No son pocas las ocasiones
en las que he escuchado este argumento por parte de quienes intentan
justificar su comportamiento de violencia sistemática hacia los
animales. Con esto lo que quieren dar a entender es que no debemos
respetar a los animales, porque entonces… también deberíamos respetar a
los vegetales ya que también son seres vivos y a ver que íbamos a
comer. Es decir, como los vegetales son seres vivos, ya está, ya
tenemos justificación para disparar a todo lo que se menea, torturar en
plazas de toros, arrancarles la piel, encerrarles en cubículos de
hormigón de por vida, verter lejía en sus ojos, meterles en agua
hirviendo, tirarles a una máquina trituradora, etc, etc… Además, como
he leído recientemente en una revista que las plantas “sienten dolor”…
Las plantas obviamente son seres vivos, pero nosotros no defendemos
a los animales por el hecho de ser seres vivos, en ningún texto de
Equanimal encontraréis que les defendemos por ser seres vivos, ni
siquiera en los textos de las anteriores organizaciones de las que
provenimos. Lo que sí leeréis en muchas partes es que les defendemos
porque son capaces de sentir, sufren el dolor de todo lo que se les
hace.
Lo más triste es que quienes emplean el argumento de las plantas, no
lo hacen realmente porque se preocupen por causar mal, si no para
justificar su violencia hacia los animales, enfrentarse a quienes lo
cuestionamos y por su deseo de seguir haciéndolo.
Quien esté realmente preocupado por las plantas, debería pensar en
cómo hacerles el menor perjuicio posible, no tiene sentido achacarnos
eso a los animalistas. Nosotros hemos tomado la decisión de no agredir
a los animales basándonos en lo que la ciencia ha demostrado: los
animales sienten, los vegetales no. Quien desee basar su comportamiento
ético en creencias no científicas, que lo haga. Nosotros preferimos
basar nuestra conclusiones en lo que la ciencia ha podido demostrar,
por ejemplo, la capacidad de sufrir. Y las plantas no son capaces de
sufrir. Vamos a hablar por tanto del dolor.
El dolor es un estado o sensación psicológica desagradable, una
forma de sufrimiento que tiene una gran utilidad para la supervivencia
animal. Tener la capacidad de percibir el entorno y de experimentar
sensaciones es una estrategia adoptada por los animales que les permite
reaccionar ante fuentes de daño y peligro que amenacen su
supervivencia. Constituye en definitiva un sistema de guía u
orientación sobre nuestros movimientos.
Para poder experimentar sensaciones o estados mentales, es condición
necesaria poseer un sistema nervioso que permita el procesamiento de la
información. Las plantas no disponen de células especializadas en el
procesamiento rápido de información que permita una respuesta plástica
a su entorno.
Sería un “absurdo biológico” o sinsentido el que las plantas fuesen
capaces de sufrir si no pueden huir de la fuente de daño que provoca su
sufrimiento. De la misma forma que no tendría sentido que seamos
capaces de sufrir ante una quemadura si no tenemos posibilidad de
evitar dicho sufrimiento. Aquellos organismos con tales características
no podrían sobrevivir (tal y como muestran los casos de humanos
insensibles al dolor). Claramente no sobreviviríamos mucho tiempo si no
pudiésemos percibir el dolor causado por una mala postura, una
quemadura, el hambre u otras situaciones, y difícilmente podríamos
transmitir a través de los genes dicha peculiaridad a lo largo de
varias generaciones.
Hay quienes afirman que las plantas sienten, debido a unos
experimentos en los que las plantas reaccionaban ante estímulos
externos. Del hecho de que las plantas, por ejemplo, crezcan más rápido
en presencia de música no se deduce que las plantas sientan y
experimenten sensaciones ni placer al escuchar dicha música. En primer
lugar, las plantas carecen de órganos auditivos y sistema nervioso y
por tanto, difícilmente podrán disfrutar de la música. Por otro lado,
tanto los organismos vivos como incluso objetos inertes son alterados
por variaciones en su entorno. Así el cuarzo vibra frente a
determinadas frecuencias, y el metal se dilata y ensancha ante el
calor. Todas estas alteraciones son resultado de un proceso físico. De
la misma forma, el que las plantas crezcan hacia la luz, o incluso
creciesen más ante determinadas vibraciones (o con más luz, más agua y
mejores nutrientes) son resultado de procesos químicos y hormonales que
nada tienen que ver con una capacidad como sentir.
El hecho de que las plantas sean seres vivos no es suficiente para
atribuirles un estatus moral. Privar de la vida a un organismo que es
incapaz de experimentarla al carecer de sistema nervioso no implica que
le estemos causando un mal. No es suficiente con el mero hecho de estar
vivo, o de poseer una determinada característica. Es imprescindible
mostrar que dicha característica, en este caso, la de estar vivo, es
relevante para el tema en cuestión.
En cualquier caso, si de evitar muertes se tratara, con la
alimentación vegetariana se evitan 8 veces más la muertes de vegetales
que con una alimentación omnívora, dado que al comer al animal, se
es responsable del sufrimiento, esclavitud y muerte de dicho animal, y
además de todos los vegetales que se le han dado durante su vida. Por
no hablar de las harinas de pescado con que se alimenta al ganado: el
33% del total del volumen de pesca mundial se emplea en alimentar al
ganado de abasto, lo cual provoca que se estén esquilmando los mares y
arrasando la fauna marina.
