Hay personajes,en la historia de la humanidad que dejaron un gran legado,creo que mi amigo Darwin fue uno de ellos.
Con este post,quiero rendir un pequeño tributo, a quien,a pesar de tener todo en contra, defendió a capa y espada, la verdad en la que creia, teniendo que pasar muchos años para que se le diera el lugar que se merece en la historia.
Charles Robert Darwin nació en Sherewsbury el 12 de febrero de 1809.
Fue el segundo hijo varón de Robert Waring Darwin, médico de fama en la localidad, y de Susannah Wedgwood, hija de un célebre ceramista del Staffordshire, Josiah Wedgwood, promotor de la construcción de un canal para unir la región con las costas y miembro de la Royal Society. Su abuelo paterno, Erasmus Darwin, fue también un conocido médico e importante naturalista, autor de un extenso poema en pareados heroicos que presentaba una alegoría del sistema linneano de clasificación sexual de las plantas, el cual fue un éxito literario del momento; por lo demás, sus teorías acerca de la herencia de los caracteres adquiridos estaban destinadas a caer en descrédito por obra, precisamente, de su nieto. Además de su hermano, cinco años mayor que él, Charles tuvo tres hermanas también mayores y una hermana menor.
Tras la muerte de su madre en 1817, su educación transcurrió en una escuela local y en su vejez recordó su experiencia allí como lo peor que pudo sucederle a su desarrollo intelectual. Ya desde la infancia dio muestras de un gusto por la historia natural que él consideró innato y, en especial, de una gran afición por coleccionar cosas (conchas, sellos, monedas, minerales) el tipo de pasión «que le lleva a uno a convertirse en un naturalista sistemático, en un experto, o en un avaro».
En octubre de 1825 Darwin ingresó en la Universidad de Edimburgo para estudiar medicina por decisión de su padre, al que siempre recordó con cariño y admiración (y con un respeto no exento de connotaciones psicoanalíticas); la hipocondría de su edad adulta combinó la desconfianza en los médicos con la fe ilimitada en el instinto y los métodos de tratamiento paternos.
Sin embargo Darwin no consiguió interesarse por la carrera; a la repugnancia por las operaciones quirúrgicas y a la incapacidad del profesorado para captar su atención, vino a sumarse el creciente convencimiento de que la herencia de su padre le iba a permitir una confortable subsistencia sin necesidad de ejercer una profesión como la de médico. De modo que, al cabo de dos cursos, su padre, dispuesto a impedir que se convirtiera en un ocioso hijo de familia, le propuso una carrera eclesiástica. Tras resolver los propios escrúpulos acerca de su fe, Darwin aceptó con gusto la idea de llegar a ser un clérigo rural y, a principios de 1828, después de haber refrescado su formación clásica, ingresó en el Christ's College de Cambridge.
Una nueva vida
Pero en Cambridge, como antes en Edimburgo y en la escuela, Darwin perdió el tiempo por lo que al estudio se refiere, a menudo descuidado para dar satisfacción a su pasión por la caza y por montar a caballo, actividades que ocasionalmente culminaban en cenas con amigos de las que Darwin conservó un recuerdo -posiblemente exagerado- como de auténticas francachelas. Con todo, su indolencia quedó temperada por la adquisición de sendos gustos por la pintura y la música, de los que él mismo se sorprendió más tarde, dada su absoluta carencia de oído musical y su incapacidad para el dibujo (un «mal irremediable», junto con su desconocimiento práctico de la disección, que representó una desventaja para sus trabajos posteriores).
Más que de los estudios académicos que se vio obligado a cursar, Darwin extrajo provecho en Cambridge de su asistencia voluntaria a las clases del botánico y entomólogo reverendo John Henslow, cuya amistad le reportó «un beneficio inestimable» y que tuvo una intervención directa en dos acontecimientos que determinaron su futuro: por una parte, al término de sus estudios en abril de 1831, por otra parte, lo que es aún más importante, fue Henslow quien le proporcionó a Darwin la oportunidad de embarcarse como naturalista con el capitán Robert Fitzroy y acompañarle en el viaje que éste se proponía realizar a bordo del Beagle alrededor del mundo.
En un principio su padre se opuso al proyecto, manifestando que sólo cambiaría de opinión si «alguien con sentido común» era capaz de considerar aconsejable el viaje. Ese alguien fue su tío -y futuro suegro- Josiah Wedgwood, quien intercedió en favor de que su joven sobrino cumpliera el objetivo de viajar que Darwin se había fijado ya meses antes, cuando la lectura de Humboldt suscitó en él un deseo inmediato de visitar Tenerife y empezó a aprender castellano y a informarse acerca de los precios del pasaje. El 27 de diciembre de 1831 el Beagle zarpó de Davenport con Darwin a bordo y dispuesto a comenzar la que él llamó su «segunda vida», tras dos meses de desalentadora espera en Plymouth, mientras la nave era reparada de los desperfectos ocasionados en su viaje anterior, y después de que la galerna frustrara dos intentos de partida.
