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No, Neptuno no completa hoy su primera órbita desde 1846






Neptuno no hace hoy su primer "homerun".



La historia ha pululado por la red desde que apareciera publicada en este post de Discovery News , aunque finalmente ha sido corregida aclarando que será el año que viene (y no este) cuando el histórico momento tenga lugar. Pero me explico:

Primero aclarar que una órbita planetaria no tiene comienzo ni final, y es que los planetas siguen rutas invisibles alrededor del sol (aunque perfectamente predecibles gracias al binomio Brahe-Kepler) que se repiten cíclicamente ad aeternum.

Bien, el caso es que varios medios estadounidenses han publicado que hoy viernes 20 de agosto del 2010 el ser humano – especialmente el que encuentra cierto interés en la astronomía – está de enhorabuena, puesto que Neptuno (el lejano planeta helado que ha recuperado el título de “último de los mohicanos” del sistema solar gracias a la histórica degradación de Plutón ) ha completado su primera órbita “ante nuestros ojos” desde que su presencia fuera desvelada allá en 1846.

Epic Fail! Si tomamos el 23 el septiembre de 1846 (momento en que Adams y Le Verrier – sus codescubridores – probaron que sus cálculos orbitales para determinar su ubicación eran correctos) como su fecha de nacimiento histórica a efectos del registro astronómico… y si tenemos en cuenta que el período orbital de este planeta es de exactamente 164 años 288 días y 13 horas, tenemos que la primera órbita completa “ante nuestros ojos” del distante mundo helado no se completará hasta el año que viene.

El evento tendrá lugar concretamente el 12 de julio de 2011, así que si os llega la noticia no hagáis caso al “precipitado” rumor





La nueva generación de telescopios podrá detectar océanos extraterrestres



universo


Réplica del Telescopio Hubble, Museo Ciencia Londres



El año pasado conmemorábamos, con el año internacional de la astronomía, los 400 años desde que Galileo Galilei mirara por primera vez a través de un telescopio. Desde aquel lejano 1609 han ocurrido muchas cosas y los telescopios se han convertido en una de las mayores fuentes de asombros y descubrimientos con las que cuenta la ciencia en la actualidad.

El Telescopio espacial Hubble supuso además un salto de gigante en la manera en la que concebimos y comprendemos el cosmos. No sólo nos ofreció datos e imágenes sorprendentes, el Hubble cambió la forma en la que miramos el Universo. Sin embargo, y aunque aún le quedan algunos años regalándonos sorpresas, la nueva generación de telescopios, entre ellos el Telescopio espacial James Webb, quieren suponer un nuevo giro en nuestro conocimiento.



sistema


Europa | imagen NASA



Y en la búsqueda de nuevos exoplanetas similares a la Tierra, el agua es un elemento fundamental. Es cierto que pueden existir diferentes formas de vida basadas en otros elementos, no obstante, parece que el encontrar un planeta con las mismas características que el nuestro se ha convertido en una especie de santo grial para los astrónomos de todo el mundo.

En ese proceso los nuevos telescopios podrían aportar una ventaja añadida: Detectar océanos en su superficie gracias a su reflejo. Un método que sugirió en su tiempo el propio Carl Sagan y que ya ha sido utilizado por los astrofísicos para descubrir mares de metano en Titán, la luna mayor de Saturno.



El brillo del que estoy hablando es casi exactamente el mismo del de las puestas de sol sobre el mar. Con el sol bajo en el horizonte, los rayos del sol se reflejan en la superficie del océano que actúa como un espejo.




Son palabras de Tyler Robinson, de la Universidad de Washington explicando que este método se basa en la capacidad de los océanos de reflejar la luz como un espejo. Fijando la exposición en ese reflejo cuando la luz de su estrella llega a los posibles exo-mares, el Telescopio James Webb podría distinguir exoplanetas con océanos, un paso decisivo a la hora de encontrar esa segunda Tierra.





La gran tormenta solar de 1859




El 2 de septiembre de 1859 el Southern Cross, un clipper de tres mástiles y 170 pies, se enfrentaba a un tremendo temporal frente a las costas de Chile. El granizo y las olas no daban tregua a los esforzados marineros que intentaban capear el temporal.

Tras varias horas de pesadilla, cuando la tormenta amainó, los marineros observaron con horror que estaban navegando en un océano de sangre. Al levantar la vista descubrieron la razón, a través de las nubes podía verse que todo el cielo estaba bañado de rojo.

Se trataba de una aurora austral, un fenómeno relativamente frecuente al sur del Círculo Polar, pero muy extraño en la latitud a la que se encontraba el navío. El espectáculo no se limitaba al cielo, en el propio barco aparecían halos alrededor de los mástiles y los penoles, pero este fenómeno resultaba mucho más familiar para los marineros, se trataba del fuego de San Telmo, una descarga eléctrica debida a la gran diferencia de potencial entre dos objetos.

