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Ceferino Namuncura, El santo de los mapuche

Ciencia Educacion8/18/2010

Ceferino Namuncura:
Un santo mapuche que supo combinar la espiritualidad indigena con la católica




La sabiduría de sus antepasados y las coincidencias con las culturas clásicas

En investigaciones que se han hecho sobre la mundo mapuche , se ha descubierto entre otras cosas, que la historia de este pueblo indígena tiene dos pasados: uno el que cuenta el mapuche común y otro el de los iniciados en su tradición sagrada, entre los que se encuentran sus chamanes o machi. Los “profanos”, es decir, aquellos indígenas no iniciadas en los conocimientos sagrados de su pueblo y que son la mayoría de los mapuche , se les denominan Reche o “gente pura” (re: puro, che: gente). Los estudios que se han hechos a esta historia paralela a la oficial, ha llevado a descubrir que los mapuche no son una cultura primitiva y atrasada, como los occidentales blancos pretenden, sino que son los restos degradados de una civilización milenaria en otros tiempos muy culta y avanzada y que la coloca en igualdad de condiciones con culturas clásicas, como la China, India, Griega, Romana, Asiría, etc.

Se han encontrado inscripciones en las cumbres de algunos cerros, también registros escritos en corteza de árboles cuidadosamente ocultos, todas estas, que ya no se dejan descifrar ni por el mapuche común, ni por sus machis y aún menos por los occidentales. Es como si el indígena, hubiese olvidado repentinamente su lenguaje escrito proveniente de una época muy remota y solo le quedara la historia oral, expresada en historias, mitos y antiguas leyendas. El observador abate Juan Ignacio Molina vislumbra este hecho de los mapuches como herederos directos de una antigua civilización al escribir en 1787:

“Parece que el pueblo araucano ( mapuche )... haya sido otro tiempo mas culto de lo que es al presente, o (quizás)... sea el resto de algún gran pueblo ilustrado”



Dichas afirmaciones quedan claras al examinar las pasmosas las analogías de la tradición sagrada mapuche con la religión griega arcaica: el río Küllenleufü, el Aqueronte; el barquero Trempulkalwe, el barquero Caronte, el barco Kaleuche, la barca de Caronte, el país de los muertos Ngullcheñmaiwe, el Hades helénico, etc. Esto tan sólo nos da una pequeña idea del alto nivel metafísico y filosófico de la religiosidad tradicional mapuche , de la que se encuentran otras impactantes analogías tanto del viaje a esa región de los muertos, como la descripción de ese lugar con el “Bardo Thödol” tibetano, lo que describe el egipcio “Libro de los muertos”, en la “Divina Comedia” de Dante Alighieri, en “La Eneida” de Virgilio, en el “Poema de Gilgamesh”, en el “Libro del viaje nocturno” del místico árabe Mohammed ibn Al-Arabi, así como la mayor parte de las tradiciones chamánicas del mundo: siberianas, africanas, americanas, etc. Otra coincidencia es la versión mapuche de la creación del mundo con lo descrito en los primeros versículos del Libro del Génesis, hasta en el Nguillatun que es la ceremonia más sagrada de los mapuches que se realiza desde tiempos inmemoriales hay analogías si se analizan cuidadosamente sus elementos con la misa católica y existen muchísimas otras analogías referentes a otros aspectos del mundo mapuche que significaría extenderse mucho mas.

La cultura mapuche asume que su tradición sagrada es universal y los indígenas “profanos” no iniciados en esta sabiduría, aún cuando lo busquen durante todo el transcurso de su vida, alcanzarán a comprender solo una parte de ella. Algo similar ha vislumbrado la investigadora Maria E. Grebe, al tratar de indagar en la cosmovisión y religiosidad tradicional indígena en su articulo llamado “El subsistema de los ngen en la religiosidad mapuche” nos dice:

“Surgen algunas interrogantes: ¿Porqué ha perdurado dicho desconocimiento? ¿Qué factores han contribuido a tal bloqueo o dificultad de acceso a algunos aspectos de la religiosidad mapuche ? Quizás no es aventurado señalar algunas razones posibles. Una de ellas apunta a la notable complejidad del sistema religioso mapuche y a la densidad de sus articulaciones simbólicas. A ésta se suma el carácter cerrado, secreto o acaso iniciático de una parte considerable de sus concepciones y creencias, lo cual ha bloqueado el acceso a los occidentales a su religiosidad tradicional, acceso que sólo es posible mediante el informe del investigador generado por una adecuada interacción mantenida durante un trabajo de campo en períodos muy prolongados”

