El mundo de las cuevas submarinas
El mundo de las cuevas submarinas es fascinante y enigmático. Andrés Ros años lleva años explorándolo y es uno de los grandes expertos en este tipo de modalidad submarina que es din duda una de las más peligrosas.
Andrés Ros es un especialista en espeleología submarina que desde hace muchos años practica esta actividad. En España son pocos, pero cada vez hay más gente que se siente atraída por la oscuridad de las cuevas y por la aventura de investigarlas; para entrar en un mundo totalmente diferente al que nos rodea.
Muchos provienen del mundo del submarinismo deportivo, pero Ros distingue claramente entre las distintas técnicas: “En el buceo en mar abierto te puedes recrear mas y bajar más la guardia. En el de cuevas nunca puedes bajar la guardia. Siempre tienes que estar pendiente del equipo y de lo que estás haciendo. Eso diferencia mucho”.
También las técnicas son distintas: “Hasta el sistema de natación es totalmente distinto. No tiene nada que ver con el sistema de nadar en mar abierto. Y es que el buceo en mar abierto -el buceo recreativo- no tiene absolutamente nada que ver con el buceo en cueva. Nosotros usamos una anécdota para diferenciarlo: el lastre que se lleva en el buceo en cuevas, en el mar abierto se zafa rápidamente para salir a la superficie; en las cuevas, lo tienes que llevar perfectamente atado porque si se te suelta, te quedas pegado al techo de la cueva y ya no puedes salir de allí.”
El material es, así pues, muy importante y cualquier innovación se analiza y se introduce rápidamente en la práctica habitual si ésta facilita las inmersiones.
La hora del trabajo
La actividad de los espeleólogos submarinos requiere una buena dosis de paciencia. Andrés y sus compañeros han demostrado tener grandes cantidades de ella en la exploración durante 10 años de la Cueva del Agua de Murcia; una cueva que les ha dado mucho trabajo porque toda la exploración submarina requiere ir muy lentamente. “Es un buceo programado, muy controlado, muy milimetrado, se sabe donde se va o se intuye lo que se va a ir viendo o descubriendo. Cuando se encuentra un problema o una situación que no estaba prevista, se regresa, se estudia el problema y se vuelve a continuación”, explica Andrés.
Y añade: “A modo de ejemplo, te diría que en la cueva que hemos hecho recientemente, la de Murcia, hemos estado cerca de 10 años para andar unos 300 metros; cuando ahora esos 300 metros se hacen en una mañana. Es dar un paso, y ponerte a pensar que no puedes pasar de él; volver, meditarlo, y volver al ida siguiente. Así durante mucho tiempo. Es una inmersión muy lenta. Todo es un trabajo de equipo, un trabajo que yo compararía con una expedición al Everest. Es igual: una gran infraestructura para que dos personas lleguen a la cumbre”.
Si los preparativos de cualquier submarinista son habitualmente muy pesados, en las cuevas, la carga se duplica. El material que han de transportar es siempre mucho más pesado. Y nunca hay suficiente material como afirma Andrés: “Nunca puedes fiarte de la fiabilidad del equipo. Esta fiabilidad se consigue doblando el equipo. El aire se lleva doble, las gafas incluso se llevan dobles, antenas triples. Todo va así en una cueva. En el equipo convencional que yo llevo, puedo llevar 50, 60 kilos a la espalda. La ventaja que tiene es que debajo del agua no pesa absolutamente nada, vas flotando, volando. Es volar bajo el agua”.
El peligro
A veces las aguas cristalinas se vuelven turbias de repente. Si se rozan las paredes hay desprendimientos que hacen que no se pueda ver nada. Es entonces cuando las cuerdas que se ponen de guía son fundamentales para no perderse. Esta es una actividad en la que siempre hay peligro y es justamente por eso por lo que todos han de ir con mucho cuidado para evitar accidentes. “Normalmente el 99% de los accidentes que ocurren en cuevas son de gente que no tienen idea, que es inexperta, que no es experto buceador de cuevas. Sólo un 1% tiene la mala suerte de tener un accidente, pero incluso en esos casos no son achacables a ellos mismos. Se trata de un buceo muy seguro por el hecho de que tienes que estar muy atento de todo lo que haces y de todos los elementos que te rodean”, explica nuestro experto.
