LA PROLONGADA AUSENCIA DE LA LUZ DEL SOL DURANTE LOS INVIERNOS EN EL ÁRTICO
Reed resume la experiencia de los exploradores del Ártico que rápidamente pasan de la región soleada a la de las noches largas, o viceversa. En el norte, el sol está ausente por períodos anormalmente largos. Esto resultaría inexplicable si la Tierra fuera redonda y sólida o inclusive sólo aplanada en los polos. La única explicación es que estos exploradores hayan entrado por la abertura en el Polo Norte y, a medida que progresaban, los rayos de sol se acortaran y reaparecieran solamente cuando el sol estuviera suficientemente elevado en el cielo para que la luz pase por la abertura.
EL FUNCIONAMIENTO ANORMAL DE LA BRÚJULA EN EL LEJANO NORTE
Todos los exploradores que llegaron muy al norte lo notaron. La extraña conducta de la brújula es exactamente lo que tendría que observarse en el caso de ser hueca la tierra y que ellos hubieran entrado por la abertura polar. En su libro, Reed muestra el dibujo del corte transversal de la abertura polar con barcos que salen y entran por ella. Al ingresar el barco, la aguja de la brújula toma la posición vertical en lugar de horizontal como se ve en la superficie. Esto se debería a que entraron por la abertura polar. Y es precisamente lo que notaron los exploradores del norte lejano: a medida que se acercan al polo, la aguja de la brújula se agita, y al acercarse cada vez más, toma una posición vertical, lo que indica que se ha ingresado por la abertura polar, como en el caso de Nansen y otros.
PASAR POR EL BORDE DE LA ABERTURA POLAR HASTA EL INTERIOR DE LA TIERRA
Reed dice lo siguiente: “Cuando los exploradores pasan al interior se encuentran con condiciones tan diferentes que no encuentran explicación. Por lo tanto, no resulta extraño que se refieran a una tierra extraña Todo aquel que ha pasado un lapso considerable de tiempo en el Círculo Ártico o Antártico se ha encontrado con condiciones inexplicables de acuerdo a la teoría de que la tierra es redonda y sólida, pero sencillas de explicar de acuerdo a la teoría de que es hueca con aberturas polares. La descripción de Greely de cómo pasó la curva que conduce a la abertura polar es de gran claridad. Dice: ’El profundo interés de nuestro viaje se vio intensificado. El hombre civilizado nunca había transitado el suelo sobre el que viajábamos. Se adueñó de nosotros un intenso deseo de aumentar la velocidad. A medida que nos acercábamos a las tierras que teníamos por delante, se intensificaba nuestra avidez por ver lo que había más allá, tanto que se volvía dolorosa. Cada lugar al que llegábamos revelaba uno nuevo más lejano. Siempre quedaba una porción del horizonte fuera de nuestra vista, lo que nos causaba cierta desilusión.’
Si Greely y sus acompañantes estaban entrando al interior de la tierra, efectivamente habrían descubierto que la tierra tiene una curva cerca de los polos, mayor que en cualquier otra parte; y a medida que pasaban el punto más al norte, cada proyección que alcanzaran estaría seguida de otra que siempre parecería tapar parte del horizonte. Esto es exactamente lo que ocurrió.”
ROCAS EN LOS ICEBERGS, NIEVE DE COLORES, POLEN Y POLVO EN EL LEJANO NORTE
Con respecto a este tema, Reed dice: “Ya que se puede demostrar que las condiciones en el Ártico son tales que no se pueden formar icebergs de agua dulce sobre la superficie terrestre, se llega a la conclusión de que tienen que formarse en el interior. Si el material que produce la nieve de colores es una materia vegetal (lo que se demuestra por el análisis), y se supone que es el capullo o el polen de una planta que no crece en la vecindad del Océano Ártico, entonces tiene que crecer en el interior de la tierra. Porque si creciera en otra parte sobre la tierra la nieve tomaría colores en otros lugares también. El polvo tan molesto del Océano Ártico es un producto típico de las erupciones volcánicas. Al ser liviano, el viento lo transporta lejos, y resulta irritante al caer sobre los barcos. Cuando cae en la nieve produce la nieve negra. Los análisis demuestran que consiste en carbón y hierro, que se supone provienen de un volcán en actividad. ¿Dónde está ese volcán? No existe registro de ninguno cerca del Polo Norte; si está en otro lado, ¿por qué el polvo cae en el Océano Ártico? Diferentes exploradores informan que hay grandes rocas aposentadas o incrustadas en los icebergs. O son arrojadas allí por los volcanes, o los témpanos las recogen a medida que se deslizan por los ríos en el interior de la tierra. El polvo en el Ártico es tan liviano, que flota en grandes nubes, colorea la nieve de negro y cae en los barcos en tal abundancia que resulta irritante. Nansen afirma que era una de las principales razones para querer volver a casa. Si la tierra fuera sólida, no habría una explicación para esta molestia. Si la tierra es hueca, lo explican fácilmente las erupciones de los volcanes en el interior.”
AGUAS ABIERTAS EN EL PUNTO NORTE MAS LEJANO
Muchos afirman que el Océano Ártico es una masa de agua congelada. A pesar de que siempre contiene grandes masas de hielo flotante y icebergs, no está completamente congelado. Quienes estudian los viajes al Ártico invariablemente encuentran que los exploradores volvieron a encontrarse con agua libre de hielo y que, en muchas ocasiones, estuvieron en peligro de que el mar los arrastrara hacia afuera. Nuestra intención es presentar al lector la prueba de que el Océano Ártico es una masa de agua libre de hielo, donde abunda fauna de toda clase y que se vuelve cada vez más cálido al adentrarse en él. Existen muchas clases de nubes y humo y se registran brumas en el invierno. Si la tierra fuera sólida, y el océano se extendiera hasta el polo o estuviera conectado con tierra alrededor del polo, no habría nada que pudiera producir esa niebla. La causa el aire caliente que proviene del interior de la tierra.
Kane (un explorador ártico) escribe: ‘Algunas circunstancias que él (McGary) menciona parecen señalar la existencia de agua en el norte durante todo el año; y los frecuentes fenómenos de vapor de agua, neblinas, etcétera, que hemos visto en el sudoeste durante el invierno, confirman el hecho’.
Hay muchas páginas de informes (escritos por exploradores del Ártico) sobre este mar abierto del extremo norte. Greely habla de agua libre de hielo todo el año. Si esto existe en el punto más lejano del norte, ¿hay alguna razón válida para explicar que nadie haya llegado al polo? Los hombres que invirtieron su tiempo, sacrificaron la comodidad y, en muchos casos sus vidas, eran hombres con un gran deseo de lograrlo; resulta curioso que ninguno haya tenido éxito. ¿Esto se debió a que el clima se volvía más cálido y había abundancia de fauna? No, se debía a que no existía tal lugar.
Nansen, que probablemente llegó más lejos que cualquier otro explorador, dice en su libro que era una sensación extraña navegar en la noche oscura hacia tierras desconocidas sobre un mar abierto, donde ningún otro barco había llegado. Comenta sobre lo cálido que era el clima en el mes de setiembre. Cuanto más al norte iba, menos hielo veía. Decía: “Siempre está el mismo cielo oscuro por delante, que significa mar sin hielo. Nadie puede pensar en Noruega que estamos navegando hacia el Polo Norte en agua sin hielo. Yo mismo no lo hubiera creído si alguien lo hubiera predicho hace dos semanas, pero es verdad. ¿No es esto un sueño?”.
Tres semanas más tarde menciona que en el agua seguía ausente el hielo. Comenta: “No se ve el final del agua libre”. Entre el 6 y el 21 de setiembre, no encontró hielo mientras viajaba hacia el norte a una latitud muy elevada.
Reed comenta: “Después de toda la evidencia, ¿es posible que alguien crea que los océanos respectivos (en el norte lejano) son masas congeladas de agua? Si no lo creen, ¿por qué los exploradores no logran llegar a los polos, si existen?
POR QUE HACE MAS CALOR CERCA DE LOS POLOS
Una de las principales pruebas de que la tierra es hueca es que el clima es más cálido cerca de los polos. Si los testimonios de aquellos que llegaron más lejos hacia los supuestos polos muestran que el clima es más cálido, la vegetación tiene más vida, y que la fauna es más abundante en el norte, entonces tenemos evidencia suficiente para sostener que el calor proviene del interior de la tierra, ya que parece el único lugar posible. En Captatn Hall’s Last Trip (El último viaje del Capitán Hall), leemos: ‘Encontramos que esta tierra es mucho más cálida de lo que esperábamos, libre de nieve y hielo; llena de focas, peces, gansos, patos, almizcleñas, conejos, lobos, zorros, osos, perdices, lemminges, etcétera’. (El autor está hablando de un área particularmente lejana en el norte).
Nansen llama la atención sobre el calor y dice: ‘Casi nos imaginamos en casa’. Esto ocurrió en uno de los puntos más al norte al que alguien haya llegado: el clima era cálido y agradable. Los vientos extremadamente fuertes provenientes del interior de la tierra no sólo elevan la temperatura en forma considerable en la vecindad del Océano Ártico, sino que lo afectan de manera muy concreta a 725 kilómetros de distancia. Nada puede elevar la temperatura de tal manera, excepto una tormenta del interior de la tierra.
Greely dice: ‘Esta presencia de aves, flores y animales fue una bienvenida de la naturaleza a nuestro nuevo hogar’. ¿Suena eso como si él hubiera esperado encontrar esto allí o que su presencia era una ocurrencia de todos los días? No. Fue escrito en tono de sorpresa. ¿De dónde habían venido estas aves y animales? Kilómetros al sur de donde estaban, la tierra estaba cubierta de nieve, en muchas partes, de miles de metros de profundidad. Se encuentran en ese lugar en el verano; y dado que es más calido en el norte, no es probable que se trasladaran a un clima más frió en el invierno. Pareciera que pasan al interior de la tierra. Hay un ave en Australia que deja el continente en setiembre y nadie ha podido descubrir a dónde va. Mi teoría es que va al interior de la tierra por el Polo Sur.
Reed señala que muchos animales que habitan el lejano norte, como la almizcleña, van al norte en el invierno en busca de un clima más cálido. Dice: “Dado que se torna más cálido el clima en el norte, el instinto los impulsa a no ir hacia el sur en el invierno; y si no van al sur, deben ir al interior de la tierra”.
Otro animal que va al norte en invierno es el alca. Schwatka vio una bandada de cuatro millones de alcas, que oscurecían el cielo, yendo hacia el norte a medida que se acercaba el invierno. Nansen dice del extremo norte que es una tierra llena de osos, alcas y gaviotas negras “debe ser una Canaán, repleta de leche y miel”.
¿QUÉ PRODUCE LA NIEVE DE COLORES EN EL ÁRTICO?
Análisis de la nieve demuestran que los colores verde, amarillo y colorado contienen una materia vegetal, supuestamente una flor o el polen de una planta. ¿De dónde viene? Una flor que produce suficiente polen para impregnar el aire con tal densidad que colorea la nieve, requeriría un vasto territorio para su cultivo. ¿Dónde se encuentra ese territorio? Tiene que estar cerca del Polo Norte; de crecer en otro sitio, habría nieve de colores en otros lugares, no sólo en la región ártica. Ya que no hay una planta conocida de esas características en la superficie terrestre, debemos buscar en otra parte. El interior de la tierra es el único que nos ofrece una respuesta a esta pregunta. Puesto que los colores caen en distintas estaciones, suponemos que diferentes flores maduran en esas estaciones. También es fácil averiguar de dónde viene la nieve negra, mencionada con tanta frecuencia por los exploradores: de un volcán en actividad, del tipo que cubrió de polvo el barco de Nansen. Todos los interrogantes sin contestar tendrían respuesta si aceptáramos que la tierra es hueca. Resulta imposible explicar esto con cualquier otra teoría.
¿DONDE Y COMO SE FORMAN LOS ICEBERGS?
Dado que los icebergs son de agua dulce, no salada como la del océano, no pueden ser formados en el Océano Ártico, sino en una masa de agua dulce. Sin embargo, no existe tal masa en la región polar. La teoría de Reed es que se forman de los ríos que provienen del interior de la tierra y que fluyen a la superficie por la abertura polar. Cuando llegan al frío exterior, se congelan. Más agua pasa por encima de la parte ya congelada y también se congela, hasta formar montañas de hielo. Cuando llega el verano, estas grandes masas de hielo se descongelan y rompen en partes que caen al océano, originando las misteriosas oleadas, que se producen en el lejano norte.
Reed dice: “Es imposible que un iceberg se forme en alguno de los sitios ya descubiertos. Por otra parte, puesto que el interior de la tierra es más cálido, se adecúa a la perfección para la formación de icebergs. La desembocadura se congela primero, el río sigue fluyendo hacia el océano, sobrepasa la desembocadura y se congela durante meses hasta la primavera. A medida que se instala el tiempo cálido del verano, y debido a la temperatura más elevada de la tierra, los hielos se descongelan y se quiebran, formando témpanos. El agua de las lluvias del interior los arrastra hacia el océano. De esa manera, provocan las oleadas. Tomemos en cuenta la diferencia: en el exterior de la tierra se congela todo el largo de un arroyo, y cuanto más adentro del continente, mayor es el congelamiento; en el interior de la tierra, en la abertura, sólo la desembocadura de la corriente de agua se congela, no sólo hay agua suficiente para formar icebergs, sino también para empujarlos hacia el océano. En los últimos trescientos años, una corriente constante de exploradores han tratado de llegar a los dos polos, pero nadie ha podido ver cómo un iceberrg dejaba su ubicación original y era arrojado al océano. ¿No resulta curioso que a nadie se le haya ocurrido preguntar dónde se originan?”
En apoyo de la teoría de que los icebergs de agua dulce no se forman en el exterior de la tierra, sino que vienen de ríos de agua dulce en el interior, Reed cita a Bernacchi, quien escribe sobre experiencias en el área antártica: “Hubo menos de cinco centímetros de precipitaciones en once meses y medio:: aunque nevó con frecuencia, nunca logró mayor altura que eso. Bajo semejantes condiciones, ¿dónde habría elementos para formar un iceberg? Sin embargo, el más grande de la tierra se encuentra allí: Great Ice Barrier (Gran Barrera de Hielo), de más de 650 kilómetros de largo por 80 de ancho, anclado en 70 metros de agua y sobresale de 25 a 70 metros por encima del nivel del agua.”
