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Israel, judío entre las naciones > Marcos Aguinis

Offtopic2/1/2009

Israel, judío entre las naciones


Marcos Aguinis
Para LA NACION

Aunque no es una definición original, se la debería tener en cuenta. Israel
ahora condensa el milenario odio hacia los judíos y es tratado con el mismo
consciente o inconsciente prejuicio. Siempre es el culpable. Haga lo que
haga, siempre está mal, excepto cuando contribuye a su autodestrucción. Se
desconocen sus virtudes, se exageran sus defectos.

El odio a los judíos empezó hace más de 2000 años, antes aún de Cristo.
Prevalecen las teorías que lo atribuyen a la tenacidad con la que se
aferraban a un Dios único y abstracto que, además, era ético. Gracias a
Pablo, el apóstol de los gentiles, se expandió con fuerza el cristianismo
que, durante sus primeros veinte años, no se alejaba de las sinagogas.
Siglos más adelante, por la excepcional inspiración de Mahoma -articulada a
los textos del viejo Israel-, nació el islam. Pero ambos descendientes
tendieron al parricidio.

Para los cristianos, la llegada de Jesús significaba el fin de la función
"placentaria" de Israel: después de Cristo su supervivencia era vista como
impugnadora, anormal. Para los musulmanes, al no aceptar los judíos a Mahoma
como el último de los profetas, revelaban haber modificado sus propios
textos, donde habría sido anunciado; una redonda e imperdonable perversidad.


No obstante, tanto unos como otros fueron ambivalentes. Para los cristianos,
Dios no quiere la desaparición de los judíos, porque terminarán
convirtiéndose a la nueva religión y serán la corona del plan celestial.
Para los musulmanes son el Pueblo del Libro, junto con los cristianos, y
merecen un status superior al de los politeístas. Por eso en ambas
jurisdicciones hubo períodos de fértil convivencia y períodos de sanguinaria
persecución.

Los judíos conforman la comunidad humana que ha padecido el maltrato más
obstinado de la historia. Fueron convertidos en el chivo expiatorio de todos
los males, por absurdas que fueran las acusaciones. Por ejemplo, durante la
"peste negra" que asoló Europa, se les atribuyó haber envenenado los pozos
de agua y las turbas se dedicaron a incrementar el número de muertos judíos.
Tuvo que intervenir el Papa para frenar tamaña locura. Siglos antes se había
inventado el baldón del "crimen ritual": los judíos extraían la sangre de
niños cristianos para amasar el pan de su Pascua (¡!).

Este vampirismo (no olvidar el ejemplo de Shylock; y que hasta el Concilio
Vaticano II los judíos eran "deicidas", peor imposible), permaneció ajeno a
la tradición musulmana. Ahora el mundo musulmán ha sido colonizado por la
vasta producción antisemita occidental, incluido el "crimen ritual" que
genera terror.

En Egipto, país que ha firmado la paz con Israel y debería contribuir a
desalentar el odio, tuvo gran éxito una serie de TV donde se mostraba cómo
los judíos degüellan niños árabes sobre una palangana para llenarla con su
sangre y luego amasar el pan de la Pascua. No hubo condena de ningún
organismo internacional a tamaña usina de odio. La dolida queja de Israel
fue contestada con esta frase: "En Egipto hay libertad de expresión".

Predicadores, políticos e intelectuales tienden ahora, como en la década de
1930, a incentivar el antisemitismo "demostrando" que el sufrimiento de los
judíos, en vez de provocarnos solidaridad, debería hacernos comprender su
maldad incurable. Son auténticos verdugos, criminales. Ya no queda bien
calificarlos de "raza inferior", por supuesto. Los racistas son ahora los
judíos. Racistas, nazis, asesinos de niños, lo peor. En la Carta del Hamás,
por ejemplo, se los identifica según el libelo fraguado por la policía
zarista en Los protocolos de los sabios de Sión : provocaron todos los males
del mundo para dominarlo, incluida la Revolución Francesa, la Primera y
Segunda Guerraa Mundial, la Revolución Rusa y otras calamidades por el
estilo.

Recordemos que las grandes matanzas comenzaron por una intensa
descalificación. Luego resulta fácil avanzar. El Holocausto no hubiera sido
posible sin las centurias previas, donde el judío era asociado con ratas y
cucarachas. Las "leyes raciales" que lanzó Hitler durante años
deshumanizaron a los judíos hasta que en muchas partes del mundo se
considerara su eliminación como un acto de higiene.

El Estado de Israel es descalificado de la misma forma. Se lo acusa con una
tirria que no se aplica a otras naciones. En especial sobresale la izquierda
fascista, que ha traicionado sus ideales de origen y ahora se asocia con
dictaduras y teocracias. Si Irán, junto con las organizaciones terroristas
que apoya, lograse su objetivo de borrar a Israel del mapa, no se derramarán
muchas lágrimas, porque el mundo se está convenciendo de su malignidad
innata. Terminado el Holocausto, tampoco se derramaron demasiadas lágrimas:
los puertos del mundo se cerraron para los supervivientes, incluso los de
América latina y los Estados Unidos. Un año después de terminada la guerra
hubo otro progrom en Polonia.