Por tanto, de entre las opciones posibles, la alimentación
vegetariana es la más respetuosa y la que menos daño causa.
fuente:
en las que he escuchado este argumento por parte de quienes intentan
justificar su comportamiento de violencia sistemática hacia los
animales. Con esto lo que quieren dar a entender es que no debemos
respetar a los animales, porque entonces… también deberíamos respetar a
los vegetales ya que también son seres vivos y a ver que íbamos a
comer. Es decir, como los vegetales son seres vivos, ya está, ya
tenemos justificación para disparar a todo lo que se menea, torturar en
plazas de toros, arrancarles la piel, encerrarles en cubículos de
hormigón de por vida, verter lejía en sus ojos, meterles en agua
hirviendo, tirarles a una máquina trituradora, etc, etc… Además, como
he leído recientemente en una revista que las plantas “sienten dolor”…
Las plantas obviamente son seres vivos, pero nosotros no defendemos
a los animales por el hecho de ser seres vivos, en ningún texto de
Equanimal encontraréis que les defendemos por ser seres vivos, ni
siquiera en los textos de las anteriores organizaciones de las que
provenimos. Lo que sí leeréis en muchas partes es que les defendemos
porque son capaces de sentir, sufren el dolor de todo lo que se les
hace.
Lo más triste es que quienes emplean el argumento de las plantas, no
lo hacen realmente porque se preocupen por causar mal, si no para
justificar su violencia hacia los animales, enfrentarse a quienes lo
cuestionamos y por su deseo de seguir haciéndolo.
Quien esté realmente preocupado por las plantas, debería pensar en
cómo hacerles el menor perjuicio posible, no tiene sentido achacarnos
eso a los animalistas. Nosotros hemos tomado la decisión de no agredir
a los animales basándonos en lo que la ciencia ha demostrado: los
animales sienten, los vegetales no. Quien desee basar su comportamiento
ético en creencias no científicas, que lo haga. Nosotros preferimos
basar nuestra conclusiones en lo que la ciencia ha podido demostrar,
por ejemplo, la capacidad de sufrir. Y las plantas no son capaces de
sufrir. Vamos a hablar por tanto del dolor.
El dolor es un estado o sensación psicológica desagradable, una
forma de sufrimiento que tiene una gran utilidad para la supervivencia
animal. Tener la capacidad de percibir el entorno y de experimentar
sensaciones es una estrategia adoptada por los animales que les permite
reaccionar ante fuentes de daño y peligro que amenacen su
supervivencia. Constituye en definitiva un sistema de guía u
orientación sobre nuestros movimientos.
Para poder experimentar sensaciones o estados mentales, es condición
necesaria poseer un sistema nervioso que permita el procesamiento de la
información. Las plantas no disponen de células especializadas en el
procesamiento rápido de información que permita una respuesta plástica
a su entorno.
Sería un “absurdo biológico” o sinsentido el que las plantas fuesen
capaces de sufrir si no pueden huir de la fuente de daño que provoca su
sufrimiento. De la misma forma que no tendría sentido que seamos
capaces de sufrir ante una quemadura si no tenemos posibilidad de
evitar dicho sufrimiento. Aquellos organismos con tales características
no podrían sobrevivir (tal y como muestran los casos de humanos
insensibles al dolor). Claramente no sobreviviríamos mucho tiempo si no
pudiésemos percibir el dolor causado por una mala postura, una
quemadura, el hambre u otras situaciones, y difícilmente podríamos
transmitir a través de los genes dicha peculiaridad a lo largo de
varias generaciones.
Hay quienes afirman que las plantas sienten, debido a unos
experimentos en los que las plantas reaccionaban ante estímulos
externos. Del hecho de que las plantas, por ejemplo, crezcan más rápido
en presencia de música no se deduce que las plantas sientan y
experimenten sensaciones ni placer al escuchar dicha música. En primer
lugar, las plantas carecen de órganos auditivos y sistema nervioso y
por tanto, difícilmente podrán disfrutar de la música. Por otro lado,
tanto los organismos vivos como incluso objetos inertes son alterados
por variaciones en su entorno. Así el cuarzo vibra frente a
determinadas frecuencias, y el metal se dilata y ensancha ante el
calor. Todas estas alteraciones son resultado de un proceso físico. De
la misma forma, el que las plantas crezcan hacia la luz, o incluso
creciesen más ante determinadas vibraciones (o con más luz, más agua y
mejores nutrientes) son resultado de procesos químicos y hormonales que
nada tienen que ver con una capacidad como sentir.
El hecho de que las plantas sean seres vivos no es suficiente para
atribuirles un estatus moral. Privar de la vida a un organismo que es
incapaz de experimentarla al carecer de sistema nervioso no implica que
le estemos causando un mal. No es suficiente con el mero hecho de estar
vivo, o de poseer una determinada característica. Es imprescindible
mostrar que dicha característica, en este caso, la de estar vivo, es
relevante para el tema en cuestión.
En cualquier caso, si de evitar muertes se tratara, con la
alimentación vegetariana se evitan 8 veces más la muertes de vegetales
que con una alimentación omnívora, dado que al comer al animal, se
es responsable del sufrimiento, esclavitud y muerte de dicho animal, y
además de todos los vegetales que se le han dado durante su vida. Por
no hablar de las harinas de pescado con que se alimenta al ganado: el
33% del total del volumen de pesca mundial se emplea en alimentar al
ganado de abasto, lo cual provoca que se estén esquilmando los mares y
arrasando la fauna marina.
Por tanto, de entre las opciones posibles, la alimentación
vegetariana es la más respetuosa y la que menos daño causa.
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