Reed comenta: “Resultaría imposible que este iceberg se formara en una tierra casi sin lluvia ni nieve. Puesto que los icebergs están hechos de agua y aquí no hay agua para congelar, resulta evidente que se formó en un lugar diferente de donde se encuentra ahora. El iceberg de agua dulce está en un océano de agua salada. ¿Cómo sé que la Gran Barrera de Hielo vino del interior de la tierra? Primero, no podría venir del exterior porque no se forman icebergs aquí. Aquel río debe tener 800 metros de profundidad, 80 kilómetros de ancho y entre 650 y 800 kilómetros de largo porque esas son las actuales dimensiones del iceberg. El río tuvo que ser derecho para que el témpano pudiera pasar sin romperse. Pasó por un terreno relativamente plano porque la superficie es plana. Otra prueba de que el interior del planeta es nivelado cerca de la salida es que muchos de los icebergs hallados en el antártico son largos y delgados. Se llaman ‘lenguas de hielo’, lo cual indica que provienen de ríos que corren casi horizontales. Por otra parte, los icebergs encontrados en el Ártico son más gruesos, lo cual indica que provienen de un terreno más montañoso, donde la caída de los arroyos es más abrupta; esto hace que los icebergs sean más cortos y gruesos. Cuando Bernacchi viajaba por la Antártida, escribió: ‘Durante los siguientes dos días, pasamos miles de icebergs, contamos noventa desde el puente de mando en un mismo momento. Variaban poco de forma; todos eran muy grandes y delimitados por peñascos perpendiculares. Había abundante agua dulce en la superficie debido a la gran cantidad de icebergs’.
¿Cómo concuerda esto con la noción de que los icebergs se forman en un terreno donde Bernacchi dice que hay menos de cinco centímetros de precipitaciones en todo el año y poca cantidad de nieve? ¿De dónde viene el agua que produce cantidades tan grandes de icebergs de un promedio de 300 metros de grosor y muchos de varios kilómetros de largo? Aquellos icebergs van hacia el norte, para nunca volver, pero el océano siempre estará lleno de ellos, ya que vendrán otros del mismo lugar. ¿Cuál es ese lugar? No hay agua ni nieve derretida para proporcionar el agua que se congele para convertirse en iceberg. Sólo pueden venir del INTERIOR de la tierra.
OLEADAS
Reed repite la descripción de las oleadas de la marea ártica hecha por varios exploradores. Levantan el hielo de los grandes campos de hielo a grandes alturas y pueden oírse a lo largo de kilómetros antes de llegar al barco y kilómetros después. Los exploradores árticos describen las oleadas de la siguiente manera: “Bloques gigantes rodaban como si estuvieran controlados por manos invisibles, y las masas comprimidas producían un horrible sonido agudo que hacía helar la sangre. Entonces llegaban las olas congeladas. Se abrían grietas a lo largo, con un ruido estruendoso, mientras mirábamos el terrible avance”. Reed dice: “Estas marejadas son provocadas por un agente de gran potencia, y no se me ocurre uno más potente que la caída de un iceberg en el océano. La gran frecuencia de estas poderosas oleadas parece descartar la posibilidad de que sean el resultado de erupciones volcánicas debajo del agua”.
EL ORIGEN SUBTERRÁNEO DE LOS PLATILLOS VOLADORES
Evidencia de que provienen del interior hueco de la Tierra
La concepción presentada en este libro, de que la tierra es hueca, conforma la teoría más razonable acerca del origen de los platillos voladores, mucho más lógica que creer en el origen interplanetario. Por esta razón los expertos más destacados en platillos voladores, como Ray Palmer, editor de la revista Flying Saucera, y Gray Barker, un conocido escritor del tema, han aceptado la teoría del origen subterráneo contra la idea de que provienen de otros planetas. Esta teoría se originó en Brasil y luego la aceptaron expertos estadounidenses en platillos voladores.
En 1957, mientras revisaba material en una librería en Sao Paulo, Brasil, este autor encontró un libro de O. C. Huguenin, que le llamó la atención. Se llama From the Súbterranean World to the Sky: Flying Saucers. La tesis del libro sostiene que los platillos voladores no son naves espaciales de otros planetas, sino que son de origen terrestre y provienen de una raza subterránea que habita el interior de la Tierra. En un principio este autor no pudo aceptar esta extraña y poco ortodoxa teoría con respecto al origen de los platillos voladores. Parecía improbable e imposible, y que requeriría la existencia de una cavidad de increíble tamaño dentro de la tierra, donde pudieran volar a una impresionante velocidad. Es más, esta cavidad debería ser tan grande como para hacer que la tierra fuera una esfera hueca. En ese momento, este autor aún no había tomado contacto con los increíbles libros de William Reed y Marshall B. Gardner, que se basan en la evidencia de los exploradores árticos para probar que la tierra es hueca con aberturas en los polos y un diámetro de 9.350 kilómetros en el interior, lo suficientemente grande para que los platillos voladores puedan volar allí.
Sin embargo, la teoría de Huguénin sobre el origen subterráneo de los platillos voladores no era original. El primero en manifestar esta idea fue el profesor Henrique José de Souza, presidente de la Sociedad Teosófica de Brasil, con oficina central en Sao Lourenco en el estado de Minas Gerais. Allí, hay un enorme templo de estilo griego, dedicado a “Agharta”, la palabra budista para ‘mundo subterráneo’. Entre los alumnos del profesor en Sao Lourenco, estaba el señor Huguénin y el Comandante Paulo Justino Strauss, oficial de la Armada brasileña y miembro de la Sociedad Teosófica de Brasil. Se enteraron, por él, del mundo subterráneo y tomaron contacto con la idea de que aquel es el origen de los platillos voladores. Por esta razón, el señor Huguénin dedicó su libro al profesor Souza y su esposa, D. Helena Jefferson de Souza.
Mientras Huguenin incorporaba la idea del origen subterráneo de los platillos voladores en su libro, el Comandante Strauss presentó una serie de charlas en Rio de Janeiro, en las que afirmó que los platillos voladores son de origen terrestre, pero que no provienen de ninguna nación conocida en la superficie terrestre. El cree que se originan en el mundo subterráneo, el mundo de “Agharta”, cuya capital es conocida como “Shamballah”.
En el libro, Huguenin presenta los puntos de vista de Strauss sobre el origen subterráneo de los platillos voladores, en oposición a que provienen de otros planetas, de la siguiente manera: “La hipótesis del origen extraterrestre de los platillos voladores no parece aceptable. Otra posibilidad es que sean naves militares, pertenecientes a alguna nación existente en la tierra. Sin embargo, esta hipótesis queda descartada por los siguientes argumentos:
“ 1. Si los Estados Unidos y Rusia poseyeran platillos voladores, no dejarían de anunciarlo por su valor como arma psicológica, para asegurar ventajas en el campo diplomático. Además, los fabricarían y utilizarían para propósitos militares dada su rapidez y potencia, que dejaría al enemigo casi indefenso.
“2. Los Estados Unidos y la Unión Soviética no seguirían gastando grandes cantidades de dinero en la manufactura de aeroplanos comunes si tuvieran en su poder el secreto de cómo producir platillos voladores.”
Luego de presentar el argumento de que los platillos voladores no provienen de una nación existente y su opinión de que no son de origen interplanetario, Huguenin cita a Strauss en cuanto al origen de un mundo subterráneo. Escribe lo siguiente: “Por último, debemos considerar la teoría más reciente e interesante para explicar el origen de los platillos voladores: la existencia de un gran mundo subterráneo con innumerables ciudades, donde viven millones de habitantes. Esta otra humanidad debe haber llegado a un grado muy avanzado de civilización, organización económica y social y desarrollo cultural y espiritual, junto con un progreso científico extraordinario. En comparación con ella, la humanidad que vive en la superficie de la Tierra puede parecer una raza de bárbaros. La idea de la existencia de un mundo subterráneo puede alarmar a muchos. Para otros, puede sonar absurda e imposible; dicen: ‘pues, si existiera, ya habría sido descubierto hace tiempo’. Muchos otros críticos señalan que la existencia de un mundo habitado dentro de la tierra resultaría imposible debido a la creencia de que la temperatura aumenta en razón directa de la profundidad y, por ende, que el centro de la tierra es una masa de fuego. Sin embargo, este aumento de temperatura no significa que el centro de la tierra sea de fuego, ya que puede ser de una extensión limitada y surgir de las cavidades subterráneas, como los volcanes y arroyos calientes, situados en determinados niveles. Debajo de éstos, la temperatura vuelve a bajar a medida que se desciende más. La hipótesis de que la temperatura aumenta con el descenso en la corteza terrestre sostiene que esto ocurre hasta una profundidad de ochenta kilómetros (en la capa superficial de la tierra).”
Luego Huguenin pregunta cómo habrán surgido estas maravillosas ciudades subterráneas y la civilización avanzada. Responde que los constructores y la mayoría de los habitantes del mundo subterráneo son miembros de una raza antediluviana, proveniente de los continentes prehistóricos, sumergidos, Lemuria y Atlántida, que se refugiaron allí de la inundación que destruyó sus tierras de origen. (Lemuria se hundió en el océano Pacífico hace 2500 años; Atlántida se sumergió debido a una serie de inundaciones. De acuerdo a los escritos de Platón, derivados de los antiguos registros egipcios, la última ocurrió hace 11.500 años. Egipto era una colonia de Atlántida, ubicado en el este, así como lo eran en el oeste los imperios azteca, maya e inca.)
Huguenin sostiene que los habitantes de Atlántida, mucho más avanzados que nosotros en desarrollo científico, volaron en aeronaves con el uso de una forma de energía directamente obtenida de la atmósfera, conocida como “vimanas”, idénticas a lo que conocemos como platillos voladores. Antes de la catástrofe que destruyó Atlántida, sus habitantes hallaron refugio en el mundo subterráneo en el interior hueco de la tierra. Llegaron hasta allí con sus “vimanas”, o platillos voladores, por medio de las aberturas polares. Desde entonces, esos platillos voladores han estado en la atmósfera interior de la tierra y han sido utilizados como medio de transporte de un punto a otro del cóncavo mundo interior. En aquel mundo dentro de la corteza terrestre, una línea aérea recta es la distancia más corta entre dos puntos, sin importar a qué distancia estén. Después de la explosión atómica de Hiroshima, estas aeronaves salieron a la superficie por primera vez. Se las denominó platillos voladores. Como ya señalamos, se trató de un acto de defensa personal, para impedir la contaminación radioactiva del aire que reciben de afuera.
Huguenin está convencido de que los platillos voladores no son naves espaciales de otros planetas, sino aeronaves de la Atlántida. A lo largo de la historia, en especial en épocas de la antigüedad, estas aeronaves surgieron en forma ocasional, y algunas figuras históricas anduvieron en ellas. De ese modo, en la épica hindú, en el Ramayana, hay una descripción de un coche celestial de Rama, el gran maestro de la India védica, conocido como vimana, un vehículo aéreo controlado. Podía volar grandes distancias. La mayor velocidad que alcanzó fue en un viaje relámpago de Ceylán al monte Kailas en el Tíbet. El Mahabharata habla de que los enemigos de Khrishna construyeron un carro aéreo con costados de hierro y con alas. El Smranagana Sutrahara dice que los seres humanos pueden volar por el aire y los “seres celestiales” bajarán a la tierra por medio de naves aéreas.
El director de la International Academy of Sanskrit Investigation, en Mysen, India, descubrió un tratado antiguo sobre aeronáutica, escrito hace tres mil años. Es decir, que la navegación aérea existia mucho antes de que los hermanos Wright construyeran el primer avión moderno. Se cree que aquel tratado fue escrito por el sabio hindú, Bharadway, quien escribió el manuscrito llamado Vymacrika Shostra, que significa “la ciencia de la aeronáutica”. Consta de ocho capítulos con diagramas, que describen tres clases de aeronaves, inclusive aparatos incombustibles e irrompibles. Menciona treinta y una partes esenciales de los vehículos y dieciséis materiales con los que se construían. Los materiales absorben luz y calor y, por eso, se consideraban adecuados para la construcción de aeroplanos. Resulta interesante notar la similitud de las palabras vyma-crika y vimanas, lo cual indica que los hindúes obtenían sus conocimientos de navegación aérea de los habitantes subterráneos de la Atlántida, que debieron visitarlos y enseñárselos en los tiempos antiguos.
De Brasil, donde se originó la teoría del origen subterráneo de los platillos voladores, se difundió a los Estados Unidos, donde Ray Palmer, editor de la revista Flyíng Saucers, se convirtió en su propagador entusiasta. Abandonó su anterior creencia del origen interplanetario por la de que provienen del interior hueco de la tierra. En la edición de diciembre de 1959, escribió lo siguiente: “En esta edición, presentamos los resultados de años de investigación, donde adelantamos la posibilidad de que los platillos voladores no sólo vengan de nuestro planeta —y no del espacio— sino que hay una tremenda cantidad de evidencia que muestra la existencia de un lugar desconocido de dimensiones vastas, hasta ahora sin explorar, de donde probablemente vienen y se originan los platillos voladores.”
Al referirse a las afirmaciones de algunos de los “contactados” por los platillos voladores de que subieron a uno y viajaron a Marte y otros planetas, Palmer dice: “Hemos leído todos los relatos de tales viajes y, en ninguna parte, pudimos hallar evidencia concreta de que se atravesó el espacio. En todos los casos, las personas pudieron estar en la ‘tierra desconocida’, descubierta por el Almirante Byrd, sin saber la diferencia. Siempre que de veras haya habido un viaje en platillo volador, los pilotos pudieron simular un viaje espacial y llevar a los pasajeros a la ‘misteriosa tierra más allá de los polos’, como la llama el Almirante Byrd”.
En el artículo “Saucers From Earth: A Challenge to Secrecy” de la edición de diciembre de 1959 en Flying Saucers, Palmer escribe: “La revista ha exhibido una gran cantidad de evidencia que los editores consideran irrefutable, para probar que los platillos voladores provienen del planeta tierra y que los gobiernos de más de una nación lo saben, que se realiza un esfuerzo conjunto para aprender más al respecto y para explorar la tierra de donde provienen; que los hechos que ya se conocen son de tanta importancia como para ser el secreto supremo del mundo; que el peligro es tanto, que ofrecerle pruebas a la población implica provocar pánico general; que el conocimiento público causaría una exigencia publica de acción, lo cual destruiría gobiernos incapaces —y no deseosos— de actuar; que la naturaleza inherente de los platillos voladores y su área de origen (el hueco en el interior de la tierra, al cual se llega a través de las aberturas polares. El autor) destruiría el statu quo político y económico”.
