Hola gente, en este post les traigo una pequeña reflexión que hice acerca de un tema poco tratado… aquí va…
A lo largo de nuestras vidas, desde pequeños, atravesamos ciertas situaciones que nos marcan para siempre, que significan un quiebre; momentos bisagra que nos hacen cambiar, que nos convierten en personas más aptas, más seguras de si mismas, o por el contrario, nos afectan de manera negativa.
Estas situaciones, lejos de pasar desapercibidas como conflictos internos, pasan a convertirse en tópicos de las charlas sociales. Hay varios ejemplos que les puedo enumerar y cada uno se puede asociar a una etapa de la vida.
Por ejemplo, sin siquiera ser conscientes, todos hemos transitado el épico momento en el cual damos nuestros primeros pasos o decimos nuestras primeras palabras; este hecho es tan significativo que se pone en boca de todos cuando ocurre y se transforma en el tema central de las charlas de mamás primerizas que se corren carrera para ver cual fue el niño más precoz.
Otro ejemplo que se me viene a la mente es el siguiente: Quienes venimos de familias que festejan la navidad, de pequeños fuimos víctimas del engaño masivo que Papa Noel representa, todos creímos en él hasta una cierta edad, la gran mayoría fuimos estafados con esa mentira que nos hacía creer en la magia y nos daba un motivo para celebrar las fiestas en esa etapa de la vida en la que no somos lo suficiente autónomo como para desarrollar gustos u opiniones. ¿Y cual es el momento importe al que hago alusión? Nada más y nada menos que el instante en el cual nos enteramos de la verdad detrás de esa ilusión…
Cuando nos enteramos que Papá Noel no existe una gran parte de nuestro escueto mundo infantil se desmorona convirtiéndonos en personitas más maduras con una cierta actitud de frialdad hacia todo el panorama navideño… Este tema se convierte en una gran tendencia a la hora de entablar conversaciones entre infantes… Quienes ya no creen sienten cierta superioridad ante la vulnerabilidad de aquellos que aun siguen embaucados.
Para continuar puedo saltarme varios años, básicamente toda la infancia ya que, a menos que hayan sufrido algún trauma específico, no pasa demasiado en esos años en los que somos pequeños entes sin vos ni voto. Es por eso que me remito a la adolescencia, etapa en la cual nos iniciamos por primera vez en casi todo lo que nos marca para siempre… Como tópico de las charlas de pubertos podemos encontrar una amplia variedad que engloba desde nuestra primera borrachera o nuestro primer beso. Es innegable que estas temáticas representan una gran porción de las charlas adolescentes ya que marcan la vida de un joven y definen varios aspectos de su personalidad. Una vez más, quién haya experimentado dichas hazañas de manera más precoz adquiere inmediatamente el respeto y reconocimiento de los demás.
Siguiendo con esta lista de momentos importantes de la vida, puedo enumerar aquel que pasa a formar parte de un gran porcentaje del pensamiento y conversación de un adolescente, me refiero al debut sexual. Este magnífico hecho, lejos de quedar relegado a la intimidad de cada quién, se convierte en noticia masiva y tema de conversación que propicia el intercambio de opiniones y testimonios; quién no logra incursionar eficazmente en tiempo y forma en dicha práctica, es recluido y estigmatizado, mientras que quienes mojan el ganso a corta edad son vistos de manera eróica por sus colegas.
Podría seguir enumerando muchos más ejemplos pero me estoy desviando del punto y no los quiero aburrir. Si nos fijamos bien y hacemos memoria de nuestras experiencias personales, podemos notar que existe una coincidencia, un factor común que relaciona a todos estos acontecimientos y a su repercusión social. Me refiero concretamente a que siempre que se hace eco de algo así, o se rememoran ciertas temáticas en alguna charla entre amigos o familiares, surge un interrogante que parece ser definitivo a la hora de juzgar la capacidad de cada ser humano, y éste es ¿A qué edad?, ¿A qué edad aprendiste a caminar?, ¿A qué edad dejaste de creer e Papa Noel?, ¿A qué edad te emborrachaste por primera vez?, ¿A qué edad diste tu primer beso?, ya la clásica ¿A qué edad LA PUSISTE?.
