InicioCiencia EducacionEl 80% de los argentinos vive en menos de 1% del territorio
El 80% de los argentinos

vive en menos de 1% del territorio


Ocho de cada diez personas viven en ciudades de más de 10.000 habitantes.
Muy poca gente vive en el campo o en un puebo.
Porque sólo dos de cada diez no vive en ciudades con más de 10.000 habitantes.


El resto, alrededor de 30 millones de personas, se concentra en una superficie menor a 1% del territorio nacional, equivalente a la provincia de Tucumán (unos 22.500 kilómetros cuadrados).

Las estadísticas también muestran que 65% de la población (unos 23 millones de argentinos, de acuerdo con los datos del censo de 2001, último relevamiento disponible) vive en un área similar al Gran Buenos Aires más los partidos de Escobar, Pilar y La Plata (cerca de 7.000 kilómetros cuadrados).



En números

El 80% de los argentinos viven en ciudades de más de 10.000 habitantes. Si se suma la superficie del área urbana de todas estas ciudades, el total equivale a menos de 1% de la superficie de toda la Argentina, y es similar a la de la provincia de Tucumán (unos 22.500 kilómetros cuadrados).

La mayor concentración se da en las ciudades más grandes: así como el Gran Buenos Aires alberga a cerca de 30% de la población total, 65% vive en ciudades con una superficie similar a la del GBA ampliado (con los partidos de Escobar, Pilar y La Plata), que es de 7.000 kilómetros cuadrados, un 0,25% del total del país (2,7 millones de kilómetros cuadrados).

Dos de cada diez argentinos vive en el campo o en localidades de menos de 10.000 habitantes. En comparación con países más desarrollados, en la Argentina existen pocas ciudades medianas (de 50.000 habitantes en promedio).

En nuestro país existen 35 ciudades de entre 50.000 y 100.000 habitantes, que todas sumadas representan menos que la población de la Capital Federal (2,9 millones).

Las ciudades de entre 10.000 y 50.000 habitantes suman 227, y su población total (4,2 millones) es equivalente a la de Córdoba, Rosario, Mendoza y Tucumán.

Un país como India, con una superficie similar a la de la Argentina (es 20% más grande), posee una población casi 30 veces mayor (1.100 contra 38 millones, según las estimaciones para el 2006).

La densidad de población de la Argentina de 14 habitantes por kilómetro cuadrado, cambia radicalmente cuando se mide la superficie urbana donde vive 65% de la gente (un área similar al GBA ampliado): 3.300 habitantes por kilómetros cuadrado. En India, la densidad de población es de 320 habitantes por kilómetro cuadrado.

En pueblos de menos de 50.000 habitantes se vuelve antieconómico la provisión de los servicios públicos como armar una infraestructura de agua, gas, cloacas, etcétera.

“En un pueblo de 1.000 habitantes, recolectar la basura va a implicar que el camión permanezca inmóvil 90% del tiempo. Eso implica una sobreinversión en ciertos equipos”, dice el economista Vasconcelos.

La baja densidad de población de la Argentina, de 14 habitantes por kilómetro cuadrado, se hace más impactante cuando se comprueba que en realidad sus habitantes no están distribuidos de manera homogénea, sino que se concentran en áreas urbanas, cuya superficie es reducida.

Si se toma 65% de la población, que vive en una superficie similar a un GBA ampliado, la densidad de población pasa a 3.300 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que permite ver que la concentración de los argentinos provoca efectos profundos en el desarrollo económico del país.

“La migración a las ciudades es un proceso que se da en todo el mundo pero acá se potencia por el nivel de pobreza, lo que termina produciendo hacinamiento y una menor calidad de vida”, explica Aldo Abram, director de la consultora ExAnte. El economista considera que el hecho de vivir en una ciudad implica una diferencia en un país pobre como el nuestro, justamente para los sectores de menores recursos, en términos de calidad de los servicios públicos.