Y añade: “El buceo en cueva es una inmersión donde eres tú el que decides qué riesgos vas a correr. ¿Tú decides que vas correr el 50% de riesgo? Pues bajas a mucha profundidad. ¿Si no quieres correr tanto riesgo? Pues aumentas el equipo, la seguridad, el aire y con eso vas disminuyendo riesgos. Buceamos en función de hasta dónde quieres llegar”.
Según Ros, es fácil dejarse llevar por la impresión de entrar en una cueva y olvidarse del trabajo. Sin embargo, al final la profesionalidad del espeleológo se impone: “Cuando uno empieza a entrar en una cueva, va descubriendo las distintas sensaciones de entrar en un entorno totalmente oscuro que siempre le ha atraído y le ha creado respeto pero una vez que uno va superando esa etapa, va descubriendo lo que hay dentro de la cueva y encuentra sorpresas de todos los niveles, desde biológico hasta geológico. Esto va unido junto con la exploración, la investigación de la cueva”.
Y añade: “Tienes que ir jugando mucho con tu equilibrio mental para decidir no Y dejarse llevar por la pasión. Porque si te dejas llevar por la pasión puedes descuidar la guardia y entonces encontrarte con sustos. Tienes un juego entre lo que lo que descubres y la necesidad de tomar medidas”.
La investigación
Una de las principales actividades del espeleólogo submarino es realizar una topografía de la cavidad; un trabajo bastante complicado, como explica Ros: “Se mide la cueva en todos sus rincones. Esto nos sirve para saber como es la cueva en sí y al mismo tiempo para aportar datos a los investigadores que trabajan en el entorno del mundo subterráneo y para otros buceadores que vengan a visitar estas cuevas”.
Con la exploración, se impone en seguida la investigación. Los espeleólogos trabajan a menudo con equipos científicos recogiendo datos de todo tipo que después serán analizados. Las características de aislamiento de las cuevas hacen que estos datos sean muy interesantes en muchos aspectos.
El trabajo de campo, la toma de muestras, la llegada de los equipos al lugar.. todo es mucho más complicado en las cuevas submarinas. Las técnicas científicas han de ir acompañadas de las técnicas de la espeleología submarina. Primero, se ha de llegar a los sitios y esto no es ni fácil ni rápido.
Parte del trabajo de dentro de las cuevas es siempre de control. Tienes que saber dónde estas y hacia donde vas: podríamos decir que es un trabajo de navegación donde, sobretodo en las cuevas grandes y con muchas bifurcaciones, la orientación sigue siendo vital.
Las guías que se colocan a medida que uno se adentra en la cueva son como los hilos de Ariadna que nos llevan siempre a buen recaudo y que no hay que perder de vista nunca. Sin embargo, cuando uno puede confiarse un poco, el paisaje pétreo e inmenso de las profundidades hace las delicias del buceador.
Nuevas técnicas
Cualquier avance supone la obligación de marcar el camino de nuevo. Las marcas de la cuerda nos indicarán la dirección. Un cruce de galerías tras otro puede desorientar fácilmente al submarinista más experto. Un miedo que siempre está presente.
Todos los submarinistas sueñan con tener nuevos aparatos que les faciliten las inmersiones. Andrés estudia todos los nuevos sistemas que permiten inmersiones más largas y sin provocar burbujas; algo que en las cuevas donde hay pasos muy estrecho, se agradece mucho. Durante nuestra visita conoció un nuevo invento de la técnica: “Este es un circuito cerrado de aire, donde el aire que respiras se recicla y se vuelve a utilizar. Es el futuro del buceo actual. Es un equipo de circuito que te permite bajar a más de 150 metros de profundidad y estar más de 3 horas bajo el agua con este equipo. Son equipos muy complejos de usar, que requieren una especialización bastante concienzuda pero que sin lugar a dudas van a permitir realizar inmersiones hasta donde ahora no podemos llegar".
Con las nuevas técnicas, la inmersión es cada día más fácil: ”Hasta hace unos años los límites los ponían las técnicas y los materiales. Hoy en día os puedo asegurar que ya no existen límites ni para el equipo ni para la técnica para bajar a 200-300 metros de profundidad y estar 10 horas bajo el agua. No existen límites. Los límites los tenemos nosotros con nuestra preparación”, explica Andrés.
Al atractivo de las cuevas se le añade a menudo el misterio de lo que nunca ha sido explorado. Hay muchas cuevas aún por descubrir y que alimentan el anhelo aventurero de estos hombres. Según dicen, zambullirse en estos lugar es entrar en otro mundo.
Les dejo unos videos.