La existencia de los mapuches, sus tradiciones y razón de ser como pueblo están estrechamente ligadas a la preservación de su tierra (de ahí su nombre mapu: tierra y che: gente) y en general al mundo natural que consideran sagrado. Algo que la sociedad argentina ajena a lo indígena y centrada mas bien en el materialismo, le resulta muy difícil de comprender, por haberse olvidado de vivir en armonía con la naturaleza. Materialismo cuyas consecuencias han sido advertidas por la antigua sabiduría indígena (tradicionalmente difundida solo en el ámbito mapuche ), sino que también por la de los pueblos originarios de todo el continente y en plena coincidencia con lo descrito en la Biblia en el Libro del Apocalipsis de San Juan. Camino que llevará una catástrofe final que aniquilará a casi toda la humanidad, si nos negamos a cambiar y que en la Biblia se llama “El fin de los tiempos”. Los signos de “El fin del los tiempos” que precederán la segunda venida de Cristo según la enseñanza del Cristianismo podrán reconocerse como tales y algunos son: el evangelio se predicará en todo el mundo (Mateo 24:11) la gran masa de los judíos se convertirán (Romanos 11:25-27) naciones enteras se apartarán de la fe (2 Tesalonicenses 2:3) el Anticristo vendrá (2 Tesalonicenses 2:3, 8-10) y habrán señales naturales como terremotos, hambre, pestilencia y el oscurecimiento del sol (Mateo 24:29-31)




La rendición de los caciques

El abuelo de Ceferino Namuncura , Calfucura, nació en la Araucanía pero solía cruzar los Andes para intercambiar mercancías. Finalmente, en 1835, se traslado estableciéndose en Salinas Grandes, un extenso sector de las pampas al sur de Buenos Aires. Ahí formó una confederación de tribus indígenas capaz de negociar con los argentinos períodos de paz que se alternaban con sorpresivos ataques a las estancias, los llamados malones en los cuales los indígenas se llevaban caballos, vacunos y en ocasiones cautivos. A medida que se expandía la población argentina y la industria ganadera se extendía hacia el sur de las pampas, aumentaban también las presiones de la oligarquía bonaerense para apoderarse de las tierras indígenas y reprimirlos. La confederación de Calfucura se defendía sacando provecho de las disputas internas que en ese momento dividían a la Argentina, pero una vez que concluyeron las guerras civiles, el gobierno federal resolvió utilizar toda su fuerza para reprimir a los indígenas. En 1872, las tropas federales los obligaron a replegarse al desierto patagónico. Calfucura murió el año siguiente y su hijo, Namuncura , fue elegido como sucesor de su padre para encabezar la confederación indígena. Manuel Namuncura , el padre de Ceferino , continuó la política de su padre y resistió el ataque de las fuerzas argentinas hasta que el general Julio A. Roca llevó a cabo la “Campaña del desierto” en 1879, operación militar cuyo fin era someter a todos los indígenas, dispersar su antiguo territorio y después relegar a una parte de los sobrevivientes al sur del Río Negro y ha distintas partes del país. Tras una serie de violentas batallas emprendidas por las fuerzas argentinas y la muerte o captura de muchos miembros de su tribu, Namuncura huyó a la Cordillera con un reducido número de familiares. Replegado en el lado occidental de los Andes, en el pueblo de Lonquimay, una joven mestiza, llamada Rosario Burgos pasó a ser su tercera esposa. Por más de cinco años vivió en las montañas y después de presenciar la rendición final de los mapuches ante el coronel chileno Gregorio Urrutia en Villarrica en 1883, Manuel Namuncura regresó a la Patagonia para rendirse ante el ejército argentino. Como forma de acordar la paz, a Namuncura se le ofreció una pensión vitalicia, tierras en las riberas del Río Negro y el rango de coronel del ejército argentino.

