He cometido el peor de los pecados: Indignarme por una cosa pero no por otra.
Por eso, he iniciado una metodología para que esto no vuelva a ocurrir. Decidí indignarme por absolutamente todas las cosas indignantes del universo que ocurren, procurando no dejar ninguna afuera, ya que esto hablaría muy mal de mi escala de valores.
Como no quiero excusarme en la falta de conocimiento de cosas indignantes (son muchas), organicé un equipo de gente que me las investiga (todos trabajadores en blanco y en cooperativa, para no sumar una cosa indignante a la tarea de poder indignarme por cosas). Este equipo trabaja las 24 horas del día consultando todos los medios de comunicación posibles, y después me pasa una lista de las cosas indignantes del día para que yo actúe en consecuencia.
Por supuesto no debería indignarme al mismo nivel con todas las cosas, ya que esto sería injusto. Ejemplo: No puedo indignarme igual por unos sirios bombardeados que por una multa de estacionamiento, así que todos los días me tomo el trabajo de asignarle a cada cosa una cantidad de indignación coherente con la cosa. Como no quiero que esta tarea quede filtrada por mis valores culturales sesgados, he pedido la ayuda de un grupo de notables con autoridad moral conformado por Malala Yousfazai, el Pepe Mujica, Nora Cortiñas y un simulador por computadora del cerebro de Neslon Mandela. Ellos lo discuten y me pasan la lista de indignaciones en orden de importancia.
Luego viene el tema de cómo expresar mi indignación. Según cómo la postee en Facebook, puede dar la impresión equivocada de que me estoy indignando de manera incorrecta. Ejemplo: si posteo mi indignación por los policías que le sacaron la burka a la musulmana en la playa a las 3 AM , puede parecer que esto me indigna menos que una indignación por un tema menor (tipo que no me dieron ticket en la panadería) en horario “prime time” (11 de la mañana ponele); así que tengo que armarme todo un trabajo de planificación de posteos ordenados según su intensidad de indignación en los horarios, vocabulario, extensión y tipo y tamaño de letra que corresponda al caso y que exprese con precisión milimétrica qué tan indignado o poco indignado (el estado “nada indignado” ha sido descartado) estoy.
Esta tarea no debe tardar mucho, ya que la tardanza también puede indicar una indignación insuficiente de mi parte; es una tarea muy compleja y estresante (¡Aunque, aprovecho para decir, no tan estresante como la tarea inhumana que cumplen los trabajadores textiles esclavos!)
Tampoco hay que dejar de lado que la indignación por un caso no debería servir de “cortina de humo” de todo el resto de los casos similares, porque entonces estaríamos cometiendo el horrendo crimen de “doble vara”. Si me indigno por el aco de corrupción de un funcionario, en el mismo posteo debo incluir mi indignación por todo el resto de los actos de corrupción de todos los gobiernos existentes, enumerándolos uno por uno con nombre y apellido y número de documento. Afortunadamente los trabajadores en blanco de mi cooperativa me van actualizando y clasificando los actos indignantes como para que yo ya los pueda copypastear en la indignación putnual del momento, pero tengo que estar atento porque me puedo comer un juicio facebookero por parcialidad manifiesta.
Últimamente se me ha presentado el descubrimiento de que todos los actos del universo tienen un componente de cierto nivel de indignación: por ejemplo, hoy comí pan con manteca . Este hecho incluye –por decir poco- la indignación por la explotación animal, la de los trabajadores explotados del trigo y de lo injusto que es que yo que me dedico a tareas que sostienen el sistema capitalista pueda comer mientras que hay gente que se caga de hambre. No estoy muy seguro de cómo debo sumar estos hechos indignantes a mi grilla de indignaciones, y si debo incluir nombres y datos de todas las personas que comen pan con manteca o medio que les perdono la vida.
Lo que sí sé es que todas estas tareas (que me han obligado a apartarme de mi familia, dejar mi trabajo e irme a vivir a una covacha llena de ratas) han valido la pena: Nadie puede acusarme de indignarme por una cosa y no por otra, y yo puedo acusar y sermonear prácticamente a todo el mundo, lo cual me sume en un estado de felicidad y plenitud. Y ahora interrumpo mi diaria tarea por un rato porque es mi horario para salir a patear palomas en la cabeza.
