Sentir ganas de decir eso que callaste, o que desconocías y descubriste tarde, y ya no poder decirlo?
Bueno, a mi me pasó.
Mi abuelo vive en una estrella desde hace ya 10 años, unos días antes de las , para mi, mal llamadas “Fiestas”.
Yo tenía sólo nueve años, y no entendía qué había pasado, uno cuando es chico cree saber lo que es la muerte, porque es una palabra que ya ha escuchado en la tele, en conversaciones de grandes, y hasta en cuentos o historias infantiles o no tanto.
Modestín era un viejo de antes, de los que tomaban mate todo el día, y miraban boxeo. La dama juana de vino tinto, las quejas sin sentido. Gruñón, de gran carácter.
Como los tanos, aunque no era.
Siempre creí que nuestra relación era muy poco especial, mi adoración era plena hacia mi abuela, más tranquila, más dulce. Para ella siempre hubo cartitas, dibujos, regalos. Para él, con suerte, un beso cada vez que llegaba a casa.
Pasaron los años y llegué a acostumbrarme a su ausencia, incluso esa tristeza, de las que son patéticas, por no extrañarlo como creía que debía. Pero siempre el consuelo de pensar “Yo tenía nueve años, qué iba a saber?” y aunque uno ve el sentido del razonamiento, sabe que son puras tonterías.
El “Click”, como quien dice, pasó en el 2005, cuando me pasó algo verdaderamente increíble.
Iba a primer año del Polimodal, y una mañana llega Juli, (amiga del alma, hermana por elección) y se sienta en su banco, al lado del mío y me dice:
- Gi, te tengo que contar algo.. – No podía disimular su preocupación, ni puedo describir su rostro.
- Si, ¿Qué pasa? – Pregunté.
- Hace tres días seguidos que sueño con tu abuelo..
Juli nunca lo conoció, ni había visto, hasta ese momento, ninguna foto de él, ni siquiera habíamos hablado demasiado del tema. Supo que era mi abuelo porque, como sabrán, uno en los sueños sabe quién es cada persona, o por ahí pasa que uno sueña que está en su casa y realmente no es su casa, no? Esas locuras que tenemos..
Bueno, le pido que me cuente qué había soñado, y entonces me dijo:
- Nosotras íbamos al cementerio, y entrábamos como en un lugar (panteón) y en seguida nos cruzábamos a Florencia P. (Es una chica de Casilda que falleció cuando tenía 16 años, en 2001) y había más gente, y en el fondo estaba tu abuelo sentado en una ventana.
No les puedo explicar el escalofrío que sentí en ese momento! Apenas entrás al panteón donde está mi abuelo, ves el lugar donde está Florencia, y al fondo, al final, hay una ventana, y mi abuelo está ahí, a unos centímetros.
Era IMPOSIBLE que Juli supiera todo eso porque NUNCA lo habíamos hablado.
Bueno, el sueño seguía:
- Después tu abuelo se acercaba a nosotras, y te decía algo, pero vos no lo escuchabas. Y él seguía hablándote y vos agarraste y te fuiste. Y yo me quedé mirándolo, y él me miró y me dijo: “Decile a Gina que me venga a visitar”. Y me desperté.
No existe una sola vez que cuente esto, o lo escriba, y no explote en lágrimas.
No se imaginan lo que fue ese momento, terminamos las dos llorando, confundidas.
Llegué a mi casa y no pude contárselo a nadie. Y una de esas noches siguientes sentí el peor de los vacíos: me había olvidado de mi abuelo. Su voz, su cara, sus gestos, del mate, del boxeo, nada. Todo había sido borrado de mi.
Me acuerdo que me levanté de mi cama y fui llorando a despertarla a mi mamá (Su hija) y le conté; ya no recordaba nada del abuelo. Me miró como con lástima y sorprendida y me preguntó que cómo era eso, y yo contesté:
- Claro, no me acuerdo de nada. No me acuerdo que él me hacía tostadas con manteca y me las bañaba en azúcar, no me acuerdo que siempre mirábamos el zorro. Que me llevaba al campo en bicicleta y me decía que me agarre de su cinto para no caerme. No me acuerdo que me compraba caramelos y tenía que adivinar en qué mano estaban, ni que me decía “Y Gina? Cómo están los fideos?

” mientras hacía con las manos el OK y un ruido gracioso con la boca, no me acuerdo de…
Y ahí lo supe. TODO había vuelto a mi en un minuto, y entonces por fin entendí en la mentira, o en la estupidez que había vivido todo ese tiempo. Mi abuelo estaba presente en mi, nada más que nunca había querido sentirlo.
Y aunque fue hermoso sentirlo, me cuesta hasta el día de hoy vivir, o convivir con esta “culpa” de no haber aprovechado aún más el tiempo, sea mucho o poco, que tuve con él.
No dudo que él siempre supo y sabe que lo amé, lo amo y lo voy a amar siempre, pero cuánto daría por tenerlo aunque sea cinco minutos más y poder decírselo a los ojos.
Y pedirle perdón por todo, aunque él lo haya entendido, o hasta quizá (y ojalá) ni lo haya sentido como yo creo.
Juli unos días después cumplió su promesa y me acompañó al cementerio, y nunca más volvió a soñar con él. Yo creo que la “eligió” a ella, porque sabe que es a la única persona que iba a escuchar.
Mi abuelo vive en una estrella desde hace ya 10 años, pero desde y para siempre, va a vivir en mi corazón.
Abuelo, Te amo. Y pienso en vos, estés en donde estés.
Gracias, sólo quería compartirlo.