El viaje del Beagle
El objetivo de la expedición dirigida por Fitzroy era el de completar el estudio topográfico de los territorios de la Patagonia y la Tierra del Fuego, el trazado de las costas de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico y la realización de una cadena de medidas cronométricas alrededor del mundo.
El periplo, de casi cinco años de duración, llevó a Darwin a lo largo de las costas de América del Sur, para regresar luego durante el último año visitando las islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Mauricio y Sudáfrica. Durante ese período su talante experimentó una profunda transformación. La antigua pasión por la caza sobrevivió los dos primeros años con toda su fuerza y fue él mismo quien se encargó de disparar sobre los pájaros y animales que pasaron a engrosar sus colecciones; poco a poco, sin embargo, esta tarea fue quedando encomendada a su criado a medida que su atención resultaba cada vez más absorbida por los aspectos científicos de su actividad.
El estudio de la geología fue, en un principio, el factor que más contribuyó a convertir el viaje en la verdadera formación de Darwin como investigador, ya que con él entró inexcusablemente en juego la necesidad de razonar. Darwin se llevó consigo el primer volumen de los Principles of Geology de Charles Lyell, autor de la teoría llamada de las causas actuales y que habría de ser su colaborador en la exposición del evolucionismo; desde el reconocimiento de los primeros terrenos geológicos que visitó (la isla de São Tiago, en Cabo Verde), habría arrastrado conchas y corales triturados comunicándoles consistencia rocosa. Hacia el final del viaje, Darwin tuvo noticia de que Sedgwick había expresado a su padre la opinión de que el joven se convertiría en un científico importante; el acertado pronóstico era el resultado de la lectura por Henslow, ante la Philosophical Society de Cambridge, de algunas de las cartas remitidas por Darwin.
La teoría sobre la formación de los arrecifes de coral por el crecimiento de éste en los bordes y en la cima de islas que se iban hundiendo lentamente, fue el primero en ver la luz (1842) de entre los logros científicos obtenidos por Darwin durante el viaje. Junto a éste y al establecimiento de la estructura geológica de algunas islas como Santa Elena, está el descubrimiento de la existencia de una cierta semejanza entre la fauna y la flora de las islas Galápagos con las de América del Sur, así como de diferencias entre los ejemplares de un mismo animal o planta recogidos en las distintas islas, lo que le hizo sospechar que la teoría de la estabilidad de las especies podría ser puesta en entredicho. Fue la elaboración teórica de esas observaciones la que, años después, resultó en su enunciado de las tesis evolutivas.
Darwin regresó a Inglaterra el 2 de octubre de 1836; el cambio experimentado en esos años debió de ser tan notable que su padre, «el más agudo observador que se haya visto de natural escéptico y que estaba lejos de creer en la frenología», al volverlo a ver dictaminó que la forma de su cabeza había cambiado por completo. También su salud se había alterado; hacia el final del viaje se mareaba con más facilidad que en sus comienzos, y en el otoño de 1834 había estado enfermo durante un mes. Se ha especulado con la posibilidad de que en marzo de 1835 contrajera una infección latente de la llamada enfermedad de Chagas como consecuencia de la picadura de un insecto. De todos modos desde su llegada hasta comienzos de 1839 Darwin vivió los meses más activos de su vida, pese a las pérdidas de tiempo que le supuso el sentirse ocasionalmente indispuesto. Trabajó en la redacción de su diario del viaje (publicado en 1839) y en la elaboración de dos textos que presentaran sus observaciones geológicas y zoológicas. Instalado en Londres desde marzo de 1837, se dedicó a «hacer un poco de sociedad», actuando como secretario honorario de la Geological Society y tomando contacto con Lyell. En julio de ese año empezó a escribir su primer cuaderno de notas sobre sus nuevos puntos de vista acerca de la «transmutación de las especies», que se le fueron imponiendo al reflexionar acerca de sus propias observaciones sobre la clasificación, las afinidades y los instintos de los animales, y también como consecuencia de un estudio exhaustivo de cuantas informaciones pudo recoger relativas a las transformaciones experimentadas por especies de plantas y animales domésticos debido a la intervención de criadores y horticultores.
Sus investigaciones, realizadas sobre la base de «auténticos principios baconianos», pronto le convencieron de que la selección era la clave del éxito humano en la obtención de mejoras útiles en las razas de plantas y animales. La posibilidad de que esa misma selección actuara sobre los organismos que vivían en un estado natural se le hizo patente cuando en octubre de 1838 leyó «como pasatiempo» el ensayo de Malthus sobre la población, dispuesto como se hallaba, por sus prolongadas observaciones sobre los hábitos de animales y plantas, a percibir la presencia universal de la lucha por la existencia, se le ocurrió al instante que, en esas circunstancias, las variaciones favorables tenderían a conservarse, mientras que las desfavorables desaparecerían, con el resultado de la formación de nuevas especies. Darwin estimó que, «al fin, había conseguido una teoría con la que trabajar»; sin embargo, preocupado por evitar los prejuicios, decidió abstenerse por un tiempo de «escribir siquiera el más sucinto esbozo de la misma». En junio de 1842 se permitió el placer privado de un resumen muy breve -35 páginas escritas a lápiz-, que amplió hasta 230 páginas en el verano del año 1844.
