ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL HOMBRE
El nombre “mamíferos” deriva de las glándulas mamarias maternas utilizadas para alimentar a las crías de estos organismos tras el nacimiento.
La mayoría de los mamíferos son “placentarios”, llamados así porque utilizan su eficaz conexión nutritiva, la placenta, entre el útero y el embrión por un tiempo relativamente prolongado. En consecuencia, la prole se desarrolla hasta un estadio mucho más avanzado antes de nacer.
Algunas características de los mamíferos son:
Características de las partes blandas del cuerpo:
Viviparismo
Existencia de pelos; para incrementar la evaporación y por lo tanto el enfriamiento.
Diafragma; permite aumentar la inspiración de O2 y la expiración de CO2
Corazón con 4 cámaras; que separan la sangre arterial oxigenada, de la sangre venosa
Mayor inteligencia; deriva de la porción del neocortex del cerebro.
Características de las partes duras del cuerpo:
Cóndilo occipital doble; situado en la parte posteroinferior del cráneo y se articula con la primera vértebra cervical
Maxilar inferior; compuesto por un único hueso (dentario)
Transformación de los huesos cuadrado y articular de los reptiles en los huesillos del oído (yunque y martillo), utilizados para la transmisión del sonido
Paladar secundario óseo; que separa los conductos nasales de la boca
Orificio nasal único en el cráneo
Caja craneal relativamente grande
Dentición heterodonta, caracterizada por la posesión de dientes malares (molares y premolares) con raíces múltiples.
Los primates, orden al cual pertenece el hombre; son mamíferos placentarios que conservan los 4 tipos de dientes (caninos, incisivos, premolares y molares), dígitos oponibles, mamas pectorales, ojos orientados hacia delante, etc.
El hombre se distingue de los otros primates por nuestra postura erecta, extremidades posteriores largas y anteriores cortas, frente alta, maxilares pequeños y pelo corporal escaso.
De todos los mamíferos, los humanos son los menos especializados
Omnívoros
Manos parecidas a las de un reptil primitivo, en contraste con extremidades delanteras especializadas (ballenas, murciélagos, caballos)
Olfato poco desarrollado
Sentido del gusto menos sensible que el de la mosca domestica
Muchos animales corren más rápido, nadan mejor y trepan mejor
Sin embargo, los humanos tenemos un área de especialización extrema, EL ENCÉFALO, y por ello somos singulares entre todos los animales, por nuestra capacidad de:
RAZONAR
HABLAR
IDEAR
APRENDER
CREAR
Existen unas 4500 especies de mamíferos divididos en 3 subclases
¿DONDE COMIENZA LA HISTORIA DE LA EVOLUCIÓN HUMANA?
Empecemos unos 200 millones de años atrás, al comienzo de la era mesozoica, más o menos en la época de los primeros dinosaurios. En este mismo periodo aparecieron los primeros mamíferos a partir de un tronco de reptiles primitivos. La información que poseemos sobre estos mamíferos es muy escasa. Toda la duración de los periodos jurásico y cretáceo nos ha dejado apenas algunos fragmentos de cráneos, algunos dientes y ocasionales mandíbulas.
Los mamíferos primero tenían más o menos el tamaño de un roedor. Sus dientes aguzados indicaban que eran básicamente carnívoros. Siendo demasiados pequeños para atrapar a la mayoría de los otros vertebrados, se presume que se alimentaban de insectos y gusanos, es probable que estos primeros mamíferos fuesen nocturnos, por el tamaño de sus orbitas y de sangre caliente.
Si estos animales vivieran en la actualidad, los clasificaríamos como insectívoros, como una musaraña.
Por 130 millones de años estos pequeños animales llevaron una existencia furtiva en una tierra dominada por reptiles, pero de pronto los reptiles gigantescos, dinosaurios, desaparecieron. Al final del periodo cretácico todos los dinosaurios habían desaparecido para siempre y hace unos 65 millones de años empezó la propagación explosiva de los mamíferos.
LA EVOLUCIÓN DE LOS PRIMEROS PRIMATES
Los primates, el orden de mamíferos que incluye a los humanos, son especies que presentan una serie de adaptaciones que indican un origen arborícola. Estas adaptaciones incluyen:
La capacidad de desplazar las cuatro extremidades en varias direcciones.
Capacidad de agarrar con manos y pies.
Retención de la clavícula para soportar la cintura pectoral que ha de fijar la posición de las extremidades anteriores
Flexibilidad de la columna vertebral para emitir torsiones y giros.
Los primates antropoides (monos, simios y humanos) presentan un periodo relativamente prolongado de crecimiento postnatal, acompañado de un cuidado considerable por parte de los progenitores, para una descendencia cuyo número es relativamente pequeño.
CLASIFICACIÓN DE LOS PRIMATES
En la actualidad existen aproximadamente 185 especies de primates, que se clasifican por lo general dentro de dos subórdenes, los PROSIMIOS y los ANTROPOIDES.
Los prosimios denominados primates inferiores, conservan generalmente más características propias de los mamíferos primitivos (garras, hocico alargado y los ojos situados lateralmente en la cara) que las que conservan los primates antropoides superiores. Los antropoides, incluyen a los monos, simios y humanos, son en su mayoría más grandes que los prosimios y de hábitos diurnos. Comparados con los prosimios, los antropoides poseen también más características de primates, como un rostro mas acortado, ojos frontales y un cerebro mayor y más complejo.
Características y tendencias observadas en los grupos de primates
Dígitos con movimientos independientes
Primer digito con capacidad de movimiento circular (dedo pulgar y dedo gordo)
Sustitución de garras por uñas
Dientes y tractos digestivo adaptados a una dieta omnívora
Centro de gravedad próximo a las patas traseras
Postura semierguida
Coordinación motora mano-ojo bien desarrollada
Orbitas óseas para protección de los ojos de los riesgos de la vida arbórea
Acortamiento del rostro y reducción del hocico
Disminución del aparato olfativo en las formas diurnas
Poseen un cerebro muy grande y complejo en relación al tamaño del cuerpo
LEMURES
Se encuentran en Madagascar, isla que se separó del continente africano durante el final del período Cretáceo tardío. Los lemures son más primitivos que los monos, poseen un hocico más alargado y filtros húmedos entre la nariz y el labio superior. También poseen una garra especial para la limpieza en el segundo dedo del pie, piel gruesa, pelos faciales sensitivos y un peine dental, utilizado para el aseo como para la alimentación. Poseen un “tapete” (una capa en la retina que refleja la luz incidente proyectándola otra vez a la retina), algunos de ellos se han transformado en animales nocturnos (lemures ratón y lemures enanos).
LORIS
Se encuentran en las selvas africanas (“pottos” y “galagos”, bebes de los arbustos) y del sudeste asiático. El hocico es mas corto que el de los lemures y los grandes ojos situados en posición frontal indican que hay un aumento de la importancia de la depredación visual. Poseen peines dentales, una garra limpiadora y un filtro húmedo.
