Este lo escribí en 2007 y me gustaría compartirlo.
Más sobre mi en mi blog "Opiniones de una escritora aficionada", pueden buscarlo en Google o a través de mi blog "The Howell Effect" Google it!
Esta mañana hablaba con un amigo por Google Talk, me contaba acerca de una nueva chica con la que está comenzando a salir, después de haber terminado con su novia hace apenas algunas semanas. Me comentaba lo bien que se sentía con esta muchacha y cómo lo ha ayudado ese sentimiento hacia esta nueva persona superar el dolor causado por su ex.
Entre todas las cosas que me dijo, cuando ya casi finalizábamos la conversación me escribió algunas líneas que llamaron mi atención: “Oye, tu debes ser un gurú… gurú del amor”, este comentario causó muchísima gracia en mí así que le pregunté entre risas porqué me decía esto y entonces me volvió a responder: “Sabes mucho la verdad, y tus palabras calman” y entonces me vino la interrogante a la mente: ¿Hasta qué nivel una persona puede influir en otra hasta llegar al punto de calmar el dolor más profundo? ¿Por qué no podemos aprender a calmar nuestros dolores nosotros mismos?
Le he dado vueltas y vueltas a esta pregunta, tratando de buscarle una lógica a una situación así y para intentar explicarme bien contaré la historia de mi amigo.
Supongamos que mi amigo se llama Francisco, su ex novia se llama Claudia y la nueva chica se llama Liza. Francisco y Claudia llevaban muchos años juntos, casi nueve para ser exactos; se conocieron en la escuela secundiara. Tenían una relación normal como la de cualquier pareja escogida en forma aleatoria entre miles de parejas: con sus días buenos y los no tan buenos.
En el último año de universidad de Francisco, Claudia decide terminar con él, por que ha conocido a otro chico, quien según ella, le da lo que mi amigo no: atención. Lo cita un día para hablar y termina su relación con reclamos, en fin, todo un escándalo. Francisco entonces, decide acudir a mí en auxilio, porque se siente como si le hubieran arrancado el corazón y hubieran atacado su cuerpo vacío con algún arma nuclear, después de haber sido torturado por algún sádico —lo sé, es un poco exagerada mi comparación, pero lo pongo así porque era lo que su cara reflejaba cuando me vino a ver a mi casa— y piensa que desahogándose con alguien podrá liberar el dolor que siente. Yo recibo a Francisco en mi casa y hablamos durante buen rato, yo intentaba lo más que podía darle palabras de aliento —siempre basándome en mis creencias metafísicas—, intentaba pensar como Claudia para poder hallarle una explicación lógica a la manera en la que había actuado. No podía explicarme como dejas de una manera tan cruel a una persona con la has compartido tanto tiempo de tu vida, ¿es que acaso no significó nada para ti que ya no te importa tratarla mal? Bueno, eso no es lo importante, lo que quiero compartir con quienes me leen son algunas de esas cosas que según mi amigo Francisco “yo sé”.
El amor es un sentimiento que a veces pareciera no tener lógica y muchas veces ni siquiera una razón de ser, a veces amamos a personas que nos tratan mal, a personas que “debemos” querer, como nuestros padres y familiares y también a veces, amamos a quienes realmente se lo merecen, por sus actos, por sus palabras, por su apoyo o simplemente por su presencia en nuestra vida. La cuestión es que por más que el amor pareciera no tener lógica, la verdad es que si podemos encontrársela.
Cuando conocemos a una persona y compartimos muchas cosas de nuestra vida con ella, deberíamos ser lo suficientemente precavidos como para preguntarnos, ¿Qué nos aporta esta persona de nuevo en nuestras vidas? ¿De qué manera nos hace crecer? Y lo más importante: ¿Vale la pena amarla? Antes de dejar que un sentimiento crezca, sobre todo un sentimiento tan fuerte y a la vez tan frágil como el amor, hemos de cuestionarnos lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo. Por ejemplo: supongamos que tenemos una pareja nueva, la amamos porque llevamos mucho tiempo junto a ella, porque le contamos nuestras cosas y ella nos cuenta las suyas, porque es muy detallista y siempre nos sorprende con algo nuevo, pero ¿Es esta persona a quien deberíamos amar realmente? Puede que sí, puede que no. ¿Y cómo nos damos cuenta si lo es? Simple, es cuestión de sincerarnos con nosotros mismos y preguntarnos: ¿Qué nos ha enseñado esa persona a quien decimos amar? Durante el tiempo que he estado con ella, ¿Cómo ha mejorado mi calidad de ser humano? Y estas cosas se notan, de hecho son muy simples de notar, ahora que estoy compartiendo mi vida con una persona románticamente hablando, me puedo dar cuenta si soy más maduro, si controlo más mis emociones, si he aprendido a dialogar en vez de gritarle al otro, si esta persona vale tanto la pena como para no pensar en más nadie —y con esto último no quiero idealizar el amor de pareja—, serle fiel todo el tiempo que esté con ella y además si la otra persona presenta cambios positivos estando a nuestro lado, que se ven reflejados en su actitud como individuo.
Todos podemos encontrarle una lógica al amor para reducir las posibilidades de derrochar nuestro tiempo con una persona que realmente no nos conviene, y no es porque yo lo diga o porque nuestros padres nos digan “ese tipo no te conviene”, es porque el amor es algo que nos hace crecer, no es algo que se siente porque sí, es algo que cuando llegamos a sentirlo verdaderamente podemos decir: he crecido, soy mejor.
De cada bajón en el amor que tengamos, de cada persona con quien nos encontramos —ya sea que nos convenga o no— debemos sacar el mayor conocimiento posible, ya sea para no cometer los mismos errores o simplemente para estar preparados si en algún momento volvemos a cometerlos, poder calmar nuestro dolor más profundo.
Como respuesta para mi amigo, que sé leerá esto quiero decirle que no, que yo no debo ser el gurú del amor de nadie, cada quien debe aprender a serlo y encontrar la lógica del amor.
En cuanto a Liza, la nueva chica de mi amigo, sinceramente espero que les vaya muy bien y puedan construir algo hermoso juntos aprendiendo cada día más el uno del otro, incluso de las cosas más pequeñas.
Saludos!
Espero sus comentarios!