Por entonces, Darwin había contraído matrimonio el 29 de enero de 1839 con su prima Emma Wedgwood. Residieron en Londres hasta septiembre de 1842, cuando la familia se instaló en Down, en el condado de Kent, buscando un género de vida que se adecuase mejor a los frecuentes períodos de enfermedad que, a partir del regreso de su viaje, afligieron constantemente a Darwin. Por lo demás, los años de Londres fueron, por lo que a vida social se refiere, un preludio del retiro casi total en el que vivió en Down hasta el final de sus días. El 27 de diciembre de 1839 nació el primer hijo del matrimonio y Darwin inició con él una serie de observaciones, que se prolongaron a lo largo de los años, sobre la expresión de las emociones en el hombre y en los animales. Tuvo diez hijos, seis varones y cuatro mujeres, nacidos entre 1839 y 1856, de los que dos niñas y un niño murieron en la infancia.
La teoría de la evolución
Durante los primeros años de su estancia en Down, Darwin completó la redacción de sus trabajos sobre temas geológicos y se ocupó también de una nueva edición de su diario de viaje, que en un principio había aparecido formando parte de la obra publicada por Fitzroy sobre sus expediciones; en las notas autobiográficas que redactó en 1876 (reveladoramente tituladas como Recollections of the Development of my Mind and Character), Darwin reconoció que «el éxito de este mi primer retoño literario siempre enardece mi vanidad más que el de cualquier otro de mis libros». De 1846 a 1854 Darwin estuvo ocupado en la redacción de sus monografías sobre los cirrípodos, por los que se había interesado durante su estancia en las costas de Chile al hallar ejemplares de un tipo que planteaba problemas de clasificación. Esos años de trabajo sirvieron para convertirlo en un verdadero naturalista según las exigencias de su época, añadiendo al aprendizaje práctico adquirido durante el viaje la formación teórica necesaria para abordar el problema de las relaciones entre la historia natural y la taxonomía. Además, sus estudios sobre los percebes le reportaron una sólida reputación entre los especialistas, siendo premiados en noviembre de 1853 por la Royal Society, de la que Darwin era miembro desde 1839.
A comienzos de 1856 Lyell aconsejó a Darwin que trabajara en el completo desarrollo de sus ideas acerca de la evolución de las especies. Darwin emprendió entonces la redacción de una obra que, aun estando concebida a una escala tres o cuatro veces superior de la que luego había de ser la del texto efectivamente publicado, representaba, en su opinión, un mero resumen del material recogido al respecto. Pero, cuando se hallaba hacia la mitad del trabajo, sus planes se fueron al traste por un suceso que precipitó los acontecimientos: en el verano de 1858 recibió un manuscrito que contenía una breve pero explícita exposición de una teoría de la evolución por selección natural, que coincidía exactamente con sus propios puntos de vista. El texto, remitido desde la isla de Ternate, en las Molucas, era obra de Alfred Russell Wallace, un naturalista que desde 1854 se hallaba en el archipiélago malayo y que ya en 1856 había enviado a Darwin un artículo sobre la aparición de especies nuevas con el que éste se sintió ampliamente identificado. En su nuevo trabajo, Wallace hablaba como Darwin, de «lucha por la existencia», una idea que, curiosamente, también le había venido inspirada por la lectura de Malthus. Darwin puso a Lyell en antecedentes del asunto y le comunicó sus vacilaciones acerca de cómo proceder respecto de la publicación de sus propias teorías, llegando a manifestar su intención de destruir sus propios escritos antes que aparecer como un usurpador de los derechos de Wallace a la prioridad. El incidente se saldó de manera salomónica merced a la intervención de Lyell y del botánico Joseph Dalton Hooker, futuro director de los Kew Gardens creados por su padre y uno de los principales defensores de las teorías evolucionistas de Darwin, con quien le unió una estrecha amistad desde 1843. Siguiendo el consejo de ambos, Darwin resumió su manuscrito, que fue presentado por Lyell y Hooker ante la Linnean Society el 1 de julio de 1858, junto con el trabajo de Wallace y con un extracto de una carta remitida por Darwin el 5 de septiembre de 1857 al botánico estadounidense Asa Gray, en el que constaba un esbozo de su teoría. Wallace no puso nunca en cuestión la corrección del procedimiento; más tarde, en 1887, manifestó su satisfacción por la manera en que todo se había desarrollado, aduciendo que él no poseía «el amor por el trabajo, el experimento y el detalle tan preeminente en Darwin, sin el cual cualquier cosa que yo hubiera podido escribir no habría convencido nunca a nadie».