TARSEROS
Primates del sudeste asiático son nocturnos, parecen situarse entre los prosimios y los antropoides. Poseen dos garras limpiadoras en cada pata y unos ojos enormes, carecen del tapete retiniano. Una característica en común con los antropoides, es la sustitución del filtro húmedo por un espacio seco recubierto de vello entre la nariz y los labios. Presentan la fusión de la tibia y del peroné en la extremidad inferior, una adaptación que aparentemente ayuda para que sean capaces de realizar saltos de hasta 1,8 o
2 metros.
PLATIRRINOS
Se encuentran en Centro y Sudamérica, todos arborícolas. Se caracterizan por poseer una nariz muy chata y tres premolares a cada lado de la mandíbula. En una familia se encuentran los titís y tamarinos, animales pequeños que poseen garras en todos los dedos exceptuando el dedo gordo del pie. En otras especies aparecen uñas en lugar de garras.
CATARRINOS
Incluye los Cercopithecoidea (monos del Viejo Mundo) y los Hominoidea (simios y humanos). Poseen ventanas nasales pocos espaciadas, orientadas hacia abajo. Son más grandes que los monos del Nuevo Mundo, carecen de cola prensiles y han producido tanto formas terrestres (babuinos, mandriles) como arbóreas.
HOMINOIDES
Esta superfamilia catarrina de simios y humanos presenta una serie de adaptaciones para la locomoción arbórea de rama en rama (capacidad de colgarse y balancearse de los brazos). Quizás debido a que los hominoides arbóreos tuvieron que adaptarse a colgarse de las ramas de los árboles situadas por encima de sus cabezas, su postura es más erguida que la de los monos. Para ayudarse en el desplazamiento de rama en rama, los brazos y los hombros son mas flexibles, las muñecas y los codos mas ágiles y la columna vertebral es mas corta y rígida. La pelvis mas ancha y de mayor tamaño que les permite aguantar una presión mas vertical; molares inferiores de cinco cúspides en lugar de cuatro en los monos; un tórax ancho, aunque plano.
GIBONES
Los gibones y los siamangs son, quizás, los hominoides más primitivos. Grupo casi completamente arborícola, confinado a regiones del sudeste asiático. Tienen en común con muchos monos del viejo mundo su pequeño tamaño y callos isquiáticos (almohadillas cornificadas fusionadas con los huesos ísquiones, sobre las que se sientan).
ORANGUTANES
Son grandes simios (pueden pesar mas de 90 Kg.). Con la excepción de los machos adultos, son arborícolas y cuando se desplazan sobre el suelo lo hacen a cuatro patas, con los puños cerrados para aguantar el torso. Igual que los chimpancés y los gorilas, carecen de las callosidades isquiáticas.
CHIMPANCÉS
Se encuentran en el África ecuatorial, donde viven en grupos de 40 o 50 individuos organizados socialmente en una jerarquía de dominación. Duermen y obtienen la mayor parte del alimento de los árboles. Están más especializados para la locomoción terrestre. Al igual que los gorilas, en el suelo se desplazan caminando sobre los nudillos, utilizando la segunda falange de cuatro dedos de la mano como soporte para las extremidades anteriores. Su dieta es frugívora, aunque se les ha visto comer termitas y capturar y comer pequeños mandriles, monos, y ocasionalmente incluso chimpancés pequeños.
GORILAS
Los gorilas son los simios de mayor tamaño (algunos machos pueden pesar 200 Kg.) y se encuentran en África Ecuatorial distribuidos en dos áreas: los gorilas de las tierras bajas, al oeste de la cuenca del Congo y los gorilas de las montañas, hacia el este. Sus grupos sociales, de 10 a 20 individuos, se organizan alrededor de un solo macho dominante (espalda plateada). No parecen ser tan activos como los chimpancés y su dieta parece ser herbívora.
REGISTRO FOSÍL
De acuerdo con el registro fósil, muchos mamíferos del Mesozoico fueron muy parecidos a las extinguidas musarañas arbóreas, probablemente adaptados a un estilo de vida insectívoro, que abarcaba tanto el suelo de la selva como los árboles y arbustos.
Los depósitos del Paleoceno muestran la presencia de algunos primates arcaicos, clasificados en el suborden Plesiadapiformes. Estos animales poseen regiones auditivas y dentales de estructura única, que los diferencia de las formas insectívoras emparentadas. Hacia el Eoceno, en algunos de estos grupos habían evolucionado mas cambios, tales como la presencia de un anillo óseo rodeando las órbitas oculares y de uñas en los dedos en lugar de garras. Una familia del Eoceno dio origen a los lemures y lorises, mientras que otra a los traseros.
El próximo estado evolutivo, que llevó a la aparición de los antropoides platirrinos (del Nuevo Mundo) y catarrinos (del Viejo Mundo). Los antropoides se parecen más a los omomíidos del Eoceno que a los adápsidos. Dado que en Sudamérica no se encuentran fósiles de prosimios cenozoicos y tampoco aparecen fósiles de antropoides en Norteamérica, parece poco probable que los platirrinos se hayan originado en cualquiera de estos sitios. En lugar de ello, los monos del Nuevo Mundo podrían perfectamente provenir de África, continente que durante el Cenozoico temprano y medio estaba más próximo a Sudamérica que en la actualidad debido a la deriva continental.
Investigaciones recientes sobre fósiles de la provincia de Faiyum, en Egipto sugieren que hacia la época Oligocena, hace 30 millones de años, habían ya evolucionado antropoides bastante primitivos. El fósil platirrino más antiguo que se conoce en Sudamérica aparece casi 5 millones de años después de los antropoides primitivos de los depósitos de Faiyum.
Andréws (1981) sugiere que los cambios en la dieta de los monos del Viejo Mundo ocurridos durante el Mioceno, les permitieron competir con éxito contra muchos de los simios arbóreos, probablemente debido al desarrollo de la capacidad de comer y digerir frutos antes de que estuvieran lo suficientemente maduros para los hominoideos.
Una consecuencia importante de la sustitución de los simios por los monos en los hábitats arbóreos fue, probablemente, que se incrementara la presión selectiva a favor de adaptaciones para la vida en el suelo entre varias especies de simios (y algunas de monos). Una teoría, basada originariamente en los maxilares inferiores de un simio fósil con presuntas características humanas, el Ramapithecus, postulaba que la separación entre simios y humanos tuvo lugar hace entre 12 y 14 millones de años, o incluso antes.
Con el descubrimiento reciente de fósiles ramapitecinos más completos, esta teoría ha sido descartada y se considera actualmente que este grupo está ligado a un linaje de simios mucho más antiguos, que habría dado lugar a los orangutanes modernos.
¿Por qué evolucionó el ser humano?
Existen diferentes hipótesis sobre el por qué los australopitecinos se separaron de los simios iniciando así el curso de la evolución humana. Prácticamente todas las hipótesis sugieren que el cambio medioambiental fue un factor importante, especialmente al favorecer la evolución de la bipedación. Entre las hipótesis más coherentes se encuentran (1) la de las sabanas, (2) la del mosaico de bosques y (3) la de la variabilidad.
Cerca del final del Mioceno, hace entre 8 y 5 millones de años, el clima de la Tierra sufrió un intenso enfriamiento y se hizo más seco. Según la hipótesis de las sabanas, al comenzar este cambio climático se fueron reduciendo las áreas de bosques africanos y a medida que los bosques fueron disminuyendo, una población de simios de África oriental se fue quedando aislada de las demás poblaciones de simios que vivían en las áreas de mayor densidad de bosques del oeste de África. La población de África oriental tuvo que adaptarse a un entorno más seco, con mayores áreas de sabanas.