Palmer se opone a la teoría de que los platillos voladores fueron construidos por algún gobierno existente con las siguientes palabras: “Los platillos voladores han existido con la humanidad por siglos o, tal vez, miles de años”. De su antigüedad, dice: “Descarto a los gobiernos contemporáneos de la tierra como originadores del misterioso fenómeno”. Luego de refutar esa teoría, Palmer ataca la del origen interplanetario, cuyo principal defensor es el experto estadounidense en platillos voladores, Keyhoe, y también algunos “contactados” que sostienen que algunos platillos voladores provienen de Marte y otros de Venus, etcétera.
Luego de demostrar que los platillos voladores no provienen de una nación existente ni de otro planeta, Palmer, la mayor autoridad de los Estados Unidos sobre platillos voladores, concluye —en concordancia con el comandante Strauss y Huguenin— que provienen del interior hueco de la tierra y salen por las aberturas polares. Escribe lo siguiente: “En la opinión de los editores de Flying Saucers, el origen polar de los platillos voladores sólo podrá ser refutado con hechos. Cualquier negación debe acompañarse de pruebas concretas. La revista sugiere que no se puede procurar tales pruebas. Flying Saucers cree que todos los grupos de trabajo sobre platillos voladores deben estudiar el tema desde el planteo de la tierra hueca, agrupar la evidencia disponible de los últimos dos siglos y buscar con dedicación evidencia en contra. Ya hemos deducido el origen más lógico —en el que hemos insistido debía existir, por los incontables obstáculos para creer en el origen interestelar, que exige factores que superan la capacidad de la imaginación— ahora, debemos probarlo o refutarlo de alguna manera. ¿Por qué? Porque si el interior de la Tierra está poblado por una raza de elevada capacidad científica, debemos hacer contacto provechoso con ella; y si son poderosos en su ciencia, que incluye la de la guerra, no debemos enemistarnos con ellos; y si la intención de nuestros gobiernos es considerar el interior de la Tierra como ‘territorio virgen’, comparable con el de los indígenas americanos cuando llegaron los colonizadores europeos para quitárselo a sus verdaderos dueños, el pueblo tiene derecho a conocer esa intención y a expresar sus deseos en la materia. El platillo volador es el hecho más importante de la historia. Las preguntas planteadas en este artículo deben hallar respuesta. El Almirante Byrd descubrió una tierra misteriosa, ‘el centro del gran desconocido’, y la revelación más importante de todas las épocas. Lo sabemos por las palabras de un hombre de integridad irreprochable y mente brillante. ¡Dejad que aquellos que desean llamarlo mentiroso den un paso hacia adelante para probarlo! Los platillos voladores vienen de la Tierra”, es el párrafo final del maravilloso artículo de Ray Palmer.
La última frase creó sensación. Las agencias gubernamentales tuvieron que confiscar la revista y detener su distribución, para que no llegara a los 5000 suscriptores. ¿Por qué? Resulta obvio que fue porque el gobierno estaba convencido de que aquel vasto territorio desconocido, más grande que toda la superficie terrestre, existe, y deseaban mantenerlo en secreto, para que ninguna otra nación se enterara o llegara allí antes para apropiárselo. Era importante que los rusos no se enteraran; por eso, se decidió suprimir la edición de diciembre de 1959 de Flying Saucers. Se sacó de circulación en forma misteriosa. Es evidente que la información que contenía con respecto a que los platillos voladores provienen del interior hueco de la Tierra y salen por las aberturas polares, como las noticias sobre los vuelos del Almirante Byrd más allá de los polos al nuevo territorio desconocido, eran considerados temas peligrosos para el conocimiento público y, por ende, suprimidos secretamente por las autoridades gubernamentales.
Otra autoridad estadounidense sobre platillos voladores es Gray Barker. Un mes después de que Palmer publicó el sensacional artículo que expresaba su creencia en que los platillos voladores no provienen del espacio exterior sino del interior de la tierra, Barker escribió lo siguiente enThe Saucerian Bulletin del 15 de enero de 1960: “En la edición de diciembre de 1959 de Flyíng Saucers, Ray Palmer reveló sus descubrimientos. La teoría fue desarrollada muchos años antes en un libro titulado A Joumey to the Earth’s interior or Have the Poles Really Been Discovered? Este libro está agotado y es muy raro. Antes de que los platillos voladores fueran de conocimiento público, muchos estudiosos de lo oculto creían que vivía gente dentro de la tierra, que emergía y reingresaba a través de aberturas secretas en los Polos Norte y Sur.”
Palmer presentó sólo la primera parte de su evidencia en la edición de diciembre. Consistía en una revisión de notas radiales y periodísticas del vuelo al Polo Norte del Almirante Richard E. Byrd en 1947.
En febrero de ese año, Byrd despegó de una base ártica y se dirigió hacia el Polo Norte. Voló continuamente hacia el norte, más allá del polo, y se sorprendió al descubrir tierras y lagos sin hielo, montañas cubiertas de árboles e inclusive, ¡un animal monstruoso que se movía en la maleza debajo de él! El avión voló casi 2.740 kilómetros sobre territorio de montañas, árboles, lagos y ríos. Después de estos kilómetros, se vio obligado a retornar por la limitación de combustible. Volvió por la misma ruta hasta llegar a la base ártica. No se pensó mucho sobre ese vuelo poco común en ese momento.
Luego, Palmer instruye al lector para que mire el globo terráqueo. De acuerdo a la ruta de vuelo de Byrd, él tendría que haber visto solamente el océano cubierto de hielo o parcialmente abierto. Sin embargo, Byrd vio árboles. De acuerdo al mapa, no hay una tierra semejante allí.
A continuación, Palmer habla sobre discrepancias geográficas similares en el Polo Sur y llega a una increíble conclusión: “LA TIERRA NO ES UNA ESFERA, SINO COMO UNA ROSCA, aunque tal vez no tan chata. Hay una inmensa abertura en cada polo, tan grande, que cuando se viaja ‘más allá’ del polo, se pasa el borde del agujero central de ‘la rosca’. Si un hombre viajara lo suficientemente lejos, entraría por ese agujero y saldría por el del otro polo”. Palmer continúa y sugiere que vive gente en el interior de la tierra, la que emerge de los polos en platillos voladores. Promete presentar más adelante los restos de las pruebas. Pero en este número de la revista las opiniones vertidas son muy llamativas con respecto a los siguientes puntos:
LA CLAVE DE TODOS LOS SÍMBOLOS, MITOS, LEYENDAS Y RELIGIONES
Quiero insistir en la razón de nuestro apego al Mito y La Leyenda. Los consideramos representaciones del propio espíritu humano investido por dentro y por fuera desde el Unus Mundus., que nos traen su mensaje lleno de Destino, del recuerdo imprescindible de nuestra historia estelar y nuestras raíces metafísicas en centrales cósmicas del universo desde donde nos llegan influencias, mensajes y órdenes.
Estos son principalmente los relatos de una ciencia antigua, de su potencia, su magia, su sentido, y su voluntad plasmativa.
Por debajo de las aguas, quizás por donde termina la corteza del planeta, se desliza el Cordón Dorado, la
Aurea Catena, que conecta a los seres de una misma Raza del Espíritu, de un mismo Astro, y nos hace camaradas a través de todos
La imágen de la tierra hueca más impensada es esta: La que aparece representada en el calendario Azteca.En la imagen, primero aparece la corteza terrestre en color verde, luego, los ríos y mares de color azul, las cuevas y cavidadesque comunican el exterior con el interior en color morado ( como pilares ), y finalmente un sol resplandeciente en el centro
(1) Las medidas de las áreas en los Polos Norte y Sur son mayores que el espacio que un mapa o globo terráqueo permiten mostrar. Esto nos lleva a la conclusión de que tales áreas se extienden hacia adentro de ‘la rosca’.
(2) Algunos animales, en especial el toro almizcleño, emigra al norte desde el Círculo Ártico en el invierno. Al norte del paralelo 80, se encuentran zorros camino al norte, que parecen bien alimentados en un área donde no hay alimentos disponibles. (Van hacia el norte porque es más cálido y hay vida animal y vegetal cuando se traspasa la abertura polar. El autor.)
“(3) Los exploradores árticos concuerdan en que el clima se hace cada vez más cálido camino al norte (a una distancia lo suficientemente cercana al Polo Norte).
“(4) En el Ártico, troncos de coniferas flotan a lo largo de la costa, provenientes del norte. Las mariposas y las abejas se hallan en el lejano norte, pero nunca cientos de millas más al sur.
“(5) Restos de mamuts, en perfecto estado de conservación aparecieron en Siberia, con escaso alimento de la región subártica en el estómago. El animal no pudo subsistir con esa clase de alimento: debió venir de la ‘tierra más allá de los polos’, postula Palmer.
“(6) Los problemas con los satélites enviados a zonas que cubren el Polo Sur confirman la teoría de que las tierras no han sido medidas con precisión o que ‘alguien’ los obstaculiza.”
Con respecto al último punto, es interesante tomar en cuenta que hace un tiempo los periódicos estadounidenses, publicaron un informe sobre el descubrimiento de un misterioso satélite artificial, que daba vueltas alrededor de la tierra en la órbita que pasaba directamente por los dos polos. Ninguna nación conocida lo había enviado. ¿Habrá surgido de uno de los polos y siguió rotando alrededor de su punto de origen?
Gray Barker está de acuerdo con Palmer en que los platillos voladores provienen del interior de la tierra. En la nota citada, pregunta: “¿Qué ocurriría si hubiera una raza desconocida en alguna parte no explorada de la tierra, que fuera responsable de los platillos voladores? El artículo de Palmer me hizo pensar en esa dirección una vez más. LA EXPLICACIÓN DEL INTERIOR DE LA TIERRA CONCORDARÍA CON LA MAYORÍA, SI NO TODAS, LAS FACETAS DEL CUADRO DE LOS PLATILLOS VOLADORES.”
Varias escuelas de ocultismo enseñan que las aberturas polares dan entrada a las ciudades de Agharta, el Mundo Subterráneo, tales como Shamballah (la capital) y otras. Aceptemos por un momento que hace miles de años que existe un pueblo semejante en el interior de la tierra. Tal vez es anterior al hombre, o tal vez dio origen al hombre del exterior. Quizá siempre lo han vigilado y, en ocasiones, asistido con tecnología, dando lugar a lo que hoy denominamos leyendas’. Tal vez construyeron la gran pirámide o son responsables de algunos de los ‘milagros’ registrados en las historias religiosas y seculares. A lo mejor, no quisieron brindarle el conocimiento de su existencia o los secretos de su tecnología hasta que el hombre, su protegido, no se mostrara moralmente merecedor de ellos. Sin embargo, cuando el hombre inventó la bomba atómica, la gente de la Tierra interior se preocupó mucho. Tal vez temieron que la contaminación de la atmósfera los alcanzara o que el hombre hiciera estallar todo el mundo. Detener o controlar la tendencia destructiva del hombre sería un problema delicado a menos que salieran a informarles sobre su existencia. Decidieron que se verían forzados a hacerlo en algún momento e iniciaron un proceso lento de adoctrinamiento de una filosofía pacifista (la mayoría de la ‘gente espacial’ contactada habló con fuerza en contra de la bomba atómica).”
En el libro They Knew Too Much About Flying Saucers, Barker habla del “misterio antartico” o la cantidad inusual de platillos voladores que se han visto ascender y descender en la región del Polo Sur, que apoya la teoría de una abertura polar por donde estos platillos salen y entran al interior de la tierra. También menciona un investigador australiano y otro neozelandés, llamados Bender y Jarrold, que creían que los platillos voladores se originan y tienen su base en el área antártica. Trataban de rastrear la huella de los platillos, cuando de repente “tres hombres de negro” detuvieron sus experimentos. Eran agentes gubernamentales quienes parecían querer impedir las investigaciones. Lo mismo que ocurrió con el vuelo de 3.700 kilómetros del Almirante Byrd al nuevo territorio más allá del Polo Sur, dentro de la abertura que conduce al interior de la tierra, y no aparece en ningún mapa: la información fue censurada en la prensa.
Theodore Fitch es otro escritor estadounidense que cree que los platillos voladores provienen del interior de la tierra. En su libro, Our Paradise Inside the Earth, escribe: “Autores de literatura sobre los platillos voladores creen que éstos vienen de otros planetas, pero ¿cómo puede ser esto? Están demasiado lejos, aun viajando a velocidades increíbles, llevaría una vida entera realizar semejante viaje (en especial desde planetas de otros sistemas solares)”.
Fitch sostiene, al igual que Palmer, que los “hombres del espacio” que vinieron a nosotros en platillos voladores, que pasan como visitantes de otros planetas, en realidad son miembros de una civilización avanzada en el interior hueco de la tierra, que tienen razones importantes para mantener en secreto su verdadero lugar de origen. Por eso incentivan la creencia falsa de que provienen de otros planetas. Sobre este tema, Fitch escribe: “Dicen que vienen de otros planetas, pero lo dudamos”. El considera que es una mentira sin malicia, para impedir que gobiernos militaristas se enteren de que en el lado opuesto de la corteza terrestre —al cual se accede a través de las aberturas polares— existe una civilización avanzada, cuyos logros científicos superan en mucho los nuestros. De esta manera, se protegen de molestias o una posible guerra entre las razas subterránea y la de la superficie.
Fitch concuerda con Palmer en que los platillos voladores no son “naves espaciales”, como dice Adamski, ni sus pilotos son “hombres espaciales”. Son vehículos para viajes atmosféricos, que provienen del interior hueco de la tierra, donde vuelan y conectan diversas zonas del mundo cóncavo, subterráneo, con las demás.