Tras el episodio, Darwin se vio obligado a dejar de lado sus vacilaciones por lo que a la publicidad de sus ideas se refería y abordó la tarea de reducir la escala de la obra que tenía entre manos para enviarla cuanto antes a la imprenta; en «trece meses y diez días de duro trabajo» quedó por fin redactado el libro On the Origin of Species by means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life, del que los primeros 1.250 ejemplares se vendieron el mismo día de su aparición, el 24 de noviembre de 1859. Las implicaciones teológicas de la obra, que atribuía a la selección natural facultades hasta entonces reservadas a la divinidad, fueron causa de que inmediatamente empezara a formarse una enconada oposición, capitaneada por el paleontólogo Richard Owen, quien veinte años antes había acogido con entusiasmo las colecciones de fósiles traídas por Darwin de su viaje. En una memorable sesión de la British Association for the Advancement of Science que tuvo lugar en Oxford el 30 de junio de 1860, el obispo Samuel Wilberforce en calidad de portavoz del partido de Owen ridiculizó con brillante elocuencia las tesis evolucionistas, provocando una contundente réplica por parte de Thomas Henry Huxley, zoólogo, que fue el principal defensor ante la oposición religiosa de las tesis de Darwin, ganándose el sobrenombre de su bulldog. A la pregunta de Wilberforce sobre si a Huxley le hubiera sido indiferente saber que su abuelo había sido un mono, la respuesta inmediata fue, según el testimonio de Lyell: «Estaría en la misma situación que su señoría».
Darwin se mantuvo apartado de la intervención directa en la controversia pública hasta 1871, cuando se publicó su obra The Descent of Man and Selection in Relation to Sex, donde expuso sus argumentos en favor de la tesis de que el hombre había aparecido sobre la Tierra por medios exclusivamente naturales. Tres años antes había aparecido su estudio sobre la variación en animales y plantas por los efectos de la selección artificial, en el que trató de formular una teoría sobre el origen de la vida en general («pangénesis»), que resultó ser la más pobre de sus aportaciones a la biología. En 1872, con The Expression of the Emotions in Man and Animals, obra seminal de lo que luego sería el estudio moderno del comportamiento, Darwin puso fin a sus preocupaciones por los problemas teóricos y dedicó los últimos diez años de su vida a diversas investigaciones en el campo de la botánica.
A finales de 1881 comenzó a padecer graves problemas cardíacos y falleció a consecuencia de un ataque al corazón el 19 de abril de 1882
SUS VIAJES
(Todas estas son capturas propias, no la encontraras por ningún sitio )
Acompañame de la mano de tan ilustre personaje,al viaje que hizo durante 5 años
El viaje a bordo del Beagle (1831-1836):
En 1831 fue nombrado naturalista a bordo del hermoso bergantín Beagle en un viaje que duró cinco años por ambas costas de Sudamérica, Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Tasmania, isla de Keeling, Mauricio, Brasil y las Azores.Obtuvo el puesto gracias a las gestiones de su profesor de botánica en Cambridge, el reverendo John Stevens Henslow, quien le había hecho ver la importancia de las observaciones científicas detalladas, minuciosas e ininterrumpidas.
27 de diciembre de 1831
Devonport
Devonport
El Beagle, bergantín de diez cañones, zarpa de Inglaterra bajo el mando del estricto capitán Fitz Roy. El objetivo de la expedición es completar los trabajos de hidrografía de Patagonia y Tierra del Fuego y efectuar una serie de medidas cronométricas alrededor del mundo.
6 de enero de 1832
Tenerife
Tenerife
Al llegar a Tenerife les prohíben desembarcar por miedo a que la tripulación porte el cólera. A la mañana siguiente, Charles
Darwin anota en su diario una inolvidable salida de Sol sobre el Teide.
16 de enero de 1832
Cabo Verde
Cabo Verde
Anclan en Porto Praya, en Santiago, isla principal del archipiélago de Cabo Verde. El paisaje es volcánico, con grandes extensiones áridas de llanuras de lava. La atmósfera de la isla es brumosa debido al polvo en suspensión, que “cae en tanta cantidad que ensucia todos los objetos del barco y daña los ojos de los tripulantes”. Darwin recoge varias muestras, y en los análisis se identifican 67 especies diferentes de microorganismos, además de espórulas de plantas y diminutos
fragmentos de piedra. En la costa, el naturalista observa a los pulpos y anota cómo estos cefalópodos producen tintas de distintos colores según el tono del suelo para ocultarse.
29 de febrero de 1832
San Salvador
San Salvador
Los bosques tropicales brasileños dejan perplejo a Darwin. Y no sólo por “la belleza de las flores y la exhuberancia general de vegetación”, sino también porque “el zumbido de los insectos es tan fuerte que puede oírse en un navío anclado a varios centenares de metros de la costa”. Lo único que disgustó al joven británico de este lugar fue la esclavitud, que rechazaba abiertamente y que fue motivo de más de un enfrentamiento personal con el capitán Roy.