El aumento de los terrenos secos favoreció la evolución de la vida sobre el suelo e hizo que cada vez fuera más difícil sobrevivir en los árboles. Los simios terrestres pudieron haber formado grandes grupos sociales para favorecer su capacidad de encontrar y recolectar alimentos y defenderse de los predadores —actividades que también pueden haber requerido el desarrollo de una buena comunicación. Las dificultades de la vida en la sabana pudieron asimismo haber fomentado el inicio del uso de utensilios para fines tales como la extracción de carne de las presas.
Estos importantes cambios evolutivos tuvieron que depender de un aumento de la capacidad mental y, por lo tanto, pueden haber estado relacionados con el desarrollo de un cerebro más grande.
Las críticas a la hipótesis de las sabanas son variadas pero se basan principalmente en dos razones: primero, el descubrimiento en 1994 de fósiles de australopitecinos en Chad, África central, un equipo científico, sugiere que los entornos de África oriental tal vez no estuvieran totalmente aislados de los que se encontraban más al oeste; segundo, investigaciones recientes sugieren que las sabanas abiertas no aparecieron de forma significativa en África hasta casi 2 millones de años después. Las críticas a la teoría de las sabanas han hecho surgir un gran número de hipótesis alternativas sobre los orígenes de la evolución humana.
La hipótesis del mosaico de bosques sostiene que los primeros australopitecinos evolucionaron en áreas boscosas que formaban parte de un mosaico de bosques y sabanas que les permitían alimentarse tanto en el suelo como en los árboles, y que la alimentación en el suelo favoreció la bipedación.
La hipótesis de la variabilidad sugiere que, debido a los numerosos cambios en su entorno, los primeros australopitecinos acabaron por vivir en diferentes hábitats, incluidos selvas, bosques abiertos y sabanas. Como consecuencia, sus poblaciones tuvieron que adaptarse a entornos diferentes. Los científicos han demostrado que esta serie de hábitats existían en el momento en que comenzó la evolución de los primeros australopitecinos. De esta forma, el desarrollo de nuevas características anatómicas —en particular la bipedación— combinadas con la capacidad de trepar a los árboles pueden haber conferido a los homínidos la versatilidad necesaria para vivir en hábitats diferentes.
Los científicos sostienen asimismo diferentes hipótesis sobre cómo la bipedación puede haber influido en la evolución del ser humano. La bipedación habitual permitía tener libres las manos, lo que facilitaba el transporte de alimentos y utensilios; mirar por encima de los arbustos para controlar a los predadores; reducir la exposición del cuerpo al calor del sol y aumentar su exposición a los vientos refrescantes; mejorar la habilidad para cazar o utilizar armas, más fácil con una postura erguida; y facilitar una dieta alimenticia basada en matorrales y ramas bajas. Los científicos no apoyan de forma unánime ninguna de estas hipótesis. Sin embargo, estudios recientes en chimpancés sugieren que el poder alimentarse más fácilmente puede revestir especial importancia. Los chimpancés se desplazan erguidos sobre los miembros inferiores casi siempre que se alimentan de hojas y frutos de arbustos y ramas bajas, aunque no pueden caminar de esta forma largas distancias.
La bipedación habría permitido a los homínidos recorrer con facilidad largas distancias, proporcionándoles una gran ventaja sobre los simios cuadrúpedos durante sus desplazamientos a través de los terrenos abiertos yermos situados entre arboledas. Además, seguían teniendo la ventaja de sus antepasados simios de poder trepar a los árboles para huir de los predadores. Las ventajas de la bipedación y de la capacidad de saltar a los árboles pueden explicar la especial anatomía de los australopitecinos. Los brazos largos y fuertes y los dedos curvados probablemente les permitieron trepar con facilidad, mientras que la pelvis y la estructura de la parte inferior del tronco sufrieron transformaciones para poder caminar erguidos.
LOS AUSTRALOPITECINOS
Los homínidos fósiles más antiguos han sido adscritos al género Australopithecus (simio del sur). El primero de estos fósiles fue descubierto por Dart en 1924, de una cantera de caliza en Taung, en la Provincia del Cabo, en Sudáfrica. Este fósil, denominado A. africanus, era de un individuo de 6 años de edad (el niño de Taung) y estaba formado por la parte frontal del cráneo y la mayor parte de la mandíbula inferior. Todos los dientes deciduales se encontraban presentes. A pesar de que estos dientes eran en general mas grandes que los de los humanos, presentaban características humanas en el molar de leche anterior, que era multicúspide, mientras que en los simios es monocúspide. El cráneo de Taung indicaba que el volumen craneal en el adulto era de unos 450 cc (a medio camino entre el chimpancé y el gorila) y que el cuerpo adulto era, probablemente, más pequeño que el de los chimpancés, con pesos entre 18 y 30 Kg.
En la época del descubrimiento de Taung, la mayoría de los antropólogos creían que los humanos primitivos habían tenido cajas craneanas grandes y mandíbulas de simio, con grandes caninos. Estas creencias estaban basadas en un cráneo y en una mandíbula inferior “fósil”, hallada en 1912 en Piltdown, Inglaterra, que presentaban estas características. El hombre de Pitldown no era otra cosa que una combinación de un cráneo humano y la mandíbula inferior de un orangután hembra, un fraude perpetrado por alguien que conocía lo suficiente como para destruir todos los signos obvios del origen verdadero del pseudofósil, eliminando la articulación mandibular y modificando otras características.
Debido a la falsificación de Pitldown, se tardó más de 20 años para que la mayoría de los antropólogos comenzaran a aceptar la naturaleza casi humana de los fósiles australopitecinos.
Robinsón y otros autores han demostrado la naturaleza parecida a la humana de material esquelético postcraneal de los australopitecinos, como por ejemplo la pelvis y las vértebras. En este material se aprecia que la curvatura lumbar de la columna indica una postura erguida. Como en los humanos, la transmisión del peso vertical tenía lugar a través de cóndilo exterior de la rodilla, y Australopithecus era, indudablemente, un caminante bípedo.
En otros lugares de Sudáfrica se han encontrado fósiles de un homínido mayor, de unos 36 a 64 Kg. que se agrupan en la especia A. robustus. A menudo se representan como una rama colateral de A. africanus y sus características sugieren que poseían una dieta diferente, probablemente más herbívora. El cerebro también era mayor que el de A. africanus, con un volumen de unos 550 cc. pero esta característica estaba asociada probablemente con un tamaño corporal mayor y no con una inteligencia superior.
Un australopiteciano del Plioceno, A. boisei, hallado en África oriental sufrió aparentemente una selección mayor a favor de molares más grandes aún que A.robustus. Es el australopiteciano de mayor tamaño que se conoce. Es interesante destacar que una forma de A. boisei, encontrada recientemente en depósitos de 2,5 millones de años de antigüedad en el lago Turkana, Kenia, indica que estos australopitecinos debían haber evolucionado independientemente, aunque de manera paralela, respecto del linaje africanus-robustus.