Su plan de salvar a la humanidad —y a sí mismos— fracasó. A pesar de toda la evidencia innegable de su existencia en poder de las Fuerzas armadas de los Estados Unidos, en vez de reconocer y admitir tal existencia, como raza superior que venía para instruirnos, ayudarnos e impedir que cometiéramos suicidio nuclear, los líderes del gobierno se negaron a creer en su realidad. Y por supuesto, como se duda de su existencia, no se realizó ningún esfuerzo por cooperar con su plan de evitar una catástrofe mundial y la destrucción por radiación de la raza humana (en curso en la actualidad, en la forma de residuos radioactivos que han alcanzado un nivel peligroso en el hemisferio norte, de acuerdo a las mediciones recientes de un científico italiano en Roma). En lugar de respetar a estos seres superiores que poseían un desarrollo científico mucho mayor que el nuestro, como lo demuestra la superioridad de su aeronave (platillos voladores), en vez de recibirlos de manera amistosa, cuando uno de esos platillos se acercaba a un campo militar de los Estados Unidos se enviaban aviones a perseguirlos con las instrucciones de dispararles para que cayeran y así poder descubrir el secreto de la construcción de las naves y fuente de poder. En el famoso incidente del “Capitán Mandell”, él persiguió a un platillo volador que apareció cerca de un aeropuerto militar mientras subía cada vez más, hasta que su avión explotó en forma misteriosa. Desilusionados con sus esfuerzos de establecer contacto amistoso con la humanidad de la superficie, los jefes de las flotas de platillos voladores que aparecieron en nuestro cielo después de 1945 —y continuaron llegando en grandes cantidades hasta unos años después— dejaron de enviar tantas naves como cuando tenían esperanzas de ser nuestros amigos y convencernos de desistir de más experimentación y explosiones atómicas y de fabricar bombas. La cantidad de platillos voladores que quedaron en nuestra atmósfera fueron pocos, como hoy en día. Es probable que los pocos que permanecen aquí lo hagan con el fin de tomar medidas de los residuos radioactivos y la contaminación atmosférica, que luego comunican a los científicos de su base subterránea.
Existen muchos otros argumentos en contra de la hipótesis interplanetaria del origen de los platillos voladores. Esta teoría no explica cómo, en condiciones geológicas, químicas, atmosféricas, gravitacionales, climáticas y geográficas completamente diferentes, planetas a millones o miles de miles de millones de kilómetros de distancia, pertenecientes a otros sistemas solares, podrían haberse desarrollado seres humanos tan iguales a nosotros en estructura, apariencia, vestimenta, costumbres, lenguaje, acento e ideas, como los “venusianos”, quienes Adamski sostiene que conoció en una “nave principal”, o “nave espacial”, que visitó.
El hecho de que esta gente no sólo se parece a nosotros, sino que tiene la misma estatura y hasta hablan con un acento (en muchos casos, un acento alemán), parece extraño si vienen de otro planeta. Parece mucho más probable que hayan venido originalmente de la superficie de la tierra, logrado acceso al mundo subterráneo y estén empleados como pilotos, por autoridades subterráneas que los enviaron a nosotros.
Si vinieran de otros planetas o sistemas solares, sería improbable que se parecieran y hablaran en forma tan parecida a nosotros. La mayoría de los escritores de ciencia ficción imaginan a los habitantes de otros planetas como muy diferentes en su estructura. H. G. Wells, en Warofthe Worlds, imaginó a los marcianos como monstruos mecánicos. Sería una extraña coincidencia que otros planetas desarrollaran formas de vida tan idénticas a las nuestras, como son los pilotos de los platillos voladores, según aquellos que los conocieron. En cuanto a los “pequeños hombres” hallados en los platillos voladores, es probable que sean enanos subterráneos, empleados por la raza dominante, que los crió como pilotos.
Si las personas vistas en los platillos voladores fueran miembros de nuestra propia raza (en especial alemanes, ya que tantos pueden hablar alemán, lo cual sería extraño si vinieran de otro sistema solar o planeta), empleados como pilotos, es probable que sus comandantes les hubieran indicado no revelar el secreto del origen de los platillos voladores, porque el área de tierra del Nuevo Mundo en el interior hueco de la tierra es mayor que el de la superficie, donde tenemos más terreno cubierto por océanos. Si los gobiernos militaristas se enteraran de esto, se apresurarían a enviar sus aeronaves por las aberturas polares para reclamarlo como propio, así como los gobiernos de Europa hicieron con América en cuanto Colón descubrió el nuevo continente.
Si determinados gobiernos ambiciosos de la superficie buscaran apropiarse este nuevo territorio de clima ideal por la fuerza, si enviaran expediciones equipadas con armas nucleares, la población subterránea (superior a nosotros) se vería obligada a defenderse por medio de sus “rayos de la muerte”. Son de una fuerza mucho más poderosa que la energía atómica, capaz de producir la desintegración y desmaterialización atómica de los invasores y sus armas. Preferirían evitar una catástrofe semejante dado que son pacifistas y detestan la guerra.
Por esta razón, ellos deseaban mantener en secreto la existencia del mundo subterráneo. Quisieron evitar que invasores del exterior molestaran a sus habitantes. Esta es la causa de que los pilotos de los platillos voladores estuvieran instruidos para simular que venían de otros planetas y que eran “hombres espaciales”. En el caso de ser contactados, podrían mantener el secreto de que provenían del interior de la tierra. A Adamski y otros que afirmaron tener contacto con ellos, los engañó la idea falsa de que los viajantes de los platillos voladores venían de otros planetas.
Si los principales gobiernos se olvidaran de la carrera espacial y enviaran ejércitos armados de rompehielos, dirigibles y aeronaves, para penetrar lo más lejos posible en las aberturas polares, en poco tiempo se establecería contacto entre la raza superior dentro de la tierra y la menos avanzada del exterior, trabada en un barbarismo mecanizado, siempre empeñada en la guerra. Sin embargo, los gobiernos militaristas no merecen establecer contacto con seres humanos semejantes, superiores, que probablemente utilizarían sus radiaciones poderosas, capaces de la desmaterialización, para impedir la invasión de visitantes no deseados y peligrosos. Ya que vinieron de la Atlántida, que tenía una civilización mucho más avanzada que la nuestra hace más de 11.500 años —y durante muchos miles de años antes— esta raza antigua tiene un desarrollo científico tanto más avanzado con respecto al nuestro, cuanto el nuestro lo es con el de los hotentotes.
En comparación con el pueblo superior subterráneo, los habitantes de la superficie son bárbaros, y su “civilización” orgullosa es un estado de barbarismo mecanizado. Hasta que no aprendan a dejar la guerra a un lado para siempre; hasta que no destruyan y entierren todas las armas nucleares, y establezcan un gobierno mundial, una corte mundial y una fuerza policial mundial; hasta que no reorganicen su sistema económico y financiero sobre la base de la igualdad y la justicia, no serán merecedores de contactar a los habitantes del mundo subterráneo, con un nivel científico e intelectual y un desarrollo moral muy superiores a los de los habitantes de la superficie.
Antes de que Colón descubriera América, la existencia de un nuevo mundo cruzando el Atlántico, en la forma de un continente occidental, se consideraba el sueño de un loco. Lo mismo ocurre, en nuestra época, con la existencia de un mundo nuevo, un mundo subterráneo, en el interior hueco de la tierra; una tierra tan desconocida para la humanidad actual como el continente americano para los europeos antes del descubrimiento de Colón. Por lo tanto, no hay ninguna razón para que no pueda también ser descubierto y que se establezca su existencia como un hecho.
Amoldo de Azevedo, en su libro Physical Geography, escribió lo siguiente sobre el mundo misterioso debajo de nuestros pies, sobre el cual los científicos no conocen más que unos kilómetros de profundidad, y sólo consideran teorías, hipótesis y conjeturas para ocultar su ignorancia: “Tenemos, debajo de los pies, una inmensa región, cuyo radio es de 6.290 kilómetros, completamente desconocida, que desafía el egocentrismo y la competencia de los científicos”.
Esta aseveración es verdadera. Hasta la fecha, los científicos sólo han penetrado unos kilómetros hacia el interior de la Tierra, y no saben nada sobre qué hay más abajo. Se aferran a conjeturas, adivinanzas y suposiciones. Muchas de las teorías y creencias de aceptación común sobre el interior de la tierra no se apoyan en una base científica, parecen originarse en la antigua idea eclesiástica del fuego del infierno en el centro de la tierra. La creencia científica de que el centro de la tierra es una masa de fuego y metal fundido no cuenta con mayor evidencia que la religiosa. Las dos son meras suposiciones sin un gramo de prueba. Es probable que surgiera del hecho de que cuanto más se penetra en la tierra, mayor es la temperatura, pero es absurdo suponer que este aumento de temperatura continúa hasta el centro de la tierra. No hay evidencia que apoye esta teoría. Es más probable que el aumento de temperatura siga hasta llegar al nivel donde se originan la lava volcánica y los terremotos, probablemente debido a la presencia de muchas sustancias radioactivas en el lugar. Después de pasar esta capa de calor máximo, no hay nada que impida que la temperatura descienda cada vez más hasta el centro de la tierra.
La superficie total de la Tierra es de 317 millones de kilómetros cuadrados y el peso estimado es de 6.000.000.000.000.000.000.000 de toneladas. Si la tierra fuera una esfera sólida, el peso sería mucho mayor. Esta es una de las evidencias científicas de que el interior de la tierra es hueco. Este autor cree que la concepción más veraz de la estructura de la tierra se basa en la idea de que, cuando estaba en estado fundido durante su formación, una fuerza centrífuga hizo que las sustancias más pesadas fueran arrojadas hacia afuera, a la periferia, en forma de rocas y metales, para formar la corteza externa. El interior quedó hueco, con aberturas en los polos, donde la fuerza centrífuga era menor y donde había menor tendencia a arrojar materiales hacia afuera. Sin embargo, esta tendencia era mayor en el ecuador, lo cual explica que la tierra sobresalga en esta región. Se estima que, como consecuencia de la rotación de la tierra sobre su eje durante el estado de formación, se formaron depresiones polares y aberturas, que miden alrededor de 2.260 kilómetros de diámetro.
También presentaremos evidencia que indica que parte del fuego y materiales incandescentes originales permanecieron en el centro de la tierra, para formar un sol central, por supuesto mucho más pequeño que el nuestro, pero capaz de emitir luz y permitir el crecimiento de plantas. Además, veremos que la aurora boreal, o rayos de luz, que iluminan el cielo ártico por la noche provienen de este sol central cuyos haces pasan a través de la abertura polar. Por lo tanto, si la tierra fue una bola de fuego y metal fundido en su origen, parte de este fuego permaneció en el centro, mientras la fuerza centrífuga hizo que la materia sólida fuera arrojada hacia la superficie, a causa de la rotación sobre el eje. Esta materia formó una corteza sólida y el interior quedó hueco con una bola de fuego en el centro, que formó un sol central que proporciona iluminación para las plantas, los animales y los humanos.
La primera persona que presentó esta teoría de que la tierra fuera hueca con aberturas en los polos fue un pensador de los Estados Unidos, William Reed, autor del libro Phantom ofthe Poles, publicado en 1906. Aquí encontramos la primera recopilación de evidencia científica, basada en informes de exploradores árticos, que apoyan la teoría de que la tierra es hueca con aberturas en los polos. Reed calcula que la corteza de la tierra tiene un grosor de 1,300 kilómetros y que el interior hueco tiene un diámetro de 10.300 kilómetros. Reed resume su teoría revolucionaria de la siguiente manera: “La tierra es hueca. Los polos, tan buscados, son fantasmas. Existen aberturas en las extremidades norte y sur. En el interior hay vastos continentes, océanos, montañas y ríos. La vida vegetal y animal es evidente en este nuevo mundo, y es probable que esté poblado por razas desconocidas para los habitantes de la superficie terrestre.”
Reed señalaba que la tierra no es una verdadera esfera, sino que está achatada en los polos, o que comienza a achatarse cuando uno llega a los hipotéticos polos, que en realidad no existen porque allí están las aberturas que dan al interior hueco. Por lo tanto, los polos están en el aire, en el centro de las aberturas polares y no en la superficie como suponen.
Reed afirma que es posible descubrirlos porque la tierra es hueca en esos polos, que en realidad están en el medio del aire, debido a la existencia de las aberturas polares que dan al interior. Cuando los exploradores creían llegar al polo, era porque los confundían el comportamiento extraño de la brújula a latitudes tan altas, al norte y al sur. También dice que esto ocurrió en el caso de Peary y Cook, ninguno de los cuales de veras llegó al Polo Norte, como veremos más adelante.
Entre las latitudes de 70 y 75 grados al norte y al sur, la tierra comienza a hacer una curva hacia adentro. El polo es sólo el borde externo de un círculo magnético alrededor de la abertura polar. En el pasado reciente, los exploradores árticos soviéticos demostraron que el polo norte magnético, una vez creído un punto en el Archipiélago Ártico, es una línea de aproximadamente 1.600 kilómetros de largo. Sin embargo, como ya señalamos, es una línea circular, no recta, que constituye el borde de la abertura polar. Cuando un explorador arriba al borde, ha llegado al polo norte magnético; y aunque la brújula siempre apunta hacia allí al pasarlo, en realidad no es el polo Norte (a pesar de que uno cree que sí y que descubrió el polo). Al llegar a este círculo magnético (el borde de las aberturas polares), la aguja magnética de la brújula apunta hacia abajo. Muchos exploradores árticos han observado lo mismo después de alcanzar latitudes altas, cerca de 90 grados, y se sintieron confundidos por la acción inexplicable de la brújula y su tendencia a apuntar hacia arriba. (Se encontraban en las aberturas polares, y el compás apuntaba hacia el polo norte magnético, que estaba en el borde de la abertura.)
A medida que la Tierra gira sobre su eje, el movimiento es giroscópico, como el de un trompo. El polo giroscópico externo es el círculo magnético del borde de la abertura polar. Más allá del borde, la tierra se achata y se inclina en forma gradual hacia el interior hueco. El verdadero polo está en el centro de la abertura de los polos, que, por consecuencia, no existen. Aquellos que afirmaron descubrirlos no dijeron la verdad, aunque así lo hayan creído. Los confundió la acción irregular de la brújula en latitudes elevadas. Por esta razón, ni Cook, ni Peary, ni ningún otro explorador llegaron a los Polos Norte y Sur, y nunca lo harán. Apareció un artículo muy interesante sobre este tema en la edición de marzo de 1962 de Flying Saucers, escrito por su editor, Ray Palmer, quien cree que los platillos voladores provienen del interior de la Tierra y salen por las aberturas polares. El artículo se titula “The North Pole - Russian Style”. Describe los increíbles descubrimientos de los exploradores árticos rusos, que confirman la teoría de la tierra hueca con aberturas polares, así como lo hacen las observaciones de los exploradores árticos a los que nos referiremos más adelante. El artículo tiene el siguiente subtítulo: “Más evidencia de tierras misteriosas en los polos. Doscientos años de exploraión le han dado a los rusos un nuevo concepto del polo, que vuelve obsoleta toda geografía anterior. ¡Estos son los hechos irrefutables!”. Citaremos de este articulo: “Muchos lectores se acordarán de los artículos en que damos cuenta
Reed resume la experiencia de los exploradores del Ártico que rápidamente pasan de la región soleada a la de las noches largas, o viceversa. En el norte, el sol está ausente por períodos anormalmente largos. Esto resultaría inexplicable si la Tierra fuera redonda y sólida o inclusive sólo aplanada en los polos. La única explicación es que estos exploradores hayan entrado por la abertura en el Polo Norte y, a medida que progresaban, los rayos de sol se acortaran y reaparecieran solamente cuando el sol estuviera suficientemente elevado en el cielo para que la luz pase por la abertura.
