dualidades parciales
Hay en la historia del pensamiento occidental o, porqué no, mundial, ilustrativas dicotomías y dualismos sobre esquinas opuestas de una misma controversia. En filosofía, por ejemplo, la discusión ontológica suele converger en una confrontación entre Heráclito y Parménides (movimiento vs estaticidad) y, en el terreno metafísico, a una entre Platón y Aristóteles (idealismo vs empirismo). Son poderosas herramientas intelectuales, pero también levantan un intento de “definitivismo” que no existe.
René Descartes y Sir Francis Bacon (aunque otros colocan a John Locke) son extremos famosos de la dualidad innatismo-experiencia, que Emmanuel Kant sintetizó en su monumental obra. Pero a Kant, sin opuesto aparente, se le adscribe a Platón. Y su opuesto sería Aristóteles, padre del cientificismo.
Hay que aclarar que no se habla aquí de discusiones, como si Jesucristo estuvo en el Tibet o no; o si Plutón es un planeta o no. Nos referimos a ideas enfrentadas, de modo que las condiciones favorables a una sean desfavorables para la otra. Excluyentes (no por ausencia de terrenos medios, sino porque sus partidarios así lo quieren).
Respecto al origen de la vida en la Tierra las tesis creacionista y evolucionista han luchado a brazo partido por un espacio en el corazón y en las aulas de la gente. Las últimas batallas las ha ganado la Teoría de la Evolución (o mejor dicho, la visión científica de la evolución), basada en datos más verificables y autocorrectiva, ello es, ajustable. Pero los creacionistas han contraatacado con seudociencia, como el “Diseño inteligente”. Una forma –astuta, eso sí- de adaptar los hechos a las ideas, con un caparazón aristotélico, por no decir cientificista.
Hay miles de dicotomías: alma-cuerpo; Yin y Yang; materialismo-idealismo… La autora Deborah Tannen describe la nuestra como una “cultura de la discusión” ("argument culture"

y para afinar más la traducción, deberíamos decir “cultura de la discutidera”, la irrefrenable tendencia a polarizar los tópicos, opiniones o acciones sociales… para luego defenderlas o refutar las opuestas. De acuerdo con Tannen, quien gana exhibe “la verdad” como un trofeo.
De una forma u otra, todos lo hacemos. En vez de buscar puntos medios, o múltiples perspectivas, la opinión pública suele refugiarse en posturas simplificadas, sin ambigüedad, como Guerra vs No-Guerra; Globalización-Antiglobalización y similares. Los políticos han llevado esta simplificación a peligrosos extremos de intolerancia y absolutivismo.
Pero volvamos al tema inicial: las dicotomías simbólicas. No siempre las obvias resultan las más adecuadas. Karl Marx y Adam Smith, por ejemplo, constituyen para mí una dicotomía forzada y sujeta a muchas imprecisiones. Mejor funciona la de Simón Bolívar y Nicolás Maquiavelo, en referencia al “deber ser” y a lo que “suele ser”.
Bolívar es el deseo y la acción basada en ese deseo, en la inspiración. El Libertador dice lo que debería ocurrir, su mundo es ideal y hacia allá se dirige. Maquiavelo se mueve en las sombras, es un "consiglieri", pero ve sin juzgar cómo actúan las personas. Ve lo que nadie ve, aunque esté frente a todos. Bolívar sueña y el impulso de la pasión es tal que alcanza grandes logros. Pero, al final, la realidad (aunque no la trascendencia) lo derrota.