En las redes sociales nos podemos encontrar cosas de todo tipo, pero nunca imaginamos encontrar algo así. Un chico chileno, llamado Tomás Castillo Moya, se enamoró de él mismo y durante años compartió con sus amigos la relación más extraña del mundo.
Durante el tiempo en pareja con su propio reflejo, Castillo se tatuó su nombre, tuvo un hijo y hasta se fue de vacaciones. Pero todo tiene un final, regla básica de las relaciones amorosas.
El cierre de esta alocada idea fue con una ruptura. Tomás se separó de Tomás y volvió a ser uno, aunque las redes sociales guardan evidencias puras de esta inexplicable relación.
Pasa el tiempo y ninguno de sus amigos logra entender cómo surgió esta historia que parece sacada de algún libro de ficción. Nosotros solamente podemos aplaudir a Tomás por su genial idea.