EL FUNCIONAMIENTO ANORMAL DE LA BRÚJULA EN EL LEJANO NORTE
Todos los exploradores que llegaron muy al norte lo notaron. La extraña conducta de la brújula es exactamente lo que tendría que observarse en el caso de ser hueca la tierra y que ellos hubieran entrado por la abertura polar. En su libro, Reed muestra el dibujo del corte transversal de la abertura polar con barcos que salen y entran por ella. Al ingresar el barco, la aguja de la brújula toma la posición vertical en lugar de horizontal como se ve en la superficie. Esto se debería a que entraron por la abertura polar. Y es precisamente lo que notaron los exploradores del norte lejano: a medida que se acercan al polo, la aguja de la brújula se agita, y al acercarse cada vez más, toma una posición vertical, lo que indica que se ha ingresado por la abertura polar, como en el caso de Nansen y otros.
PASAR POR EL BORDE DE LA ABERTURA POLAR HASTA EL INTERIOR DE LA TIERRA
Reed dice lo siguiente: “Cuando los exploradores pasan al interior se encuentran con condiciones tan diferentes que no encuentran explicación. Por lo tanto, no resulta extraño que se refieran a una tierra extraña Todo aquel que ha pasado un lapso considerable de tiempo en el Círculo Ártico o Antártico se ha encontrado con condiciones inexplicables de acuerdo a la teoría de que la tierra es redonda y sólida, pero sencillas de explicar de acuerdo a la teoría de que es hueca con aberturas polares. La descripción de Greely de cómo pasó la curva que conduce a la abertura polar es de gran claridad. Dice: ’El profundo interés de nuestro viaje se vio intensificado. El hombre civilizado nunca había transitado el suelo sobre el que viajábamos. Se adueñó de nosotros un intenso deseo de aumentar la velocidad. A medida que nos acercábamos a las tierras que teníamos por delante, se intensificaba nuestra avidez por ver lo que había más allá, tanto que se volvía dolorosa. Cada lugar al que llegábamos revelaba uno nuevo más lejano. Siempre quedaba una porción del horizonte fuera de nuestra vista, lo que nos causaba cierta desilusión.’
Si Greely y sus acompañantes estaban entrando al interior de la tierra, efectivamente habrían descubierto que la tierra tiene una curva cerca de los polos, mayor que en cualquier otra parte; y a medida que pasaban el punto más al norte, cada proyección que alcanzaran estaría seguida de otra que siempre parecería tapar parte del horizonte. Esto es exactamente lo que ocurrió.”
ROCAS EN LOS ICEBERGS, NIEVE DE COLORES, POLEN Y POLVO EN EL LEJANO NORTE
Con respecto a este tema, Reed dice: “Ya que se puede demostrar que las condiciones en el Ártico son tales que no se pueden formar icebergs de agua dulce sobre la superficie terrestre, se llega a la conclusión de que tienen que formarse en el interior. Si el material que produce la nieve de colores es una materia vegetal (lo que se demuestra por el análisis), y se supone que es el capullo o el polen de una planta que no crece en la vecindad del Océano Ártico, entonces tiene que crecer en el interior de la tierra. Porque si creciera en otra parte sobre la tierra la nieve tomaría colores en otros lugares también. El polvo tan molesto del Océano Ártico es un producto típico de las erupciones volcánicas. Al ser liviano, el viento lo transporta lejos, y resulta irritante al caer sobre los barcos. Cuando cae en la nieve produce la nieve negra. Los análisis demuestran que consiste en carbón y hierro, que se supone provienen de un volcán en actividad. ¿Dónde está ese volcán? No existe registro de ninguno cerca del Polo Norte; si está en otro lado, ¿por qué el polvo cae en el Océano Ártico? Diferentes exploradores informan que hay grandes rocas aposentadas o incrustadas en los icebergs. O son arrojadas allí por los volcanes, o los témpanos las recogen a medida que se deslizan por los ríos en el interior de la tierra. El polvo en el Ártico es tan liviano, que flota en grandes nubes, colorea la nieve de negro y cae en los barcos en tal abundancia que resulta irritante. Nansen afirma que era una de las principales razones para querer volver a casa. Si la tierra fuera sólida, no habría una explicación para esta molestia. Si la tierra es hueca, lo explican fácilmente las erupciones de los volcanes en el interior.”
AGUAS ABIERTAS EN EL PUNTO NORTE MAS LEJANO
Muchos afirman que el Océano Ártico es una masa de agua congelada. A pesar de que siempre contiene grandes masas de hielo flotante y icebergs, no está completamente congelado. Quienes estudian los viajes al Ártico invariablemente encuentran que los exploradores volvieron a encontrarse con agua libre de hielo y que, en muchas ocasiones, estuvieron en peligro de que el mar los arrastrara hacia afuera. Nuestra intención es presentar al lector la prueba de que el Océano Ártico es una masa de agua libre de hielo, donde abunda fauna de toda clase y que se vuelve cada vez más cálido al adentrarse en él. Existen muchas clases de nubes y humo y se registran brumas en el invierno. Si la tierra fuera sólida, y el océano se extendiera hasta el polo o estuviera conectado con tierra alrededor del polo, no habría nada que pudiera producir esa niebla. La causa el aire caliente que proviene del interior de la tierra.
Kane (un explorador ártico) escribe: ‘Algunas circunstancias que él (McGary) menciona parecen señalar la existencia de agua en el norte durante todo el año; y los frecuentes fenómenos de vapor de agua, neblinas, etcétera, que hemos visto en el sudoeste durante el invierno, confirman el hecho’.
Hay muchas páginas de informes (escritos por exploradores del Ártico) sobre este mar abierto del extremo norte. Greely habla de agua libre de hielo todo el año. Si esto existe en el punto más lejano del norte, ¿hay alguna razón válida para explicar que nadie haya llegado al polo? Los hombres que invirtieron su tiempo, sacrificaron la comodidad y, en muchos casos sus vidas, eran hombres con un gran deseo de lograrlo; resulta curioso que ninguno haya tenido éxito. ¿Esto se debió a que el clima se volvía más cálido y había abundancia de fauna? No, se debía a que no existía tal lugar.
Nansen, que probablemente llegó más lejos que cualquier otro explorador, dice en su libro que era una sensación extraña navegar en la noche oscura hacia tierras desconocidas sobre un mar abierto, donde ningún otro barco había llegado. Comenta sobre lo cálido que era el clima en el mes de setiembre. Cuanto más al norte iba, menos hielo veía. Decía: “Siempre está el mismo cielo oscuro por delante, que significa mar sin hielo. Nadie puede pensar en Noruega que estamos navegando hacia el Polo Norte en agua sin hielo. Yo mismo no lo hubiera creído si alguien lo hubiera predicho hace dos semanas, pero es verdad. ¿No es esto un sueño?”.
Tres semanas más tarde menciona que en el agua seguía ausente el hielo. Comenta: “No se ve el final del agua libre”. Entre el 6 y el 21 de setiembre, no encontró hielo mientras viajaba hacia el norte a una latitud muy elevada.
Reed comenta: “Después de toda la evidencia, ¿es posible que alguien crea que los océanos respectivos (en el norte lejano) son masas congeladas de agua? Si no lo creen, ¿por qué los exploradores no logran llegar a los polos, si existen?
POR QUE HACE MAS CALOR CERCA DE LOS POLOS
Una de las principales pruebas de que la tierra es hueca es que el clima es más cálido cerca de los polos. Si los testimonios de aquellos que llegaron más lejos hacia los supuestos polos muestran que el clima es más cálido, la vegetación tiene más vida, y que la fauna es más abundante en el norte, entonces tenemos evidencia suficiente para sostener que el calor proviene del interior de la tierra, ya que parece el único lugar posible. En Captatn Hall’s Last Trip (El último viaje del Capitán Hall), leemos: ‘Encontramos que esta tierra es mucho más cálida de lo que esperábamos, libre de nieve y hielo; llena de focas, peces, gansos, patos, almizcleñas, conejos, lobos, zorros, osos, perdices, lemminges, etcétera’. (El autor está hablando de un área particularmente lejana en el norte).
Nansen llama la atención sobre el calor y dice: ‘Casi nos imaginamos en casa’. Esto ocurrió en uno de los puntos más al norte al que alguien haya llegado: el clima era cálido y agradable. Los vientos extremadamente fuertes provenientes del interior de la tierra no sólo elevan la temperatura en forma considerable en la vecindad del Océano Ártico, sino que lo afectan de manera muy concreta a 725 kilómetros de distancia. Nada puede elevar la temperatura de tal manera, excepto una tormenta del interior de la tierra.
Greely dice: ‘Esta presencia de aves, flores y animales fue una bienvenida de la naturaleza a nuestro nuevo hogar’. ¿Suena eso como si él hubiera esperado encontrar esto allí o que su presencia era una ocurrencia de todos los días? No. Fue escrito en tono de sorpresa. ¿De dónde habían venido estas aves y animales? Kilómetros al sur de donde estaban, la tierra estaba cubierta de nieve, en muchas partes, de miles de metros de profundidad. Se encuentran en ese lugar en el verano; y dado que es más calido en el norte, no es probable que se trasladaran a un clima más frió en el invierno. Pareciera que pasan al interior de la tierra. Hay un ave en Australia que deja el continente en setiembre y nadie ha podido descubrir a dónde va. Mi teoría es que va al interior de la tierra por el Polo Sur.
Reed señala que muchos animales que habitan el lejano norte, como la almizcleña, van al norte en el invierno en busca de un clima más cálido. Dice: “Dado que se torna más cálido el clima en el norte, el instinto los impulsa a no ir hacia el sur en el invierno; y si no van al sur, deben ir al interior de la tierra”.
Otro animal que va al norte en invierno es el alca. Schwatka vio una bandada de cuatro millones de alcas, que oscurecían el cielo, yendo hacia el norte a medida que se acercaba el invierno. Nansen dice del extremo norte que es una tierra llena de osos, alcas y gaviotas negras “debe ser una Canaán, repleta de leche y miel”.
¿QUÉ PRODUCE LA NIEVE DE COLORES EN EL ÁRTICO?
Análisis de la nieve demuestran que los colores verde, amarillo y colorado contienen una materia vegetal, supuestamente una flor o el polen de una planta. ¿De dónde viene? Una flor que produce suficiente polen para impregnar el aire con tal densidad que colorea la nieve, requeriría un vasto territorio para su cultivo. ¿Dónde se encuentra ese territorio? Tiene que estar cerca del Polo Norte; de crecer en otro sitio, habría nieve de colores en otros lugares, no sólo en la región ártica. Ya que no hay una planta conocida de esas características en la superficie terrestre, debemos buscar en otra parte. El interior de la tierra es el único que nos ofrece una respuesta a esta pregunta. Puesto que los colores caen en distintas estaciones, suponemos que diferentes flores maduran en esas estaciones. También es fácil averiguar de dónde viene la nieve negra, mencionada con tanta frecuencia por los exploradores: de un volcán en actividad, del tipo que cubrió de polvo el barco de Nansen. Todos los interrogantes sin contestar tendrían respuesta si aceptáramos que la tierra es hueca. Resulta imposible explicar esto con cualquier otra teoría.
¿DONDE Y COMO SE FORMAN LOS ICEBERGS?
Dado que los icebergs son de agua dulce, no salada como la del océano, no pueden ser formados en el Océano Ártico, sino en una masa de agua dulce. Sin embargo, no existe tal masa en la región polar. La teoría de Reed es que se forman de los ríos que provienen del interior de la tierra y que fluyen a la superficie por la abertura polar. Cuando llegan al frío exterior, se congelan. Más agua pasa por encima de la parte ya congelada y también se congela, hasta formar montañas de hielo. Cuando llega el verano, estas grandes masas de hielo se descongelan y rompen en partes que caen al océano, originando las misteriosas oleadas, que se producen en el lejano norte.
Reed dice: “Es imposible que un iceberg se forme en alguno de los sitios ya descubiertos. Por otra parte, puesto que el interior de la tierra es más cálido, se adecúa a la perfección para la formación de icebergs. La desembocadura se congela primero, el río sigue fluyendo hacia el océano, sobrepasa la desembocadura y se congela durante meses hasta la primavera. A medida que se instala el tiempo cálido del verano, y debido a la temperatura más elevada de la tierra, los hielos se descongelan y se quiebran, formando témpanos. El agua de las lluvias del interior los arrastra hacia el océano. De esa manera, provocan las oleadas. Tomemos en cuenta la diferencia: en el exterior de la tierra se congela todo el largo de un arroyo, y cuanto más adentro del continente, mayor es el congelamiento; en el interior de la tierra, en la abertura, sólo la desembocadura de la corriente de agua se congela, no sólo hay agua suficiente para formar icebergs, sino también para empujarlos hacia el océano. En los últimos trescientos años, una corriente constante de exploradores han tratado de llegar a los dos polos, pero nadie ha podido ver cómo un iceberrg dejaba su ubicación original y era arrojado al océano. ¿No resulta curioso que a nadie se le haya ocurrido preguntar dónde se originan?”
En apoyo de la teoría de que los icebergs de agua dulce no se forman en el exterior de la tierra, sino que vienen de ríos de agua dulce en el interior, Reed cita a Bernacchi, quien escribe sobre experiencias en el área antártica: “Hubo menos de cinco centímetros de precipitaciones en once meses y medio:: aunque nevó con frecuencia, nunca logró mayor altura que eso. Bajo semejantes condiciones, ¿dónde habría elementos para formar un iceberg? Sin embargo, el más grande de la tierra se encuentra allí: Great Ice Barrier (Gran Barrera de Hielo), de más de 650 kilómetros de largo por 80 de ancho, anclado en 70 metros de agua y sobresale de 25 a 70 metros por encima del nivel del agua.”
