EL PETISO OREJUDO
A los 16 años, Cayentano Santos Godino, conocido como el "petiso orejudo", se convirtió en el primer criminal en serie en la historia policial argentina.
Es un caso de criminalidad horrenda, un hombre a quien le faltan aquellas condiciones de propio controlador que dominan los instintos y diferencian de las bestias a los individuos pertenecientes al género humano.
La primera denuncia presentada contra el fue presentada por su propio padre, en 1906, cuando el petiso tenía 9 años. A esa edad, Godino ya presentaba una de las extrañas características de su personalidad: los actos de crueldad contra los animales. El padre quería que la policía se hiciera cargo de su hijo, y Petiso acabó encerrado en un reformatorio. En cuanto recobró la libertad en 1911, se dedicó a su carrera criminal.
El escenario de sus crímenes eran conventillos del barrio Parque Patricios. Por lo general, el Petiso atraía a chicos menores que el, ofreciéndose a jugar, o con golosinas, y entonces era cuando los llevaba a casas abandonadas para cometer sus crímenes.
Una de sus primeras víctimas fue un chico de 17 meses. Lo golpeó y lo arrojó contra un cerco de espinas. Esto lo advirtió un agente de policía, pero el Petiso dijo que había encontrado al niño, e insistió en llevarlo hasta su madre; ésta lo recompensó con unas monedas.
En otra ocasión engañó a un niño de 2 años, y lo intentó ahogar en una pila para caballos.
Su siguiente intento también fracasó, intentó quemarle los ojos a un chico de 2 años, pero sus gritos atrajeron a su madre.
En 1912, le prendió fuego a las faldas de una niña de 3 años, que falleció tras 16 días en agonía.
Meses mas tarde, llevo al pequeño Arturo Laurora a una casa abandonada. Le tapó la boca conun pañuelo, y tras atarle un piolín de hilo trenzado al cuello, lo llevó arrastras a una habitación. Allí lo denudó, lo golpeó y finalmente lo estranguló.
Su siguiente víctima fue un vecino suyo, de 3 años. Tras comprarle caramelos de chocolate, se lo llevó y lo ató de pies y manos con un piolín y lo ahorcó, pero no llegó a morir. Al marcharse, se encontró con el padre del pobre niño, buscándolo con desesperación, y el Petiso le aconsejo ir a poner una denuncia; seguidamente regresó al lugar donde el pobre niño ya agonizaba, y le clavó un clavo en la sien. Por la tarde, acudió a la casa del niño, donde los padres estaban velando al cadaver encontrado. Se acercó a contemplarlo, y antes de irse le movió la cabeza.
-"Quería ver si aún llevaba el clavo".. dijo en sus declaraciones.
Al día siguiente el Petiso fue detenido en su domicilio. En un bolsillo llevaba restos de piolín, y un recorte con la crónica del asesinato del pequeño Laurora.
Foto de diario de la epoca del pequeño Laurora.
En noviembre de 1915, fue condenado a cadena perpetua, y en 1923 se le trasladó al penal de Ushuaia. Terminó asesinado por su compañeros en enero de 1944.
Estatua del Petiso Orejudo que se exhibe en el penal de Usuhaia.
ELIZABETH BATHORY
El de Elizabeth Bathory es uno de los pocos casos en los que se trata de una mujer, quien asesinara cerca de 650 niñas. Bathory nacio en 1560 en el seno de una de las más ricas familias húngaras, con un tío adorador de Satán y otros familiares adeptos a la magia negra o la alquimia, entre los que se puede contar a la propia Báthory.

La Condesa sentía especial atracción por la sangre, y no sólo se contentaba con beberla, habitual en los llamados asesinos vampíricos, sino que se bañaba en ella con el fin de impedir que su piel envejeciese al paso de los años. Casada con un noble y aburrida por el continuo aislamiento se fuga para mantener una relación con otro joven noble al que las gentes del lugar denominaban "el vampiro" por su extraño aspecto. Tambien mantenia relaciones lésbicas con dos de sus doncellas. Preocupada por su belleza pide consejo a una vieja nodriza que le indica que el poder de la sangre y los sacrificios humanos daban muy buenos resultados, y le aconseja que si se bañaba con sangre de doncella, podría conservar su belleza indefinidamente.
Una joven sirvienta fue su primera victima, mandó que le cortasen las venas y que metiesen su sangre en una bañera para que pudiera bañarse en ella.
A partir de ese momento, los baños de sangre serían su gran obsesión, hasta el punto de recorrer los Cárpatos en carruaje acompañada por sus doncellas en busca de jovenes hembras.
Una vez en el castillo, las doncellas eran encadenadas y acuchilladas en los fríos sótanos bien por un verdugo, o por la propia Condesa, mientras las se desangraban y llenaban su bañera.
Durante 11 años, los campesinos aterrados veían el carruaje negro con el emblema de la Condesa Báthory rastrear el pueblo en busca de jovenes, que desaparecían misteriosamente dentro del castillo. Los cuerpos sin vida eran sepultados en las inmediaciones del castillo, hasta que finalmente, tan sólo los arrojaban al campo para que las alimañas acabasen con ellos.
Báthory, aún con el privilegio de pertenecer a la nobleza, fue condenada a una muerta lenta: la emparedaron en el dormitorio de su castillo, dejándole una pequeña ranura por la cual le daban algunos desperdicios como comida y un poco de agua.
Murió a los cuatro años de permanecer en esa tumba, sin intentar comunicarse con nadie ni pronunciar palabra. Fue una especie de suicidio, de repente dejó de tocar la comida y fallece en 1614 con 54 años.
Fuentes:
http://es.geocities.com/abbyss69/aspetiso.html
http://www.revistapatagonia.com.ar/revista/revista/rlp%20nro_16/carcel.htm
http://es.geocities.com/abbyss69/asbathory.html
ETC...