El otro día alguien me hizo una pregunta interesante. Parecía debatirse, la interpelación, entre la más transparente cotidianeidad y la más compleja red de reenvíos significantes. Uno podía responderla y olvidarse del asunto, pero también podía desarmarla y ver de qué estaba hecha.
―¿Quién es el famoso más famoso que viste?
La pregunta es interesante en todo sentido. Primero, me llamó la atención el verbo “ver”. No se trata de “hablar”, “escuchar”, incluso “conocer”. El verbo fue “ver”, y presuponía una condición tácita: verlo en vivo y en directo, de cerca, como si se estuviera en un zoológico o un museo. También presuponía que “famoso” es un atributo tanto cualitativo como cuantitativo (es decir, que hay alguien que puede asumir un rol social de “famoso” y que hay grados o niveles de fama). Pero lo más llamativo fue notar que, mal que mal, todos sabemos de qué hablamos cuando hablamos de un “famoso”. Podemos fijar definiciones sistematizadas, aunque también podemos no hacerlo y aún así comprender qué es un “famoso” y en qué consiste “ver” a un “famoso”.
―A Madonna ―respondí―, en un ascensor.
No sé si será el “famoso” más “famoso” que “vi”, y ni siquiera sé si Madonna entra en la categoría de “famoso” a secas, pero la respuesta pareció correcta porque esta persona abrió los ojos como dos platos.
―¡Guau! ¿Hablaron?
―No.
Técnicamente no lo recordaba. Supongo que habré dicho “hola”, que es lo que uno dice cuando entra a un ascensor o la sala de espera del dentista. Ahora que lo pienso, podría haber sido un poco más cholulo. O acaso no, aunque mencionar el cholulismo justifique irse por unas ramas y no por otras.
Dice el diccionario:
CHOLULISMO S. Fanatismo extremo. Devoción por una figura pública.
CHOLULO S. y Adj. Fanático, admirador. Entusiasta de una figura pública.
La palabra “cholulo” es de uso cotidiano en Argentina. Refiere a esas personas que rinden pleitesía a alguna figura pública reconocida o no tanto (casi siempre actores, músicos, deportistas, “celebridades” y “famosos”); el término se usa muchas veces como peyorativo de “fanático” o “admirador”. Pareciera ser que un fanático o un admirador estarían en sus cabales; los cholulos rozarían el ridículo, la exageración o la mera estupidez. Un fanático es curioso pero loable; un cholulo es un caso perdido
En cualquier enciclopedia completa puede leerse: “Cholulo/la. Arg. fam. Admirador incondicional de la farándula. 2. Arg. Por ext., persona que por frivolidad busca relacionarse con personajes famosos, o que habla repetidamente de ellos. 3. adj. Arg. Por ext., frívolo, superficial”.
El significado contemporáneo de la expresión tiene menos de medio siglo. A fines de abril de 1956, la revista deportiva La Cancha, cuyo director era Enrique Frigerio, se convirtió en La Nueva Cancha, y pasó a estar bajo la dirección de Mariano de la Torre Carlés, también conocido a través del seudónimo Dante de Palos. De origen barcelonés, De la Torre era un periodista cuyo nombre estaba ligado al humor argentino desde hacía rato. Había escrito en Patoruzú; estaba a cargo de secciones como “Yo me hago el artículo”, “La radio en broma” y “Lalo Garramendia”.
Pero lo deportivo no quitaba lo humorístico y, junto al dibujante Oscar Blotta (p), crearon la historieta “Cholula, loca por los cracks”. Durante dos años, Cholula pasó sin pena ni gloria por La Nueva Cancha. El golpe de suerte llegó cuando De La Torre la incorporó a las páginas de la revista Canal TV, que por entonces tiraba unos 300.000 ejemplares a la semana. Con nuevo dibujante (Toño Gallo) y nuevo guionista (Juan Ángel Sagrera), la historieta pasó a llamarse “Cholula, loca por los astros”.
Cholula era una fanática bobalicona y estuvo once años (entre 1958 y 1968) en las páginas de una revista con una tirada prodigiosa. Hasta tuvo una versión radiofónica, interpretada por Lili Gen, en Radio Splendid. Cholula sobrevivió a De la Torre, que falleció el 1º de mayo de 1965, a los 49 años, luego de una intervención cardiaca. Por entonces, el guionista de Cholula era el periodista Marcial Frugoni.
Luego dejó de publicarse y, luego, cayó en el olvido. Hoy pocos conocen la historieta, y muchos menos atesoran alguna de sus viñetas, aunque casi todos, al viajar en ascensor con Madonna, pensemos en cholulos y cholulismo.
Los significados pasan, las palabras quedan.
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