Hace ya un tiempo que no posteaba, pero aquí estoy de nuevo con mas enigmas de la humanidad, disfrútenlos.
Hoy veremos:
*La Mary Celeste
*El enigma de Fulcanelli
*La Torre de Babel
*Los mapas de Piri Reis
*El conde de Saint-Germain
Y en el próximo post veremos:
*El triángulo de las Bermudas
*Las poseídas de Loudun
*El secreto de los huesos de dragón
*Los curanderos filipinos
*Los estigmas de San Francisco
La Mary Celeste
Un velero al garete y sin tripulación
Desde siempre, el mar ha ejercido una profunda fascinación en las mentes, dando origen a un sinnúmero de historias difundidas por marinos de imaginación encendida. Una de ellas, el enigma de la Mary Celeste, contribuye a mantener el mito de los barcos fantasmas.
El 5 de diciembre de 1872, el Dei Gratias, bajo las órdenes del capitán Morehouse se encuentra a unas 600 millas de las costas portuguesas, cuando se cruza con un barco, la Mary Celeste que zigzaguea curiosamente y cuyas velas están casi todas desplegadas.
Una tripulación desvanecida
Al no responder la nave a las señales, Morehouse la alcanza y pide a tres de sus hombres que suban a bordo. Los marineros recorren la nave, que se encuentra desierta y sin sus botes salvavidas.
¿La tripulación de la Mary Celeste se deshizo del capitán Briggs antes de alejarse de la nave a bordo de botes salvavidas? (grabado del siglo XIX)
En la bodega descubren 1.700 toneles de alcohol y víveres para por lo menos, seis meses. El barco está en buen estado a pesar de la gran cantidad de agua acumulada en la entrecubierta y las bodegas. En contraposición, el sextante, el cronómetro y los libros de navegación han desaparecido; la bitácora se detiene el 25 de noviembre, registro que hace pensar que el barco anduvo a la deriva durante más de quince días y recorrió alrededor de quinientas millas.
Otras sorpresas esperan a los marinos, en particular, el hecho que seis ventanas de los camarotes de popa están clausuradas con tela y tablas de madera, la tripulación parece haber abandonado repentinamente el barco, sin razón aparente, para no volver más.
¿O un pulpo gigante atacó la Mary Celeste? (Ilustración de 1809 París, Biblioteca de Arles Decorativas)
¿Un barco maldito?
La Mary Celeste parece haber sido marcada por el destino. Su primer capitán muere incluso antes del viaje inaugural, durante el que choca con un barco pesquero. El 10 de junio de 1864, mientras se llama todavía la Amaron, uno de sus numerosos comandantes, Henri Winchester, se ahoga en el puerto de Boston. En 1858, el barco encalló a la altura de Key West. Comprado por sucesivos armadores navieros, el buque vuelve a naufragar, sobre la Isla de Cap-Bretón en 1887, a la vuelta de un viaje a Inglaterra, en el que hundió una goleta. Adquirida la nave por otro armador y rebautizada Mary Celeste, vuelve al mar. En 1872, sobreviene el drama que la haría célebre. Vendida y reparada, la Mary Celeste se hace a la mar. Pero los marineros la consideran maldita: cambia de dueño diecisiete veces, para escapar, en vano, a su siniestra reputación. En enero de 1885, su último capitán, G. C. Parker, para cobrar el seguro, la lanza voluntariamente sobre unos arrecifes a la cuadra de Haití. Acusado por ello del "crimen de baratería", es arrestado, pero muere antes de comparecer ante la justicia.
Una investigación difícil
La Mary Celeste es llevada al puerto de Gibraltar, examinada por las autoridades judiciales. Los resultados son decepcionantes, con la excepción del descubrimiento de una tajadura reciente de dos metros de largo, ubicada sobre la línea de flotación. Se encontraron también rastros rojizos sobre la borda pero investigaciones ulteriores comprobaron que se trataba de óxido. La hipótesis del procurador general Solly Flood es que la tripulación se emborrachó y asesinó al capitán, un tal Briggs, junto a su esposa, su pequeña hija y al teniente.
Los marineros habrían dañado el barco para dar la impresión que fueron obligados a abandonarlo después de haber chocado con unas rocas y se habrían ido en los botes salvavidas. Pero, como no se encontró ningún rastro de violencia a bordo del buque, esta explicación no convenció a todo el mundo.
Según el teniente Deveau, del Dei Gratias, los marineros asustados por la gran cantidad de agua que invadió las bodegas por alguna razón desconocida, habrían abandonado el barco pensando que iba a naufragar. Para él la tripulación murió probablemente en el mar.
En cuanto se supo del misterio de la Mary Celeste, la noticia estuvo en la primera plana de los diarios del mundo entero; posteriormente, al no resolver la investigación del enigma, las revistas piden a diferentes autores que conciban una explicación.
Respuestas novelescas
Conan Doyle y H. O. Wells responden al llamado. Los años pasan y se proponen las soluciones más diversas: islas volcánicas que habrían alzado momentáneamente el barco, ataque de un pulpo gigante, locura colectiva, envenenamiento e incluso, ¡la intervención de extraterrestres!.
Un periodista llamado William Klein imagina, por su parte, una conspiración montada por Morehouse y Briggs para obtener el premio por el salvamento. Pero esta hipótesis supone mucho esfuerzo para un resultado, por ende, modesto: la tripulación del Dei Gratias recibió sólo 8.528 dólares como premio por el salvamento. La quinta parte del valor del cargamento.
La leyenda, sin embargo, no deja de embellecerse y se le agregan ciertos elementos maravillosos, como el supuesto descubrimiento, en la cocina de la Mary Celeste, de un pollo todavía caliente y tazas de té humeantes, que acentúan el carácter misterioso del caso. En 1885, la Mary Celeste encalla una última vez, llevándose para siempre su secreto, que sigue siendo uno de los más célebres de la historia del mar.
Otros barcos abandonados
La historia de la marina está llena de enigmas parecidos al de la Mary Celeste. Decenas de naves en perfecto estado son abandonadas repentinamente y sin razón aparente por tripulaciones que jamás se han vuelto a ver.
Casos anteriores. En 1840, un barco francés, el Rosalle, es encontrado al garete en el mar, sin tripulación, con las velas izadas y su cargamento intacto. Ninguna huella de riña se encontró a bordo. En 1850, el Seabird es descubierto cerca de Newport, únicamente con un perro a bordo. El café aún estaba caliente sobre la cocinilla y los instrumentos de navegación todavía funcionando. Incluso hay olor a tabaco en los camarotes. En 1883, la goleta J. C. Cousins encalla sobre las costas americanas, cerca del faro de Canby (Oregon). Los guardacostas, llegados de prisa, no encuentran nadie a bordo. En la cocina, la estufa está todavía caliente y la mesa puesta. La bitácora, cuya última anotación es de la misma mañana, no menciona ninguna anomalía susceptible de explicar la huida de la tripulación.
Desapariciones contemporáneas. Barcos modernos, equipados con radios que les permiten pedir socorro sin demora, son también victimas de estas aventuras. En 1953, el Holchu es descubierto sin daños al garete entre las islas Nicobar y Andaman. Los testigos que suben a bordo constatan que el barco tiene todos los víveres y el combustible necesarios. Parece que estaban a punto de servir una comida. Y, aunque la radio funcionaba, la tripulación no envió ningún mensaje.
Ninguna explicación seria. Lo aparentemente súbito del abandono y la ausencia de rastros de violencia impiden creer en la hipótesis de actos de piratería o de un motín. Por lo demás, abandonar el navío en los botes salvavidas significa una muerte segura para la tripulación. En todos los casos citados, el misterio permanece sin respuesta.
El enigma de Fulcanelli
Un alquimista en el París del siglo XX
En 1926 fue publicado el libro El misterio de las catedrales, que hacia un recorrido del arte gótico en Francia y que proponía realizar una demostración curiosa, ya que, según él, los maestros alquimistas de la Edad Media habrían dejado testimonio de su ciencia en la arquitectura de los principales edificios religiosos del país.
El libro estaba firmado por Fulcanelli. ¿Quién era este hombre extraño que parecía conocer los secretos de la energía nuclear ocho años antes de Hiroshima?
Portada del libro El misterio de las catedrales, de Fulcanelli. realizada por Juan, Julián Champagne amigo del autor.
Seudónimo de un desconocido
Fulcanelli es ciertamente el más famoso y el más misterioso de los alquimistas del siglo XX. Su leyenda comenzó en 1920. En los reducidos círculos de los esotéricos, se lo considera como un "gran maestro" que aún estaría viviendo y prosiguiendo sus trabajos en París. Este rumor fue difundido por dos hombres, un joven de unos veinte años, Eugenio Canseliet, y su amigo pintor y ocultista Juan Julián Champagne. Ambos amigos hicieron correr el rumor de que el "maestro Fulcanelli" era un aristócrata de cierta edad, rico, distinguido y muy culto, un genio que estaría a punto de descubrir la piedra filosofal y el elixir que prolongaría la vida. Pero el hombre permanecía invisible, no asistía a ninguna reunión de los esotéricos y Champagne y Canseliet eran los únicos que se reunían con él.
Fulcanelli descifra un emblema
En Las moradas filosofales, escrito en 1929 Fulcanelli describió así una composición pintada sobre una chimenea del castillo de Dampierre: En conjunto, esta composición se presenta como un paradigma de la ciencia hermética. El dogo y el dragón ocupan el lugar de dos principios materiales reunidos y retenidos por el oro de los sabios, de acuerdo con la proporción requerida y el equilibrio natural según lo que nos muestra la imagen de la balanza. La mano representa al artesano, firme para manejar el espada, jeroglífico del fuego que penetra, mortifica y cambia las propiedades de las cosas, prudente en la repartición de las materias de acuerdo con las reglas filosóficas de los pesos y las medidas. En cuanto a los rollos de monedas de oro, éstos indican claramente la naturaleza del resultado final y uno de los objetivos de la obra... Tan expresivos como ésta son los pequeños medallones, de los cuales uno representa a la naturaleza, la que debe servir siempre de guía y de mentora al artista, mientras que el otro señala que el sabio autor de estos variados símbolos pertenecía a los rosacruces. La flor de lis heráldica corresponde, en efecto, a la rosa hermética. Junto a la cruz sirve, como la rosa, de insignia y de blasón al caballero y discípulo que había por gracia divina, encontrado la piedra filosofal
Dos libros insoslayables
Las fanfarronadas de los dos hombres convencían a muy poca gente cuando, en el otoño de 1926, apareció la prueba de la existencia del maestro: un libro notable, titulado El misterio de las catedrales, publicado en una lujosa edición de 300 ejemplares, el prefacio estaba escrito por Canseliet y el libro tenía 36 ilustraciones de Champagne. El texto aparecía firmado por Fulcanelli. El autor arrastraba a sus lectores a una serie de interpretaciones esotéricas de algunos monumentos muy conocidos, ya que se trataba de catedrales góticas. Dando pruebas de una erudición sorprendente y de un perfecto conocimiento, tanto de la historia del arte como de los símbolos esotéricos descubre en los edificios cristianos supuestos códigos con los secretos de los alquimistas.
