CONSEJOS PRÁCTICOS PARA UN BUEN LINCHAMIENTO ¿Estás organizando tu propio linchamiento? te cuento como hacerlo de manera simple y divertida Entre las muchas cosas que nos ha propiciado la actual hecatombe económica, una de las más valoradas entre la masa activa es el crecimiento desmesurado del desprecio hacia los demás. Siendo un poco más concretos, se puede decir que se trata de una actitud desglosable en 1. Pérdida de toda forma de empatía en pos a la propia supervivencia. 2. Descenso precipitado del nivel de tolerancia. 4. Redireccionamiento de la culpa: de uno mismo hacia terceras personas. 5. Búsqueda inconsciente de víctimas sobre las que descargar fuertes dosis de agresividad. Es en este último punto donde suelen culminarse las prácticas más visibles –y plásticas– derivadas del hastío vital sin precedentes que, una vez establecido en la mundanalidad del grueso social, encuentra en el momento actual una despensa ilimitada de inteligencias livianas con las que alimentarse hasta rayar en la gula. El linchamiento ha sido, desde el principio de los tiempos civilizados, uno de los más eficientes bálsamos para apaciguar la ira popular. Dado que resulta complicado llegar a dar con un responsable real, lo mejor es quedarse con lo que se tiene más a mano. Un ejemplo claro de esta angustiante situación es cuando alguien llama al teléfono de Atención al Cliente de su compañía de telefonía movil. Ya que no puede hablar directamente con el responsable REAL de esos $ 400.- extra que le han cobrado por andá-a-saber-porqué, lo más práctico es desahogarse directamente con el operario/a que atiende la consulta: por norma general, un pibe/a con un salario base paupérrimo y un insultante número de descendientes, con acento latinoamericano (o no) y afectado por una flagrante inopia que en un 100% de los casos le impide resolver el problema. Es más, lo único que puede/sabe hacer es derivar al enojado cliente a otro departamento, cosa que suele acrecentar exponencialmente su ira y le predispone para una segunda ronda de agresividad verbal, aún más virulenta –si cabe– que la anterior. Uno cuelga el teléfono y, a pesar de no haber resuelto nada, se siente mejor. ¿Por qué? Porque agredir es divertido, relaja y es para toda la familia. Y una vez se prueba la sangre, siempre se quiere más. ENTRE AMIGOS, TODO MUCHO MEJOR El ser humano es eminentemente gregario, eso está claro. Por lo que siempre es más de recibo hacer las cosas en compañía. Por varias razones, entre ellas 1. Compartir es bueno 2. Hacer amigos 3. Aprender cosas nuevas 4. La culpa se disipa proporcionalmente al número de implicados. Aquí es cuando se podría recurrir a ese dicho popular de que "cuanto más seamos, más reiremos". Entrando ya en materia, el linchamiento alcanza su plenitud –estética, ontológica y filosófica– cuando es practicada junto a una turba de enloquecidos semejantes con los que disfrutar de lugares comunes y, sobre todo, con una víctima en común. Porque, a diferencia del anterior ejemplo (el de la operadora de telefonía movil), un linchamiento no puede definirse como tal si no va acompañado de una masa enajenada con ganas de hacer mucho daño. La agresión individual está muy bien, y más cuando se sabe que la propia integridad no está en peligro (esto es, agredir a alguien más débil cuando nadie está mirando), pero un linchamiento es algo mucho más emocionante. Tiene un carácter mucho más festivo, permite ciertos excesos que en la agresión individual son complicados de asumir y, lo más importante, se puede delegar en los demás cuando se tercie y/o convenga legalmente. Eso sí, fotos no. Que luego se malinterpretan las cosas y no hay quien aclare. PARAMETROS BÁSICOS DE UN BUEN LINCHAMIENTO (POPULAR) Aquí van unos cuantos consejos que harán las delicias de una velada lúdica y especial en grupo. Popular: Eso es importante. Porque lo popular siempre es sello de autenticidad, de planície, de sencillez. Nada más entrañable que lo popular. La jerga popular, la comida popular, la fiesta popular, el partido popular... El vulgo es sinónimo de homogeneidad y sincronía espiritual: algo que no conviene ignorar, especialmente cuando se vive en comunidades relativamente pequeñas o en vecindarios más endogámicos de lo habitual. Lo popular es expansivo, vinculante y también inspirador. Eso se relaciona íntimamente con el proceder habitual en cualquier linchamiento (popular) que se precie, generando una iconografía propia que viene a ser como una marca de fábrica. Actitud / utensilios / motivaciones...ingredientes clave que determinan el éxito de cualquier turba inflamada de odio y frustración emocional. ¡ACTITUD POSITIVA! Ganas de colaborar, saber cuando uno ha de dejarse llevar y dejar algo para los demás: en definitiva, saber jugar en equipo. No quieras ser el protagonista, pero tampoco te quedes atrás: dubitar puede confundirse con cobardía o traición a la causa común. O estás o no estás, pero no dejes que tus conflictos morales te estanquen en tierra de nadie. Porque tú podrías ser el siguiente. ¡UTENSILIOS! Si algo diferencia a un linchamiento pro de uno meramente amateur, eso es la presencia de antorchas. No te dejes engatusar por las veleidades tecnológicas de última generación. Porque, si bien los últimos progresos pueden abrir ciertas vetas interesantes en el campo de la justicia popular, no puedes olvidar de dónde venimos. La antorcha, al margen de su utilidad a la hora de dar fuego cuando se requiere, viene a ser un verdadero icono de voluntad y actitud. Cualquier masa enfurecida gana incontables enteros si unos cuantos blanden antorchas. Cree en ellas. Pero no solo de antorchas vive la turba: hoces, tridentes, sogas de esparto y las siempre agradecidas estacas afiladas son otros must atemporales que harán de vuestro linchamento algo impertérrito, de espíritu perenne y respetuoso con lo clásico. Ojo, sin desdeñar aplicaciones más modernas como bolas de billar en calcetines, palos de golf de titanio o iMacs con más de 3 años de uso. ¡MOTIVACIONES! Tradicionalmente, las motivaciones de las que ha de partir un linchamiento popular son, por un lado, la animadversión a un ser humano que actúa como chivo expiatorio. La raza, el desconocimiento de cómo y a qué emplea su tiempo libre, o un rumor convenientemente expandido pueden ser razones más que suficientes para llevar a cabo una SLAYER PARTY con final feliz. Pero, volviendo a la casuística contemporánea, recordemos que –en el marco actual de devastación multinivel– cualquier razón es buena si antes se justifica con un alegato basado en el pan de tus hijos y en la competencia desleal de bolitas peruanos. Actualmente y a pesar de ser –gracias a dios– una tendencia en alza, los linchamientos públicos suelen darse en poblaciones de alfabetización sencilla y costumbres arraigadas. Como puede verse, hay cosas que nunca cambian, por lo que puedes sentirte tranquilo: antes o después, a alguien de tu comunidad se le ocurrirá algo para animar el próximo sábado noche. Relájate, déjate llevar y recuerda: fotos no.*
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