4 de abril de 1832
Río de JaneiroEl Beagle llega a Río de Janeiro, donde permanecerá tres meses. En sus expediciones por las selvas tropicales brasileñas, con “vegetación lujuriante”, Darwin observa flores exóticas, helechos arborescentes, trepadoras leñosas,mimosas… Estudia a fondo a las luciérnagas y otros insectos luminosos, como el escarabajo Pyrophorus luminosus. Observa de cerca el comportamiento de las hormigas autóctonas, las avispas y las arañas (sobre todo las saltadoras), añadiendo nuevas especies a su colección. Sin olvidar, por supuesto, a los colibríes. También anota su sorpresa ante el espectáculo de la evaporación masiva en la selva después de las lluvias, que envuelve las colinas en un “denso vapor
blanco”.
julio de 1832 - 1833
Montevideo
Montevideo
El siguiente destino es Montevideo. Durante el camino, por el estuario de La Plata, Darwin cuenta divertido cómo una noche les rodearon numerosas focas y pingüinos “que hicieron el ruido más extraño imaginable, en términos de parecerle al oficial de guardia haber oído el mugir del ganado vacuno”. Destaca en sus notas a las carranchas y los chimangos carroñeros, el puerco de agua (Hydrochaerus capybara) y el tucutuco, un roedor con hábitos de topo. También hace anotaciones antropoló-gicas, describiendo cómo usan los gauchos el lazo y las bolas para cazar avestruces.
1832- 1833
Bahía Blanca
Bahía Blanca
En las cercanías de Bahía Blanca, llamada así por la sal incrustada en el suelo, desentierran restos fósiles de gigantescos animales terrestres, entre ellos el Megalonys, el Megatherium, el Mylodon y el Toxodon. Este último, dice Darwin, “es tal vez uno de los más extraños animales que hayan sido descubiertos; en la talla es igual al elefante o megaterio, pero la estructura de sus dientes demuestra indiscutiblemente que guardaba relación con los "roedores”. En esta región Darwin observa también a las avestruces, los emúes y los armadillos.
1833
Patagonia
Patagonia
Una tarde frente a las costas de Patagonia el Beagle se vió rodeado de una gran nube de mariposas “en bandadas de miríadas incalculables”. “Ni siquiera con ayuda del catalejo fue posible descubrir espacio alguno libre de tales mariposas”, describe Darwin, que recuerda que los marineros gritaban “¡nievan mariposas!”. En esta región el naturalista recogió crustáceos singulares, observó (y registró con detalle) cómo el mar emitía luces fosforescentes procedentes de partículas gelatinosas, estudió a los cóndores y, ya en tierra, observó al guanaco o llama salvaje y lo comparó con fósiles del extraño Macrauchenia, empezando a fraguar en su mente los principios de la evolución de las especies.
julio de 1832 - 1834
Tierra de Fuego
Tierra de Fuego
En su primer encuentro con los habitantes de estas tierras, los fueguinos, Darwin queda sorprendido ante las diferencias con el “hombre civilizado”. Aunque carentes de un lenguaje articulado, son “excelentes mímicos; de modo que cuantas veces tosíamos, bostezábamos o estornudábamos, otras tantas lo repetían ellos”. Incluso podían reproducir cada palabra dicha en inglés y la recuerdan durante algún tiempo sin comprender su significado. “Según parece,todos los salvajes poseen en grado maravilloso este poder de la imitación […] ¿Cómo se explica esta facultad?”, se pregunta Darwin. Las costumbres, las ceremonias y la historia de estos cazadores de focas ocupan la mayor parte de sus notas sobre la árida Tierra del Fuego. El día de su 25 cumpleaños (el 12 de febrero de 1834), el capitán FitzRoy decidió hacerle un original regalo, bautizando como “Darwin” a la cima más alta de Tierra de Fuego.
23 de julio de 1834
Valparaiso
Valparaiso
En Chile, Darwin disfruta del clima del Pacífico y queda deslumbrado por los Andes. El primer ascenso a la cima de La
Campana supone toda una experiencia para él. “Chile, limitado por los Andes y el Pacífico, se veía como en un mapa”,
escribe. “¿Cómo no maravillarse de la fuerza que ha elevado estas montañas, y todavía más de las incontables edades que han debido necesitar para abrirse camino?” Aunque también se lamenta porque “el furor de la minería apenas ha dejado en Chile un sólo sitio sin explotar”. De la explotación de las minas, los métodos de extracción y las condiciones de trabajo de los mineros da buena cuenta en su Diario. En este país emprende tres expediciones a los Andes y visita también el archipiélago de Chiloé.
19 de julio de 1835
Callao
Callao
Darwin describe este puerto de la capital peruana como “pequeño, sucio y mal construido”. Y se lamenta de no poder
visitar apenas el país a causa de la revolución que lo asola.
