Como mis seguidores sabran, mis ultimos 7 (siete) posts no resultaron, dado que fueron denunciados y borrados,asi que espero que este funcione: Cazando Viajeros del Tiempo
¿Se le coló a Chaplin un actor del futuro?
Hace poco trascendió otro ejemplo de Oopart, como Ivan T. Sanderson dio en llamar a las posibles intrusiones de la tecnología moderna en tiempos remotos.
Primer problema: el caso fue difundido por George Clarke, un director de cine irlandés muy interesado en hablar de sus películas sobre zombies y sobre sí mismo. Pero la evidencia, a diferencia del caso del chico del futuro con sus prendas a la moda y su compacta cámara de fotos, no era una imagen congelada sino parte de una película, más precisamente "El circo" (1928), de Charles Chaplin. En una escena inédita del film una señora parece hablar por celular. ¿Para qué describir lo que se puede ver?
Imposible adivinar con quién conversaba, pero convengamos que debía resultar un poco frustrante buscar interlocutores cuando no había antenas ni redes telefónicas satelitales.
Aún así, si por alguna razón desconocida la señora tenía señal y alguien con quien conversar, ¿cuánto se parece aquella escena a una real charla con un celular? ¿Puede haber alguna otra explicación?
En el diario chileno Las Últimas Noticias, el investigador brasileño Kentaro Mori —de un día para otro ungido experto en desenmascarar falsos viajeros en el tiempo— afirmó que la señora podría estar usando una especie de corneta para oír mejor. Jeremy Hsu, redactora de LiveScience, presentó imágenes de la trompetita, muy usada desde mediados del siglo XIX para amplificar los sonidos.
No fue la única hipótesis que se lanzó para tratar de entender la escena. Michael Sheridan, del New York Daily News, fue el primero en pensar que, con toda probabilidad, la mujer usaba audífono, un dispositivo inventado en la década de 1920, descontando que "en 1928 hubo unos cuantos pequeños dispositivos disponibles". Otro periodista, Joel Mackey, googleó hasta descubrir que fue exactamente en 1924 cuando Siemens presentó la patente de un audífono eléctrico que podría explicar la actitud de la "viajera en el tiempo" (según quienes miraron detenidamente sus zapatos, un hombre travestido de mujer, aumentando la adrenalina conspirativa al asunto).
Si la señora o el señor disfrazado no tenían a nadie cerca, ¿con quién hablaba? Gente que habla sola en el mundo sobra. Dice el periodista que, en Hollywood, los actores usaban este aparatito para escucharse a sí mismos al preparar sus parlamentos.
¿Qué hace pensar en un teléfono móvil? Mientras camina, el presunto "viajero temporal" lleva su mano pegada a la oreja. Y parece hablar. Ambas parecen conductas inequívocas a los ojos contemporáneos. Esa escena que solemos ver por las calles del siglo XXI es la que percibimos en esa señora, o en ese señor, de principios del siglo pasado.
Ahora bien, ¿no es ir lejos suponer que tiene algo en la mano? Sucesivas ampliaciones no permitieron distinguir detalles reveladores. Que la mujer sostuviera una cosa —cualquier cosa— fue parte de una gran especulación: a lo mejor ella solo hace un gesto, no sujeta nada y los movimientos de su boca corresponden al instante en que se acomoda la dentadura postiza.
No fue sobre las extrañas propiedades del tiempo que nos ocupamos en estas líneas. Fue un rápido intento de preguntarnos sobre de qué están hechas las evidencias que presentan los que creen encontrar vestigios del futuro.
Todas las ideas —desde las más noveleras hasta las de quienes intentaron contrastar sus hipótesis con la realidad— son parte de un juego. Un juego donde todos interpretan el pasado con conocimientos y ojos y oídos del presente, inevitablemente condicionados por nuestra educación, expectativas culturales e ilusiones de probabilidad.
¿Es perder el tiempo perseguir teorías peregrinas? Nunca lo es reflexionar sobre lo que parece imposible. Y si fuese tiempo perdido, recordemos que el tiempo aún encierra numerosos enigmas.
"El tiempo, como un arroyo que no cesa de fluir, arrastra consigo a todos sus hijos", escribió el poeta Isaac Watts.
Pero los crononautas existen. Existimos. El viaje en el tiempo es real, solo que hasta ahora solo es posible ir hacia adelante. Segundo a segundo, con la paciencia de los días, viajamos al mundo del mañana.
Lo divertido de la búsqueda es que, cuando creemos haberlo alcanzado, el futuro se escurre de nuestras manos, como el celular del intrigante travestido infiltrado en la película de Charles Chaplin.