Por ejemplo, señala que en el pórtico de la catedral de Nuestra Señora de Paris una estatua de la Virgen lleva unos medallones que representan los siete planetas asociados a los siete metales utilizados por los alquimistas: el Sol (oro), Mercurio (mercurio), Saturno (plomo), Venus (cobre), a Luna (plata), Marte (fierro) y Júpiter (estaño), Según él las claves de la transmutación, es decir, la operación de alquimia que consistía en transformar los metales en oro se encontraban disimuladas en el pórtico de tal modo que sólo los iniciados podrían descubrirlas. En 1929 apareció el segundo libro de Fulcanelli titulado Las moradas filosofales, que pasaba a los castillos medievales y viviendas centenarias por el mismo cedazo interpretativo. La arquitectura, las formas, las proporciones, los vitrales, las esculturas, todo era analizado por un Fulcanelli librado a una fascinante demostración. Aunque se podía o no seguirlo en sus lucubraciones, había que reconocer que la obra era magistral y que su autor era un hombre con una cultura poco común.
Los alquimistas, cuadro de K Seligmann, pintado en 1949 (colección particular).
¿Quién era Fulcanelli?
Aunque admirado y buscado por todos los esotéricos de París, Fulcanelli no aparecía por ninguna parte. Algunos sugerían que tal vez Canseliet o Champagne se escondían tras este seudónimo. Pero Canseliet parecía bastante joven y sus obras no poseían la facultad de análisis ni la visión global de Fulcanelli, Champagne parecía ser un candidato más plausible, ya que tenía más edad y más experiencia y su trabajo como artista pudo haberlo llevado a visitar todas las catedrales, castillos y otros monumentos nombrados. Pero su carácter no correspondía a la imagen que todos se habían hecho del autor de El misterio de las catedrales. Champagne era más bien un juerguista fanfarrón y alcohólico, no un sabio.
Se pensó en varios ocultistas famosos, como Pedro Dujols, Auriger, Faugerons, el Dr. Jaubert, Jolivet Castelot... Pero frente a cada nombre aparecía la misma objeción: estos hombres habían escrito otras obras y ninguna tenía el poder de las de Fulcanelli. Se pensó, por fin que podría ser Rosny el Viejo, autor de La guerra del fuego y de otras novelas de ciencia ficción, ya que era el único cuyo estilo como escritor tenía suficiente fuerza y cuya cultura filosófica y científica eran lo considerablemente vastas para ser Fulcanelli. Pero la vida de Rosny el Viejo era conocida hasta el menor detalle y no aparecían en ella los viajes que le hubiesen permitido conocer tan bien los edificios citados en estas dos obras, la única conclusión posible era que Fulcanelli no era ninguno de estos personajes, sino más bien un hombre que estaba vivo y que trabajaba fuera de los círculos de los esotéricos de su época.
Un encuentro sorprendente
El francés Jacques Bergier era también un personaje extraño y una persona de gran inteligencia.
Científico de alto nivel, apasionando investigador multidisciplinario, estaba dotado de una memoria extraordinaria que le permitió rendir testimonios de una precisión increíble. En junio de 1973, a petición del físico nuclear André Helbronner, de quien era entonces ayudante, se entrevistó con un hombre que le pareció, por muchas razones, podría ser Fulcanelli. Esta conversación fue relatada por Louis Pauwells en un libro publicado en 1963 y que tuvo un éxito inmediato, titulado El amanecer de los magos . El interlocutor de Bergier, quien rehusó siempre decir con quién conversaba, lo pone en guardia contra los peligros de manipular la energía nuclear. Al tratar todos los temas científicos con una gran soltura, dio testimonio de un extraño conocimiento acerca de los experimentos más recientes de Helbronner (aunque en verdad es su propio ayudante quien reporta sus palabras), y declaró, ocho años antes del bombardeo de Hiroshima (aunque el relato está fechado en 1963), que los explosivos atómicos pueden fabricarse con sólo algunos gramos de metal y, sin embargo, "arrasar ciudades enteras".
Agregó que "los ordenamientos geométricos de metales extremadamente puros son suficientes para desencadenar fuerzas atómicas, sin que sea necesario utilizar electricidad o la técnica del vacío".
Sin embargo, las investigaciones nucleares estaban estancadas en ese momento debido a los intentos en vano por utilizar uno y otro método... Si el testimonio de Bergier era sincero, implica que muchos años antes de que el norteamericano Oppenheimer descubriera el principio de la energía atómica, el misterioso Fulcanelli ya estaba en posesión de ese secreto.
¿Habrá encontrado Jacques Berger al último de los alquimistas?
La alquimia después de la alquimia
La alquimia vivió, en Occidente, su edad de oro entre el fin de la Edad Media y el comienzo de la época moderna. Después del siglo XVI por el contrario, esta disciplina se enfrentó a un creciente escepticismo. En el siglo XVII, sin embargo, un sabio de la categoría de Isaac Newton se preocupó de escribir cuidadosamente de su puño y letra un tratado de alquimia. Un siglo más tarde, se producen hechos como la Introducción del método cuantitativo en química, la identificación del oxígeno, se analizan el agua y el aire: la alquimia, como ciencia, ha pasado a la historia. Pero algunas teorías de los alquimistas, así como el ave Fénix, renacen en los descubrimientos de la física moderna: las investigaciones realizadas sobre la estructura atómica de la materia, las transmutaciones espontáneas de los elementos radiactivos, la modificación de las estructuras atómicas mediante el bombardeo de partículas confirman la unidad fundamental de la naturaleza, presentida por los filósofos esotéricos, desde Pitágoras a Flamel y Paracelso.
La Torre de Babel
Una escalera entre el cielo y la tierra
El texto del Génesis relata que los hombres, reunidos en la llanura de Shinear después del Diluvio, resolvieron levantar una torre gigantesca. Dios (Yahvé), al ver lo que intentaban, obstaculizó sus planes “confundiendo sus lenguas” de modo que los obreros no pudieran entenderse entre si.
Al quedar incapacitados de trabajar de común acuerdo, los constructores abandonaron la empresa y se dispersaron en diferentes direcciones. La torre inconclusa y la ciudad edificada en torno a ella se llamaban Babel o Babilonia.
El relato bíblico
Tenía entonces la tierra un solo lenguaje y unos mismos vocablos. Sucedió que, al emigrar los hombres desde el Oriente, encontraron una llanura en el país de Sinear y se establecieron allí. Se dijeron unos a otros: "Ea; fabriquemos ladrillos y cozámoslos al fuego". Les sirvió el ladrillo de piedra y el asfalto les sirvió de cemento. Dijeron después: "Ea; edifiquémonos una ciudad y una torre con su remate hasta el cielo y hagámonos un nombre, no sea que seamos dispersos sobre la superficie de toda la tierra". Bajó el Señor para ver la ciudad y la torre que habían edificado los hijos de los hombres. Dijo el Señor: "He aquí que todos ellos son un solo pueblo y un solo lenguaje; si es esto lo que comienzan a hacer, nada entonces les será imposible de todo lo que proyecten hacer. Ea; bajemos y confundamos allí su lenguaje, para que unos no entiendan el lenguaje de los otros". Después el Señor los dispersó de allí sobre la superficie de toda la tierra, y cesaron de edificar la ciudad. Por esto se llamó su nombre Babel, porque allí confundió el Señor el lenguaje de toda la tierra y de allí el señor los dispersó sobre la superficie de toda la tierra.
La leyenda de la confusión de las lenguas
La leyenda de la confusión de las lenguas tiene un origen etimológico. El relator bíblico, que escribió posiblemente en tiempos del cautiverio de los israelitas en Babilonia, interpreta la palabra Babel en el sentido de “confusión”, en este caso, confusión de lenguas.
Del mismo modo, los griegos, que no comprenden el lenguaje de los extranjeros y, en primer lugar de los persas adoptan más tarde la costumbre de designarlos con el nombre peyorativo de “bárbaros”. La repetición de la sílaba “ba” simboliza la desorganización aparente de los dialectos no griegos, cualesquiera que sean, con respecto a la rigurosa organización de la lengua de Homero.
En todas las épocas, el mito de la Torre de Babel ha inspirado a los artistas: la Torre de Babel de Bruegel (Viena, Kunsthistoriscbes Museum).
Aún en nuestros días, el lenguaje abundante y confuso de los niños se denomina balbuceo, y se califica como “bla bla”. Pero la leyenda del castigo divino de la diversificación de las lenguas se inscribe igualmente en la nostalgia de una época de oro donde todos hablaban un lenguaje común que aseguraba la paz y la comprensión.
Este sueño se revela en el relato cristiano de la glosolalia y de Pentecostés: San Pablo atribuye a los primeros cristianos la facultad de expresarse en una lengua distinta de la que hablaban comúnmente bajo el efecto de un trance místico, y los Hechos de los Apóstoles evocan el milagro de la venida del Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, que da a los discípulos de Cristo el don de expresarse en lenguas o dialectos de otro modo desconocidos por ellos...
La Torre de Babel, grabado de Gustave Doré. (París, Museo de Artes Decorativas).
“Que su cúspide se eleve hasta el cielo”
Pero la leyenda de la torre reposa sobre una realidad. Existía en efecto en Babilonia una construcción de varios pisos, llamada zigurat de acuerdo al vocablo babilónico, de origen desconocido y que fue restaurada en tiempos de Nabopolasar (625-605 antes de nuestra era), fundador de la dinastía caldea. Esta construcción se llamaba Etmenanki, “la mansión de lo alto entre el cielo y la tierra”. Una inscripción que data del tiempo de Nabopolasar señala:”Marduk (el gran dios de Babilonia) me ha ordenado colocar sólidamente las bases de la Etmenanki hasta alcanzar el mundo subterráneo y hacer de este modo que su cúspide llegue hasta el cielo”. En otra inscripción, de los tiempos de Nabucodonosor, se precisa que la decoración de la cúspide estaba hecha de “ladrillos de esmalte azul brillante”, es decir, adornada del color del cielo, perfectamente adaptado para dar la impresión que el edificio se perdía en el azul infinito.
