La oportunidad de David
Malcolm Gladwell tiene un talento especial para decir cosas evidentes de una forma tan renovada y estupenda que se convierten en éxitos; sus libros (The Tipping Point, Blink, Outliers) son buenos ejemplos. Pero que lo que dice sea una mezcla de lo obvio y lo indemostrable no significa que sus ideas sean malas; de hecho su forma de repescar conceptos a veces obsoletos vuelve a hacerlos interesantes y relevantes, e incita a pensar. En este artículo en New Yorker, Gladwell elabora mediante las metáforas del baloncesto infantil y la guerra real y simulada una verdad tan potente que es de aplicación universal: en el enfrentamiento humano las reglas las hacen los fuertes, así que la única posibilidad que tienen los débiles de ganar es saltarse las reglas. Las explícitas, y las tácitas: David sólo puede batir a Goliat cuando no juega al mismo juego, porque los gigantes de este mundo siempre modifican las reglas para inclinar el campo de batalla a su favor.
Desde que se inventaron los ejércitos y las batallas hasta el día de hoy los soldados se vienen quejando de los irregulares, guerrilleros o terroristas; aquellos que les combaten con otras reglas. Los soldados prefieren enfrentarse con otros soldados como ellos dentro de un marco formal (escrito y no escrito), en igualdad de condiciones. Y lo prefieren así porque su organización, armamento y entrenamiento les proporciona ventaja en esas condiciones. El colmo de esta tendencia es la institución (no el arma) de la caballería, puesto que los caballeros no se enfrentan más que a otros caballeros en duelo singular. Las lamentaciones por la aparición de armas que pueden matar nobles sin necesidad de armamento similar (armas de fuego, picas, ballestas, arcos) son comunes e la historia. los guerrilleros, se quejan los caballeros, no luchan como caballeros; como los partos no luchaban como los romanos, y por eso les vencían.
Gladwell tiene razón al reiterar algo sobradamente conocido, pero que tienen muchas más aplicaciones en la vida cotidiana y en cualquier empeño humano de lo que pensamos. Los grupos establecidos, sean gobiernos, instituciones, empresas o iglesias, modifican las reglas de juego a su favor, lo que les da ventaja en combate similar. Al mismo tiempo que conservadores esto les hace lentos y perezosos, porque les protege de los cambios. Un adversario lo bastante audaz como para cambiar el marco de referencia puede así obtener ventaja, y vencer. Los David tienen una oportunidad si en lugar de fijarse en las reglas arbitrarias del conflicto se fijan en los objetivos reales, y tratan de alcanzarlos con los medios a su disposición sin dejarse llevar por convenciones previas, y mucho menos por las quejas de su falta de caballerosidad procedentes del otro campo. Más tarde, tras la victoria, los David se transforman en Goliat, y el Gran Juego comienza de nuevo. Pero eso es ley de vida.
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