15 de septiembre de 1835
Galápagos
Galápagos
Darwin había puesto grandes expectativas sobre este archipiélago ecuatoriano, y no le defraudó. No sólo por su geología (contó hasta 2.000 cráteres en su superficie) sino por lo singular de su fauna. “Este grupo de islas viene a constituir un pequeño mundo aparte”, afirma el científico, súbitamente rodeado de especies desconocidas. Nada más llegar se topó con las tortugas gigantes, que comían tranquilamente cactus. Pronto le sorprendió la gradación de los picos de las diferentes especies de pinzones, germen de sus ideas sobre la selección natural. Estudia aves endémicas (búhos, palomas, pájaros
mimos,...), 15 especies de peces marinos nuevos y 16 “conchas terrestres”. Aunque admite que lo más representativo de la zoología de las islas son los reptiles: lagartos Amblyrhynchus, lagartijas y las tortugas, por supuesto. En lo que respecta a las flora galapaguina asegura que, por lo general, las plantas “presentan un aspecto ruin con apariencia de alga, y no hay una flor bonita”. Pero lo que más llama su atención es que cada isla está habitada por diferentes seres, a pesar de la escasa distancia que las separa.
21 de diciembre de 1835
Nueva Zelanda
Nueva Zelanda
Tras atravesar el Pacífico, el Beagle llega a Nueva Zelanda, tan cubierta de helechos que al naturalista inglés le resulta
prácticamente intransitable. Principalmente observa las costumbres de los indígenas, y se divierte al descubrir costumbres locales como la de frotarse las narices para saludarse, una ceremonia que “dura más que un efusivo apretón de manos entre nosotros”.
12 de enero de 1836
Sidney
Sidney
Para Darwin, Sidney era “uno de los testimonios más magníficos del poder de la nación británica”. En esta visita inicial al continente australiano ve por primera vez ejemplares de ornitorrinco (Ornithorhynchus paradoxus), un singular mamífero con pico de pato y cuerpo de nutria. “Ciertamente es el animal más extraordinario que se haya visto”.
30 de enero de 1836
Tasmania
Tasmania
Durante los diez días que el Beagle permaneció en Tasmania, Darwin hizo varias excursiones, fundamentalmente para examinar la estructura geológica de la isla y visitar sus selvas de eucaliptos.
7 de febrero de 1836
King George’s Sound
King George’s Sound
“Estuvimos aquí ocho días, y en todo nuestro viaje no hemos pasado un tiempo más pesado y aburrido”, escribe Darwin. El paisaje es árido, con suelos arenosos, matorrales y “monte bajo de árboles raquíticos”. Las tribus de la zona los obsequian con un extraño baile.
1 de abril de 1836
Islas Keeling o Islas Cocos
Islas Keeling o Islas Cocos
En estas islas-laguna del Océano Índico los cocoteros son los árboles mayoritarios, y de la exportación de su fruto depende la economía del lugar. Las islas se componen enteramente de coral, y Darwin encuentra poca diversidad biológica en tierra: algunas plantas, una lagartija, aves zancudas, golondrinas de mar, arañas, ratas importadas de la isla Mauricio y 13 especies de insectos . Por el contrario, en sus aguas tropicales pululan infinitos seres, incluyendo cangrejos y “bellísimos peces verdes y de otros colores”. “Celebro haber visitado estas islas, pues su formación debe contarse entre los objetos más admirables del mundo”, confiesa el naturalista.
29 de abril de 1836
Isla Mauricio
Isla Mauricio
Montes crateriformes, vegetación exuberante de color verde intenso y extensas plantaciones de caña de azúcar configuran el paisaje de estas islas, cuyo paisaje sedujo a Darwin.
31 de mayo de 1836
Ciudad del Cabo
En su visita a la ciudad sudafricana Darwin conoce al matemático John Herschel, con quien conversa acerca de volcanes, terremotos, el movimiento de los continentes, el origen de la humanidad y cómo la aparición de nuevas especies.
1 de agosto de 1836
Bahía de los Santos
Bahía de los Santos
En esta ciudad de la costa de Brasil concluyen la medición cronométrica del mundo, uno de los principales objetivos del viaje.
Darwin vuelve a disfrutar de las selvas brasileñas. “Todos los epítetos me parecían débiles para sugerir a los que no han visitado las regiones tropicales la sensación de delicia que embarga el ánimo”, escribe.
2 de octubre de 1836
Falmouth
Falmouth
Darwin vuelve a casa, y por fin abandona el Beagle “después de haber vivido a bordo de este excelente barquito cerca de cinco años”, según sus propias palabras. Desde ese momento, el mapa del mundo para él “deja de ser una hoja muerta, y se convierte en un cuadro lleno de las más diversas y animadas figuras”.
SUS GRABADOS
(Todas estas son capturas propias, no la encontraras por ningún sitio )
Murciélagos
Estos mamíferos voladores intrigaban a Charles Darwin, quien en su célebre libro El origen de las especies enumeraba algunas de las dificultades que veía para integrarlo a su teoría de la selección natural. Darwin no lograba imaginar cómo habrían sido sus ancestros terrestres.