Sin embargo, nada permite pensar que los babilonios levantaron tal construcción por presunción. Según la inscripción más antigua, lo hicieron por orden del dios Marduk y parecen haberla hecho para asegurar la armonía entre el cielo y la tierra. El historiador Heródoto, que visita Babilonia hacia el 460 antes de nuestra era, relata que un dios visitaba a una mujer que dormía en una habitación en lo alto del edificio. Etmenanki aseguraba el vínculo, la unión, entre dos realidades opuestas lo alto y lo bajo, el mundo de los dioses y el de los hombres.
Un destino funesto
En el Génesis figura un contrasentido cuando se dice que los constructores tenían malas intenciones. Sin embargo, aunque así hubiese sido, el relato bíblico mezcla además lo verdadero y lo falso. Según la leyenda, pueblos de distintas procedencias, que por lo tanto hablaban lenguas diferentes, trabajaron en la construcción del edificio.
Torre de Samarra en Irak, ¿se parecería la torre de Babel, a este minarete abasida?
En otra parte, la inscripción de Nabucodonosor afirma ”A todos los pueblos de numerosas naciones (...) yo (los) obligué a trabajar”. Pero esta diversidad étnica no impidió el término de los trabajos. Sin embargo, parece efectivamente que un destino funesto se ensañó con la torre. Construida con esfuerzo, a lo largo de muchos reinados, sobrevivió poco tiempo. Babilonia, que cayó en 539 bajo la dominación persa, se rebeló en 482. Jerjes I que la puso nuevamente bajo su autoridad, tomó represalias que causaron serios daños al monumento. Un siglo y medio mas tarde, en 331, Alejandro el Grande estableció su capital en Babilonia, y cuando vio la torre en ruinas, trató de restaurarla. Pero ello le demandó tanto trabajo, que renunció a su proyecto. A continuación, la torre sirvió de cantera a los constructores de los alrededores, que la redujeron a un montículo informe. Sobre ella se construyó un edificio y, cuando éste se desplomó, cubrió las ruinas de la torre inicial, escondiéndola por muchos siglos.
El aspecto de la torre ¿Dónde está la torre?
Entre el siglo XVI y los inicios del siglo XX, numerosos viajeros y exploradores occidentales fueron a Mesopotamia y se esforzaron en localizar el famoso edificio. Algunos propusieron ubicarla en Afar Quf, al oeste de Bagdad, otros, en Borsippa, en las proximidades de Babilonia. Sólo las excavaciones arqueológicas permitirían establecer la verdad.
Las pruebas arqueológicas. En 1913, el arqueólogo alemán Robert Koldewey descubrió finalmente la ubicación de la torre. Su base es un cuadrilátero de 91,55 m por lado. Su centro, que es la parte más antigua, está formado por un núcleo de ladrillos crudos, cuya altura fue aumentada en tiempos de Nabopolasar y de Nabucodonosor y que fue cubierto de un nuevo paramento de ladrillos cocidos. Las excavaciones han dejado a la vista tres escaleras, dos laterales y una central; esta última perpendicular a la estructura del edificio.
El testimonio de los textos antiguos. Estas reseñas han sido apoyadas por textos antiguos, como el relato de Heródoto y sobre todo la tablilla llamada “del Esagil”, conservada en París en el Museo del Louvre, copiada en el año 229 antes de nuestra era de un documento antiguo que describía el estado de la torre. De una altura de aproximadamente 90 m, el edificio piramidal tenía siete pisos, hechos de muros con resaltos, sin duda verticales. El último piso tenla instalaciones para el culto, adornadas con los ladrillos esmaltados azules de Nabucodonosor.
Los mapas de Piri Reis
Cartas marinas adelantadas a su época
En 1929 es hallado en Constantinopla un mapa incompleto, fechado en 1513, que representa América del Sur y África en longitudes relativas correctas, hecho que parece imposible teniendo en cuenta los conocimientos cartográficos del siglo XVI. Investigaciones posteriores establecen que existen mapas similares en el mundo.
El autor del mapa de Constantinopla es un turco: el almirante ("Reis" ) Piri Ibn Haji Memmed. En las anotaciones que acompañan al documento, afirma que de los veinte mapas que sirvieron como fuente para su trabajo, algunos son de la época de Alejandro Magno (lo que parece continuar la similitud de las unidades de medida con aquellas de los fenicios y de los cartagineses) y que otros están basados en las matemáticas.
El mapa del misterio
A fines de los años 50, una copia del mapa llega a manos de un americano considerado especialista en la materia, el capitán Mallery. Este cree descubrir que representa parte de la Antártica, ese continente recubierto de hielo hace 10.000 años y reconocido por los europeos sólo en el siglo XIX... El documento es estudiado posteriormente por otro especialista, el profesor Hapgood, asistido por sus estudiantes. Al cabo de varios meses llegan a una conclusión similar: Piri Reis habría entregado detalles geográficos absolutamente desconocidos en su época.
El almirante Piri Reis
Seguramente de origen griego- cristiano e hijo de renegado. Piri Reis es uno de los grandes corsarios del Imperio otomano y contribuye ampliamente en asentar su poder en el Mediterráneo. Durante una vida agitada y llena de aventuras sangrientas, Piri Reis, quien es un hombre culto, se toma el tiempo para escribir el Bahriye, una obra sobre la navegación en el Mediterráneo, enriquecida con 207 mapas. También dibuja su mapa del mundo de 1513. Lo que subsiste de él se conserva hoy en el Museo Topkapi Sarayi de Estambul. En 1551 es ascendido al rango de comandante en jefe de la flota de Egipto. Después de una campaña en el golfo Pérsico es víctima de una cábala y es decapitado en 1554 por Solimán el Magnifico.
La lectura del mapa
El mapa no utiliza las longitudes y las latitudes, sino un sistema llamado de los "ocho vientos", obtenido gracias al compás y que funciona a partir de un centrado de las diferentes partes del mapa, sobre puntos desde donde parten rayos de círculo formando entre ellos ángulos de 22,5 grados. Después de años de investigación y de resolver innumerables problemas técnicos, el equipo del profesor Hapgood logra efectuar la transposición del mapa en medidas geográficas modernas. Este revela, para empezar que Piri Reis no hizo otra cosa que unir unos con otros trozos de portulanos (mapas marinos medievales) más antiguos, y no siempre a la misma escala.
Algunos fueron incluso mal orientados. No conociendo, y por razones obvias, los lugares que concernían. Piri Reis cometió errores crasos: el Amazonas está dibujado dos veces y faltan tres porciones claramente repetidas de la costa este de América del Sur. La parte oeste del continente está completamente ausente, salvo por una porción norte-sur que representa con bastante exactitud la costa chilena, pero está ubicada al azar. En cuanto a la parte que corresponde al Caribe y a la costa este de América Central, está muy confusa y mal orientada. Pero una vez descubiertos y compensados los errores, se descubren detalles sorprendentes.
Mapa del océano Atlántico con las costas orientales del Nuevo Mundo, las costas occidentales de la península Ibérica y de África (detalle del planisferio de Piris Reis, Museo, Topkapi Sarayi de Estambul.
¿Un falso mapa, o bien la herencia de fuentes antiguas?
La representación de los continentes europeos y africanos es de una precisión extraordinaria y aparentemente imposible de obtener en una época donde el cálculo de la longitud era desconocido. En América, la enorme isla de Marajo, en la desembocadura del Amazonas, está dibujada con exactitud, sin embargo, su descubrimiento data de 1543 y los cartógrafos de fines del siglo XVI, incluyendo a Mercator, no saben situarla bien. Los Andes también están representados, aunque eran desconocidos en la época de Piri Reís y una llama, mamífero típico de esta región, figura en la ilustración; los europeos jamás habían visto ese animal. El mapa menciona además las islas Malvinas, descubiertas en 1592.
Otros puntos intrigan aún más y apoyan la tesis de la gran antigüedad de las fuentes del mapa. Hay, por ejemplo, dos grandes islas un poco por encima del ecuador que no existen en nuestros días (la localización de una de ellas corresponde a la meseta submarina situada bajo los islotes San Pedro y San Pablo), pero el almirante las sitúa en el paso de la dorsal que atraviesa el Atlántico de norte a sur.
Es inútil decir que nadie sospechaba de la existencia de estas montañas submarinas en esa época. Otras islas figuran en el Polo Sur, escondidas bajo el espeso hielo antártico; éstas fueron descubiertas recién en 1958. El portulano compuesto del almirante turco y los otros mapas "imposibles" del medioevo provienen, según algunos de sus autores, de documentos muy antiguos originarios de la biblioteca de Alejandría. Estos parecen indicar que experimentados navegantes recorrieron el globo hace quizás 10,000 años y lo cartografiaron, mientras Europa se encontraba en la prehistoria. Este trabajo de cartografía puede efectuarse sólo en el marco de una civilización suficientemente avanzada, corno para tener buenos barcos, saber calcular latitudes y longitudes y ser suficientemente organizada como para emprender expediciones de largo alcance. Tal vez fue la Atlántida, ese mundo fabuloso que aparece con distintos nombres en el pasado de todas las civilizaciones antiguas. Estos mapas son conocidos y catalogados por los organismos especializados. Se les encuentra también en los atlas, como aquel de Nordenskjöld (1889). Habiendo sido descartada la falsificación, los escépticos prefieren ignorar el tema.
Ese no es caso de Paul-Emile Víctor cuando se da cuenta a principios de los años 1950 que otro mapa problemático aquel del italiano Zeno, fechado a fines siglo V, tiene varios siglos de adelanto con respecto a sus propios descubrimientos, entre 1949 y 1951, del subsuelo rocoso de Groenlandia.
¿Tenían los misteriosos mapas medievales como origen antiguos documento que se salvaron del incendio de la Biblioteca de Alejandría, en el 47 antes de nuestra era?
Los mapas del imposible
Si bien el mapa de Piri Reis se ha hecho célebre, no es el único mapa antiguo en presentar problemas.
Las tierras bajo el hielo. Una parte del mapa de Oronteus Finaeus (1531) muestra con increíble precisión la Antártica libre de una gran parte de sus hielos, o sea, como debería haber estado hace 4.000 años antes de nuestra era. Una excelente reproducción aparece en el Atlas del explorador sueco Nordenskjöld publicado 69 años antes de la primera marcación de los contornos reales de la Antártica.
Vuelta a las Américas. Hajdi Ahmed en su mapa del mundo de 1559 ofrece una representación enigmática y muy moderna de las Américas y sobre todo de sus costas oeste. La forma de los actuales Estados Unidos está reproducida ahí con una perfección que sólo se conseguirá dos siglos después...