En junio de 1884, luciendo las charreteras y botones de bronce de un coronel, Manuel Namuncura viajó a Buenos Aires junto a Rosario Burgos y otros miembros de su familia. En la capital argentina visitó el Congreso y se reunió con el presidente Roca en la Casa Rosada para exigir los prometidos títulos de las tierras en Chimpay, donde su familia y gente se había asentado. Se cuenta que Roca halagó a Namuncura llamándolo “tigre”, ante lo cual Namuncura habría contestado rápidamente, sin la ayuda de su interprete: “Yo, tigre; pero vos, león”. Los siguientes dieciséis años, el gobierno argentino finalmente le quitó sus tierras, Manuel Namuncura vivió junto con su familia en Chimpay y fue aquí donde nació Ceferino , el tercer hijo que tuvo con Rosario Burgos, el 26 de agosto de 1886. Cuando los misioneros salesianos pasaron por el asentamiento indígena dos años después, Namuncura , aun siendo polígamo como sus ancestros, permitió que los padres bautizaran a su hijo y le dieran el nombre del santo cuya fiesta se celebraba el día de su nacimiento, San Ceferino . El niño pasó su infancia en Chimpay, donde demostró las habilidades que se esperaban de un hijo de cacique: llegó a ser un jinete consumado y aprendió a cazar guanacos con el lazo y las boleadoras. Según la leyenda, en 1897 Ceferino le pidió a su padre que lo llevara a Buenos Aires para educarse y así ayudar a los indígenas. Como hijo de un oficial del ejército, Ceferino tenía el derecho de matricularse en los Talleres Nacionales de la Marina y estudiar carpintería, pero el niño fue muy infeliz en ese lugar y al poco tiempo un destacado sacerdote salesiano lo ayudó a ingresar al colegio de la orden en Buenos Aires. Ceferino adquirió ahí el conocimiento del español, una cuidada caligrafía y una intensa devoción por la Virgen María e ingresó al coro del colegio. A los diecisiete años Ceferino ya mostraba claros síntomas de tuberculosis, y viajó a Italia para sanarse y mantener viva la esperanza de llegar a ser sacerdote. Fue recibido en Turín por la reina y la princesa de Saboya y en Roma tuvo una audiencia con el Papa Pío X, a quien le obsequió un “quillango”, un manto de piel de vicuña. La tuberculosis obligó a Ceferino a abandonar sus estudios, y murió en Roma el 11 de mayo de 1905, a la edad de dieciocho años.




Ceferino y su tierra

Ceferino Namuncura es una figura desconcertante y compleja, a pesar de la similitud de su vida con la de muchos jóvenes santos. Su modelo fue Domingo Savio, alumno piadoso y abnegado de los salesianos en Turín que también murió de tuberculosis antes de los veinte años. Sin embargo, la biografía de Ceferino adquiere ribetes singulares y únicos debido a que surge como el producto de la derrota final de los indígenas. Es difícil evitar la comparación entre la imagen de Ceferino vestido de colegial y las fotografías de su padre ataviado con la indumentaria de coronel. Las primeras hagiografías de Ceferino tienen por eje la transformación desde cacique a coronel y luego a santo . Estos escritos sugieren que la clave de la santidad de Ceferino se halla en el contraste entre la vida nómada, impetuosa y rodeada por la antigua religiosidad mapuche , por un lado, y la acogida a la nueva realidad política y religiosa de la Patagonia, por otro: “Más que la virtud de Ceferino me ha atraído el contraste entre el ambiente en que nació – en la pampa indómita- y el ambiente en que vivió, la Roma de Pío X”, escribe uno de sus biógrafos en 1947. Y agrega: “En la pampa de Calfucura y de Namuncura , sangre, enfrentamientos, ferocidad e injusticias. En el ambiente que rodeó a Ceferino en sus últimos meses, la Iglesia de Cristo, la bondad del Santo Padre, la cultura latina y cristiana”. Casi todos tenemos hoy una visión más matizada del alto valor de las culturas indígenas y del poder redentor del catolicismo. El biógrafo más reciente de Ceferino , el padre Ricardo Nocetti, por ejemplo, se ha esmerado por forjar una interpretación más contemporánea sobre la decisión que llevó a Ceferino a dejar Chimpay y a abrazar el cristianismo. Los nuevos escritos sobre Ceferino ponen énfasis en la continuidad, más que en los contrastes, entre su niñez en Chimpay y su estadía en Roma. En su hagiografía de Ceferino , La sangre de la tierra, el padre Nocetti recalca la capacidad del joven indígena para abarcar el mundo huinca y el mapuche sin abandonar jamás sus orígenes que tanto lo enorgullecían: “Ceferino lleva sobre sus espaldas la humillación de una raza sometida, marginada, discriminada y el estigma por el solo hecho de ser indígena. Pero siguió su camino de mapuche y de cristiano sin resentimiento, sin victimismo, caminando con dignidad hacia el destino que Dios le preparaba”.