El Estado de Israel no fue un regalo por causa del Holocausto, sino que
consiguió su independencia luchando contra la más poderosa potencia colonial
de entonces, que era Gran Bretaña. Los foros internacionales sólo le fueron
favorables en noviembre de 1947, cuando las Naciones Unidas votaron por más
de dos tercios la partición de Palestina en un Estado árabe y otro judío. Al
Estado judío no se le otorgaba casi ningún sitio bíblico de significación,
ni siquiera Jerusalén, cuya mayoría de habitantes era judía. Para
"compensar", le adjudicaron el vasto desierto del Neguev. Los judíos
aceptaron felices. Los estados árabes, en cambio, juraron violar esa
resolución y arrojarlos al mar. Ni mencionaron independizar un Estado
palestino. Tampoco lo crearon durante los 19 años en que ocuparon la Franja
de Gaza y toda Cisjordania.

En 1967, Egipto bloqueó el Canal de Suez para el comercio con Israel y le
cerró su salida por el golfo de Akaba. Manifestó que anhelaba borrarlo del
mapa (como ahora Irán) y exigió el retiro del colchón de la ONU para
terminar con la "entidad sionista". ¿Qué hicieron las Naciones Unidas?
Retiraron el colchón, por supuesto, y dieron luz verde al exterminio. Pero
el resultado no fue el que se esperaba.

Terminada la Guerra de los Seis Días, Israel ofreció la paz a cambio de la
devolución de territorios conquistados. La Liga Arabe se reunió entonces en
Khartun y emitió los famosos "Tres No": no negociar con Israel, no reconocer
a Israel, no firmar la paz con Israel. ¿Hubo una indignada reacción a
semejante hostilidad? Ninguna.

Sólo después de la Guerra de Iom Kipur el presidente Anwar El Sadat entendió
que era imposible destruirlo y manifestó su propósito de acabar con la
guerra. Entonces, el más duro de los israelíes, que era Menajem Beguin, le
devolvió hasta el último grano de arena del Sinaí, territorio tres veces más
extenso que todo Israel. No sólo eso: le entregó pozos de petróleo,
aeropuertos, carreteras y hasta los centros turísticos más sofisticados que
ahora posee Egipto, construidos por el mismo Israel. Como añadido, evacuó la
ciudad de Yamit, al sudoeste de Gaza que, de haber existido aún, hubiese
dificultado el contrabando de millares de misiles en los que gastaron ríos
de dinero los actuales señores de esa Franja.

Después de ceder el Sinaí, Israel siguió siendo acusado de "expansionista".
Es el judío, el maligno. Tampoco ayudó a la paz que evacuase por completo la
Franja de Gaza sin pedir nada a cambio. Y la esperanza de que cesara el
lanzamiento de misiles contra las poblaciones del sur. La Franja se
convirtió en un territorio Judenrein. ¿Qué hicieron los líderes de Hamás con
las 20 colonias paradisíacas que les dejaban los pioneros israelíes, llenas
de flores, árboles, invernaderos, centros sanitarios, granjas, escuelas y
hasta fábricas? ¡Las destruyeron, quemaron y convirtieron en escombros! ¿Fue
condenada esa depredación irracional? No.

¿Se mencionan otros responsables, además de Israel, por los sufrimientos del
pueblo palestino? El ejército jordano asesinó millares en el Septiembre
Negro de 1971. Siria mató más palestinos que Israel, según dijo el mismo
Yasser Arafat. Hamás ejecutó 370 palestinos cuando se adueñó de la Franja de
G aza y luego impidió la peregrinación a La Meca de los musulmanes que no
respondían a sus mandatos.

Cierro con pena. Los terroristas están ganando la campaña que enciende el
odio en vez de conducir a la moderación, el diálogo y la paz. Para ellos es
mejor que muera un palestino a que muera un israelí, por eso los usan de
escudos humanos. Cuando muere un israelí la prensa calla. Cuando muere un
palestino brota lava ardiente. Mientras más palestinos sufran y mueran, más
grande será la lástima. Pero esa lástima no aporta paz ni progreso.

Israel, judío entre las naciones, imperfecto como toda construcción humana,
deberá seguir tolerando la doble vara con que se miden sus acciones. Es
ineluctable. Pese a ello, sólo le queda reforzar lo que fortifica una buena
relación con los sectores pacifistas y racionales del mundo árabe. Ya ha
realizado mucho y bueno en varios campos, aunque de eso no se habla. Tiene
que hacer más. Allí reside su condena o su gloria.

Marcos Aguinis

27/01/2009





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