África y Extremo Oriente. En 1502, De Carneiro dibuja un mapa representando la totalidad de las costas africanas, en una fecha en que los navegantes de su país sólo tienen de ella una idea bastante vaga. En 1510, otro portugués, Jorge Reinel, representa el océano Índico con una exactitud incomprensible, ya que en su época no se sabe calcular las longitudes. En cuanto a China, ésta es dibujada fielmente en un mapa chino grabado sobre piedra en 1137 y que sólo podría haber sido hecho con la ayuda de la moderna trigonometría esférica.
El misterio trasciende a Europa. Ibn ben Zara (1487) y Benincasa (1508), cartógrafos árabe y portugués, muestran Europa del Norte recubierta de un glaciar parecido a aquel que lo recubría hace 12.000 años antes de nuestra era... Finalmente, unos portulanos, en particular el de Dulcert (1339), parecen copias de mapas actuales en una época donde la cartografía auténticamente medieval hace prueba de mucha fantasía. Algunos, como el sueco Nordenskjöld, piensan que un portulano "modelo" originario de la más remota antigüedad fue encontrado a fines del siglo XII y, posteriormente, copiado por cartógrafos medievales.
El conde de Saint-Germain
Un extraño caballero supuestamente inmortal
Durante su paso por Paris, entre 1758 y 1760, se conoce al sorprendente conde de Saint-Germain. Tanto en los salones de la capital como en las cortes de Europa, circulan rumores insensatos acerca de su edad, ¡tendría más de tres mil años, habría conocido a Jesucristo, sabría fabricar diamantes y volverse invisible!
En 1745 se menciona por primera vez al conde de Saint-Germain... Este hombre que parece tener cincuenta años y que vive en Londres desde hace dos, es detenido ese año portando cartas favorables a los Estuardo. Inglaterra, que acaba de reprimir la revuelta de los jacobitas, desconfía de los extranjeros y mas especialmente de los franceses: durante varias semanas Saint-Germain es mantenido bajo arresto domiciliario. Reconoce entonces dos cosas: vivir bajo un nombre falso y no querer tener nada que ver con las mujeres. La personalidad de Saint-Germain es lo suficientemente intrigante para que Horacio Walpole, miembro del Parlamento y amigo de Diderot y del resto de los enciclopedistas, lo cite en su correspondencia, describiéndolo como un "hombre singular".
El conde de Saint-Germain, se creía alquimista e inmortal.
El amigo de Luis XV
Saint-Germain deja Londres en 1746; ¿qué hace entonces? No se sabe nada de él durante doce años. Según algunos, se va a Alemania, donde se dedica a las investigaciones químicas y alquímicas. Según otros, viaja hasta la India y el Tíbet; no existe ninguna prueba de sus periplos, pero más tarde se constata que el conde posee un profundo conocimiento de Oriente.
Llega a París a comienzos de 1758, e inmediatamente envía una petición a Marigny, director de Obras y Edificios del rey. Solicita que una casa real sea puesta a su disposición para poder instalar ahí un laboratorio y una fábrica, prometiendo a cambio a Luis XV "el más rico y más raro descubrimiento que se haya hecho". Abierto a la investigación de las "artes útiles", Marigny le asigna el castillo de Chambord, gran construcción abandonada en ese entonces. Saint-Germain instala en las dependencias a sus asistentes, sus obreros y su laboratorio.
Sin embargo, pasa más tiempo en París que en Chambord y, rápidamente, es invitado a los más famosos salones. Se presenta ante a marquesa de Pompadour: ésta, seducida, lo presenta al rey. Luis XV aprecia inmediatamente al brillante personaje que se incorpora pronto al círculo de sus más cercanos. En estas circunstancias, Saint-Germain es descrito como un hombre de cuarenta y cinco años, a pesar de que han pasado más de diez desde su estadía en Londres.
Saint-Germain y Casanova
En mayo de 1758, Casanova se encuentra con el conde de Saint-Germain en una cena de la marquesa de Urfé. Así es como lo describe en sus Memorias, "Saint-Germain se creía prodigio, y muchas veces lo lograba. Su tono era decidido, pero su naturaleza era tan estudiada que no desagradaba. Era tan sabio, hablaba perfectamente la mayoría de las lenguas: gran músico, gran químico, de una apariencia agradable y un maestro para atraer a las mujeres, ya que al mismo tiempo les daba aceites y cosméticos que las embellecían, se jactaba no de rejuvenecerlas, ya que tenía la modestia de reconocer que eso era imposible, sino de conservarlas en el estado en que las hallaba, por medio de un agua que, según él, era muy costosa, pero que se las regalaba (...) Este hombre singular y nacido para ser el primero entre los impostores, pretendía con un tono seguro, y para salir del paso, que tenía trescientos años, que tenía la panacea y hacía todo lo que quería con la naturaleza. Sabía cómo fundir los diamantes y de diez o doce pequeños fabricaba uno del agua más bella sin que éstos perdieran ni un gramo. Todas estas operaciones eran para él sólo bagatelas. A pesar de sus fanfarronadas, sus mentiras evidentes y sus excesivos disparates, no pude encontrarlo insolente. Tampoco respetable. Lo encontraba sorprendente, ya que me sorprendió (...) Este hombre singular asistía frecuentemente a las cenas de las mejores casas de la capital, pero no tocaba nada, diciendo que su vida dependía del tipo de comida que comía y que nadie más podía saberlo...
Descanso durante la caza, pintura de Carvale Van Loo (Paris, Museo del Louvre). Saint-Germain habría logrado introducirse en el ambiente de los grandes, frecuentando, especialmente, en Francia, a Luis XV y a la Pompadour (sentada en el banco).
Leyenda y desgracia
Dos anécdotas auténticas provocan los rumores acerca de los conocimientos alquímicos y la inmortalidad del conde de Saint-Germain. Esta es la primera: posee una bellísima colección de piedras preciosas y cierto día pretende ante el rey saber rectificar las imperfecciones de los diamantes.
Luis XV le encarga entonces un diamante manchado. Unos días más tarde. Saint-Germain lo trae perfectamente puro. ¿Utilizó un procedimiento químico o simplemente mandó tallar una piedra idéntica? Es un misterio. La segunda anécdota ocurre durante una cena con la anciana condesa de Cergy, que reconoce en él a un hombre que había conocido en Venecia hacía cincuenta años. Quizás simplemente por entretenerse, Saint-Germain no la desmiente: la historia da la vuelta en París.
Sin embargo, si el conde se ha ganado la simpatía del rey, se ha desvinculado del poderoso duque de Choiseul, principal ministro de Luis XV, que lanza una campaña para desacreditarlo. Choiseul le paga a un bufón llamado Gauve para imitar al conde de Saint-Germain y hacerse pasar por él. Gauve recorre los salones bajo la identidad de Saint-Germain, contando las historias más inverosímiles: que se tomó un trago con Alejandro el Grande, que estuvo de francachela en la boda de Casal y que, por lo demás, conoció muy bien a Jesús, a quien le había predicho un fin trágico. También, que había estado con Carlomagno. El fraude es pronto descubierto y Gauve es reconocido: pero las historias se siguen divulgando. Contrariamente a lo que espera Choiseul, el verdadero Saint-Germain no resulta ridiculizado, sino engrandecido, rodeado de ¡un aura misteriosa!
Despechado, el ministro debe esperar hasta 1760 para lograr deshacerse de Saint-Germain, acusándolo de espionaje. Habiendo caído en desgracia el conde se refugia en los Países Bajos.
En los años siguientes se le ve en Italia, en Rusia, en Saxe, en Prusia: en todas partes, intenta montar laboratorios para seguir adelante con sus investigaciones... acerca de los pigmentos y los colores.
El castillo de Chambord, donde el conde tuvo durante un tiempo su residencia y su laboratorio.
La muerte del inmortal
En 1766, se coloca bajo la protección del rey de Prusia Federico II, pero lo deja al año siguiente. Finalmente llega a Gottrop, en el Báltico, donde es recibido por el príncipe de Hesse. Según el príncipe, a quien le hizo confidencias, muere ahí en 1781, a la edad de 93 años. Sin embargo, físicamente aparentaba sólo sesenta.
Apenas se conoce la noticia, muchos se niegan a creer en la muerte del conde. Surgen los testimonios: algunos citan su presencia en un congreso masónico en 1785, se lo ve en Venecia en 1788, habría prevenido a María Antonieta de una inminente revolución al año siguiente, habría asistido al congreso de Viena en 1815, un inglés lo habría encontrado en Paris bajo Luis Felipe, otros lo habrían visto en 1905 en el Tíbet luego en 1926 en Roma. Testimonios que desgraciadamente son poco creíbles, al igual que el relato del pequeño anticuario llamado Richard Chamfrey, transformado en mensajero del corazón y del horóscopo de revistas para adolescentes que en 1972 intenta usurpar la identidad del ilustre personaje del siglo XVIII para tratar de seducir a una cantante de variedades.
¿Quién era Saint-Germain?
A pesar de la docena de pseudónimos que usa durante sus peregrinaciones, actualmente se sabe algo acerca del origen de Saint-Germain: sería hijo natural de la reina de España Marie-Anne de Neubourg, viuda de Carlos II, y de un noble, el conde de Melgar. Este parentesco explicaría el tren de vida fácil que siempre ha llevado, su educación y su cultura. Efectivamente, además de sus conocimientos puntuales de química, Saint-Germain es reconocido por sus contemporáneos como un hombre muy sabio, un músico hábil y un pintor de calidad.
Su longevidad y su larga juventud pueden explicarse por una naturaleza demente y, en gran medida, por los constantes esfuerzos del conde por prepararse físicamente. Según los testimonios, durante toda su vida, Saint-Germain sigue estrictas dietas alimentarias, asistiendo a las comidas pero comiendo poco, sin beber jamás: aparece como un precursor de los adeptos de la dietética moderna. Saint-Germain, personaje excepcional que, burlándose de los rumores, nunca los desmintió, permanece en la historia y en la leyenda, ya que simboliza el sueño más antiguo del hombre: la inmortalidad.
Glosario:
Blasón: Arte de explicar y describir un escudo de armas; Símbolos oficiales de un país, una ciudad, etc, símbolos de un escudo de armas; Escudo de armas.
Zarévich: Que no se puede eludir.
Lucubracion: Desvelos y trabajos dedicados al estudio.
Glosolalia : (en griego, glossa, "lengua"; y lalein, "hablar" ), es una enfermedad que afecta el lenguaje, que consiste en que el enfermo inventa palabras adjudicándoles un significado.
Cábala: Conjetura, suposición; Intriga; Tradición mística y esotérica hebrea que intenta explicar doctrinas ocultas de Dios mediante la exégesis de las escrituras sagradas hebreas
No olvides seguirme si no te quieres perder todos los demás enigmas que traeré.