Por eso, he iniciado una metodología para que esto no vuelva a ocurrir. Decidí indignarme por absolutamente todas las cosas indignantes del universo que ocurren, procurando no dejar ninguna afuera, ya que esto hablaría muy mal de mi escala de valores.
Como no quiero excusarme en la falta de conocimiento de cosas indignantes (son muchas), organicé un equipo de gente que me las investiga (todos trabajadores en blanco y en cooperativa, para no sumar una cosa indignante a la tarea de poder indignarme por cosas). Este equipo trabaja las 24 horas del día consultando todos los medios de comunicación posibles, y después me pasa una lista de las cosas indignantes del día para que yo actúe en consecuencia.
Por supuesto no debería indignarme al mismo nivel con todas las cosas, ya que esto sería injusto. Ejemplo: No puedo indignarme igual por unos sirios bombardeados que por una multa de estacionamiento, así que todos los días me tomo el trabajo de asignarle a cada cosa una cantidad de indignación coherente con la cosa. Como no quiero que esta tarea quede filtrada por mis valores culturales sesgados, he pedido la ayuda de un grupo de notables con autoridad moral conformado por Malala Yousfazai, el Pepe Mujica, Nora Cortiñas y un simulador por computadora del cerebro de Neslon Mandela. Ellos lo discuten y me pasan la lista de indignaciones en orden de importancia.
Luego viene el tema de cómo expresar mi indignación. Según cómo la postee en Facebook, puede dar la impresión equivocada de que me estoy indignando de manera incorrecta. Ejemplo: si posteo mi indignación por los policías que le sacaron la burka a la musulmana en la playa a las 3 AM , puede parecer que esto me indigna menos que una indignación por un tema menor (tipo que no me dieron ticket en la panadería) en horario “prime time” (11 de la mañana ponele); así que tengo que armarme todo un trabajo de planificación de posteos ordenados según su intensidad de indignación en los horarios, vocabulario, extensión y tipo y tamaño de letra que corresponda al caso y que exprese con precisión milimétrica qué tan indignado o poco indignado (el estado “nada indignado” ha sido descartado) estoy.
Esta tarea no debe tardar mucho, ya que la tardanza también puede indicar una indignación insuficiente de mi parte; es una tarea muy compleja y estresante (¡Aunque, aprovecho para decir, no tan estresante como la tarea inhumana que cumplen los trabajadores textiles esclavos!)
Tampoco hay que dejar de lado que la indignación por un caso no debería servir de “cortina de humo” de todo el resto de los casos similares, porque entonces estaríamos cometiendo el horrendo crimen de “doble vara”. Si me indigno por el aco de corrupción de un funcionario, en el mismo posteo debo incluir mi indignación por todo el resto de los actos de corrupción de todos los gobiernos existentes, enumerándolos uno por uno con nombre y apellido y número de documento. Afortunadamente los trabajadores en blanco de mi cooperativa me van actualizando y clasificando los actos indignantes como para que yo ya los pueda copypastear en la indignación putnual del momento, pero tengo que estar atento porque me puedo comer un juicio facebookero por parcialidad manifiesta.
Últimamente se me ha presentado el descubrimiento de que todos los actos del universo tienen un componente de cierto nivel de indignación: por ejemplo, hoy comí pan con manteca . Este hecho incluye –por decir poco- la indignación por la explotación animal, la de los trabajadores explotados del trigo y de lo injusto que es que yo que me dedico a tareas que sostienen el sistema capitalista pueda comer mientras que hay gente que se caga de hambre. No estoy muy seguro de cómo debo sumar estos hechos indignantes a mi grilla de indignaciones, y si debo incluir nombres y datos de todas las personas que comen pan con manteca o medio que les perdono la vida.
Lo que sí sé es que todas estas tareas (que me han obligado a apartarme de mi familia, dejar mi trabajo e irme a vivir a una covacha llena de ratas) han valido la pena: Nadie puede acusarme de indignarme por una cosa y no por otra, y yo puedo acusar y sermonear prácticamente a todo el mundo, lo cual me sume en un estado de felicidad y plenitud. Y ahora interrumpo mi diaria tarea por un rato porque es mi horario para salir a patear palomas en la cabeza.