Cuanto dormí importa poco, solo importa que arrivé a retiro a las 6.30 hs. En dicho momento era impensable despertar a alguien de aquellos que ocupaban el departamente. Así que esperamos hasta las 8 para salir para Palermo.
La última vez que vine a Baires lo hice para disertar sobre ciegos y su inclusión en nivel superior. No soy muy mayor así que la facultad de Diseño y Arquitectura de la Cuidad Universitaria donde se celebro dicho evento me dejó maravillado. Nunca he recorrido la cuidad en detalle, no por falta de deseo. Desde aquélla última vez Buenos Aires ha cambiado un poco -y no lo digo por los carteles de la gobernación local en las paradas de bondi- hay cierta cosa en el aire, que quizás la soberbia porteña se ha perdido. En su lugar un despliegue de individualismo ya trillado. Creo que los porteños ya no tienen esa imagen de "me como el mundo" porque ya suena a lenguaje publicitario.
El Departamento en silencio cuando uno de sus habitantes nos abrió la puerta. La otra persona dormía, así que desayunamos en silencio, medio en la cocina y medio en el patio.
Luego charla, charla amena, charla introductoria y finalmente aquella que mas disfruto: La charla profunda. Nos cortó la charla la invasión de interrogantes, "que qué llevamos, que a qué hora vámos" Saliendo finalmente para tomar el bondi de palermo a Velez. 47 creo, no soy bueno para esas cosas.
En el colectivo los rostros se veían transparentes. Había laburantes, gente que iba para el recital -nativos e interioranos- y esos que uno no tiene idea que estarán haciendo. Recuerdo un rostro en particular: era rubia, muy pálida. Tenía buenos labios, perfectos, no demasiado gruesos ni carnosos. Llevaba una musculosa azul clásica -ropa de verano para no sudar en exceso- tenía 2 tatuajes, uno en el brazo izquierdo que era como uno de esas manchas vectoriales del equalizador gráfico del winamp; en el otro brazo eran como dos letras -ni en japonés ni trivales, por suerte- sino extrañas. En el centro de ambos tatuajes, en el medio de su torax, su piel se curvaba tan sutilmente. Tenía lo suyo la niña.
Después subieron dos con un tal. Llevaban aquella combinación de temprana juventud y belleza. Iban con alguien que podía ser su tío, su padre, su novio.
A mi lado tenía otra enchufada con su mp3 en volumen bajo. Nos indicó donde bajar y dijo que nos iba a avisar -de nuevo, cada vez que encuentro cortesía en Baires pienso como los medios nos amedrentan a los del interior.
Velez no parece gran cosa. Un flaco de Amnisty en la entrada, firmamos, conversamos, "así viniste la última vez, que loco!" bueno firmamos (era para la promoción de una ley contra violencia doméstica para ser presentada ante el ejecutivo).
Era temprano -7 o 7.30- así que pasamos rápido el control, no nos cachearon. Unas niñas cubiertas de licra y con generosos atributos comprobaron con un detector la autenticidad de las entradas -por qué licra y tetas? al fin y al cabo no venden nada.
En la entrada apareció ese que seguro esta siempre, pero como ha sido mi primer recital grande, me sorpredió: "Ustedes están en la última fila de platea, por una ayuda los puedo acomodar mejor" dijo como no diciendolo despues de haber tomado nuestras entradas. Entre confusión y apresuro nos acercamos los cuatro, lo paramos y dijímos que en CUANTO consitía la ayuda. "no sé, lo que tengan, 50, 40, 20, 5 cada uno. Bueno, accedimos. Mientras discutiamos la "moralidad" e inmoralidad de los hechos y la habitual corrupción presente en cada bendito escalafón de la sociedad llegamos.
Vélez -porque cada vez que pienso en velez viene ginsburg!- es un estadio clásico -aunque no tengo idea como sea uno, no me gusta el soccer, ni el deporte- había 2 plateas (inferior y superior) en cuatro de los lados. Un lado -frente- estaba vació, con el escenario adelante. Luego del escenario la mitad de la cancha cubierta de VIP's. Después otro espacio y un ballado. Finalmente campo -cierto, había una pantalla también para campo-. Nosotros veíamos el escenario como se ve a un vecino desnudo en alguna torre cercana. Las pantallas demasiado no ayudaban. Nos conformamos con pensar que estabamos mejor que los de campo. Con menos guita estabamos mejor posicionados que aquellos que veían solo una pantalla.
Ups, me tengo que ir. Después sigo...