Existe una seria de fósiles de descubrimiento más reciente, hallados en lugares del África oriental, estos fósiles, con edades comprendidas entre 3,5 y 4 millones de años, han sido incluidos entre los australopitecinos, dentro de la especie A. afarensis, se pueden apreciar los pesados arcos de las cejas, la frente baja y la boca prominente, además exhibe un gran número de diferencias craneanas, dentales y esqueléticas respecto de los simios. La disposición de los dientes, el grosor de la capa esmalte y los perfiles de desgaste resultantes también resultan modificados, de forma que permiten más movimientos transversales de la mandíbula y mantienen las funciones de corte, aunque potenciando la acción de desgaste lateral.
El esqueleto bastante completo de una hembra afarensis (“LUCY”), hallado en Afar, muestra un cuerpo pequeño, de músculos poderosos, que quizás no superaba los 110 o 120 cm. de altura. Poseía brazos relativamente más largos que los humanos modernos, pero su postura habitual y su forma de caminar eran bípedas. Entre las evidencias, se encuentran huellas de hace 3,7 millones de años, conservadas bajo una capa de ceniza volcánica en Laetoli. Estas huellas corresponden a dos individuos que caminaban por la misma senda separados por más de 20 metros, y son claramente de hominidos bípedos.
Los australopitecinos muestran una postura bípeda, el género humano posterior, Homo, debió haber evolucionado a partir de una población dentro de aquel grupo.
A.afarensis estaba tan especializado en la dirección de aumentar la trituración de alimentos que sus descendientes sólo podían haber sido australopitecinos de gruesa mandíbula como A. robustus o A. boisei. Existe bastante acuerdo en que A. africanus se encuentra en o muy cerca de la base de la filogenia de los homínidos, e indica que los australopitecinos deben ser contemplados como un grupo que estaba sufriendo un cambio evolutivo considerable.
ARDI
En uno de los artículos publicados en 'Science' Tim White, de la Universidad de California en Berkeley, presenta los principales descubrimientos de la investigación. Los científicos estudiaron 110 especímenes de Ardipithecus ramidus procedentes de la cordillera de Afar al noroeste de Etiopia. Al ejemplar mejor conservado los científicos lo han bautizado como 'Ardi', una hembra que pesaba 50 kilogramos y medía alrededor del metro y medio y de la que se conserva un esqueleto parcial con gran parte del cráneo, manos, pies, miembros y pelvis, que vivió hace 4,4 millones de años.
Ardi tenía un cerebro pequeño, incluso más pequeño que el del Australopitecos y similar al de los bonobos y los chimpancés hembra. Su cara tenía un hocico prominente, lo que le confería una apariencia similar a los simios aunque no se proyectaba tan adelante como la parte inferior de las caras de los simios africanos modernos. Algunas características de su cráneo, como el promontorio sobre el entrecejo, son bastante diferentes a las de los chimpancés.
Hasta ahora, los investigadores habían asumido que chimpancés, gorilas y otros simios africanos modernos habían retenido muchas de las características del último antepasado que compartieron con los humanos, es decir, que este ancestro era mucho más parecido a los simios que a los humanos. Por ejemplo, se habría adaptado a balancearse y colgarse de las ramas de los árboles y quizás caminaba sobre sus nudillos cuando estaba en el suelo.
Sin embargo, el 'Ardipithecus' desafía estas teorías. Según sus descubridores, Ardi vivía en un ambiente boscoso, húmedo y más frío de lo que es en la actualidad y existían claros y bosques tapizados por prados. Subía a cuatro patas a las ramas de los árboles, como algunos primates del Mioceno hacían, y caminaba erguida sobre las dos piernas cuando se encontraba en el suelo. No parece que hubiera andado con los nudillos en el suelo o que pasara mucho tiempo balanceándose y colgándose de las ramas, como hacen los chimpancés. El 'Ardipithecus' caminó sobre dos piernas aunque no de forma tan eficaz como los homínidos posteriores
Los dientes y el cráneo del Ardipithecus son bastante diferentes de los del Australopitecos y los simios modernos. El análisis del esmalte dental también indica que Ardi y su linaje tenían una dieta omnívora relativamente diversa que incluía frutas y otros alimentos del bosque como nueces y hojas. Los investigadores también proponen que las manos del ancestro más temprano de los seres humanos eran ya relativamente ágiles y que sólo requerían un alargamiento de los pulgares y un acortamiento de los dedos para utilizar y producir herramientas
BIPEDISMO
Day (1986) propuso tres citaciones en las cuales las presiones de selección podrían haber potenciado el bipedismo:
• Mejor obtención del alimento. Los hominidos primitivos vivieron en un ambiente mixto de selva y sabana. Esto acentuaba la importancia de una dieta omnívora, que requería de mayor tiempo dedicado a la búsqueda de alimento sobre distancias también más grandes. Una postura erguida y una forma de andar bípeda habrían potenciado el forrajeo de larga distancia, permitiendo el transporte manual de alimento recogido en diferentes sitios. Tanner propone que esta función era originariamente de las hembras, impulsadas por la necesidad de compartir el alimento con las crías. Algunos investigadores sugieren que los primeros hominidos basaban su dieta fundamentalmente en la carroña de los restos dejados por rebaños ungulados (Se dice del mamífero que tiene casco o pezuña) y que el bipedismo habría sido importante tanto para la locomoción terrestre como para el transporte manual de las crías inmaduras.
• Mejor capacidad de evitar depredadores. Dado que el bipedismo aumenta la altura, aumenta también la capacidad de un homínido de observar por encima de los pastos altos o de los obstáculos del terreno, y también de vadear aguas más profundas en situaciones de acoso, o buscando protección frente a los depredadores.
• Aumento del éxito reproductor. Lovejoy propuso que el bipedismo permitió que los machos adultos llevaran alimentos a sus hembras y crías utilizando las manos, con lo que tanto las crías como las hembras podían permanecer secuestradas en una única localidad, la base hogar. De esta forma, se obtenían tres importantes ventajas :
1. una base hogar relativamente estable, que permitía relaciones sociales más constantes.
2. reducción en los accidentes sufridos por los infantes
3. reducción en el tiempo transcurrido entre nacimientos, ya que se posibilitaba el cuidado con éxito de un mayor numero de descendientes.
Foley ha señalado que la “evolución es tanto la estrategia reproductora como el comportamiento de búsqueda de alimento”.
De esta forma, el estilo de vida introducido por el bipedismo, que incluía el forrajeo de larga distancia, la actividad sexual continuada y sus muchos corolarios, aumentaba probablemente la supervivencia:
1. aumentando la implicación de los progenitores en el cuidado de la descendencia.
2. prolongando el periodo de aprendizaje de las crías.
3. promoviendo una relación familiar de soporte entre hermanos cuyos nacimientos podían hacerse menos separados en el tiempo.
A esto se le puede añadir que el bipedismo impulsara la utilización de instrumentos manuales como la manipulación de palos o el lanzamiento de piedras.
El bipedismo permite también que herramientas y armas, se transporten de lugar en lugar, y por otra parte permite que la descendencia sea desplazada de un campo a otro.