“Con esto de la descentralización de la educación y de la salud en las provincias, lo que se encuentra en el Gran Buenos Aires es de lujo. Esto genera un costo fiscal muy grande para el Estado”, agrega Enrique Déntice, economista senior de la Escuela de Negocios de la Universidad San Martín. Para el especialista, la elevada aglutinación de la población argentina en las ciudades es resultado del despoblamiento del campo y de la concentración de la tierra que se ha dado en estas últimas décadas.

Pero el costo económico también se nota en la provisión de servicios privados, ya que en un país como el nuestro, la calidad de éstos es directamente proporcional al tamaño de las poblaciones. Sin ir más lejos, la oferta de sucursales bancarias y de cajeros automáticos por habitante es muy superior en la Capital Federal que en otras grandes ciudades del interior del país.

Ciudades

Abram aporta otro dato que tiene un efecto negativo en el desarrollo económico del país, como es el hecho de que la mayoría viva en tres o cuatro ciudades. “En otros países, mucha más gente vive en ciudades de 10.000 o 20.000 habitantes. Y eso también mejora la calidad de vida de la gente, porque no produce hacinamiento”.

En ese mismo sentido, Jorge Vasconcelos, economista del IERAL, apunta que “habría que reforzar ciudades que hoy son muy pujantes y emergentes, como Rafaela, Puerto Madryn, Villa María, Río Cuarto y Tandil, que superan el piso de 50.000 habitantes y que probablemente hoy están teniendo un crecimiento desordenado porque no forman parte de un plan estratégico general. Fomentar esa descentralización ayudaría a ahorrar recursos del Estado”.

Beneficios

Abram sostiene que a pesar de los aspectos negativos, la elevada concentración de la población también aporta algunas ventajas. La primera es que para el Estado resulta más fácil prestar servicios públicos cuanto más concentrada esté la gente. “Uno de los grandes problemas de tener un territorio tan grande con una población desperdigada es cómo se le presta la atención en salud y educación; se vuelve más complicado. En un país desarrollado, esos mayores costos se pueden asumir y brindar a todos una buena atención”, considera.

También se pueden hacer economías de escala en materia de provisión de bienes, de acuerdo con el director de ExAnte, quien indica que el costo de intermediación baja mucho en las grandes ciudades por la posibilidad de hacer llegar a mucha más gente una mayor cantidad de productos.

Soluciones

Todos los especialistas coinciden en afirmar que las soluciones pasan por un impulso mayor al desarrollo regional. La devaluación del peso y el crecimiento de las exportaciones ayudaron a modificar el mapa productivo argentino, pero todavía hace falta mucho por hacer para revertir la tendencia de concentración poblacional.

Vasconcelos advierte que esta reversión no es sencilla, ya que “la migración no es algo a lo que la cultura argentina esté muy acostumbrada, a diferencia de los EEUU”. Pero el desarrollo de Internet y el abaratamiento de los costos de transporte ayudan a rentabilizar producciones lejos de los centros de consumo o de los puertos de exportación.

Otro aspecto que recomienda modificar Vasconcelos es el de los planes sociales, porque si bien sirvieron para paliar la crisis del 2001-2002, todavía quedan algunos “donde la política social parecería que lo que está haciendo es mantener afincada a gente en lugares donde difícilmente consiga trabajo y probablemente lo que convenga sea planes sociales que incentiven la migración de la gente hacia lugares donde haya fuentes más genuinas de trabajo”.

Pioneros

En ese sentido, la provincia de San Luis lleva adelante desde hace tres años un programa muy interesante, bautizado Plan “Pioneros”, que consiste en crear una comunidad con un polo productivo (esencialmente agrícola) en un área despoblada y semiárida del sur de la provincia.

De esta manera, el gobierno provincial impulsa la radicación de familias con hijos pequeños en una urbanización construida por el Estado con todos los servicios básicos, lo que impacta positivamente en el nivel de empleo y en la distribución geográfica de la población.

La coparticipación también tiene su peso

Así como los economistas consultados ponen el foco en un mayor desarrollo regional como solución a este proceso de concentración poblacional, también le apuntan con el dedo al sistema tributario argentino, y muy especialmente a la coparticipación federal de los impuestos.