Hoy veremos:
*La Mary Celeste
*El enigma de Fulcanelli
*La Torre de Babel
*Los mapas de Piri Reis
*El conde de Saint-Germain
Y en el próximo post veremos:
*El triángulo de las Bermudas
*Las poseídas de Loudun
*El secreto de los huesos de dragón
*Los curanderos filipinos
*Los estigmas de San Francisco
Grandes Enigmas de la Humanidad. Parte 18.
La Mary Celeste
Un velero al garete y sin tripulación
Desde siempre, el mar ha ejercido una profunda fascinación en las mentes, dando origen a un sinnúmero de historias difundidas por marinos de imaginación encendida. Una de ellas, el enigma de la Mary Celeste, contribuye a mantener el mito de los barcos fantasmas.
El 5 de diciembre de 1872, el Dei Gratias, bajo las órdenes del capitán Morehouse se encuentra a unas 600 millas de las costas portuguesas, cuando se cruza con un barco, la Mary Celeste que zigzaguea curiosamente y cuyas velas están casi todas desplegadas.
Una tripulación desvanecida
Al no responder la nave a las señales, Morehouse la alcanza y pide a tres de sus hombres que suban a bordo. Los marineros recorren la nave, que se encuentra desierta y sin sus botes salvavidas.
¿La tripulación de la Mary Celeste se deshizo del capitán Briggs antes de alejarse de la nave a bordo de botes salvavidas? (grabado del siglo XIX)
En la bodega descubren 1.700 toneles de alcohol y víveres para por lo menos, seis meses. El barco está en buen estado a pesar de la gran cantidad de agua acumulada en la entrecubierta y las bodegas. En contraposición, el sextante, el cronómetro y los libros de navegación han desaparecido; la bitácora se detiene el 25 de noviembre, registro que hace pensar que el barco anduvo a la deriva durante más de quince días y recorrió alrededor de quinientas millas.
Otras sorpresas esperan a los marinos, en particular, el hecho que seis ventanas de los camarotes de popa están clausuradas con tela y tablas de madera, la tripulación parece haber abandonado repentinamente el barco, sin razón aparente, para no volver más.
¿O un pulpo gigante atacó la Mary Celeste? (Ilustración de 1809 París, Biblioteca de Arles Decorativas)
¿Un barco maldito?
La Mary Celeste parece haber sido marcada por el destino. Su primer capitán muere incluso antes del viaje inaugural, durante el que choca con un barco pesquero. El 10 de junio de 1864, mientras se llama todavía la Amaron, uno de sus numerosos comandantes, Henri Winchester, se ahoga en el puerto de Boston. En 1858, el barco encalló a la altura de Key West. Comprado por sucesivos armadores navieros, el buque vuelve a naufragar, sobre la Isla de Cap-Bretón en 1887, a la vuelta de un viaje a Inglaterra, en el que hundió una goleta. Adquirida la nave por otro armador y rebautizada Mary Celeste, vuelve al mar. En 1872, sobreviene el drama que la haría célebre. Vendida y reparada, la Mary Celeste se hace a la mar. Pero los marineros la consideran maldita: cambia de dueño diecisiete veces, para escapar, en vano, a su siniestra reputación. En enero de 1885, su último capitán, G. C. Parker, para cobrar el seguro, la lanza voluntariamente sobre unos arrecifes a la cuadra de Haití. Acusado por ello del "crimen de baratería", es arrestado, pero muere antes de comparecer ante la justicia.
Una investigación difícil
La Mary Celeste es llevada al puerto de Gibraltar, examinada por las autoridades judiciales. Los resultados son decepcionantes, con la excepción del descubrimiento de una tajadura reciente de dos metros de largo, ubicada sobre la línea de flotación. Se encontraron también rastros rojizos sobre la borda pero investigaciones ulteriores comprobaron que se trataba de óxido. La hipótesis del procurador general Solly Flood es que la tripulación se emborrachó y asesinó al capitán, un tal Briggs, junto a su esposa, su pequeña hija y al teniente.
Los marineros habrían dañado el barco para dar la impresión que fueron obligados a abandonarlo después de haber chocado con unas rocas y se habrían ido en los botes salvavidas. Pero, como no se encontró ningún rastro de violencia a bordo del buque, esta explicación no convenció a todo el mundo.
Según el teniente Deveau, del Dei Gratias, los marineros asustados por la gran cantidad de agua que invadió las bodegas por alguna razón desconocida, habrían abandonado el barco pensando que iba a naufragar. Para él la tripulación murió probablemente en el mar.
En cuanto se supo del misterio de la Mary Celeste, la noticia estuvo en la primera plana de los diarios del mundo entero; posteriormente, al no resolver la investigación del enigma, las revistas piden a diferentes autores que conciban una explicación.
Respuestas novelescas
Conan Doyle y H. O. Wells responden al llamado. Los años pasan y se proponen las soluciones más diversas: islas volcánicas que habrían alzado momentáneamente el barco, ataque de un pulpo gigante, locura colectiva, envenenamiento e incluso, ¡la intervención de extraterrestres!.
Un periodista llamado William Klein imagina, por su parte, una conspiración montada por Morehouse y Briggs para obtener el premio por el salvamento. Pero esta hipótesis supone mucho esfuerzo para un resultado, por ende, modesto: la tripulación del Dei Gratias recibió sólo 8.528 dólares como premio por el salvamento. La quinta parte del valor del cargamento.
La leyenda, sin embargo, no deja de embellecerse y se le agregan ciertos elementos maravillosos, como el supuesto descubrimiento, en la cocina de la Mary Celeste, de un pollo todavía caliente y tazas de té humeantes, que acentúan el carácter misterioso del caso. En 1885, la Mary Celeste encalla una última vez, llevándose para siempre su secreto, que sigue siendo uno de los más célebres de la historia del mar.
Otros barcos abandonados
La historia de la marina está llena de enigmas parecidos al de la Mary Celeste. Decenas de naves en perfecto estado son abandonadas repentinamente y sin razón aparente por tripulaciones que jamás se han vuelto a ver.
Casos anteriores. En 1840, un barco francés, el Rosalle, es encontrado al garete en el mar, sin tripulación, con las velas izadas y su cargamento intacto. Ninguna huella de riña se encontró a bordo. En 1850, el Seabird es descubierto cerca de Newport, únicamente con un perro a bordo. El café aún estaba caliente sobre la cocinilla y los instrumentos de navegación todavía funcionando. Incluso hay olor a tabaco en los camarotes. En 1883, la goleta J. C. Cousins encalla sobre las costas americanas, cerca del faro de Canby (Oregon). Los guardacostas, llegados de prisa, no encuentran nadie a bordo. En la cocina, la estufa está todavía caliente y la mesa puesta. La bitácora, cuya última anotación es de la misma mañana, no menciona ninguna anomalía susceptible de explicar la huida de la tripulación.
Desapariciones contemporáneas. Barcos modernos, equipados con radios que les permiten pedir socorro sin demora, son también victimas de estas aventuras. En 1953, el Holchu es descubierto sin daños al garete entre las islas Nicobar y Andaman. Los testigos que suben a bordo constatan que el barco tiene todos los víveres y el combustible necesarios. Parece que estaban a punto de servir una comida. Y, aunque la radio funcionaba, la tripulación no envió ningún mensaje.
Ninguna explicación seria. Lo aparentemente súbito del abandono y la ausencia de rastros de violencia impiden creer en la hipótesis de actos de piratería o de un motín. Por lo demás, abandonar el navío en los botes salvavidas significa una muerte segura para la tripulación. En todos los casos citados, el misterio permanece sin respuesta.
El enigma de Fulcanelli
Un alquimista en el París del siglo XX
En 1926 fue publicado el libro El misterio de las catedrales, que hacia un recorrido del arte gótico en Francia y que proponía realizar una demostración curiosa, ya que, según él, los maestros alquimistas de la Edad Media habrían dejado testimonio de su ciencia en la arquitectura de los principales edificios religiosos del país.
El libro estaba firmado por Fulcanelli. ¿Quién era este hombre extraño que parecía conocer los secretos de la energía nuclear ocho años antes de Hiroshima?
Portada del libro El misterio de las catedrales, de Fulcanelli. realizada por Juan, Julián Champagne amigo del autor.
Seudónimo de un desconocido
Fulcanelli es ciertamente el más famoso y el más misterioso de los alquimistas del siglo XX. Su leyenda comenzó en 1920. En los reducidos círculos de los esotéricos, se lo considera como un "gran maestro" que aún estaría viviendo y prosiguiendo sus trabajos en París. Este rumor fue difundido por dos hombres, un joven de unos veinte años, Eugenio Canseliet, y su amigo pintor y ocultista Juan Julián Champagne. Ambos amigos hicieron correr el rumor de que el "maestro Fulcanelli" era un aristócrata de cierta edad, rico, distinguido y muy culto, un genio que estaría a punto de descubrir la piedra filosofal y el elixir que prolongaría la vida. Pero el hombre permanecía invisible, no asistía a ninguna reunión de los esotéricos y Champagne y Canseliet eran los únicos que se reunían con él.
Fulcanelli descifra un emblema
En Las moradas filosofales, escrito en 1929 Fulcanelli describió así una composición pintada sobre una chimenea del castillo de Dampierre: En conjunto, esta composición se presenta como un paradigma de la ciencia hermética. El dogo y el dragón ocupan el lugar de dos principios materiales reunidos y retenidos por el oro de los sabios, de acuerdo con la proporción requerida y el equilibrio natural según lo que nos muestra la imagen de la balanza. La mano representa al artesano, firme para manejar el espada, jeroglífico del fuego que penetra, mortifica y cambia las propiedades de las cosas, prudente en la repartición de las materias de acuerdo con las reglas filosóficas de los pesos y las medidas. En cuanto a los rollos de monedas de oro, éstos indican claramente la naturaleza del resultado final y uno de los objetivos de la obra... Tan expresivos como ésta son los pequeños medallones, de los cuales uno representa a la naturaleza, la que debe servir siempre de guía y de mentora al artista, mientras que el otro señala que el sabio autor de estos variados símbolos pertenecía a los rosacruces. La flor de lis heráldica corresponde, en efecto, a la rosa hermética. Junto a la cruz sirve, como la rosa, de insignia y de blasón al caballero y discípulo que había por gracia divina, encontrado la piedra filosofal
Dos libros insoslayables
Las fanfarronadas de los dos hombres convencían a muy poca gente cuando, en el otoño de 1926, apareció la prueba de la existencia del maestro: un libro notable, titulado El misterio de las catedrales, publicado en una lujosa edición de 300 ejemplares, el prefacio estaba escrito por Canseliet y el libro tenía 36 ilustraciones de Champagne. El texto aparecía firmado por Fulcanelli. El autor arrastraba a sus lectores a una serie de interpretaciones esotéricas de algunos monumentos muy conocidos, ya que se trataba de catedrales góticas. Dando pruebas de una erudición sorprendente y de un perfecto conocimiento, tanto de la historia del arte como de los símbolos esotéricos descubre en los edificios cristianos supuestos códigos con los secretos de los alquimistas.
