos nuestra idea y lejos de involucrarse en la festichola, asumió su rol de hermana mayor y, como si se tratase de una milica, comenzó a cagarme a pedos por haberle dejado el cuello lleno de marcas a su hermanita. Me echaba la culpa de que su hermana ese en ese estado, yo me defendía argumentando que mi vulnerabilidad era aún mayor.




Enseguida apartó a su hermana de mis brazos y se la llevó a la salida mientras la regañaba, justo pude visualizar a mi amigo y su chica, así que lo llamé y nos fuimos los cinco luego de pagar los pocos pesos que figuraban en nuestras chequeras originales.



Ahí estábamos, todos afuera del bar, encandilados por las luces del amanecer, la hermana mayor seguía gruñendo por lo sucedido y sostenía que ellas estaban vacacionando con sus padres y no podían aparecer llenas de marcas al almuerzo familiar. Pero las otras no se arrepentían para nada de haber pasado tan hermosa velada junto a nosotros. Yo creo que la reacción de la mayor fue por no haber ligado nada, pero en fin… no garchamos pero la pasamos más que bien.



Al llegar al camping le comunicamos lo sucedido a nuestro amigo, el que se había quedado, y entre incredibilidad y envidia tuvo que digerir la idea de que se perdió de una de las mejores noches de su vida; y que encima había una tercera mina que necesitaba de alguien que la acompañe. Si él no se hubiese quedado durmiendo, era más que seguro que la poníamos los tres.



Algo que no dije fue lo que pasó con la chequera reventada, la verdad nunca lo supe… mi amigo le perdió el rastro cuando ligó con la mina… supusimos que el barman nos la canceló por exceso y que luego mi amigo la desechó… tengo vagos recuerdos de que en un momento se nos advirtió del gasto que estábamos efectuando, supongo que nuestra apariencia levantaba sospecha… En fin, eso no importa, lo que si importa es lo siguiente… ¿Quién carajo habrá sido el desgraciado que perdió la chequera y que nos regalo semejante noche?...

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