Reed comenta: “Resultaría imposible que este iceberg se formara en una tierra casi sin lluvia ni nieve. Puesto que los icebergs están hechos de agua y aquí no hay agua para congelar, resulta evidente que se formó en un lugar diferente de donde se encuentra ahora. El iceberg de agua dulce está en un océano de agua salada. ¿Cómo sé que la Gran Barrera de Hielo vino del interior de la tierra? Primero, no podría venir del exterior porque no se forman icebergs aquí. Aquel río debe tener 800 metros de profundidad, 80 kilómetros de ancho y entre 650 y 800 kilómetros de largo porque esas son las actuales dimensiones del iceberg. El río tuvo que ser derecho para que el témpano pudiera pasar sin romperse. Pasó por un terreno relativamente plano porque la superficie es plana. Otra prueba de que el interior del planeta es nivelado cerca de la salida es que muchos de los icebergs hallados en el antártico son largos y delgados. Se llaman ‘lenguas de hielo’, lo cual indica que provienen de ríos que corren casi horizontales. Por otra parte, los icebergs encontrados en el Ártico son más gruesos, lo cual indica que provienen de un terreno más montañoso, donde la caída de los arroyos es más abrupta; esto hace que los icebergs sean más cortos y gruesos. Cuando Bernacchi viajaba por la Antártida, escribió: ‘Durante los siguientes dos días, pasamos miles de icebergs, contamos noventa desde el puente de mando en un mismo momento. Variaban poco de forma; todos eran muy grandes y delimitados por peñascos perpendiculares. Había abundante agua dulce en la superficie debido a la gran cantidad de icebergs’.
¿Cómo concuerda esto con la noción de que los icebergs se forman en un terreno donde Bernacchi dice que hay menos de cinco centímetros de precipitaciones en todo el año y poca cantidad de nieve? ¿De dónde viene el agua que produce cantidades tan grandes de icebergs de un promedio de 300 metros de grosor y muchos de varios kilómetros de largo? Aquellos icebergs van hacia el norte, para nunca volver, pero el océano siempre estará lleno de ellos, ya que vendrán otros del mismo lugar. ¿Cuál es ese lugar? No hay agua ni nieve derretida para proporcionar el agua que se congele para convertirse en iceberg. Sólo pueden venir del INTERIOR de la tierra.
OLEADAS
Reed repite la descripción de las oleadas de la marea ártica hecha por varios exploradores. Levantan el hielo de los grandes campos de hielo a grandes alturas y pueden oírse a lo largo de kilómetros antes de llegar al barco y kilómetros después. Los exploradores árticos describen las oleadas de la siguiente manera: “Bloques gigantes rodaban como si estuvieran controlados por manos invisibles, y las masas comprimidas producían un horrible sonido agudo que hacía helar la sangre. Entonces llegaban las olas congeladas. Se abrían grietas a lo largo, con un ruido estruendoso, mientras mirábamos el terrible avance”. Reed dice: “Estas marejadas son provocadas por un agente de gran potencia, y no se me ocurre uno más potente que la caída de un iceberg en el océano. La gran frecuencia de estas poderosas oleadas parece descartar la posibilidad de que sean el resultado de erupciones volcánicas debajo del agua”.
EL ORIGEN SUBTERRÁNEO DE LOS PLATILLOS VOLADORES
Evidencia de que provienen del interior hueco de la Tierra
La concepción presentada en este libro, de que la tierra es hueca, conforma la teoría más razonable acerca del origen de los platillos voladores, mucho más lógica que creer en el origen interplanetario. Por esta razón los expertos más destacados en platillos voladores, como Ray Palmer, editor de la revista Flying Saucera, y Gray Barker, un conocido escritor del tema, han aceptado la teoría del origen subterráneo contra la idea de que provienen de otros planetas. Esta teoría se originó en Brasil y luego la aceptaron expertos estadounidenses en platillos voladores.
En 1957, mientras revisaba material en una librería en Sao Paulo, Brasil, este autor encontró un libro de O. C. Huguenin, que le llamó la atención. Se llama From the Súbterranean World to the Sky: Flying Saucers. La tesis del libro sostiene que los platillos voladores no son naves espaciales de otros planetas, sino que son de origen terrestre y provienen de una raza subterránea que habita el interior de la Tierra. En un principio este autor no pudo aceptar esta extraña y poco ortodoxa teoría con respecto al origen de los platillos voladores. Parecía improbable e imposible, y que requeriría la existencia de una cavidad de increíble tamaño dentro de la tierra, donde pudieran volar a una impresionante velocidad. Es más, esta cavidad debería ser tan grande como para hacer que la tierra fuera una esfera hueca. En ese momento, este autor aún no había tomado contacto con los increíbles libros de William Reed y Marshall B. Gardner, que se basan en la evidencia de los exploradores árticos para probar que la tierra es hueca con aberturas en los polos y un diámetro de 9.350 kilómetros en el interior, lo suficientemente grande para que los platillos voladores puedan volar allí.
Sin embargo, la teoría de Huguénin sobre el origen subterráneo de los platillos voladores no era original. El primero en manifestar esta idea fue el profesor Henrique José de Souza, presidente de la Sociedad Teosófica de Brasil, con oficina central en Sao Lourenco en el estado de Minas Gerais. Allí, hay un enorme templo de estilo griego, dedicado a “Agharta”, la palabra budista para ‘mundo subterráneo’. Entre los alumnos del profesor en Sao Lourenco, estaba el señor Huguénin y el Comandante Paulo Justino Strauss, oficial de la Armada brasileña y miembro de la Sociedad Teosófica de Brasil. Se enteraron, por él, del mundo subterráneo y tomaron contacto con la idea de que aquel es el origen de los platillos voladores. Por esta razón, el señor Huguénin dedicó su libro al profesor Souza y su esposa, D. Helena Jefferson de Souza.
Mientras Huguenin incorporaba la idea del origen subterráneo de los platillos voladores en su libro, el Comandante Strauss presentó una serie de charlas en Rio de Janeiro, en las que afirmó que los platillos voladores son de origen terrestre, pero que no provienen de ninguna nación conocida en la superficie terrestre. El cree que se originan en el mundo subterráneo, el mundo de “Agharta”, cuya capital es conocida como “Shamballah”.
En el libro, Huguenin presenta los puntos de vista de Strauss sobre el origen subterráneo de los platillos voladores, en oposición a que provienen de otros planetas, de la siguiente manera: “La hipótesis del origen extraterrestre de los platillos voladores no parece aceptable. Otra posibilidad es que sean naves militares, pertenecientes a alguna nación existente en la tierra. Sin embargo, esta hipótesis queda descartada por los siguientes argumentos:
“ 1. Si los Estados Unidos y Rusia poseyeran platillos voladores, no dejarían de anunciarlo por su valor como arma psicológica, para asegurar ventajas en el campo diplomático. Además, los fabricarían y utilizarían para propósitos militares dada su rapidez y potencia, que dejaría al enemigo casi indefenso.
“2. Los Estados Unidos y la Unión Soviética no seguirían gastando grandes cantidades de dinero en la manufactura de aeroplanos comunes si tuvieran en su poder el secreto de cómo producir platillos voladores.”
Luego de presentar el argumento de que los platillos voladores no provienen de una nación existente y su opinión de que no son de origen interplanetario, Huguenin cita a Strauss en cuanto al origen de un mundo subterráneo. Escribe lo siguiente: “Por último, debemos considerar la teoría más reciente e interesante para explicar el origen de los platillos voladores: la existencia de un gran mundo subterráneo con innumerables ciudades, donde viven millones de habitantes. Esta otra humanidad debe haber llegado a un grado muy avanzado de civilización, organización económica y social y desarrollo cultural y espiritual, junto con un progreso científico extraordinario. En comparación con ella, la humanidad que vive en la superficie de la Tierra puede parecer una raza de bárbaros. La idea de la existencia de un mundo subterráneo puede alarmar a muchos. Para otros, puede sonar absurda e imposible; dicen: ‘pues, si existiera, ya habría sido descubierto hace tiempo’. Muchos otros críticos señalan que la existencia de un mundo habitado dentro de la tierra resultaría imposible debido a la creencia de que la temperatura aumenta en razón directa de la profundidad y, por ende, que el centro de la tierra es una masa de fuego. Sin embargo, este aumento de temperatura no significa que el centro de la tierra sea de fuego, ya que puede ser de una extensión limitada y surgir de las cavidades subterráneas, como los volcanes y arroyos calientes, situados en determinados niveles. Debajo de éstos, la temperatura vuelve a bajar a medida que se desciende más. La hipótesis de que la temperatura aumenta con el descenso en la corteza terrestre sostiene que esto ocurre hasta una profundidad de ochenta kilómetros (en la capa superficial de la tierra).”
Luego Huguenin pregunta cómo habrán surgido estas maravillosas ciudades subterráneas y la civilización avanzada. Responde que los constructores y la mayoría de los habitantes del mundo subterráneo son miembros de una raza antediluviana, proveniente de los continentes prehistóricos, sumergidos, Lemuria y Atlántida, que se refugiaron allí de la inundación que destruyó sus tierras de origen. (Lemuria se hundió en el océano Pacífico hace 2500 años; Atlántida se sumergió debido a una serie de inundaciones. De acuerdo a los escritos de Platón, derivados de los antiguos registros egipcios, la última ocurrió hace 11.500 años. Egipto era una colonia de Atlántida, ubicado en el este, así como lo eran en el oeste los imperios azteca, maya e inca.)
Huguenin sostiene que los habitantes de Atlántida, mucho más avanzados que nosotros en desarrollo científico, volaron en aeronaves con el uso de una forma de energía directamente obtenida de la atmósfera, conocida como “vimanas”, idénticas a lo que conocemos como platillos voladores. Antes de la catástrofe que destruyó Atlántida, sus habitantes hallaron refugio en el mundo subterráneo en el interior hueco de la tierra. Llegaron hasta allí con sus “vimanas”, o platillos voladores, por medio de las aberturas polares. Desde entonces, esos platillos voladores han estado en la atmósfera interior de la tierra y han sido utilizados como medio de transporte de un punto a otro del cóncavo mundo interior. En aquel mundo dentro de la corteza terrestre, una línea aérea recta es la distancia más corta entre dos puntos, sin importar a qué distancia estén. Después de la explosión atómica de Hiroshima, estas aeronaves salieron a la superficie por primera vez. Se las denominó platillos voladores. Como ya señalamos, se trató de un acto de defensa personal, para impedir la contaminación radioactiva del aire que reciben de afuera.
Huguenin está convencido de que los platillos voladores no son naves espaciales de otros planetas, sino aeronaves de la Atlántida. A lo largo de la historia, en especial en épocas de la antigüedad, estas aeronaves surgieron en forma ocasional, y algunas figuras históricas anduvieron en ellas. De ese modo, en la épica hindú, en el Ramayana, hay una descripción de un coche celestial de Rama, el gran maestro de la India védica, conocido como vimana, un vehículo aéreo controlado. Podía volar grandes distancias. La mayor velocidad que alcanzó fue en un viaje relámpago de Ceylán al monte Kailas en el Tíbet. El Mahabharata habla de que los enemigos de Khrishna construyeron un carro aéreo con costados de hierro y con alas. El Smranagana Sutrahara dice que los seres humanos pueden volar por el aire y los “seres celestiales” bajarán a la tierra por medio de naves aéreas.
El director de la International Academy of Sanskrit Investigation, en Mysen, India, descubrió un tratado antiguo sobre aeronáutica, escrito hace tres mil años. Es decir, que la navegación aérea existia mucho antes de que los hermanos Wright construyeran el primer avión moderno. Se cree que aquel tratado fue escrito por el sabio hindú, Bharadway, quien escribió el manuscrito llamado Vymacrika Shostra, que significa “la ciencia de la aeronáutica”. Consta de ocho capítulos con diagramas, que describen tres clases de aeronaves, inclusive aparatos incombustibles e irrompibles. Menciona treinta y una partes esenciales de los vehículos y dieciséis materiales con los que se construían. Los materiales absorben luz y calor y, por eso, se consideraban adecuados para la construcción de aeroplanos. Resulta interesante notar la similitud de las palabras vyma-crika y vimanas, lo cual indica que los hindúes obtenían sus conocimientos de navegación aérea de los habitantes subterráneos de la Atlántida, que debieron visitarlos y enseñárselos en los tiempos antiguos.
De Brasil, donde se originó la teoría del origen subterráneo de los platillos voladores, se difundió a los Estados Unidos, donde Ray Palmer, editor de la revista Flyíng Saucers, se convirtió en su propagador entusiasta. Abandonó su anterior creencia del origen interplanetario por la de que provienen del interior hueco de la tierra. En la edición de diciembre de 1959, escribió lo siguiente: “En esta edición, presentamos los resultados de años de investigación, donde adelantamos la posibilidad de que los platillos voladores no sólo vengan de nuestro planeta —y no del espacio— sino que hay una tremenda cantidad de evidencia que muestra la existencia de un lugar desconocido de dimensiones vastas, hasta ahora sin explorar, de donde probablemente vienen y se originan los platillos voladores.”
Al referirse a las afirmaciones de algunos de los “contactados” por los platillos voladores de que subieron a uno y viajaron a Marte y otros planetas, Palmer dice: “Hemos leído todos los relatos de tales viajes y, en ninguna parte, pudimos hallar evidencia concreta de que se atravesó el espacio. En todos los casos, las personas pudieron estar en la ‘tierra desconocida’, descubierta por el Almirante Byrd, sin saber la diferencia. Siempre que de veras haya habido un viaje en platillo volador, los pilotos pudieron simular un viaje espacial y llevar a los pasajeros a la ‘misteriosa tierra más allá de los polos’, como la llama el Almirante Byrd”.
En el artículo “Saucers From Earth: A Challenge to Secrecy” de la edición de diciembre de 1959 en Flying Saucers, Palmer escribe: “La revista ha exhibido una gran cantidad de evidencia que los editores consideran irrefutable, para probar que los platillos voladores provienen del planeta tierra y que los gobiernos de más de una nación lo saben, que se realiza un esfuerzo conjunto para aprender más al respecto y para explorar la tierra de donde provienen; que los hechos que ya se conocen son de tanta importancia como para ser el secreto supremo del mundo; que el peligro es tanto, que ofrecerle pruebas a la población implica provocar pánico general; que el conocimiento público causaría una exigencia publica de acción, lo cual destruiría gobiernos incapaces —y no deseosos— de actuar; que la naturaleza inherente de los platillos voladores y su área de origen (el hueco en el interior de la tierra, al cual se llega a través de las aberturas polares. El autor) destruiría el statu quo político y económico”.