En la visión de Aldo Abram, la concentración se revierte con un sistema económico que genere un desarrollo parejo, algo que en la Argentina no se da, por este mayor atractivo que tiene el vivir en las ciudades. Y por un sistema de coparticipación de impuestos que perjudica al interior.

Según Abram, “el sistema de coparticipación federal genera el efecto inverso: cada vez más pobreza en el interior y por lo tanto cada vez más concentración de gente en las grandes urbes”.

Enrique Déntice coincide con Abram y va más allá: “El federalismo fiscal existe en los papeles. Nosotros somos un país federal desde el punto político pero unitario desde el punto de vista tributario. Es un tema que no fue resuelto, porque en la Convención Constituyente de 1994 se estableció que se tenía que hacer una nueva ley de coparticipación federal, y que tenía que estar sancionada el 26 de diciembre de 1996. Pero todavía no se sancionó”.

Para el economista de la Universidad de San Martín, la solución a este problema pasa por hacer un plan de desarrollo regional que posibilite un sistema de impuestos diferenciados en el IVA, como lo tiene Brasil, o por ejemplo, una tasa de interés regionalizada, como tiene la Reserva Federal de los EE.UU., para promover las inversiones en determinadas regiones. Éste sería el mecanismo más eficiente para evitar el desarraigo de la gente.

“El IVA, que es un impuesto bueno en su esencia, debería ser manejado como se hace en Brasil, donde hay un IVA por Estados. Cada Estado recauda el impuesto y fija la alícuota que le conviene para atraer inversiones”, dice Déntice.

Un proceso que comenzó con el tren y la sustitución de importaciones

Si bien se trata de un fenómeno mundial, que en la Argentina está amplificado por el mayor nivel de pobreza, la elevada concentración de la población urbana tiene sus raíces en el desarrollo económico de fines del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX.

“Hay que ver que este proceso es el resultado de una acumulación de fenómenos históricos que en realidad provocaron muchos problemas a la economía argentina”, explica Jorge Vasconcelos. Para el economista del IERAL, el primer fenómeno fue el trazado de los ferrocarriles en la época en que se desarrollaron las principales líneas férreas a fines del siglo XIX, donde había un trazado radial que convergía enteramente en unos pocos puertos de la Argentina (Buenos Aires, Rosario, etc.).

Para Vasconcelos, “ese diseño de la infraestructura obedeció más a las necesidades de los compradores de materias primas argentinas, básicamente Inglaterra, que a las necesidades de un desarrollo homogéneo del interior de nuestro país. Es decir que ahí hay un primer problema que generó una conexión de la infraestructura básica funcional al puerto, pero no a un desarrollo más armónico del resto del país”.

Sustitución

Luego de esta primera distorsión en el desarrollo económico producida por la red ferroviaria, vino el mayor impulso a la migración de las poblaciones del interior hacia las grandes ciudades. Una vez que se generó la crisis del ’30, la Argentina se planteó como alternativa de desarrollo un esquema de sustitución de importaciones muy importante, que se puso en marcha a partir de la década del ’40 en adelante.

Desventajas

El economista del IERAL explica que el proceso de sustitución de importaciones pasó a poner mucho énfasis en el mercado interno, lo que generó también una especie de industrialización acelerada, basada no tanto en máquinas e insumos sino también en bienes industriales destinados al consumo final, y por definición, esas industrias se asientan donde está el mercado.

“Y eso refuerza el tema de la concentración urbana de la Argentina. El modelo de sustitución de importaciones ligado a la industria liviana es como un golpe adicional al tema de concentrar a la población en muy pocos lugares del país”, opina Vasconcelos.

De esta forma, el hecho de que la Argentina tuviera desde etapa muy temprana de su formación como país más de un 30% de su población radicada en Capital y el Gran Buenos Aires, no fue una ventaja competitiva sino más bien una anomalía producto de este tipo de fenómenos, concluyó.

El ejemplo de la India

La India posee un territorio similar al de la Argentina, una población 30 veces superior y una distribución urbana muy distinta. Mientras más del 80% de los argentinos vive en ciudades, en la India la población urbana es del 28 por ciento.


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