Por ejemplo, señala que en el pórtico de la catedral de Nuestra Señora de Paris una estatua de la Virgen lleva unos medallones que representan los siete planetas asociados a los siete metales utilizados por los alquimistas: el Sol (oro), Mercurio (mercurio), Saturno (plomo), Venus (cobre), a Luna (plata), Marte (fierro) y Júpiter (estaño), Según él las claves de la transmutación, es decir, la operación de alquimia que consistía en transformar los metales en oro se encontraban disimuladas en el pórtico de tal modo que sólo los iniciados podrían descubrirlas. En 1929 apareció el segundo libro de Fulcanelli titulado Las moradas filosofales, que pasaba a los castillos medievales y viviendas centenarias por el mismo cedazo interpretativo. La arquitectura, las formas, las proporciones, los vitrales, las esculturas, todo era analizado por un Fulcanelli librado a una fascinante demostración. Aunque se podía o no seguirlo en sus lucubraciones, había que reconocer que la obra era magistral y que su autor era un hombre con una cultura poco común.
Los alquimistas, cuadro de K Seligmann, pintado en 1949 (colección particular).
¿Quién era Fulcanelli?
Aunque admirado y buscado por todos los esotéricos de París, Fulcanelli no aparecía por ninguna parte. Algunos sugerían que tal vez Canseliet o Champagne se escondían tras este seudónimo. Pero Canseliet parecía bastante joven y sus obras no poseían la facultad de análisis ni la visión global de Fulcanelli, Champagne parecía ser un candidato más plausible, ya que tenía más edad y más experiencia y su trabajo como artista pudo haberlo llevado a visitar todas las catedrales, castillos y otros monumentos nombrados. Pero su carácter no correspondía a la imagen que todos se habían hecho del autor de El misterio de las catedrales. Champagne era más bien un juerguista fanfarrón y alcohólico, no un sabio.
Se pensó en varios ocultistas famosos, como Pedro Dujols, Auriger, Faugerons, el Dr. Jaubert, Jolivet Castelot... Pero frente a cada nombre aparecía la misma objeción: estos hombres habían escrito otras obras y ninguna tenía el poder de las de Fulcanelli. Se pensó, por fin que podría ser Rosny el Viejo, autor de La guerra del fuego y de otras novelas de ciencia ficción, ya que era el único cuyo estilo como escritor tenía suficiente fuerza y cuya cultura filosófica y científica eran lo considerablemente vastas para ser Fulcanelli. Pero la vida de Rosny el Viejo era conocida hasta el menor detalle y no aparecían en ella los viajes que le hubiesen permitido conocer tan bien los edificios citados en estas dos obras, la única conclusión posible era que Fulcanelli no era ninguno de estos personajes, sino más bien un hombre que estaba vivo y que trabajaba fuera de los círculos de los esotéricos de su época.
Un encuentro sorprendente
El francés Jacques Bergier era también un personaje extraño y una persona de gran inteligencia.
Científico de alto nivel, apasionando investigador multidisciplinario, estaba dotado de una memoria extraordinaria que le permitió rendir testimonios de una precisión increíble. En junio de 1973, a petición del físico nuclear André Helbronner, de quien era entonces ayudante, se entrevistó con un hombre que le pareció, por muchas razones, podría ser Fulcanelli. Esta conversación fue relatada por Louis Pauwells en un libro publicado en 1963 y que tuvo un éxito inmediato, titulado El amanecer de los magos . El interlocutor de Bergier, quien rehusó siempre decir con quién conversaba, lo pone en guardia contra los peligros de manipular la energía nuclear. Al tratar todos los temas científicos con una gran soltura, dio testimonio de un extraño conocimiento acerca de los experimentos más recientes de Helbronner (aunque en verdad es su propio ayudante quien reporta sus palabras), y declaró, ocho años antes del bombardeo de Hiroshima (aunque el relato está fechado en 1963), que los explosivos atómicos pueden fabricarse con sólo algunos gramos de metal y, sin embargo, "arrasar ciudades enteras".
Agregó que "los ordenamientos geométricos de metales extremadamente puros son suficientes para desencadenar fuerzas atómicas, sin que sea necesario utilizar electricidad o la técnica del vacío".
Sin embargo, las investigaciones nucleares estaban estancadas en ese momento debido a los intentos en vano por utilizar uno y otro método... Si el testimonio de Bergier era sincero, implica que muchos años antes de que el norteamericano Oppenheimer descubriera el principio de la energía atómica, el misterioso Fulcanelli ya estaba en posesión de ese secreto.
¿Habrá encontrado Jacques Berger al último de los alquimistas?
La alquimia después de la alquimia
La alquimia vivió, en Occidente, su edad de oro entre el fin de la Edad Media y el comienzo de la época moderna. Después del siglo XVI por el contrario, esta disciplina se enfrentó a un creciente escepticismo. En el siglo XVII, sin embargo, un sabio de la categoría de Isaac Newton se preocupó de escribir cuidadosamente de su puño y letra un tratado de alquimia. Un siglo más tarde, se producen hechos como la Introducción del método cuantitativo en química, la identificación del oxígeno, se analizan el agua y el aire: la alquimia, como ciencia, ha pasado a la historia. Pero algunas teorías de los alquimistas, así como el ave Fénix, renacen en los descubrimientos de la física moderna: las investigaciones realizadas sobre la estructura atómica de la materia, las transmutaciones espontáneas de los elementos radiactivos, la modificación de las estructuras atómicas mediante el bombardeo de partículas confirman la unidad fundamental de la naturaleza, presentida por los filósofos esotéricos, desde Pitágoras a Flamel y Paracelso.
La Torre de Babel
Una escalera entre el cielo y la tierra
El texto del Génesis relata que los hombres, reunidos en la llanura de Shinear después del Diluvio, resolvieron levantar una torre gigantesca. Dios (Yahvé), al ver lo que intentaban, obstaculizó sus planes “confundiendo sus lenguas” de modo que los obreros no pudieran entenderse entre si.
Al quedar incapacitados de trabajar de común acuerdo, los constructores abandonaron la empresa y se dispersaron en diferentes direcciones. La torre inconclusa y la ciudad edificada en torno a ella se llamaban Babel o Babilonia.
El relato bíblico
Tenía entonces la tierra un solo lenguaje y unos mismos vocablos. Sucedió que, al emigrar los hombres desde el Oriente, encontraron una llanura en el país de Sinear y se establecieron allí. Se dijeron unos a otros: "Ea; fabriquemos ladrillos y cozámoslos al fuego". Les sirvió el ladrillo de piedra y el asfalto les sirvió de cemento. Dijeron después: "Ea; edifiquémonos una ciudad y una torre con su remate hasta el cielo y hagámonos un nombre, no sea que seamos dispersos sobre la superficie de toda la tierra". Bajó el Señor para ver la ciudad y la torre que habían edificado los hijos de los hombres. Dijo el Señor: "He aquí que todos ellos son un solo pueblo y un solo lenguaje; si es esto lo que comienzan a hacer, nada entonces les será imposible de todo lo que proyecten hacer. Ea; bajemos y confundamos allí su lenguaje, para que unos no entiendan el lenguaje de los otros". Después el Señor los dispersó de allí sobre la superficie de toda la tierra, y cesaron de edificar la ciudad. Por esto se llamó su nombre Babel, porque allí confundió el Señor el lenguaje de toda la tierra y de allí el señor los dispersó sobre la superficie de toda la tierra.
La leyenda de la confusión de las lenguas
La leyenda de la confusión de las lenguas tiene un origen etimológico. El relator bíblico, que escribió posiblemente en tiempos del cautiverio de los israelitas en Babilonia, interpreta la palabra Babel en el sentido de “confusión”, en este caso, confusión de lenguas.
Del mismo modo, los griegos, que no comprenden el lenguaje de los extranjeros y, en primer lugar de los persas adoptan más tarde la costumbre de designarlos con el nombre peyorativo de “bárbaros”. La repetición de la sílaba “ba” simboliza la desorganización aparente de los dialectos no griegos, cualesquiera que sean, con respecto a la rigurosa organización de la lengua de Homero.
En todas las épocas, el mito de la Torre de Babel ha inspirado a los artistas: la Torre de Babel de Bruegel (Viena, Kunsthistoriscbes Museum).
Aún en nuestros días, el lenguaje abundante y confuso de los niños se denomina balbuceo, y se califica como “bla bla”. Pero la leyenda del castigo divino de la diversificación de las lenguas se inscribe igualmente en la nostalgia de una época de oro donde todos hablaban un lenguaje común que aseguraba la paz y la comprensión.
Este sueño se revela en el relato cristiano de la glosolalia y de Pentecostés: San Pablo atribuye a los primeros cristianos la facultad de expresarse en una lengua distinta de la que hablaban comúnmente bajo el efecto de un trance místico, y los Hechos de los Apóstoles evocan el milagro de la venida del Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, que da a los discípulos de Cristo el don de expresarse en lenguas o dialectos de otro modo desconocidos por ellos...
La Torre de Babel, grabado de Gustave Doré. (París, Museo de Artes Decorativas).
“Que su cúspide se eleve hasta el cielo”
Pero la leyenda de la torre reposa sobre una realidad. Existía en efecto en Babilonia una construcción de varios pisos, llamada zigurat de acuerdo al vocablo babilónico, de origen desconocido y que fue restaurada en tiempos de Nabopolasar (625-605 antes de nuestra era), fundador de la dinastía caldea. Esta construcción se llamaba Etmenanki, “la mansión de lo alto entre el cielo y la tierra”. Una inscripción que data del tiempo de Nabopolasar señala:”Marduk (el gran dios de Babilonia) me ha ordenado colocar sólidamente las bases de la Etmenanki hasta alcanzar el mundo subterráneo y hacer de este modo que su cúspide llegue hasta el cielo”. En otra inscripción, de los tiempos de Nabucodonosor, se precisa que la decoración de la cúspide estaba hecha de “ladrillos de esmalte azul brillante”, es decir, adornada del color del cielo, perfectamente adaptado para dar la impresión que el edificio se perdía en el azul infinito.
