hipnos(2): esoterismo y arte
Desde los autores del imaginario mesopotámico hasta “El sueño boca arriba” de Cortázar, pasando por Cervantes y Sor Juana Inés de la Cruz, los espejismos del dormir han tenido impacto en las religiones, las costumbres y en el arte. Sea “sueño profundo” o el llamado “sueño lúcido”, los espectáculos de entrecráneo han provisto imágenes, personajes y situaciones a innumerables líderes, místicos y artistas.
Los antiguos egipcios escribieron catálogos de sueños que inspiraron la vida diaria y la relación con los dioses. Ahogarse en el Nilo, que el rostro se transformara en Leopardo o comer pan blanco presagiaban tragedias. Un papiro del siglo XIII aEC menciona más de 100 tipologías (acciones como hacer cerveza, tallar piedra, tejer y, sobre todo, que aparecieran tales o cuales cosas). Por ejemplo, ver a un difunto significaba larga vida.
En el segundo siglo aEC se publicó el primero libro dedicado a la interpretación de lo soñado: Oneirocritica de Artemidoro, donde afirma que no hay, propiamente, sueños genéricos, sino una interpretación ad hoc para cada individuo. La persona, en cierta forma, construye sus sueños desde la vigilia.
Otro punto importante para los egipcios es la metáfora, ya que los sueños usan estas figuras connotativas para “narrarse”. Por ejemplo, si un animal salvaje representa enemigos, a cada persona se le aparecerá un animal distinto y en diferentes circunstancias. Queda de su parte proporcionarle el significado correcto si sigue las pistas.
La pintura ha sido prolija en mundos cocidos directamente en los hornos de las pesadillas. Jerónimo Bosch “el Bosco” anticipó el surrealismo con paisajes y personajes del Infierno. Si observamos el recuadro derecho del tríptico “El Jardín de las Delicias” observaremos la imaginería medieval de los avernos.
Igual Francisco de Goya, en el siglo XVIII e inicios del XIX. Su Saturno devorando a un hijo o la serie de caprichos expresan la pesadilla porque “el sueño de la razón engendra monstruos”.
Los británicos parecen muy dados a escribir después de despertarse: según S. Coleridge, su poema “Kubla Khan” fue inspirado minuciosamente por un sueño, aunque otros claman que fue una alucinación opiómana. Mary Shelley produjo su portentoso Franskenstein de una visión onírica rayana en pesadilla.
Y R. Louis Stevenson sacó la dualidad Jekyll-Mr. Hide de un acontecimiento de Hipnos (mas no hipnótico). De hecho su esposa narra que fue "despertada por gritos de horror de Louis. Creyendo que era una pesadilla” lo sacudió y él le dijo enojado: “¿Por qué me despertaste? Estaba soñando una gran historia de terror”.
¿Cómo hubiera sido la novela si lo hubiese dejado gritar un rato más?