Anatómicamente, el bipedismo está basado en un ensanchamiento de la pelvis, cambios en los orígenes e inserciones de los músculos de las extremidades posteriores y convergencia de los fémures en dirección a la rodilla, cosa que confería una postura patizamba (que tiene las piernas torcidas hacia fuera y junta mucho las rodillas) en relación a los simios. En los vertebrados cuadrúpedos el hueso de la cadera, o de la pelvis, tiene tres componentes (íleon, isquion y pubis) que unen las extremidades posteriores a la columna. En los primates se alarga aún mas, ya que en ellos se necesita una potencia mayor en las extremidades posteriores, a fin de saltar de un lado a otro. Los antropoides, más erguidos, también utilizaban las pelvis como soporte para las vísceras, por lo que la selección favoreció que el íleon se ensanchara y que se fusionaran a él más vértebras sacras. En los homínidos bípedos la pelvis adopta una forma plana, de cuenco, con el íleon más ancho pero también más corto, lo que coloca al sacro en posición más próxima al acetábulo. Estos cambios ayudaron a transmitir el peso del tronco directamente a las piernas, generando un centro de gravedad equilibrado a lo largo de un eje vertical.
Otros cambios a partir del bipedismo de tipo simio incluyen la transformación de los músculos glúteo medio y menor, en abductores que equilibran el cuerpo lateralmente durante el caminar. Por debajo de la rodilla la tibia porta todo el peso de la acción de caminar, y este esfuerzo no se transmite, o se transmite muy poco, hacia el peroné. En los primates arbóreos el peroné es útil para hacer girar el alimento; esta rotación ha sido reducida en los humanos, dado que ellos caminan y corren por el suelo, por lo que el peroné ha quedado reducido por la evolución.
El equilibrio se logra gracias a una distribución de tres puntos de apoyo en el tobillo, y de dos sobre el pie, en los metatarsianos más interno (primero) y más externo (quinto).
HOMO
Los fósiles más antiguos adscritos al género Homo se han hallado en depósitos de África oriental y de Sudáfrica han sido fechados en el límite entre el Plioceno y Pleistoceno, hace entre 2,2 y 1,8 millones de años. Estas formas primitivas eran bajas, con machos cuya altura podía alcanzar los 1,3 metros y un individuo fósil reciente cuyo tamaño es próximo a los 90 cm. Su capacidad craneana era aproximadamente de 600 a 700 cc. . Junto a estos fósiles se han hallado utensilios, cosa que indica claramente que estos homínidos se ocupaban en la fabricación de herramientas de piedra siguiendo un patrón regular.
Hace unos 1,8 millones de años, aparecen nuevos grupos de homínidos fósiles más altos que sus predecesores, pudiendo alcanzar los 1,6 metros. Estos individuos se distinguen también por poseer cráneos más gruesos, arcos de las cejas más prominentes, dientes más pequeños y volúmenes cerebrales mayores. El primero de estos fósiles denominado en la actualidad H. erectus.
Es cierto que H. sapiens evolucionó a partir de un grupo de H. erectus, este cambio no es brusco, sino que se da a través de cambios graduales que se pueden encontrar en varias poblaciones intermedias. Lo que se sabe es que en la época en que aparecieron los Neanderthales europeos junto con tipos similares hallados en Zimbabwe (África) y Shanidar (Irak), o sea, entre 50.000 y 100.000 años atrás, los humanos habían alcanzado ya su volumen cerebral medio actual (1.300 a 1.500 cc).
Hasta ahora, entro los fósiles más antiguos de humanos modernos se encuentran los hallados en el Monte Carmelo, en Israel, que datan de hace 90.000 años.
En cualquier caso, alrededor de 35.000 años atrás comenzó en Europa una era denominada el Paleolítico Superior (la ultima parte de la Edad de Piedra Antigua). Esta era se caracterizó por la existencia de nuevos métodos de trabajado del pedernal para la obtención de herramientas de piedra. Estas culturas, están asociadas a un cambio marcado en los fósiles humanos. Fue cuando los Neanderthales se vieron sustituidos por los tipos de Cro-Magnon, que exhibían una reducción en los arcos de las cejas, una elevación de la bóveda craneal y una reducción del tamaño del rostro, menos prominente. Los humanos modernos habían llegado a Europa y a todos lados, y estas nuevas formas pueden ser consideradas entre las razas humanas de la actualidad.
Cann et al. han utilizado las diferencias entre los ADN mitocondriales (mtADN) para determinar una filogenia en la que la secuencia ancestral de mtADN, de la que supuestamente derivan todas las secuencias de mtADN de los humanos modernos, tenia probablemente un origen africano y dataría de un periodo comprendido entre los 140.000 y los 290.000 años. La utilización de mtADN tiene la ventaja de que se trata de ADN circular, de 16.569 pares de bases, se hereda por línea materna como una unidad haploide, una molécula de mtADN permanece inalterada de generación en generación, es homogénea dentro de un individuo y puede purificarse a partir de tejidos humanos tales como la placenta y los glóbulos rojos de sangre.
HOMINIDOS CAZADORES
La introducción del bipedismo y de la base hogar, en ese momento los homínidos fueron capaces de desplazarse de la selva a la sabana con mayor facilidad que nunca antes, y podían abarcar áreas mucho mayores en su búsqueda de alimento. Los recursos alimenticios de la sabana son diferentes de los de la selva.
La menor pluviosidad de la sabana suponía que existían allí alimentos vegetales de calidad inferior que en la selva. Estas irregularidades en la distribución de los alimentos, habría favorecido la selección a favor de una mayor movilidad en los homínidos. Dado que los pastos de la sabana también servían de alimento para varios herbívoros, incluyendo rebaños migratorios de grandes mamíferos, muy pronto habría aparecido también la ventaja selectiva de la ingestión de carne, lo cual suponía la aparición de estrategias tanto para evitar como para competir con éxito con los grandes depredadores que se alimentan de estos mamíferos.
Se sabe que pequeños grupos de mandriles cazan pequeños ungulados, otros primates y liebres. Prácticamente todos los grupos de chimpancés estudiados hasta la fecha se dedican a la caza y se ha calculado que cerca del 3 por ciento de su ingesta calórica es alimentación animal , los humanos son los mayores comedores de carne, por tanto, parece probable que los primeros homínidos ya eran comedores de carne.
Estos primeros homínidos habrían obtenido muchas ventajas del aumento en el consumo de carne:
I. la carne es una fuente rica en aminoácidos esenciales como la lisina, el triptófano y la histina.
II. Proporciona más calorías por unidad de peso que la mayoría de los alimentos vegetales.
III. Está empaquetada o puede ser cortada o desgarrada en unidades pequeñas de fácil transporte hacia una base hogareña.
IV. La muerte de un solo animal grande permite que se alimente todo un grupo de individuos, con frecuencia más de un día.
A pesar de que existen diferencias indudables, las sociedades cazadoras-recolectoras que perviven todavía en sitios como África Central, Sudáfrica, Sudamérica y Australia, dan una idea del estilo de vida de los primeros homínidos.