Scarus Chlorodon
En las Islas Keeling, Darwin encontró a dos especies de peces del género Scarus, teñidos de un espléndido verde azulado, que se alimentan exclusivamente de coral “royendo con sus mandíbulas óseas las ramas”.
Puerco de agua
En Argentina, Darwin observó abundantes ejemplares del puerco deagua (Hydrochaerus capybara), considerado el mayor roedor del mundo. “Uno que maté de un tiro en Montevideo pesó 98 libras”, cuenta en su Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo. “Cuando se les ve a distancia parecen cerdos por su color y manera de andar; pero si están sentados sobre sus ancas y mirando atentamente a cualquier objeto con un solo ojo,presentan el aspecto de sus congéneres los conejos de Indias”.
Sudamérica
Durante sus expediciones por el continente americano el joven Charles Darwin vivió algunos de los mejores momentos de su carrera científica. Entre las coloridas aves que estudió se encuentra este naranjero (Thraupis bonariensis).
Mylodon darwinii
Los primeros restos fósiles conocidos de este mamífero gigante del Pleistoceno los descubrió Charles Darwin en Bahía Blanca (Argentina), y los analizó el paleontólogo Richard Owen. “Los dientes indican que estos animales megateroideos se alimentaban de substancias vegetales, y probablemente de las hojas y ramitas de los árboles –escribe en su diario–; sus
poderosas formas y grandes garras curvas parecen tan poco apropiadas para la locomoción que algunos eminentes
naturalistas han creído que, como los perezosos, vivían colgados de las ramas. Sin embargo es una idea atrevida, por no decir absurda, la de suponer árboles, aunque sean antediluvianos, con ramas bastante fuertes para sostener animales
tan corpulentos como elefantes. El profesor Owen, con mucha mayor probabilidad, cree que en vez de trepar doblaban hacia abajo las ramas y arrancaban las más débiles”.
La geología de Ascensión
El 19 de julio de 1836, durante su viaje a bordo del Beagle, Darwin hizo una pequeña parada en Ascensión, una isla volcánica que describe como “un conjunto de colinas cónicas, peladas, de un vivo color rojo, con los vértices de ordinario truncados, y que se levantan, aisladas, sobre una superficie plana de lava negra y escabrosa”. Se interesó sobre todo por su geología y por las “bombas volcánicas”, masas de lava lanzadas al aire en estado fluido que adquirieron forma esférica.
Gestos innatos
Darwin sostenía que la expresión de las emociones más básicas es innata. Observó, por ejemplo, que el asco se manifiesta con una elevación del labio superior, generalmente asimétrica, así como arrugas en la nariz y elevación de las mejillas arrugando los párpados inferiores. Estudios neurocientíficos recientes le han dado la razón, confirmando que estas expresiones evolucionaron para regular la acción de los sentidos, de tal manera que la respuesta facial al asco tiene como
Darwin sostenía que la expresión de las emociones más básicas es innata. Observó, por ejemplo, que el asco se manifiesta con una elevación del labio superior, generalmente asimétrica, así como arrugas en la nariz y elevación de las mejillas arrugando los párpados inferiores. Estudios neurocientíficos recientes le han dado la razón, confirmando que estas expresiones evolucionaron para regular la acción de los sentidos, de tal manera que la respuesta facial al asco tiene como
objetivo reducir percepción del exterior, cerrando parcialmente los ojos y las fosas nasales.
Expresiones faciales
En 1873 Darwin publica La expresión de las emociones en los animales y en el hombre, un libro en el que desarrolla interesantes ideas sobre la psicología humana y la comunicación no verbal. “Los movimientos expresivos dan vivacidad y energía a las palabras pronunciadas; pueden revelar -y a menudo revelan- los pensamientos con más sinceridad que las palabras, que pueden ser falseadas”, afirma.
Parientes del mono
En el libro El origen del hombre y la selección sexual, publicado en 1871, Charles Darwin sostuvo que el ser humano y el mono habían evolucionado a partir de un pariente común, un “eslabón perdido”. Y aseguraba que las leyes de la selección
natural podían aplicarse también a nuestra especie.
El árbol de la vida
Con este sencillo diagrama, Darwin expresó por primera vez de forma gráfica sus ideas sobre la evolución de las especies.
Balanos
En el mar, Darwin estudió a muchos crustáceos, entre ellos los balanos o bellotas de mar, distribuidos por todos los océanos del mundo y ubicados normalmente sobre las rocas o sobre otros animales marinos como las ballenas.
Avestruz americana
Durante la Navidad de 1833, un ñandú fue cazado y disfrutado en un almuerzo por la tripulación del Beagle. Darwin conservó la cabeza, el cuello, las plumas, las alas, las patas y parte de la piel para enviarlas a Londres para su clasificación, donde fue bautizada como Rhea darwinii en su honor.