Sin embargo, nada permite pensar que los babilonios levantaron tal construcción por presunción. Según la inscripción más antigua, lo hicieron por orden del dios Marduk y parecen haberla hecho para asegurar la armonía entre el cielo y la tierra. El historiador Heródoto, que visita Babilonia hacia el 460 antes de nuestra era, relata que un dios visitaba a una mujer que dormía en una habitación en lo alto del edificio. Etmenanki aseguraba el vínculo, la unión, entre dos realidades opuestas lo alto y lo bajo, el mundo de los dioses y el de los hombres.
Un destino funesto
En el Génesis figura un contrasentido cuando se dice que los constructores tenían malas intenciones. Sin embargo, aunque así hubiese sido, el relato bíblico mezcla además lo verdadero y lo falso. Según la leyenda, pueblos de distintas procedencias, que por lo tanto hablaban lenguas diferentes, trabajaron en la construcción del edificio.
Torre de Samarra en Irak, ¿se parecería la torre de Babel, a este minarete abasida?
En otra parte, la inscripción de Nabucodonosor afirma ”A todos los pueblos de numerosas naciones (...) yo (los) obligué a trabajar”. Pero esta diversidad étnica no impidió el término de los trabajos. Sin embargo, parece efectivamente que un destino funesto se ensañó con la torre. Construida con esfuerzo, a lo largo de muchos reinados, sobrevivió poco tiempo. Babilonia, que cayó en 539 bajo la dominación persa, se rebeló en 482. Jerjes I que la puso nuevamente bajo su autoridad, tomó represalias que causaron serios daños al monumento. Un siglo y medio mas tarde, en 331, Alejandro el Grande estableció su capital en Babilonia, y cuando vio la torre en ruinas, trató de restaurarla. Pero ello le demandó tanto trabajo, que renunció a su proyecto. A continuación, la torre sirvió de cantera a los constructores de los alrededores, que la redujeron a un montículo informe. Sobre ella se construyó un edificio y, cuando éste se desplomó, cubrió las ruinas de la torre inicial, escondiéndola por muchos siglos.
El aspecto de la torre ¿Dónde está la torre?
Entre el siglo XVI y los inicios del siglo XX, numerosos viajeros y exploradores occidentales fueron a Mesopotamia y se esforzaron en localizar el famoso edificio. Algunos propusieron ubicarla en Afar Quf, al oeste de Bagdad, otros, en Borsippa, en las proximidades de Babilonia. Sólo las excavaciones arqueológicas permitirían establecer la verdad.
Las pruebas arqueológicas. En 1913, el arqueólogo alemán Robert Koldewey descubrió finalmente la ubicación de la torre. Su base es un cuadrilátero de 91,55 m por lado. Su centro, que es la parte más antigua, está formado por un núcleo de ladrillos crudos, cuya altura fue aumentada en tiempos de Nabopolasar y de Nabucodonosor y que fue cubierto de un nuevo paramento de ladrillos cocidos. Las excavaciones han dejado a la vista tres escaleras, dos laterales y una central; esta última perpendicular a la estructura del edificio.
El testimonio de los textos antiguos. Estas reseñas han sido apoyadas por textos antiguos, como el relato de Heródoto y sobre todo la tablilla llamada “del Esagil”, conservada en París en el Museo del Louvre, copiada en el año 229 antes de nuestra era de un documento antiguo que describía el estado de la torre. De una altura de aproximadamente 90 m, el edificio piramidal tenía siete pisos, hechos de muros con resaltos, sin duda verticales. El último piso tenla instalaciones para el culto, adornadas con los ladrillos esmaltados azules de Nabucodonosor.
Los mapas de Piri Reis
Cartas marinas adelantadas a su época
En 1929 es hallado en Constantinopla un mapa incompleto, fechado en 1513, que representa América del Sur y África en longitudes relativas correctas, hecho que parece imposible teniendo en cuenta los conocimientos cartográficos del siglo XVI. Investigaciones posteriores establecen que existen mapas similares en el mundo.
El autor del mapa de Constantinopla es un turco: el almirante ("Reis" ) Piri Ibn Haji Memmed. En las anotaciones que acompañan al documento, afirma que de los veinte mapas que sirvieron como fuente para su trabajo, algunos son de la época de Alejandro Magno (lo que parece continuar la similitud de las unidades de medida con aquellas de los fenicios y de los cartagineses) y que otros están basados en las matemáticas.
El mapa del misterio
A fines de los años 50, una copia del mapa llega a manos de un americano considerado especialista en la materia, el capitán Mallery. Este cree descubrir que representa parte de la Antártica, ese continente recubierto de hielo hace 10.000 años y reconocido por los europeos sólo en el siglo XIX... El documento es estudiado posteriormente por otro especialista, el profesor Hapgood, asistido por sus estudiantes. Al cabo de varios meses llegan a una conclusión similar: Piri Reis habría entregado detalles geográficos absolutamente desconocidos en su época.
El almirante Piri Reis
Seguramente de origen griego- cristiano e hijo de renegado. Piri Reis es uno de los grandes corsarios del Imperio otomano y contribuye ampliamente en asentar su poder en el Mediterráneo. Durante una vida agitada y llena de aventuras sangrientas, Piri Reis, quien es un hombre culto, se toma el tiempo para escribir el Bahriye, una obra sobre la navegación en el Mediterráneo, enriquecida con 207 mapas. También dibuja su mapa del mundo de 1513. Lo que subsiste de él se conserva hoy en el Museo Topkapi Sarayi de Estambul. En 1551 es ascendido al rango de comandante en jefe de la flota de Egipto. Después de una campaña en el golfo Pérsico es víctima de una cábala y es decapitado en 1554 por Solimán el Magnifico.
La lectura del mapa
El mapa no utiliza las longitudes y las latitudes, sino un sistema llamado de los "ocho vientos", obtenido gracias al compás y que funciona a partir de un centrado de las diferentes partes del mapa, sobre puntos desde donde parten rayos de círculo formando entre ellos ángulos de 22,5 grados. Después de años de investigación y de resolver innumerables problemas técnicos, el equipo del profesor Hapgood logra efectuar la transposición del mapa en medidas geográficas modernas. Este revela, para empezar que Piri Reis no hizo otra cosa que unir unos con otros trozos de portulanos (mapas marinos medievales) más antiguos, y no siempre a la misma escala.
Algunos fueron incluso mal orientados. No conociendo, y por razones obvias, los lugares que concernían. Piri Reis cometió errores crasos: el Amazonas está dibujado dos veces y faltan tres porciones claramente repetidas de la costa este de América del Sur. La parte oeste del continente está completamente ausente, salvo por una porción norte-sur que representa con bastante exactitud la costa chilena, pero está ubicada al azar. En cuanto a la parte que corresponde al Caribe y a la costa este de América Central, está muy confusa y mal orientada. Pero una vez descubiertos y compensados los errores, se descubren detalles sorprendentes.
Mapa del océano Atlántico con las costas orientales del Nuevo Mundo, las costas occidentales de la península Ibérica y de África (detalle del planisferio de Piris Reis, Museo, Topkapi Sarayi de Estambul.
¿Un falso mapa, o bien la herencia de fuentes antiguas?
La representación de los continentes europeos y africanos es de una precisión extraordinaria y aparentemente imposible de obtener en una época donde el cálculo de la longitud era desconocido. En América, la enorme isla de Marajo, en la desembocadura del Amazonas, está dibujada con exactitud, sin embargo, su descubrimiento data de 1543 y los cartógrafos de fines del siglo XVI, incluyendo a Mercator, no saben situarla bien. Los Andes también están representados, aunque eran desconocidos en la época de Piri Reís y una llama, mamífero típico de esta región, figura en la ilustración; los europeos jamás habían visto ese animal. El mapa menciona además las islas Malvinas, descubiertas en 1592.
Otros puntos intrigan aún más y apoyan la tesis de la gran antigüedad de las fuentes del mapa. Hay, por ejemplo, dos grandes islas un poco por encima del ecuador que no existen en nuestros días (la localización de una de ellas corresponde a la meseta submarina situada bajo los islotes San Pedro y San Pablo), pero el almirante las sitúa en el paso de la dorsal que atraviesa el Atlántico de norte a sur.
Es inútil decir que nadie sospechaba de la existencia de estas montañas submarinas en esa época. Otras islas figuran en el Polo Sur, escondidas bajo el espeso hielo antártico; éstas fueron descubiertas recién en 1958. El portulano compuesto del almirante turco y los otros mapas "imposibles" del medioevo provienen, según algunos de sus autores, de documentos muy antiguos originarios de la biblioteca de Alejandría. Estos parecen indicar que experimentados navegantes recorrieron el globo hace quizás 10,000 años y lo cartografiaron, mientras Europa se encontraba en la prehistoria. Este trabajo de cartografía puede efectuarse sólo en el marco de una civilización suficientemente avanzada, corno para tener buenos barcos, saber calcular latitudes y longitudes y ser suficientemente organizada como para emprender expediciones de largo alcance. Tal vez fue la Atlántida, ese mundo fabuloso que aparece con distintos nombres en el pasado de todas las civilizaciones antiguas. Estos mapas son conocidos y catalogados por los organismos especializados. Se les encuentra también en los atlas, como aquel de Nordenskjöld (1889). Habiendo sido descartada la falsificación, los escépticos prefieren ignorar el tema.
Ese no es caso de Paul-Emile Víctor cuando se da cuenta a principios de los años 1950 que otro mapa problemático aquel del italiano Zeno, fechado a fines siglo V, tiene varios siglos de adelanto con respecto a sus propios descubrimientos, entre 1949 y 1951, del subsuelo rocoso de Groenlandia.
¿Tenían los misteriosos mapas medievales como origen antiguos documento que se salvaron del incendio de la Biblioteca de Alejandría, en el 47 antes de nuestra era?
Los mapas del imposible
Si bien el mapa de Piri Reis se ha hecho célebre, no es el único mapa antiguo en presentar problemas.
Las tierras bajo el hielo. Una parte del mapa de Oronteus Finaeus (1531) muestra con increíble precisión la Antártica libre de una gran parte de sus hielos, o sea, como debería haber estado hace 4.000 años antes de nuestra era. Una excelente reproducción aparece en el Atlas del explorador sueco Nordenskjöld publicado 69 años antes de la primera marcación de los contornos reales de la Antártica.
Vuelta a las Américas. Hajdi Ahmed en su mapa del mundo de 1559 ofrece una representación enigmática y muy moderna de las Américas y sobre todo de sus costas oeste. La forma de los actuales Estados Unidos está reproducida ahí con una perfección que sólo se conseguirá dos siglos después...