Es partir de esta conclusión que se desencadena el punto focal de mi reflexión:
¿Por qué nadie habla de la primera vez que te limpiaste el culo solo después de cagar?
Si hablamos de momentos que representan un quiebre en nuestra vida, no podemos dejar afuera el instante en el cual debutamos en el mundo de la lijada anal. ¿A caso es justo relegar este avance vital a la intimidad sin hacer alarde?, ¿a caso es poco mérito lograr semejante emancipación?... Les comento que no es poca cosa, gestionar y ejecutar la autolimpieza del caquero no es algo para tomar a la ligera, esta práctica no solo requiere entrenamiento sino que conlleva el derrumbe de muchos temores… Pónganse a pensar y recuerden aquel momento en el cual solitos decidieron que ya era hora y, envolviéndose la mano entera en papel, se lanzaron a escarbar en aquel recóndito sitio para retirar el restante de materia fecal… ¿No hallaron el sentido de la libertad al por fin librarse del tormento que significaba depender de alguien para que te evacue la zanja? Recuerdan esos viejos tiempos en donde debían aguantar las ganas por no estar en casa, o esas esperas en el baño con la caca cartapesteada en el ojete por esperar a que mamá se desocupe y acuda a nuestro llamado… Si había visitas debías ponerte en evidencia si tenías que cagar ya que desde el trono gritabas a viva vos ‘’mamáaa, ya estáaa’’ al culminar. Pareciera que todos nos olvidamos de la importancia de ese logro y censuramos el tema sin compartir la experiencia en charlas de amigos… Hemos convertido en tabú todo aquello que involucre la actividad excretora y nos negamos el mérito que merecemos por semejante hazaña a tan corta edad.
Así que les digo… eliminemos el tabú y permitámonos el gusto de poder hablar con libertad acerca del tema, compartamos anécdotas y experiencias, convirtamos en tópico este memorable acontecimiento tan o más importante que cualquier otra primera vez…
Hablemos a diestra y siniestra y enorgullezcámonos de nuestra precocidad en cuanto a la iniciación en esta necesaria y liberadora práctica. Animémonos a preguntarle a la gente a que edad se franelearon el hoyo por primera vez, como quién pregunta acerca de la pérdida de la virginidad.
A lo largo de nuestras vidas, desde pequeños, atravesamos ciertas situaciones que nos marcan para siempre, que significan un quiebre; momentos bisagra que nos hacen cambiar, que nos convierten en personas más aptas, más seguras de si mismas, o por el contrario, nos afectan de manera negativa.
Estas situaciones, lejos de pasar desapercibidas como conflictos internos, pasan a convertirse en tópicos de las charlas sociales. Hay varios ejemplos que les puedo enumerar y cada uno se puede asociar a una etapa de la vida.
Por ejemplo, sin siquiera ser conscientes, todos hemos transitado el épico momento en el cual damos nuestros primeros pasos o decimos nuestras primeras palabras; este hecho es tan significativo que se pone en boca de todos cuando ocurre y se transforma en el tema central de las charlas de mamás primerizas que se corren carrera para ver cual fue el niño más precoz.
Otro ejemplo que se me viene a la mente es el siguiente: Quienes venimos de familias que festejan la navidad, de pequeños fuimos víctimas del engaño masivo que Papa Noel representa, todos creímos en él hasta una cierta edad, la gran mayoría fuimos estafados con esa mentira que nos hacía creer en la magia y nos daba un motivo para celebrar las fiestas en esa etapa de la vida en la que no somos lo suficiente autónomo como para desarrollar gustos u opiniones. ¿Y cual es el momento importe al que hago alusión? Nada más y nada menos que el instante en el cual nos enteramos de la verdad detrás de esa ilusión…
Cuando nos enteramos que Papá Noel no existe una gran parte de nuestro escueto mundo infantil se desmorona convirtiéndonos en personitas más maduras con una cierta actitud de frialdad hacia todo el panorama navideño… Este tema se convierte en una gran tendencia a la hora de entablar conversaciones entre infantes… Quienes ya no creen sienten cierta superioridad ante la vulnerabilidad de aquellos que aun siguen embaucados.