Todavía es imposible obtener información acerca de las proporciones de alimentos de origen animal y vegetal en las dietas de los homínidos primitivos, especialmente debido a que muchas plantas que podrían haber utilizado para su alimentación no se han fosilizado o están muy mal conservadas. No obstante, las acumulaciones óseas halladas junto con restos de asentamientos de homínidos en África Oriental indican que la caza y el carroñeo formaban parte importante del estilo de vida de varios grupos de homínidos del Pleistoceno temprano.
En primer lugar, la caza con éxito de presas medianas o grandes requiere la cooperación activa entre los cazadores. Esto es posible de observar incluso entre los grupos de chimpancés forrajeros. Por medio de tácticas cooperativas era posible cazar animales más grandes que siguiendo una estrategia de cazadores solitarios.
En segundo lugar, la caza cooperativa y la matanza de animales grandes favorecieron un aumento de la cohesión social, tanto durante la caza como después, durante el reparto de los alimentos.
En tercer lugar, la caza con éxito dependía mucho de la percepción de la retención de la información acerca de vías migratorias, abrevaderos y asentamientos de hogares bases, cuyas posiciones geográficas se extendían sobre áreas de ocupación habitual que probablemente eran más extensas que las ocupadas por la mayor parte del resto de los primates o de los carnívoros. Las experiencias y las observaciones de los cazadores tenían que separarse mentalmente en sus componentes característicos geográficos y ecológicos, comportamientos de las presas, efectos del clima. Esta información tenía que ser almacenada y sintetizada en mapas mentales comunicables, que permitieran la predicción, la planificación, etc.
En cuarto lugar, la caza implicaba esfuerzos que favorecían la selección de adaptaciones locomotrices tales como la resistencia durante la persecución.
En quinto lugar, las habilidades tecnológicas requeridas para que un homínido sin garras ni caninos capture y descuartice grandes presas llevaron al desarrollo de gran variedad de armas, herramientas y trampas, incluyendo los instrumentos de piedra que se remontan al menos a H. habilis.
Finalmente, la caza dio una importancia adicional a la base hogar desde el punto de vista social, favoreciendo el intercambio de alimento entre los diferentes subgrupos, particularmente cuando el alimento llegaba de manera irregular, cosa frecuente en la caza. Una base hogar tiene valor también para las hembras que crían o esperan criar, que no podían cubrir fácilmente las grandes distancias necesarias para la caza en gran escala.
COMUNICACIÓN
La comunicación es el mecanismo por el cual un estimulo emanado de un individuo puede generar una respuesta en otros individuos. Los métodos de comunicación pueden incluir señales transmitidas por cualquier de los canales sensoriales: olfato, tacto, vista y oído.
Las claves olfativas se utilizan también para atraer a la pareja sexual y señalar el comienzo de la ovulación. En los humanos este tipo de comunicación tiene su equivalente en los olores emitidos por las axilas y las regiones genitales.
La comunicación táctil en los primates está representada por el aseo o limpieza de la piel utilizando dedos, labios y dientes. Entre los chimpancés el aseo se suplementa con otros comportamientos táctiles, como el tomarse de las manos, el palmeo, los abrazos o los besos.
A nivel visual, las señales de los primates pueden incluir gestos físicos o exhibiciones anatómicas como las posturas, el aumento de tamaño de los genitales y las coloraciones utilizadas para señalar la receptividad sexual.
Las vocalizaciones en los primates no sólo reflejan el estado emocional del vocalizador, sino que también dirigen la atención a acontecimientos externos específicos. Un ejemplo notable es el de los tres tipos de gritos de alarma que emiten los monos velludos, 1) el “rraup” se emite después de la detección de un halcón y provoca que el grupo mire hacia arriba y busque protección entre las ramas bajas. 2) el “chirp” se emite tras la detección de un depredador mamífero y provoca que el grupo se suba a las copas de los árboles; 3) y el “chutter” se utiliza cuando se detecta una víbora. Cada uno de estos gritos tiene un carácter simbólico, en el sentido de que denota un objeto que no tiene una relación directa con el grito de por sí.
Ventajas y desventajas de los distintos tipos de comunicación
Tipo de comunicación Ventajas Desventajas
Visual La direccionalidad de la luz permite una gran precisión en la localización del estímulo. La visión provee información acerca del tamaño de los objetos.
Las especies que producen luz (luciérnagas) pueden variar la intensidad y características del estímulo.
No sirve para distancias muy grandes. La luz no puede atravesar ciertos obstáculos; la visión se ve disminuida durante la noche.
Las señales pueden ser explotadas fácilmente por predadores. No llaman tan fácilmente la atención sobre el receptor a causa de la direccionalidad.
Auditiva Se pueden hacer rápidos cambios temporales en las señales auditivas.
Los sonidos pueden ser "apagados" a voluntad por el emisor. Provee información direccional. Si el receptor tiene la capacidad de comparar señales en dos puntos (por ejemplo, dos oídos). Sirve para grandes distancias.
Puede aumentarse su intensidad sobre el nivel de ruido del ambiente. Llama la atención sobre el receptor. No es capaz de proveer información tan compleja como la comunicación visual.
Química (olfación o gusto) Los mensajes pueden ser perdurables. Las señales químicas pueden atravesar obstáculos y ser usadas en grandes distancias dependiendo de la sensibilidad del receptor. Los estímulos químicos pueden participar directamente en una reacción química, sin necesidad de que medie una transducción del estímulo. La durabilidad de las señales químicas puede ser una desventaja ya que permite que sea explotada fácilmente por predadores.
Eléctrica Es eficiente en ambientes oscuros donde no es posible la visión. Puede transmitir información variando la frecuencia de emisión. Permite discriminar entre buenos y malos conductores de la electricidad. Las señales eléctricas no se transmiten a grandes distancias.
Táctil Es eficiente en el caso de animales en estrecho contacto o cuando existe un sustrato capaz de transmitir señales vibratorias.
Permite la comunicación en condiciones de completa oscuridad. Las distancia de transmisión de las vibraciones depende del tipo de sustrato. Los contactos directos necesitan una gran proximidad entre individuos.
HABLA
La vocalizacion más simbólica que se da entre los primates es, por supuesto, el habla y el lenguaje de los humanos.
Como en otras vocalizaciones en los mamíferos, la laringe (localizada en la parte superior del tubo traqueal) proporciona las bases del habla. Su origen no está conectado con el sonido, sino que se remonta a los primeros peces respiradores de aire.
La laringe, al producir un sonido, actúa como la lengüeta de un instrumento de viento, controlando el tono vocal abriéndose y cerrándose rápidamente, de manera que el aire se expira a bocanadas; cuanto más elevado es la frecuencia de formación de estas bocanadas, el tono es más elevado.
Esta forma básica de vocalizacion, a través de una salida laringea y de un filtro supralaríngeo, se utiliza por todos los animales terrestre que respiran aire y que emiten sonidos orales, desde las ranas a los mamíferos. En los humanos parecen existir circuitos neurales cerebrales especiales capaces de percibir e identificar varias categorías de combinaciones de sonido, y por tanto permiten distinguir entre las diferentes clases de silabas.