África y Extremo Oriente. En 1502, De Carneiro dibuja un mapa representando la totalidad de las costas africanas, en una fecha en que los navegantes de su país sólo tienen de ella una idea bastante vaga. En 1510, otro portugués, Jorge Reinel, representa el océano Índico con una exactitud incomprensible, ya que en su época no se sabe calcular las longitudes. En cuanto a China, ésta es dibujada fielmente en un mapa chino grabado sobre piedra en 1137 y que sólo podría haber sido hecho con la ayuda de la moderna trigonometría esférica.
El misterio trasciende a Europa. Ibn ben Zara (1487) y Benincasa (1508), cartógrafos árabe y portugués, muestran Europa del Norte recubierta de un glaciar parecido a aquel que lo recubría hace 12.000 años antes de nuestra era... Finalmente, unos portulanos, en particular el de Dulcert (1339), parecen copias de mapas actuales en una época donde la cartografía auténticamente medieval hace prueba de mucha fantasía. Algunos, como el sueco Nordenskjöld, piensan que un portulano "modelo" originario de la más remota antigüedad fue encontrado a fines del siglo XII y, posteriormente, copiado por cartógrafos medievales.
El conde de Saint-Germain
Un extraño caballero supuestamente inmortal
Durante su paso por Paris, entre 1758 y 1760, se conoce al sorprendente conde de Saint-Germain. Tanto en los salones de la capital como en las cortes de Europa, circulan rumores insensatos acerca de su edad, ¡tendría más de tres mil años, habría conocido a Jesucristo, sabría fabricar diamantes y volverse invisible!
En 1745 se menciona por primera vez al conde de Saint-Germain... Este hombre que parece tener cincuenta años y que vive en Londres desde hace dos, es detenido ese año portando cartas favorables a los Estuardo. Inglaterra, que acaba de reprimir la revuelta de los jacobitas, desconfía de los extranjeros y mas especialmente de los franceses: durante varias semanas Saint-Germain es mantenido bajo arresto domiciliario. Reconoce entonces dos cosas: vivir bajo un nombre falso y no querer tener nada que ver con las mujeres. La personalidad de Saint-Germain es lo suficientemente intrigante para que Horacio Walpole, miembro del Parlamento y amigo de Diderot y del resto de los enciclopedistas, lo cite en su correspondencia, describiéndolo como un "hombre singular".
El conde de Saint-Germain, se creía alquimista e inmortal.
El amigo de Luis XV
Saint-Germain deja Londres en 1746; ¿qué hace entonces? No se sabe nada de él durante doce años. Según algunos, se va a Alemania, donde se dedica a las investigaciones químicas y alquímicas. Según otros, viaja hasta la India y el Tíbet; no existe ninguna prueba de sus periplos, pero más tarde se constata que el conde posee un profundo conocimiento de Oriente.
Llega a París a comienzos de 1758, e inmediatamente envía una petición a Marigny, director de Obras y Edificios del rey. Solicita que una casa real sea puesta a su disposición para poder instalar ahí un laboratorio y una fábrica, prometiendo a cambio a Luis XV "el más rico y más raro descubrimiento que se haya hecho". Abierto a la investigación de las "artes útiles", Marigny le asigna el castillo de Chambord, gran construcción abandonada en ese entonces. Saint-Germain instala en las dependencias a sus asistentes, sus obreros y su laboratorio.
Sin embargo, pasa más tiempo en París que en Chambord y, rápidamente, es invitado a los más famosos salones. Se presenta ante a marquesa de Pompadour: ésta, seducida, lo presenta al rey. Luis XV aprecia inmediatamente al brillante personaje que se incorpora pronto al círculo de sus más cercanos. En estas circunstancias, Saint-Germain es descrito como un hombre de cuarenta y cinco años, a pesar de que han pasado más de diez desde su estadía en Londres.
Saint-Germain y Casanova
En mayo de 1758, Casanova se encuentra con el conde de Saint-Germain en una cena de la marquesa de Urfé. Así es como lo describe en sus Memorias, "Saint-Germain se creía prodigio, y muchas veces lo lograba. Su tono era decidido, pero su naturaleza era tan estudiada que no desagradaba. Era tan sabio, hablaba perfectamente la mayoría de las lenguas: gran músico, gran químico, de una apariencia agradable y un maestro para atraer a las mujeres, ya que al mismo tiempo les daba aceites y cosméticos que las embellecían, se jactaba no de rejuvenecerlas, ya que tenía la modestia de reconocer que eso era imposible, sino de conservarlas en el estado en que las hallaba, por medio de un agua que, según él, era muy costosa, pero que se las regalaba (...) Este hombre singular y nacido para ser el primero entre los impostores, pretendía con un tono seguro, y para salir del paso, que tenía trescientos años, que tenía la panacea y hacía todo lo que quería con la naturaleza. Sabía cómo fundir los diamantes y de diez o doce pequeños fabricaba uno del agua más bella sin que éstos perdieran ni un gramo. Todas estas operaciones eran para él sólo bagatelas. A pesar de sus fanfarronadas, sus mentiras evidentes y sus excesivos disparates, no pude encontrarlo insolente. Tampoco respetable. Lo encontraba sorprendente, ya que me sorprendió (...) Este hombre singular asistía frecuentemente a las cenas de las mejores casas de la capital, pero no tocaba nada, diciendo que su vida dependía del tipo de comida que comía y que nadie más podía saberlo...
Descanso durante la caza, pintura de Carvale Van Loo (Paris, Museo del Louvre). Saint-Germain habría logrado introducirse en el ambiente de los grandes, frecuentando, especialmente, en Francia, a Luis XV y a la Pompadour (sentada en el banco).
Leyenda y desgracia
Dos anécdotas auténticas provocan los rumores acerca de los conocimientos alquímicos y la inmortalidad del conde de Saint-Germain. Esta es la primera: posee una bellísima colección de piedras preciosas y cierto día pretende ante el rey saber rectificar las imperfecciones de los diamantes.
Luis XV le encarga entonces un diamante manchado. Unos días más tarde. Saint-Germain lo trae perfectamente puro. ¿Utilizó un procedimiento químico o simplemente mandó tallar una piedra idéntica? Es un misterio. La segunda anécdota ocurre durante una cena con la anciana condesa de Cergy, que reconoce en él a un hombre que había conocido en Venecia hacía cincuenta años. Quizás simplemente por entretenerse, Saint-Germain no la desmiente: la historia da la vuelta en París.
Sin embargo, si el conde se ha ganado la simpatía del rey, se ha desvinculado del poderoso duque de Choiseul, principal ministro de Luis XV, que lanza una campaña para desacreditarlo. Choiseul le paga a un bufón llamado Gauve para imitar al conde de Saint-Germain y hacerse pasar por él. Gauve recorre los salones bajo la identidad de Saint-Germain, contando las historias más inverosímiles: que se tomó un trago con Alejandro el Grande, que estuvo de francachela en la boda de Casal y que, por lo demás, conoció muy bien a Jesús, a quien le había predicho un fin trágico. También, que había estado con Carlomagno. El fraude es pronto descubierto y Gauve es reconocido: pero las historias se siguen divulgando. Contrariamente a lo que espera Choiseul, el verdadero Saint-Germain no resulta ridiculizado, sino engrandecido, rodeado de ¡un aura misteriosa!
Despechado, el ministro debe esperar hasta 1760 para lograr deshacerse de Saint-Germain, acusándolo de espionaje. Habiendo caído en desgracia el conde se refugia en los Países Bajos.
En los años siguientes se le ve en Italia, en Rusia, en Saxe, en Prusia: en todas partes, intenta montar laboratorios para seguir adelante con sus investigaciones... acerca de los pigmentos y los colores.
El castillo de Chambord, donde el conde tuvo durante un tiempo su residencia y su laboratorio.
La muerte del inmortal
En 1766, se coloca bajo la protección del rey de Prusia Federico II, pero lo deja al año siguiente. Finalmente llega a Gottrop, en el Báltico, donde es recibido por el príncipe de Hesse. Según el príncipe, a quien le hizo confidencias, muere ahí en 1781, a la edad de 93 años. Sin embargo, físicamente aparentaba sólo sesenta.
Apenas se conoce la noticia, muchos se niegan a creer en la muerte del conde. Surgen los testimonios: algunos citan su presencia en un congreso masónico en 1785, se lo ve en Venecia en 1788, habría prevenido a María Antonieta de una inminente revolución al año siguiente, habría asistido al congreso de Viena en 1815, un inglés lo habría encontrado en Paris bajo Luis Felipe, otros lo habrían visto en 1905 en el Tíbet luego en 1926 en Roma. Testimonios que desgraciadamente son poco creíbles, al igual que el relato del pequeño anticuario llamado Richard Chamfrey, transformado en mensajero del corazón y del horóscopo de revistas para adolescentes que en 1972 intenta usurpar la identidad del ilustre personaje del siglo XVIII para tratar de seducir a una cantante de variedades.
¿Quién era Saint-Germain?
A pesar de la docena de pseudónimos que usa durante sus peregrinaciones, actualmente se sabe algo acerca del origen de Saint-Germain: sería hijo natural de la reina de España Marie-Anne de Neubourg, viuda de Carlos II, y de un noble, el conde de Melgar. Este parentesco explicaría el tren de vida fácil que siempre ha llevado, su educación y su cultura. Efectivamente, además de sus conocimientos puntuales de química, Saint-Germain es reconocido por sus contemporáneos como un hombre muy sabio, un músico hábil y un pintor de calidad.
Su longevidad y su larga juventud pueden explicarse por una naturaleza demente y, en gran medida, por los constantes esfuerzos del conde por prepararse físicamente. Según los testimonios, durante toda su vida, Saint-Germain sigue estrictas dietas alimentarias, asistiendo a las comidas pero comiendo poco, sin beber jamás: aparece como un precursor de los adeptos de la dietética moderna. Saint-Germain, personaje excepcional que, burlándose de los rumores, nunca los desmintió, permanece en la historia y en la leyenda, ya que simboliza el sueño más antiguo del hombre: la inmortalidad.
Glosario:
Blasón: Arte de explicar y describir un escudo de armas; Símbolos oficiales de un país, una ciudad, etc, símbolos de un escudo de armas; Escudo de armas.
Zarévich: Que no se puede eludir.
Lucubracion: Desvelos y trabajos dedicados al estudio.
Glosolalia : (en griego, glossa, "lengua"; y lalein, "hablar" ), es una enfermedad que afecta el lenguaje, que consiste en que el enfermo inventa palabras adjudicándoles un significado.
Cábala: Conjetura, suposición; Intriga; Tradición mística y esotérica hebrea que intenta explicar doctrinas ocultas de Dios mediante la exégesis de las escrituras sagradas hebreas
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