Para continuar puedo saltarme varios años, básicamente toda la infancia ya que, a menos que hayan sufrido algún trauma específico, no pasa demasiado en esos años en los que somos pequeños entes sin vos ni voto. Es por eso que me remito a la adolescencia, etapa en la cual nos iniciamos por primera vez en casi todo lo que nos marca para siempre… Como tópico de las charlas de pubertos podemos encontrar una amplia variedad que engloba desde nuestra primera borrachera o nuestro primer beso. Es innegable que estas temáticas representan una gran porción de las charlas adolescentes ya que marcan la vida de un joven y definen varios aspectos de su personalidad. Una vez más, quién haya experimentado dichas hazañas de manera más precoz adquiere inmediatamente el respeto y reconocimiento de los demás.
Siguiendo con esta lista de momentos importantes de la vida, puedo enumerar aquel que pasa a formar parte de un gran porcentaje del pensamiento y conversación de un adolescente, me refiero al debut sexual. Este magnífico hecho, lejos de quedar relegado a la intimidad de cada quién, se convierte en noticia masiva y tema de conversación que propicia el intercambio de opiniones y testimonios; quién no logra incursionar eficazmente en tiempo y forma en dicha práctica, es recluido y estigmatizado, mientras que quienes mojan el ganso a corta edad son vistos de manera eróica por sus colegas.
Podría seguir enumerando muchos más ejemplos pero me estoy desviando del punto y no los quiero aburrir. Si nos fijamos bien y hacemos memoria de nuestras experiencias personales, podemos notar que existe una coincidencia, un factor común que relaciona a todos estos acontecimientos y a su repercusión social. Me refiero concretamente a que siempre que se hace eco de algo así, o se rememoran ciertas temáticas en alguna charla entre amigos o familiares, surge un interrogante que parece ser definitivo a la hora de juzgar la capacidad de cada ser humano, y éste es ¿A qué edad?, ¿A qué edad aprendiste a caminar?, ¿A qué edad dejaste de creer e Papa Noel?, ¿A qué edad te emborrachaste por primera vez?, ¿A qué edad diste tu primer beso?, ya la clásica ¿A qué edad LA PUSISTE?.
Es partir de esta conclusión que se desencadena el punto focal de mi reflexión:
¿Por qué nadie habla de la primera vez que te limpiaste el culo solo después de cagar?
Si hablamos de momentos que representan un quiebre en nuestra vida, no podemos dejar afuera el instante en el cual debutamos en el mundo de la lijada anal. ¿A caso es justo relegar este avance vital a la intimidad sin hacer alarde?, ¿a caso es poco mérito lograr semejante emancipación?... Les comento que no es poca cosa, gestionar y ejecutar la autolimpieza del caquero no es algo para tomar a la ligera, esta práctica no solo requiere entrenamiento sino que conlleva el derrumbe de muchos temores… Pónganse a pensar y recuerden aquel momento en el cual solitos decidieron que ya era hora y, envolviéndose la mano entera en papel, se lanzaron a escarbar en aquel recóndito sitio para retirar el restante de materia fecal… ¿No hallaron el sentido de la libertad al por fin librarse del tormento que significaba depender de alguien para que te evacue la zanja? Recuerdan esos viejos tiempos en donde debían aguantar las ganas por no estar en casa, o esas esperas en el baño con la caca cartapesteada en el ojete por esperar a que mamá se desocupe y acuda a nuestro llamado… Si había visitas debías ponerte en evidencia si tenías que cagar ya que desde el trono gritabas a viva vos ‘’mamáaa, ya estáaa’’ al culminar. Pareciera que todos nos olvidamos de la importancia de ese logro y censuramos el tema sin compartir la experiencia en charlas de amigos… Hemos convertido en tabú todo aquello que involucre la actividad excretora y nos negamos el mérito que merecemos por semejante hazaña a tan corta edad.
Así que les digo… eliminemos el tabú y permitámonos el gusto de poder hablar con libertad acerca del tema, compartamos anécdotas y experiencias, convirtamos en tópico este memorable acontecimiento tan o más importante que cualquier otra primera vez…
Hablemos a diestra y siniestra y enorgullezcámonos de nuestra precocidad en cuanto a la iniciación en esta necesaria y liberadora práctica. Animémonos a preguntarle a la gente a que edad se franelearon el hoyo por primera vez, como quién pregunta acerca de la pérdida de la virginidad.
Gracias por leer