Boludos pero contentos
Espectacularización del espectáculo
Un nuevo reino
Un nuevo reino

Una famosa nueva, famosa por imitar a Nacha Guevara que imita a Evita. Que imita a Eva no sólo en el teatro de las tablas sino en el teatro de la vida política, lo que algunos consideramos la vida real; no como actriz sino como perteneciente a “la clase política”.
Estamos ante una teatralización del teatro, una espectacularización, diría Guy Débord al cuadrado.
Pululan los programas, sobre todo televisivos que viven parasitariamente de los programas que hacen otros.
Son sin duda económicos; es el puro despliegue de cassettes o grabaciones regrabadas, con escasa producción material propia.
A veces son buenos, con críticas acertadas, pero lo que me resulta significativo de todos ellos es el denominador común que tienen con el pequeño acontecimiento que describiéramos al principio de estos borradores: la espectacularización del espectáculo.
La sensación de que vivimos en lo que en la jerga periodística llamamos un refrito permanente.
Se dice a menudo, es un lugar común, la realidad imita al arte. Empero, en este momento, en esta contemporaneidad que estamos viviendo la realidad imita a secas. Eso ha devenido la realidad; una imitación. El viejo simulacro que ya describiera genialmente el inolvidable Débord en los ’60, de “sociedad del espectáculo”.
Probablemente lo pudo ver entonces porque en el Primer Mundo ya era observable y por estas latitudes todavía estábamos enganchados en gauchajes, subversiones de comando, dictaduras militares y otras dimensiones, digamos más “tradicionales”. Pero la tinellización cunde y ya no se necesita ser Débord para verlo entre nosotros.
Sólo que medio siglo después de su consolidación aterra y su calidad, mejor dicho su falta de calidad, es tan pesante que nos preguntamos si no corren peligro una serie de atributos que siempre consideramos inherentemente humanos, aunque no fueran sus titulares todos los humanos.
Pienso en la racionalidad, la responsabilidad, el discernimiento (tan reivindicado por Gandhi), la capacidad crítica, el distanciamiento no entre humanos, ciertamente, pero sí el que nos permite evitar el inmediatismo intelectual o emocional…
La espectacularización del espectáculo nos aleja todavía más de la vida tal cual es, de los factores que realmente juegan y no hace a nosotros juguetes de factores que nos resultan básicamente ajenos.
Es el reinado de la heteronomía. Somos teledirigidos y lo peor, no sólo sin saberlo sino creyèndonos autònomos, como nos persuade a diario la propaganda. Para que Ud. elija lo que realmente es “lo suyo”…
Una heteronomía, sí, pero divertida. Porque Tinelli y al menos la Nacha que no es actriz nos ofrecen diversión.
La etimología de diversión es reveladora. El sentido originario todavía se lo ve en el lenguaje militar: divertir al enemigo es distraerlo, llevarlo a un sitio que no le va a resultar adecuado, “propio”. Tinelli nos divierte corriéndonos de lo que somos, podemos ser o tenemos que ser, para sencillamente pasarla bien un rato.
En dos palabras, boludos pero contentos.
Pero eso si, bien boludos.
Pero eso si, bien boludos.
- Luis E. Sabini Fernández es docente del área de Ecología y DD.HH. de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.