Palmer se opone a la teoría de que los platillos voladores fueron construidos por algún gobierno existente con las siguientes palabras: “Los platillos voladores han existido con la humanidad por siglos o, tal vez, miles de años”. De su antigüedad, dice: “Descarto a los gobiernos contemporáneos de la tierra como originadores del misterioso fenómeno”. Luego de refutar esa teoría, Palmer ataca la del origen interplanetario, cuyo principal defensor es el experto estadounidense en platillos voladores, Keyhoe, y también algunos “contactados” que sostienen que algunos platillos voladores provienen de Marte y otros de Venus, etcétera.
Luego de demostrar que los platillos voladores no provienen de una nación existente ni de otro planeta, Palmer, la mayor autoridad de los Estados Unidos sobre platillos voladores, concluye —en concordancia con el comandante Strauss y Huguenin— que provienen del interior hueco de la tierra y salen por las aberturas polares. Escribe lo siguiente: “En la opinión de los editores de Flying Saucers, el origen polar de los platillos voladores sólo podrá ser refutado con hechos. Cualquier negación debe acompañarse de pruebas concretas. La revista sugiere que no se puede procurar tales pruebas. Flying Saucers cree que todos los grupos de trabajo sobre platillos voladores deben estudiar el tema desde el planteo de la tierra hueca, agrupar la evidencia disponible de los últimos dos siglos y buscar con dedicación evidencia en contra. Ya hemos deducido el origen más lógico —en el que hemos insistido debía existir, por los incontables obstáculos para creer en el origen interestelar, que exige factores que superan la capacidad de la imaginación— ahora, debemos probarlo o refutarlo de alguna manera. ¿Por qué? Porque si el interior de la Tierra está poblado por una raza de elevada capacidad científica, debemos hacer contacto provechoso con ella; y si son poderosos en su ciencia, que incluye la de la guerra, no debemos enemistarnos con ellos; y si la intención de nuestros gobiernos es considerar el interior de la Tierra como ‘territorio virgen’, comparable con el de los indígenas americanos cuando llegaron los colonizadores europeos para quitárselo a sus verdaderos dueños, el pueblo tiene derecho a conocer esa intención y a expresar sus deseos en la materia. El platillo volador es el hecho más importante de la historia. Las preguntas planteadas en este artículo deben hallar respuesta. El Almirante Byrd descubrió una tierra misteriosa, ‘el centro del gran desconocido’, y la revelación más importante de todas las épocas. Lo sabemos por las palabras de un hombre de integridad irreprochable y mente brillante. ¡Dejad que aquellos que desean llamarlo mentiroso den un paso hacia adelante para probarlo! Los platillos voladores vienen de la Tierra”, es el párrafo final del maravilloso artículo de Ray Palmer.
La última frase creó sensación. Las agencias gubernamentales tuvieron que confiscar la revista y detener su distribución, para que no llegara a los 5000 suscriptores. ¿Por qué? Resulta obvio que fue porque el gobierno estaba convencido de que aquel vasto territorio desconocido, más grande que toda la superficie terrestre, existe, y deseaban mantenerlo en secreto, para que ninguna otra nación se enterara o llegara allí antes para apropiárselo. Era importante que los rusos no se enteraran; por eso, se decidió suprimir la edición de diciembre de 1959 de Flying Saucers. Se sacó de circulación en forma misteriosa. Es evidente que la información que contenía con respecto a que los platillos voladores provienen del interior hueco de la Tierra y salen por las aberturas polares, como las noticias sobre los vuelos del Almirante Byrd más allá de los polos al nuevo territorio desconocido, eran considerados temas peligrosos para el conocimiento público y, por ende, suprimidos secretamente por las autoridades gubernamentales.
Otra autoridad estadounidense sobre platillos voladores es Gray Barker. Un mes después de que Palmer publicó el sensacional artículo que expresaba su creencia en que los platillos voladores no provienen del espacio exterior sino del interior de la tierra, Barker escribió lo siguiente enThe Saucerian Bulletin del 15 de enero de 1960: “En la edición de diciembre de 1959 de Flyíng Saucers, Ray Palmer reveló sus descubrimientos. La teoría fue desarrollada muchos años antes en un libro titulado A Joumey to the Earth’s interior or Have the Poles Really Been Discovered? Este libro está agotado y es muy raro. Antes de que los platillos voladores fueran de conocimiento público, muchos estudiosos de lo oculto creían que vivía gente dentro de la tierra, que emergía y reingresaba a través de aberturas secretas en los Polos Norte y Sur.”
Palmer presentó sólo la primera parte de su evidencia en la edición de diciembre. Consistía en una revisión de notas radiales y periodísticas del vuelo al Polo Norte del Almirante Richard E. Byrd en 1947.
En febrero de ese año, Byrd despegó de una base ártica y se dirigió hacia el Polo Norte. Voló continuamente hacia el norte, más allá del polo, y se sorprendió al descubrir tierras y lagos sin hielo, montañas cubiertas de árboles e inclusive, ¡un animal monstruoso que se movía en la maleza debajo de él! El avión voló casi 2.740 kilómetros sobre territorio de montañas, árboles, lagos y ríos. Después de estos kilómetros, se vio obligado a retornar por la limitación de combustible. Volvió por la misma ruta hasta llegar a la base ártica. No se pensó mucho sobre ese vuelo poco común en ese momento.
Luego, Palmer instruye al lector para que mire el globo terráqueo. De acuerdo a la ruta de vuelo de Byrd, él tendría que haber visto solamente el océano cubierto de hielo o parcialmente abierto. Sin embargo, Byrd vio árboles. De acuerdo al mapa, no hay una tierra semejante allí.
A continuación, Palmer habla sobre discrepancias geográficas similares en el Polo Sur y llega a una increíble conclusión: “LA TIERRA NO ES UNA ESFERA, SINO COMO UNA ROSCA, aunque tal vez no tan chata. Hay una inmensa abertura en cada polo, tan grande, que cuando se viaja ‘más allá’ del polo, se pasa el borde del agujero central de ‘la rosca’. Si un hombre viajara lo suficientemente lejos, entraría por ese agujero y saldría por el del otro polo”. Palmer continúa y sugiere que vive gente en el interior de la tierra, la que emerge de los polos en platillos voladores. Promete presentar más adelante los restos de las pruebas. Pero en este número de la revista las opiniones vertidas son muy llamativas con respecto a los siguientes puntos:
LA CLAVE DE TODOS LOS SÍMBOLOS, MITOS, LEYENDAS Y RELIGIONES
Quiero insistir en la razón de nuestro apego al Mito y La Leyenda. Los consideramos representaciones del propio espíritu humano investido por dentro y por fuera desde el Unus Mundus., que nos traen su mensaje lleno de Destino, del recuerdo imprescindible de nuestra historia estelar y nuestras raíces metafísicas en centrales cósmicas del universo desde donde nos llegan influencias, mensajes y órdenes.
Estos son principalmente los relatos de una ciencia antigua, de su potencia, su magia, su sentido, y su voluntad plasmativa.
Por debajo de las aguas, quizás por donde termina la corteza del planeta, se desliza el Cordón Dorado, la
Aurea Catena, que conecta a los seres de una misma Raza del Espíritu, de un mismo Astro, y nos hace camaradas a través de todos
La imágen de la tierra hueca más impensada es esta: La que aparece representada en el calendario Azteca.En la imagen, primero aparece la corteza terrestre en color verde, luego, los ríos y mares de color azul, las cuevas y cavidadesque comunican el exterior con el interior en color morado ( como pilares ), y finalmente un sol resplandeciente en el centro
(1) Las medidas de las áreas en los Polos Norte y Sur son mayores que el espacio que un mapa o globo terráqueo permiten mostrar. Esto nos lleva a la conclusión de que tales áreas se extienden hacia adentro de ‘la rosca’.
(2) Algunos animales, en especial el toro almizcleño, emigra al norte desde el Círculo Ártico en el invierno. Al norte del paralelo 80, se encuentran zorros camino al norte, que parecen bien alimentados en un área donde no hay alimentos disponibles. (Van hacia el norte porque es más cálido y hay vida animal y vegetal cuando se traspasa la abertura polar. El autor.)
“(3) Los exploradores árticos concuerdan en que el clima se hace cada vez más cálido camino al norte (a una distancia lo suficientemente cercana al Polo Norte).
“(4) En el Ártico, troncos de coniferas flotan a lo largo de la costa, provenientes del norte. Las mariposas y las abejas se hallan en el lejano norte, pero nunca cientos de millas más al sur.
“(5) Restos de mamuts, en perfecto estado de conservación aparecieron en Siberia, con escaso alimento de la región subártica en el estómago. El animal no pudo subsistir con esa clase de alimento: debió venir de la ‘tierra más allá de los polos’, postula Palmer.
“(6) Los problemas con los satélites enviados a zonas que cubren el Polo Sur confirman la teoría de que las tierras no han sido medidas con precisión o que ‘alguien’ los obstaculiza.”
Con respecto al último punto, es interesante tomar en cuenta que hace un tiempo los periódicos estadounidenses, publicaron un informe sobre el descubrimiento de un misterioso satélite artificial, que daba vueltas alrededor de la tierra en la órbita que pasaba directamente por los dos polos. Ninguna nación conocida lo había enviado. ¿Habrá surgido de uno de los polos y siguió rotando alrededor de su punto de origen?
Gray Barker está de acuerdo con Palmer en que los platillos voladores provienen del interior de la tierra. En la nota citada, pregunta: “¿Qué ocurriría si hubiera una raza desconocida en alguna parte no explorada de la tierra, que fuera responsable de los platillos voladores? El artículo de Palmer me hizo pensar en esa dirección una vez más. LA EXPLICACIÓN DEL INTERIOR DE LA TIERRA CONCORDARÍA CON LA MAYORÍA, SI NO TODAS, LAS FACETAS DEL CUADRO DE LOS PLATILLOS VOLADORES.”
Varias escuelas de ocultismo enseñan que las aberturas polares dan entrada a las ciudades de Agharta, el Mundo Subterráneo, tales como Shamballah (la capital) y otras. Aceptemos por un momento que hace miles de años que existe un pueblo semejante en el interior de la tierra. Tal vez es anterior al hombre, o tal vez dio origen al hombre del exterior. Quizá siempre lo han vigilado y, en ocasiones, asistido con tecnología, dando lugar a lo que hoy denominamos leyendas’. Tal vez construyeron la gran pirámide o son responsables de algunos de los ‘milagros’ registrados en las historias religiosas y seculares. A lo mejor, no quisieron brindarle el conocimiento de su existencia o los secretos de su tecnología hasta que el hombre, su protegido, no se mostrara moralmente merecedor de ellos. Sin embargo, cuando el hombre inventó la bomba atómica, la gente de la Tierra interior se preocupó mucho. Tal vez temieron que la contaminación de la atmósfera los alcanzara o que el hombre hiciera estallar todo el mundo. Detener o controlar la tendencia destructiva del hombre sería un problema delicado a menos que salieran a informarles sobre su existencia. Decidieron que se verían forzados a hacerlo en algún momento e iniciaron un proceso lento de adoctrinamiento de una filosofía pacifista (la mayoría de la ‘gente espacial’ contactada habló con fuerza en contra de la bomba atómica).”
En el libro They Knew Too Much About Flying Saucers, Barker habla del “misterio antartico” o la cantidad inusual de platillos voladores que se han visto ascender y descender en la región del Polo Sur, que apoya la teoría de una abertura polar por donde estos platillos salen y entran al interior de la tierra. También menciona un investigador australiano y otro neozelandés, llamados Bender y Jarrold, que creían que los platillos voladores se originan y tienen su base en el área antártica. Trataban de rastrear la huella de los platillos, cuando de repente “tres hombres de negro” detuvieron sus experimentos. Eran agentes gubernamentales quienes parecían querer impedir las investigaciones. Lo mismo que ocurrió con el vuelo de 3.700 kilómetros del Almirante Byrd al nuevo territorio más allá del Polo Sur, dentro de la abertura que conduce al interior de la tierra, y no aparece en ningún mapa: la información fue censurada en la prensa.
Theodore Fitch es otro escritor estadounidense que cree que los platillos voladores provienen del interior de la tierra. En su libro, Our Paradise Inside the Earth, escribe: “Autores de literatura sobre los platillos voladores creen que éstos vienen de otros planetas, pero ¿cómo puede ser esto? Están demasiado lejos, aun viajando a velocidades increíbles, llevaría una vida entera realizar semejante viaje (en especial desde planetas de otros sistemas solares)”.
Fitch sostiene, al igual que Palmer, que los “hombres del espacio” que vinieron a nosotros en platillos voladores, que pasan como visitantes de otros planetas, en realidad son miembros de una civilización avanzada en el interior hueco de la tierra, que tienen razones importantes para mantener en secreto su verdadero lugar de origen. Por eso incentivan la creencia falsa de que provienen de otros planetas. Sobre este tema, Fitch escribe: “Dicen que vienen de otros planetas, pero lo dudamos”. El considera que es una mentira sin malicia, para impedir que gobiernos militaristas se enteren de que en el lado opuesto de la corteza terrestre —al cual se accede a través de las aberturas polares— existe una civilización avanzada, cuyos logros científicos superan en mucho los nuestros. De esta manera, se protegen de molestias o una posible guerra entre las razas subterránea y la de la superficie.
Fitch concuerda con Palmer en que los platillos voladores no son “naves espaciales”, como dice Adamski, ni sus pilotos son “hombres espaciales”. Son vehículos para viajes atmosféricos, que provienen del interior hueco de la tierra, donde vuelan y conectan diversas zonas del mundo cóncavo, subterráneo, con las demás.