La parte superior del tracto respiratorio adulto de los humanos, si se compara con la del los chimpancés, la mandíbula humana se extiende hacia atrás una distancia relativamente más corta. Esta reducción en el tamaño mandibular y la posición más baja de la laringe humana en la vía provocan que la lengua sea más gruesa y más redondeada para formar la pared anterior de la faringe.
La lengua está aislada de la faringe y la respiración tiene lugar normalmente a través de la cavidad nasal. Los primates no humanos y los humanos recién nacidos pueden beber y respirar simultáneamente, ya que la vía respiratoria nasal hasta los pulmones puede quedar abierta mientras el líquido circula hacia el esófago.
Parece bastante probable que el tracto vocal de los australopitecianos fuera parecido al de los primates no humanos y esto podría ser válido para todos los linajes clasificados dentro de H. erectus. Lieberman y otros sugieren que H. sapiens neanderthalensis poseía un tracto vocal como el de los chimpancés.
LENGUAJE Y AUTOCONCIENCIA
Los chimpancés son capaces también de comprender la ordenación sencilla de algunas palabras, como puede apreciarse en la apreciación de Roger Fouts de que Lucy podía distinguir entre “Roger divierte a Lucy” y “Lucy divierte a Roger”.
Los simios poseen varias capacidades lingüísticas importantes:
1. Son capaces de utilizar palabras (o signos) como símbolos arbitrarios de objetos y de acciones reales.
2. Son capaces de generar combinaciones de palabras para designar objetos que no existen en su vocabulario.
3. Pueden referirse a actividades u objetos que están distantes en el tiempo o en el espacio.
4. Pueden utilizar las palabras para engañar y obtener información.
5. Pueden entender secuencias de palabras que utilizan la lógica de causa y efecto.
En su hábitat natural, estos logros resultan especialmente obvios en la capacidad de fabricación y utilización de herramientas de los chimpancés, por ejemplo en la forma con que emplean pequeñas ramas y enredaderas para capturar termitas. La captura de termitas implica conocer los meses más favorables (octubre y noviembre), localizar sus túneles sellados, con frecuencia transportar las herramientas necesarias en distancias hasta de 800 metros, dar forma a alguno de los instrumentos quitando hojas, arrancando los extremos para que tengan una longitud óptima.
El lenguaje también debe seguir reglas de secuenciación, dado que una oración está compuesta por una secuencia de frases que a su vez están hechas de componentes como el sustantivo, verbo, adjetivo y el sujeto.
Parece claro que para que una palabra sea un símbolo que denote un objeto o una acción debe existir un centro asociativo neural que permita que se establezcan tales conexiones. Estas asociaciones modales cruzadas, como se denominan, se hallan presentes en muchos mamíferos, dado que son capaces de entender y de actuar en función de algunas de las palabras que se les dicen.
Las áreas del cerebro que permiten las asociaciones modales cruzadas no son todavía bien conocidas en los simios, pero en los humanos se cree que uno de estos centros es el giro angular, (Fig. 19-19) cerca de esta región, en el lóbulo parietal del hemisferio cerebral izquierdo, se encuentra el área de wernicke, que está implicada en la formulación y en la comprensión del habla inteligente; las personas que tienen lesionada este área balbucean frases redundante y sin sentido. Los pacientes con lesiones en el área de Broca, en el lóbulo frontal izquierdo tienen dificultades al hablar, debido a que esta región está implicada aparentemente en la coordinación de los movimientos musculares vocales.
La existencia de esta lateralidad funcional, con uno de los hemisferios cerebrales que es dominante sobre el otro, parece ser una cualidad de todos los primates, incluso de los monos rhesus y podría considerarse como una preadaptación para el desarrollo de los centros asociativos utilizados para el habla y el lenguaje humanos.
Un psicólogo, Gordón Gallup demostró que la existencia de la conciencia podía comprobarse recurriendo a un procedimiento relativamente sencillo: la observación de la reacción del individuo frente a su imagen reflejada en un espejo. Cuando Gallup puso delante de un espejo de cuerpo a chimpancés nacidos salvajes, observo que desarrollaban comportamientos “autodirigidos” a los pocos días: los chimpancés utilizaban los espejos para examinar y manipular diferentes partes de su cuerpo.
RAZAS
En general, las poblaciones de una misma especie que difieren remarcadamente entre sí han sido denominadas RAZAS. Las razas pueden participar en el acervo génico de todas las especies, aunque se encuentren lo suficientemente separadas como para exhibir frecuencias génicas propias. Por lo tanto, la distinción entre las diferentes razas no es absoluta: las razas pueden diferir en la frecuencia relativa de un gen particular, pero ello no impide que pueda existir intercambio genético entre las razas de una misma especie.
Es importante resaltar que las diferencias entre las poblaciones humanas no han alcanzado el punto en el que una población fija un determinado alelo de un locus concreto y otra población fija para el mismo locus un alelo diferente.
Pueden distinguirse seis grupos raciales humanos:
1. Caucásico: incluye a varias poblaciones blancas europeas, que van desde los Lapones de Escandinavia hasta los pueblos mediterráneos del sur de Europa y del norte de África.
2. Africanos: incluye varias tribus y grupos negros africanos
3. Asiáticos: incluye los pueblos mongoloides más los polinesios y los micronesios
4. Esquimales e indios norteamericanos.
5. Indios sudamericanos.
6. Grupos australoides nativos de Australia y Papúa.
La presencia de tanta variabilidad genética en las razas humanas indica la naturaleza ficticia de conceptos como el de razas “puras”. Los miembros de una raza no son genéticamente puros en el sentido de que comparten una identidad genética común, aunque no compartan una uniformidad genética, incluso cuando se analizan miembros de una misma familia.
Nuestro criterio para la evaluación de las diferencias que existen entre las poblaciones de una especie se basa entonces fundamentalmente en las diferencias de frecuencias génicas. A veces, las diferencias observables como las que se aprecian entre algunas poblaciones humanas. La diversidad que hoy se observa en nuestra especie es creciente. Desde la biología, es necesario dejar en claro que no existe ningún fundamento científico de posturas que invoquen la existencia de razas como una categoría natural o biológica.
FUTURO EVOLUTIVO
Todas las especies de organismos tienen su origen en un proceso de evolución biológica. Durante este proceso van surgiendo nuevas especies a causa de una serie de cambios naturales. En los animales que se reproducen sexualmente, incluido el ser humano, el término especie se refiere a un grupo cuyos miembros adultos se aparean de forma regular dando lugar a una descendencia fértil, es decir, vástagos que, a su vez, son capaces de reproducirse. Los científicos clasifican cada especie mediante un nombre científico único de dos términos. En este sistema el hombre moderno recibe el nombre de Homo sapiens.