El lagarto de las Galápagos
Este lagarto terrestre pertenece al género Amblyrhynchus, exclusivo de las islas Galápagos. Darwin describe a estos reptiles como “feísimos, de un tinte entre anaranjado amarillento y rojo pardusco”. “No son tímidos –añade–; cuando se les pone delante alguien, se quedan mirándole atentamente, retuercen la cola, volviendo la punta hacia arriba, se levantan sobre sus patas delanteras, mueven la cabeza verticalmente con rapidez e intentan parecer fieros; pero en realidad no lo son, pues basta dar una patada en el suelo para que bajen la cola y huyan tan aprisa como pueden”.
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CURIOSIDADES SOBRE DARWIN
A Darwin le encantaba probar de todo en la vida, incluyendo la comida. Lo cual lo hizo unirse al Club del Gourmet en la Universidad, donde probó todo pido de comidas. Incluyendo carne de halcón y búho, entre otras.
Quiso ser medico, como su padre, pero no soportaba la sangre.
Robert Fitz Roy, capitán del Beagle, estuvo a punto de rechazar a Darwin en su barco debido a la forma que tenía su nariz. Ya que el creía que por la nariz que tenia Darwin no era capaz de tener determinación para emprender el viaje.
Charles Darwin tiene 4 montañas con su nombre, una en California, otra en Tasmania y en la Antártica. La última en Tierra de Fuego, esta fue un regalo de Fitz Roy.
“El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida” era el título original de su obra mas conocida. Después de su 6ta edición se acortó el nombre a “El Origen de las Especies”. Creo que nadie podía recordar un nombre tan largo.
La frase: “La supervivencia del más fuerte” fue inventada por Herbert Spencer, y no por Charles Darwin.
Se casó con su prima después de hacer una lista de los “Pros” y los contras del matrimonio.
Perdió la fe cuando murió su hija, con tan sólo 10 años.
Era un fanático del Backgammon.
Dos siglos después de su nacimiento, y tras los feroces ataques que sufrió por parte de los religiosos de la época, la Iglesia de Inglaterra (anglicana) pidió recientemente disculpas a Charles Darwin por “malinterpretarle”
Darwin fue blanco de muchas burlas y se le hicieron multitud de caricaturas divertidas. En todas ellas se destaca precisamente el aspecto más ofensivo y verdaderamente revolucionario de su teoría: el hombre no es la culminación de la creación, sino que surgió por evolución como cualquier otro animal. Esta afirmación, malintencionadamente simplificada transforma “el hombre viene del mono” en, “el hombre es un mono”, una bestia.
Posiblemente esta es la más conocida, que apareció en la revista Hornet. Un cuerpo simiesco con el retrato de Darwin.
Variación del tema anterior, esta vez con un congénere.
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Algo más sutil. En la puerta de la sociedad de defensa de los animales un gorila protesta contra Darwin (que sostiene “el origen de las especies” bajo el brazo):
Gorila defraudado (llorando): este hombre quiere reclamar mi pedigrí. Afirma ser uno de mis descendientes.
Mr. Bergh: ¡Señor Darwin! ¡Cómo ha podido insultarle así!
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En la misma línea, aparentemente si aludir personalmente a Darwin:
“¿Soy un hombre y un hermano?”
“¿Soy sátiro o humano? / Ruego que el que pueda me lo diga / y sitúe mi lugar en la escala. ¿Un hombre en la forma de un simio / un simio antropoide / o un mono sin cola?”
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La revista francesa “La petite lune” incluyó algunas caricaturas de Darwin. Aquí lo vemos encaramado al árbol de la ciencia.
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Y aquí, en la misma revista, de nuevo convertido en un mono, atraviesa unos aros donde aparecen escritas palabras como “credulidad”, “errores” y “supersticiones”.
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Esta es mi favorita, sin duda. Se realizó durante los últimos años de la vida de Darwin (en los que se dedicó al estudio de las lombrices de tierra) y resume en gran parte todas las críticas. Del caos (Chaos) surge una lombriz que va “evolucionando” alrededor de un gran reloj (time’s meter) hasta convertirse en un caballero que saluda a un Darwin grecorromano apoteósico. Como leyenda: “Man is but a worm“, “el hombre no es más que un gusano”.
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Darwin el cazalombrices.
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La iconografía de Darwin como mono transcendió a él mismo como personaje e impregnó la visión satírica del conocimiento científico en general. Atención a la etiqueta del castizo Anís del mono: “Es el mejor. La ciencia lo dijo y yo no miento”. ¿Se le puede sacar algún parecido?
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Otro uso publicitario, en este caso de un enjuague bucal (Merchant’s Gargling Oil). Los textos son geniales:
“$10,000 reward for the proof of existence of a better liniment for human and animal flesh” “10.000 dólares de recompensa para quien demuestre la existencia de un enjuague mejor para carne humana y animal”
“If I am Darwin’s grandpa / it follows, don’t you see, / that what is good for man and beast / is doubly good for me” “Si soy el abuelito de Darwin / se deduce, ¿no lo ves? / que lo que es bueno para el hombre y la bestia / doblemente es bueno para mí”
Se que todo esto le hubiera dado igual,gracias amigo,por todo
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