Su plan de salvar a la humanidad —y a sí mismos— fracasó. A pesar de toda la evidencia innegable de su existencia en poder de las Fuerzas armadas de los Estados Unidos, en vez de reconocer y admitir tal existencia, como raza superior que venía para instruirnos, ayudarnos e impedir que cometiéramos suicidio nuclear, los líderes del gobierno se negaron a creer en su realidad. Y por supuesto, como se duda de su existencia, no se realizó ningún esfuerzo por cooperar con su plan de evitar una catástrofe mundial y la destrucción por radiación de la raza humana (en curso en la actualidad, en la forma de residuos radioactivos que han alcanzado un nivel peligroso en el hemisferio norte, de acuerdo a las mediciones recientes de un científico italiano en Roma). En lugar de respetar a estos seres superiores que poseían un desarrollo científico mucho mayor que el nuestro, como lo demuestra la superioridad de su aeronave (platillos voladores), en vez de recibirlos de manera amistosa, cuando uno de esos platillos se acercaba a un campo militar de los Estados Unidos se enviaban aviones a perseguirlos con las instrucciones de dispararles para que cayeran y así poder descubrir el secreto de la construcción de las naves y fuente de poder. En el famoso incidente del “Capitán Mandell”, él persiguió a un platillo volador que apareció cerca de un aeropuerto militar mientras subía cada vez más, hasta que su avión explotó en forma misteriosa. Desilusionados con sus esfuerzos de establecer contacto amistoso con la humanidad de la superficie, los jefes de las flotas de platillos voladores que aparecieron en nuestro cielo después de 1945 —y continuaron llegando en grandes cantidades hasta unos años después— dejaron de enviar tantas naves como cuando tenían esperanzas de ser nuestros amigos y convencernos de desistir de más experimentación y explosiones atómicas y de fabricar bombas. La cantidad de platillos voladores que quedaron en nuestra atmósfera fueron pocos, como hoy en día. Es probable que los pocos que permanecen aquí lo hagan con el fin de tomar medidas de los residuos radioactivos y la contaminación atmosférica, que luego comunican a los científicos de su base subterránea.
Existen muchos otros argumentos en contra de la hipótesis interplanetaria del origen de los platillos voladores. Esta teoría no explica cómo, en condiciones geológicas, químicas, atmosféricas, gravitacionales, climáticas y geográficas completamente diferentes, planetas a millones o miles de miles de millones de kilómetros de distancia, pertenecientes a otros sistemas solares, podrían haberse desarrollado seres humanos tan iguales a nosotros en estructura, apariencia, vestimenta, costumbres, lenguaje, acento e ideas, como los “venusianos”, quienes Adamski sostiene que conoció en una “nave principal”, o “nave espacial”, que visitó.
El hecho de que esta gente no sólo se parece a nosotros, sino que tiene la misma estatura y hasta hablan con un acento (en muchos casos, un acento alemán), parece extraño si vienen de otro planeta. Parece mucho más probable que hayan venido originalmente de la superficie de la tierra, logrado acceso al mundo subterráneo y estén empleados como pilotos, por autoridades subterráneas que los enviaron a nosotros.
Si vinieran de otros planetas o sistemas solares, sería improbable que se parecieran y hablaran en forma tan parecida a nosotros. La mayoría de los escritores de ciencia ficción imaginan a los habitantes de otros planetas como muy diferentes en su estructura. H. G. Wells, en Warofthe Worlds, imaginó a los marcianos como monstruos mecánicos. Sería una extraña coincidencia que otros planetas desarrollaran formas de vida tan idénticas a las nuestras, como son los pilotos de los platillos voladores, según aquellos que los conocieron. En cuanto a los “pequeños hombres” hallados en los platillos voladores, es probable que sean enanos subterráneos, empleados por la raza dominante, que los crió como pilotos.
Si las personas vistas en los platillos voladores fueran miembros de nuestra propia raza (en especial alemanes, ya que tantos pueden hablar alemán, lo cual sería extraño si vinieran de otro sistema solar o planeta), empleados como pilotos, es probable que sus comandantes les hubieran indicado no revelar el secreto del origen de los platillos voladores, porque el área de tierra del Nuevo Mundo en el interior hueco de la tierra es mayor que el de la superficie, donde tenemos más terreno cubierto por océanos. Si los gobiernos militaristas se enteraran de esto, se apresurarían a enviar sus aeronaves por las aberturas polares para reclamarlo como propio, así como los gobiernos de Europa hicieron con América en cuanto Colón descubrió el nuevo continente.
Si determinados gobiernos ambiciosos de la superficie buscaran apropiarse este nuevo territorio de clima ideal por la fuerza, si enviaran expediciones equipadas con armas nucleares, la población subterránea (superior a nosotros) se vería obligada a defenderse por medio de sus “rayos de la muerte”. Son de una fuerza mucho más poderosa que la energía atómica, capaz de producir la desintegración y desmaterialización atómica de los invasores y sus armas. Preferirían evitar una catástrofe semejante dado que son pacifistas y detestan la guerra.
Por esta razón, ellos deseaban mantener en secreto la existencia del mundo subterráneo. Quisieron evitar que invasores del exterior molestaran a sus habitantes. Esta es la causa de que los pilotos de los platillos voladores estuvieran instruidos para simular que venían de otros planetas y que eran “hombres espaciales”. En el caso de ser contactados, podrían mantener el secreto de que provenían del interior de la tierra. A Adamski y otros que afirmaron tener contacto con ellos, los engañó la idea falsa de que los viajantes de los platillos voladores venían de otros planetas.
Si los principales gobiernos se olvidaran de la carrera espacial y enviaran ejércitos armados de rompehielos, dirigibles y aeronaves, para penetrar lo más lejos posible en las aberturas polares, en poco tiempo se establecería contacto entre la raza superior dentro de la tierra y la menos avanzada del exterior, trabada en un barbarismo mecanizado, siempre empeñada en la guerra. Sin embargo, los gobiernos militaristas no merecen establecer contacto con seres humanos semejantes, superiores, que probablemente utilizarían sus radiaciones poderosas, capaces de la desmaterialización, para impedir la invasión de visitantes no deseados y peligrosos. Ya que vinieron de la Atlántida, que tenía una civilización mucho más avanzada que la nuestra hace más de 11.500 años —y durante muchos miles de años antes— esta raza antigua tiene un desarrollo científico tanto más avanzado con respecto al nuestro, cuanto el nuestro lo es con el de los hotentotes.
En comparación con el pueblo superior subterráneo, los habitantes de la superficie son bárbaros, y su “civilización” orgullosa es un estado de barbarismo mecanizado. Hasta que no aprendan a dejar la guerra a un lado para siempre; hasta que no destruyan y entierren todas las armas nucleares, y establezcan un gobierno mundial, una corte mundial y una fuerza policial mundial; hasta que no reorganicen su sistema económico y financiero sobre la base de la igualdad y la justicia, no serán merecedores de contactar a los habitantes del mundo subterráneo, con un nivel científico e intelectual y un desarrollo moral muy superiores a los de los habitantes de la superficie.
Antes de que Colón descubriera América, la existencia de un nuevo mundo cruzando el Atlántico, en la forma de un continente occidental, se consideraba el sueño de un loco. Lo mismo ocurre, en nuestra época, con la existencia de un mundo nuevo, un mundo subterráneo, en el interior hueco de la tierra; una tierra tan desconocida para la humanidad actual como el continente americano para los europeos antes del descubrimiento de Colón. Por lo tanto, no hay ninguna razón para que no pueda también ser descubierto y que se establezca su existencia como un hecho.
Amoldo de Azevedo, en su libro Physical Geography, escribió lo siguiente sobre el mundo misterioso debajo de nuestros pies, sobre el cual los científicos no conocen más que unos kilómetros de profundidad, y sólo consideran teorías, hipótesis y conjeturas para ocultar su ignorancia: “Tenemos, debajo de los pies, una inmensa región, cuyo radio es de 6.290 kilómetros, completamente desconocida, que desafía el egocentrismo y la competencia de los científicos”.
Esta aseveración es verdadera. Hasta la fecha, los científicos sólo han penetrado unos kilómetros hacia el interior de la Tierra, y no saben nada sobre qué hay más abajo. Se aferran a conjeturas, adivinanzas y suposiciones. Muchas de las teorías y creencias de aceptación común sobre el interior de la tierra no se apoyan en una base científica, parecen originarse en la antigua idea eclesiástica del fuego del infierno en el centro de la tierra. La creencia científica de que el centro de la tierra es una masa de fuego y metal fundido no cuenta con mayor evidencia que la religiosa. Las dos son meras suposiciones sin un gramo de prueba. Es probable que surgiera del hecho de que cuanto más se penetra en la tierra, mayor es la temperatura, pero es absurdo suponer que este aumento de temperatura continúa hasta el centro de la tierra. No hay evidencia que apoye esta teoría. Es más probable que el aumento de temperatura siga hasta llegar al nivel donde se originan la lava volcánica y los terremotos, probablemente debido a la presencia de muchas sustancias radioactivas en el lugar. Después de pasar esta capa de calor máximo, no hay nada que impida que la temperatura descienda cada vez más hasta el centro de la tierra.
La superficie total de la Tierra es de 317 millones de kilómetros cuadrados y el peso estimado es de 6.000.000.000.000.000.000.000 de toneladas. Si la tierra fuera una esfera sólida, el peso sería mucho mayor. Esta es una de las evidencias científicas de que el interior de la tierra es hueco. Este autor cree que la concepción más veraz de la estructura de la tierra se basa en la idea de que, cuando estaba en estado fundido durante su formación, una fuerza centrífuga hizo que las sustancias más pesadas fueran arrojadas hacia afuera, a la periferia, en forma de rocas y metales, para formar la corteza externa. El interior quedó hueco, con aberturas en los polos, donde la fuerza centrífuga era menor y donde había menor tendencia a arrojar materiales hacia afuera. Sin embargo, esta tendencia era mayor en el ecuador, lo cual explica que la tierra sobresalga en esta región. Se estima que, como consecuencia de la rotación de la tierra sobre su eje durante el estado de formación, se formaron depresiones polares y aberturas, que miden alrededor de 2.260 kilómetros de diámetro.
También presentaremos evidencia que indica que parte del fuego y materiales incandescentes originales permanecieron en el centro de la tierra, para formar un sol central, por supuesto mucho más pequeño que el nuestro, pero capaz de emitir luz y permitir el crecimiento de plantas. Además, veremos que la aurora boreal, o rayos de luz, que iluminan el cielo ártico por la noche provienen de este sol central cuyos haces pasan a través de la abertura polar. Por lo tanto, si la tierra fue una bola de fuego y metal fundido en su origen, parte de este fuego permaneció en el centro, mientras la fuerza centrífuga hizo que la materia sólida fuera arrojada hacia la superficie, a causa de la rotación sobre el eje. Esta materia formó una corteza sólida y el interior quedó hueco con una bola de fuego en el centro, que formó un sol central que proporciona iluminación para las plantas, los animales y los humanos.
La primera persona que presentó esta teoría de que la tierra fuera hueca con aberturas en los polos fue un pensador de los Estados Unidos, William Reed, autor del libro Phantom ofthe Poles, publicado en 1906. Aquí encontramos la primera recopilación de evidencia científica, basada en informes de exploradores árticos, que apoyan la teoría de que la tierra es hueca con aberturas en los polos. Reed calcula que la corteza de la tierra tiene un grosor de 1,300 kilómetros y que el interior hueco tiene un diámetro de 10.300 kilómetros. Reed resume su teoría revolucionaria de la siguiente manera: “La tierra es hueca. Los polos, tan buscados, son fantasmas. Existen aberturas en las extremidades norte y sur. En el interior hay vastos continentes, océanos, montañas y ríos. La vida vegetal y animal es evidente en este nuevo mundo, y es probable que esté poblado por razas desconocidas para los habitantes de la superficie terrestre.”
Reed señalaba que la tierra no es una verdadera esfera, sino que está achatada en los polos, o que comienza a achatarse cuando uno llega a los hipotéticos polos, que en realidad no existen porque allí están las aberturas que dan al interior hueco. Por lo tanto, los polos están en el aire, en el centro de las aberturas polares y no en la superficie como suponen.
Reed afirma que es posible descubrirlos porque la tierra es hueca en esos polos, que en realidad están en el medio del aire, debido a la existencia de las aberturas polares que dan al interior. Cuando los exploradores creían llegar al polo, era porque los confundían el comportamiento extraño de la brújula a latitudes tan altas, al norte y al sur. También dice que esto ocurrió en el caso de Peary y Cook, ninguno de los cuales de veras llegó al Polo Norte, como veremos más adelante.
Entre las latitudes de 70 y 75 grados al norte y al sur, la tierra comienza a hacer una curva hacia adentro. El polo es sólo el borde externo de un círculo magnético alrededor de la abertura polar. En el pasado reciente, los exploradores árticos soviéticos demostraron que el polo norte magnético, una vez creído un punto en el Archipiélago Ártico, es una línea de aproximadamente 1.600 kilómetros de largo. Sin embargo, como ya señalamos, es una línea circular, no recta, que constituye el borde de la abertura polar. Cuando un explorador arriba al borde, ha llegado al polo norte magnético; y aunque la brújula siempre apunta hacia allí al pasarlo, en realidad no es el polo Norte (a pesar de que uno cree que sí y que descubrió el polo). Al llegar a este círculo magnético (el borde de las aberturas polares), la aguja magnética de la brújula apunta hacia abajo. Muchos exploradores árticos han observado lo mismo después de alcanzar latitudes altas, cerca de 90 grados, y se sintieron confundidos por la acción inexplicable de la brújula y su tendencia a apuntar hacia arriba. (Se encontraban en las aberturas polares, y el compás apuntaba hacia el polo norte magnético, que estaba en el borde de la abertura.)
A medida que la Tierra gira sobre su eje, el movimiento es giroscópico, como el de un trompo. El polo giroscópico externo es el círculo magnético del borde de la abertura polar. Más allá del borde, la tierra se achata y se inclina en forma gradual hacia el interior hueco. El verdadero polo está en el centro de la abertura de los polos, que, por consecuencia, no existen. Aquellos que afirmaron descubrirlos no dijeron la verdad, aunque así lo hayan creído. Los confundió la acción irregular de la brújula en latitudes elevadas. Por esta razón, ni Cook, ni Peary, ni ningún otro explorador llegaron a los Polos Norte y Sur, y nunca lo harán. Apareció un artículo muy interesante sobre este tema en la edición de marzo de 1962 de Flying Saucers, escrito por su editor, Ray Palmer, quien cree que los platillos voladores provienen del interior de la Tierra y salen por las aberturas polares. El artículo se titula “The North Pole - Russian Style”. Describe los increíbles descubrimientos de los exploradores árticos rusos, que confirman la teoría de la tierra hueca con aberturas polares, así como lo hacen las observaciones de los exploradores árticos a los que nos referiremos más adelante. El artículo tiene el siguiente subtítulo: “Más evidencia de tierras misteriosas en los polos. Doscientos años de exploraión le han dado a los rusos un nuevo concepto del polo, que vuelve obsoleta toda geografía anterior. ¡Estos son los hechos irrefutables!”. Citaremos de este articulo: “Muchos lectores se acordarán de los artículos en que damos cuenta