Al llegar a puerto supieron que la aurora se había visto prácticamente en todas partes, hasta en el Caribe. Incluso en el Diario de Menorca encontramos una referencia a este fenómeno:



Anteayer a hora avanzada de la noche vio una persona fidedigna dos auroras boreales, que si bien eran mas diminutas que la que vimos años atrás no dejaron de causar un efecto maravilloso.—J. Hospitaler, ‘Diario de Menorca’ – Año 2 Número 237 (04/09/1859)



Un día antes del avistamiento auroral del Southern Cross, Richard Christopher Carrington, un astrónomo aficionado inglés de 33 años, estaba realizando un boceto de las manchas solares en su observatorio de Redhill, Surrey.





Richard Carrington, Manchas solares, 1859


A las 11:18 observó un estallido de luz blanca que parecía salir de dos puntos del grupo de manchas, el fenómeno aumentaba de intensidad y adoptaba una forma parecida a la de un riñón. Carrington se dio cuenta inmediatamente de que estaba siendo testigo de algo fuera de lo común, así que salió disparado de su observatorio para encontrar a alguien que confirmara la observación. No tuvo suerte, no había nadie en la casa en aquel momento. Cuando volvió, apenas un minuto después, vio que las luces se estaban debilitando, así que anotó con precisión la hora y el lugar donde de donde partió la fulguración y siguió observando durante varias horas más, a pesar de que el Sol ya había recuperado su aspecto habitual.

Simultáneamente Balfour Stewart había anotado una alteración del magnetómetro instalado en los Kew Gardens de Londres. La tormenta magnética no sólo afectó a los instrumentos de precisión de los observatorios, de todas partes llegaban noticias de problemas en las líneas telegráficas, algunas oficinas de telégrafos se habían incendiado y en otras los telegrafistas resultaron heridos.

Carrington sospechó que debía existir una relación entre la actividad solar y la tormenta geomagnética del día siguiente. En realidad Carrington fue el primer testigo de una eyección de masa coronal, una onda de radiación y viento solar que suele producirse en los períodos de máxima actividad solar.

En la actualidad sabemos que las manchas solares, la actividad magnética y otros fenómenos similares siguen un ciclo de 11 años. El último ciclo comenzó en enero de 2008 y en los próximos años se espera que la actividad solar aumente, de hecho ya debería haberlo hecho, estamos asistiendo a un período particularmente largo de “sol tranquilo”.

Los registros de hielo obtenidos en la Antártida parecen evidenciar que un fenómeno de estas características tiene lugar por término medio cada 500 años, la última gran aurora que se pudo ver en España tuvo lugar en plena Guerra Civil.

La tormenta geomagnética de 1859 se produjo en los albores de la era eléctrica, apenas había circuitos eléctricos aparte del telégrafo. En la actualidad una tormenta de estas características tendría unas repercusiones desastrosas: las perturbaciones afectarían a los satélites artificiales, a las redes eléctricas y a las comunicaciones por radio y televisión.




Creando estrellas artificiales


neptuno


Crear una estrella artificial debe ser muy complicado, pero añadir una a nuestro cielo usando un láser es algo que ya está al alcance de nuestra tecnología. De hecho, el empleo del láser en óptica adaptativa es algo habitual entre los astrónomos del VLT (o Telescopio Muy Grande) de Cerro Paranal – en Chile – de cara a corregir la molesta distorsión atmosférica.

Los astrónomos del Observatorio Europeo Austral (ESO), emplean el brillo creado por el láser como punto de referencia, lo cual les ayuda a corregir sus instrumentos, reduciendo así notablemente el efecto “emborronador” que crea la atmósfera terrestre posibilitando la obtención de imágenes más definidas.

La estrella artificial se crea cuando el láser cede su energía a ciertos átomos de sodio existentes en una capa de la atmósfera superior, excitándoles hasta que emiten una luz amarilla. Se cree que esta capa de sodio (que se encuentra a 90 kilómetros sobre la superficie de la Tierra) se formó a causa de pasados meteoritos que se adentraron en la atmósfera de nuestro planeta.




Amazing.es


http://amazings.es/2010/08/20/no-neptuno-no-completa-hoy-su-primera-orbita-desde-1846/
http://amazings.es/2010/09/07/la-gran-tormenta-solar-de-1859/
http://amazings.es/2010/09/12/la-nueva-generacion-de-telescopios-podra-detectar-oceanos-extraterrestres/
http://amazings.es/2010/09/06/creando-estrellas-artificiales/



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