El mecanismo del cambio evolutivo reside en los genes, las unidades básicas hereditarias. Los genes determinan el desarrollo del cuerpo y de la conducta de un determinado organismo durante su vida. La información contenida en los genes puede variar y este proceso es conocido como mutación. La forma en que determinados genes se expresan —cómo afectan al cuerpo o al comportamiento de un organismo— también puede variar. Con el transcurso del tiempo, el cambio genético puede modificar un aspecto principal de la vida de una especie como, por ejemplo, su alimentación, su crecimiento o sus condiciones de habitabilidad
Los cambios genéticos pueden mejorar la capacidad de los organismos para sobrevivir, reproducirse y, en animales, criar a su descendencia. Este proceso se denomina adaptación. Los progenitores transmiten mutaciones genéticas adaptativas a su descendencia y finalmente estos cambios se generalizan en una población —un grupo de organismos de la misma especie que comparten un hábitat local particular. Existen numerosos factores que pueden favorecer nuevas adaptaciones, pero los cambios del entorno desempeñan a menudo un papel importante. Las antiguas especies de homínidos se fueron adaptando a nuevos entornos a medida que sus genes iban mutando, modificando así su anatomía (estructura corporal), fisiología (procesos físicos y químicos tales como la digestión) y comportamiento. A lo largo de grandes periodos de tiempo esta evolución fue modificando profundamente al ser humano y a su forma de vida.
Tanto los paleontólogos especializados en invertebrados, que estudian los restos fósiles de animales marinos, como los especializados en vertebrados, que estudian fósiles de peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos, han llegado a la conclusión de que las especies de animales vertebrados que dejan fósiles claramente identificables suelen persistir aproximadamente un millón de años. El ser humano, como Homo sapiens sapiens, tiene al menos 100.000 años de antigüedad, por lo que aún tenemos más de medio millón de años por delante antes de que nos extingamos …, o evolucionemos para convertirnos en una nueva especie.
Algunos científicos creen que nuestro fantástico éxito reciente en la colonización del planeta es un fenómeno que marca nuestra decadencia: las luces esplendorosas antes del final inevitable del espectáculo. La lección del pasado fósil advierte que las formas de vida superficiales que consiguen un gran éxito a menudo se encuentran en el límite de su agotamiento biológico. Las numerosas especies de arqueociátidos y trilobites del Cámbrico y de dinosaurios del Cretácico son testigos de este proceso desfavorable, llamado por algunos científicos “devolución”. Según Darwin, los organismos se adaptan a su medio ambiente debido a las pruebas constantes en su tendencia hacia el crecimiento ilimitado. Si no consiguen adaptarse pueden disminuir en número y extinguirse. Pero también pueden adaptarse demasiado, multiplicarse, agotar sus recursos y extinguirse entonces. En realidad, las imágenes obtenidas por satélites artificiales muestran modelos de crecimiento urbano similares a los del crecimiento de las colonias de microorganismos. Desde el punto de vista de la teoría de la devolución, es fácil ver que las implicaciones del crecimiento de las poblaciones humanas no son necesariamente sinónimo de progreso.
Las tendencias de la vida a largo plazo (extinción, expansión, simbiosis) parecen universales. Nosotros, la especie Homo sapiens, acabaremos extinguiéndonos, con guerra nuclear o sin ella. Podemos, como los ictiosaurios, los helechos con semillas o los australopitecus, dejar los anales de la historia de la Tierra sin ningún heredero. O podemos, como los coanoflagelados o el Homo erectus, antepasados respectivos de las esponjas y de nuestra especie, evolucionar hacia nuevas especies distintas. En la actualidad, la inteligencia parece ser la clave de la supervivencia. Por ello, hay científicos como Margulis y Sagan que se preguntan si nuestra loable capacidad autogeneradora, causante de la puesta en órbita del DNA, podría propagarse más allá de la Tierra, hacia el espacio. Según estos autores, al ser la simbiosis la norma de la evolución y al estar los organismos siempre organizados en comunidades de diferentes especies, ninguna de ellas podría hacer sola la transición hacia el espacio. Los seres humanos parecen adecuados para ayudar a dispersar la biota terrestre y pueden ocupar un lugar destacado en el cosmos. Pero para que los humanos desempeñen ese papel tan importante en la expansión de la vida hacia el espacio, han de aprender de las especies que han tenido éxito en el microcosmos.
Se pueden imaginar muchas vías de evolución que nuestra especie podría seguir hasta llegar a otra distinta del Homo sapiens. La más sencilla no sería precisamente la mutación, sino la recombinación sexual de genes preexistentes. A pesar que todos los seres humanos pertenezcan a la misma especie, las poblaciones extremas son muy diferentes.
El problema de la intervención directa en los procesos de evolución humana es fascinante. Actualmente se enfoca desde varios frentes distintos: la selección natural tradicional (deforestación y cría de animales y plantas), la biotecnología, la informática y la robótica. Como la evolución acelera su marcha, la convergencia de los distintos enfoques será seguramente cuestión de tiempo.
Se sabe que las especies evolucionan de varias maneras, incluyendo una nueva disposición de los genes en los cromosomas, la acumulación de mutaciones en el DNA y por medio de simbiosis. Los cromosomas que producen cambios hereditarios causan mayores saltos en la evolución que los originados por las mutaciones en los pares de bases de los nucleótidos. Saltos evolutivos causados por simbiosis pueden establecer nuevas especies en pocas generaciones. Nada puede evitar que este tipo de variaciones se de en las poblaciones humanas y seguro que alguno de nuestros descendientes acabará experimentando mutaciones cromosómicas o adquiriendo nuevos simbiontes.
Hay científicos que, aún fantaseando un poco, sostienen que los humanos del futuro podrían llegar a ser de color verde como resultado de simbiosis. Un ejemplo de una especie de humano de este tipo producida por simbiosis es el Homo photosyntheticus, sugerido por Ryan Drum, especialista en algas. Son humanos a los que se ha inyectado una fina capa de algas bajo el cuero cabelludo. Sería un tipo de vegetariano extremo que ya no ingiere alimentos, puesto que se nutre de sustancias producidas por las algas que habitan bajo su cuero cabelludo. Con el tiempo, sus descendientes podrían llegar a perder la boca. La piel perdería el pelo y se volvería transparente para permitir el paso de suficiente luz para las algas. Sería translúcido, perezoso y sedentario. Las algas simbióticas de Homo photosyntheticus podrían invadir los testículos y, una vez allí, penetrarían en los espermatozoides a medida que se fueran produciendo (esto no es ninguna idea descabellada, existen bacterias simbiontes de insectos que hacen exactamente lo mismo: algunas penetran en los espermatozoides y otras son transmitidas a la siguiente generación a través de los óvulos). Las algas podrían asegurarse su supervivencia en los tibios y húmedos tejidos humanos acompañando al esperma en el apareamiento y penetrando en los óvulos de la mujer, como si se tratase de una enfermedad benigna de transmisión sexual.
Pero la mayoría de los evolucionistas coinciden en que el futuro evolutivo del ser humano se regirá por procesos de “cibersimbiosis” o evolución de distintas partes del cuerpo humano en futuras formas de vida íntimamente asociadas a la tecnología. Si logramos superar el destino que conduce a la extinción de los mamíferos o si sobrevivimos en una forma alterada, podremos persistir como futuras formas humanas fragmentadas, a modo de cerebros conectados a poderosas maquinas. Parece que nos guste etiquetar de “evolutivamente avanzadas” a las recientes y grandes poblaciones de mamíferos que se están adaptando y aún están en expansión; es decir, que se comportan como el ser humano; incluso los científicos suelen denominar “superiores” a los organismos que combinan gran tamaño, fuertes índices de reproducción, cambios rápidos y aparición reciente en la evolución.