gusto por el ocultismo
En las sociedades primitivas era común que el brujo de la tribu avaláse o bendijese ciertas acciones de ejércitos y reyes: nacimientos, muertes, excursiones de conquista... El matrimonio entre religión y Estado es mucho más antiguo de lo que imaginamos y acaso proviene de esta participación del shamán local en la vida pública.
Dos mil trescientos años antes de nuestra era, un rey Sargón escribió el primer tratado conocido sobre horóscopos e interpretación de los sueños.
El mítico Hermes Trimegistro, en Egipto, organizó las llamadas "ciencias herméticas" que establecieron la astrología tal cual la conocemos y otras aplicaciones esotéricas.
En Occidente, los griegos fueron más científicos que magos, pero los romanos retornaron un poco a la superstición, que se ligó con la de los bárbaros para formar una nueva mitología ocultista: la opuesta al cristianismo.
A decir verdad, en la Edad Media casi cualquier persona heterodoxa era hereje, bruja, adoradora del diablo. Giordano Bruno, sólo por sugerir en un tratado que los planetas eran como grandes seres y que podía haber vida en otros distintos de la Tierra, fue quemado vivo por apóstata.
Otros intelectuales fueron más afortunados. Sir Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes, a pesar del severo racionalismo que movía al inquilino de Baker Street, confesó su dedicación al espiritismo.
Harry Houdini, el legendario mago, tuvo un interés excesivo por el ocultismo, sobre todo a raíz de la muerte de su madre. Se dedicó a desenmascarar farsantes.
Más peligrosa fue la afición de Hitler a lo supranormal. Se dice que, junto a Rudolph Hess y otros jerarcas nazis, perteneció a la "sociedad de Thule", un grupo que creía en la tierra cóncava y una pasado de razas superiores, con dos lunas y gigantes.
El argumento de la película "Cazadores del Arca Perdida" no es descabellado: Hitler manifestó su profundo interés por el Arca de la Alianza hebreo y por la "Lanza de Longinos", que se dice atravesó el cuerpo de Cristo y confirió poderes extraordinarios a guerreros y reyes como Carlomagno.
Actualmente deben haber muchos brujos tras bastidores del poder, pero será en el futuro cuando conozcamos las historias. Al menos se sabe que algunos mandatarios africanos tienen aquelarres que son auténticos "gabinetes de la sombra".
También se supo, para verguenza de la administración Reagan, que la esposa del presidente consultaba con fervor un astrónomo y que éste llegó a influir en muchas de las decisiones del gobernante del país más poderoso del mundo.