La nueva visión de la santidad de Ceferino introduce además una revalorización de la tradicional espiritualidad mapuche , especialmente la gran reverencia que sienten los indígenas por la tierra. En Chimpay, los salesianos cuentan que Ceferino y su gente llevaban muy dentro el respeto por la naturaleza “Ceferino mapuche (’gente de la tierra’)”, escribe el padre Nocetti, “representa un desafío para preocuparnos y ocuparnos seriamente del cuidado ambiental y la preservación de los recursos naturales.” Los salesianos se esfuerzan por establecer y divulgar una nueva apreciación de Ceferino , en parte debido al hecho de que un gran número de sus seguidores sabe muy poco de él y en consecuencia desaprovechan la oportunidad de encontrar en Ceferino un modelo a seguir. Gran parte de la gente que asiste a la celebración tiene sólo una vaga noción de los orígenes del santo indígena, y queda claro que, a pesar de su origen étnico, este no es un factor determinante para la mayoría de quienes escogen a Ceferino como su intercesor ante Dios. A muchos les cuesta explicar por qué son devotos fervientes de un joven indígena; sólo dicen, a veces, que supieron de él y vieron a veces su imagen.



Lo que más cuenta entre los seguidores de Ceferino es su reputación de ser un personaje humilde, característica de conservan muchos mapuches y sufrido que acoge las peticiones de ayuda divina. Las autoridades eclesiásticas reconocen que la devoción por Ceferino tiene algo poco común. Por un lado, la celebración atrae a muchos protestantes y católicos no observantes. Por otro, hay muchos devotos que no se interesan por los aspectos más formales de la fiesta: no todos participan en la procesión el domingo por la mañana, y muchos dejan de asistir a la misa final oficiada por quince sacerdotes. Un contingente numeroso acude al parque año tras año para presentar a Ceferino sus peticiones, o para darle las gracias por favores concedidos. Y aprovechan de hacer un asado, tomarse unas cervezas en el entorno del monumento y dormir bajo las estrellas. Como dice la hermana Fátima, la joven y entusiasta monja que trabaja con jóvenes de Chimpay, la gente viene al parque, sobre todo, para “estar con Ceferino en su tierra”. El proceso de canonización de Ceferino Namuncura avanza muy lentamente en el Vaticano, en parte porque autoridades políticas y clericales de Argentina se han dedicado más a promover otros casos. Incluso los salesianos, los principales patrocinadores del culto de Ceferino , dividen sus esfuerzos entre la promoción de esta causa y las de la beata chilena Laura Vicuña.



Otro obstáculo para la beatificación y canonización de Ceferino tiene que ver con las características de sus seguidores. Para muchos de ellos Ceferino ya es un santo y los tiene sin cuidado la posición oficial de la Iglesia. Por ello, no sienten la necesidad de documentar los milagros que le agradecen. Con todo, durante la celebración del año 2009 un hombre de unos cuarenta años, llamado Ricardo, junto a su esposa, su suegra y sus dos hijas, se reunió con los salesianos para describirles cómo había recuperado milagrosamente la vista después de sufrir un desprendimiento de la retina. Ricardo prometió reunir toda la documentación médica necesaria para constatar el milagro, un trámite que muy pocos de los devotos de Ceferino llevan a cabo. Un milagro certificado es de capital importancia para el caso, ya que se interpretaría como la aprobación que Dios hace para su beatificación. Un segundo milagro bastaría para convertir a Ceferino en el primer santo mapuche. El domingo al atardecer, sentados en ‘El Cacique’, bar-restaurante-bomba de bencina de Chimpay, en tierra de Ceferino , se ven pasar miles de peregrinos en sus motos y en sus destartalados buses y sabemos que probablemente muy pocos se dirigen a Chile. No deja de extrañar que la figura de Ceferino – un joven que supo combinar la espiritualidad mapuche con la católica, y que atrae tanto a sacerdotes progresistas como a cristianos de una fe sencilla- no haya podido renovar la tradicional movilidad mapuche a través de la cordillera. Una figura susceptible de varias lecturas alternativas, el llamado “pequeño gran cacique de la Patagonia”, aun espera tener eco en la tierra de sus antepasados.



¡Ohh Ceferino Namuncura sé nuestro intercesor y ayuda a tus peñi (hermanos de raza) en esta hora de aflicción!
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