Diego no tiene nada que ver. Dijo lo que dijo. Muchos se enojaron. Un grupo lo defendió. Algunos se alegraron porque, por fin, alguien ponía límites a la impunidad de algunos periodistas. Otros consideraron que era una bravuconada sexista. Hubo quien creyó que se trata de un pecado imperdonable. Otros lo vieron como una muestra más de lo que Maradona es, tómalo-o-déjalo, con sus momentos sublimes y de los otros. Y también los que lo vivieron como un hecho menor: una superestrella insulta a los periodistas, estos se ofenden como vírgenes, la estrella se mata de la risa, los profetas opinan en un sentido u otro, y todos vivimos por unos días de la escenita.
En fin, nada del otro mundo.
Por eso, Diego –ni lo que dijo, ni lo que le respondieron, ni la manera en que conduce el seleccionado– tiene nada que ver con esta nota. Él, además, ni lo debe haber percibido. Pero, por un momento, pareció ofrecerle una brújula al progresismo, tan confundido como está en estos tiempos. A mí me resultaba un alivio, porque también ando perdido, raro. Y cada vez que veo una luz al final del túnel, me ilusiono. Ahí está el progresismo, me digo. Y voy. Me ha ocurrido, lo confieso, que la luz era un tren que se me venía encima. Pero no cejo en el intento.
A ver si nos explicamos.
¿Usted se dio cuenta de que había que defender a Diego porque lo que dijo –eso de chuparla– era progre? No vale la pena hacer citas concretas –aunque alguna habrá– para no enojar a nadie. Pero si mal no deduje, la cosa es así: si Diego perdía le iban a echar la culpa al Gobierno, Diego está con el fútbol gratis, Diego está contra el periodismo, las señoras caceroleras deben estar ofendidísimas por las groserías, ergo, hay que estar con Diego.
Y como nosotros estamos con el Gobierno, con el futbol gratis, contra el periodismo –el deportivo también– y contra las señoras caceroleras, sumamos, restamos, y nos queda claro: nos alineamos con él, aunque él no debe tener idea de por qué estas cosas suceden, o sí, y se debe matar de la risa.
No importa que no entendamos nada de fútbol: estamos con él porque asusta a los burgueses.
Al rato me acordé que, en su momento, Diego era menemista. Pero no me hice problema. Hay tantos menemistas que hoy son progres –Néstor, Cristina, Ramoncito Saadi, Aníbal– que mejor no ponerse sectarios, justo ahora que se consumó la unidad nacional. Ni me quise acordar que Don Julio Grondona también está con Diego, el fútbol gratis y contra el periodismo, porque eso ya es una gorilada y encima demodé.
Es que uno tiene reflejos de cuando el progresismo estaba equivocado. Y le cuesta combinarlo con los nuevos conceptos no aptos para los que tenemos la cabeza tan cerrada.
La complicación seria se me apareció cuando traté de combinar este razonamiento con otros que también intentaron, en tiempos no muy lejanos, establecer una relación lineal entre fútbol y política.
Valen algunos ejemplos:
Durante los años setenta y ochenta, la división en el mundillo del fútbol era entre menottistas y bilardistas. Un sector del progresismo sostenía con énfasis que el de Menotti era fútbol de izquierda mientras que el de Bilardo era de derecha. Las discusiones eran realmente apasionantes. El menottismo tenía un talón de Aquiles: su héroe había sido el técnico del equipo de la dictadura.
Cuando desde el otro sector le clavaban la estocada, respondían que estaban hablando del estilo de juego, de lo que ocurre dentro de la cancha, no de lo que pasaba en el país en ese entonces. Igual, con ese dato, era difícil establecer claros parámetros de quién era de derecha y quién de izquierda.
En medio de esa pelea, la sección deportes del diario Clarín siempre, pero siempre, tuvo una tendencia claramente favorable a Menotti, el de izquierda. A tal punto que Bilardo pidió varias veces, en público, que echaran a sus editores. Si se sigue el razonamiento se verá que Menotti, el del fútbol progre, podía ser vinculado con la dictadura. Que Clarín, el demonio, estaba con Menotti, el progre, y Bilardo, el del fútbol de derecha, estaba contra Clarín. Era difícil encontrar donde pararse.
Otra cosa que me confunde: al final del partido, Maradona se abrazó con Bilardo, que era del fútbol de derecha. Pero Maradona está, o dicen que está, contra Clarín, o sea que es de izquierda
¿Será que Bilardo es ahora de izquierda porque está contra Clarín? ¿O que Maradona es de derecha porque se abraza con Bilardo? ¿O se trata sólo de una alianza táctica, un detalle menor, en la lucha revolucionaria?
Y ahí mismo me deprimí.
Porque si me agarraba de Menotti para ser progre, terminaba al lado de Clarín y la dictadura. Si me alineaba con Maradona, terminaba abrazado con Bilardo y, unos años antes, con Menem. Si elegía al enemigo de mi enemigo –Clarín– otra vez, me describía bilardista y grondonista. Si me dejaba orientar por el fútbol que le gusta a la gente, clara consigna progre, tengo que huir desesperado.
Un amigo, de esos tan sensatos, y nada progre, me dijo: “Ese es el problema de ustedes, quieren que todo esté clarito, todos los buenos de un lado, y todos los malos del otro, y la vida no es así.
Yo odio a los milicos, amo a Menotti, leo Clarín, no me gusta Bilardo, me gustó la selección del ’86, quiero a Diego, no me gustó lo que dijo, creo que Grondona es un mafioso, me gusta ver el fútbol gratis. No sólo eso: tengo un amigo judío, odio el imperialismo yanqui, pero me gusta Disney y menos mal que les ganaron a los rusos y a los alemanes porque si no estaríamos en problemas mayores”.
–Es muy contradictorio –le dije.
–¿Y? –me respondió–. Como Diego, Clarín, Kirchner, el fútbol gratis, Carrió, Grondona, Bilardo, Menotti, Obama y Luciana Salazar. ¿No te das cuenta de que todo es un quilombo? Además, ¿qué tiene que ver el estilo de juego con las ideas políticas?
Que suerte que tiene mi amigo: puede vivir así, en tinieblas.
Quizá, me dije a mi mismo, ya desesperado, sea cuestión de encontrar la contradicción principal, como dice Mao, y olvidarme de tantos detalles.
¿Cuál es la contradicción principal?
A verrrrrrrrrrrrrr.
¿La pelea contra “la ofensiva destituyente de las cámaras patronales”?
Ah, sí, cierto.
¿Y ustedes creen que decir que la sigan mamando es un aporte en esa lucha heroica?
Déjenme esforzarme: Fernando Niembro y Toti Passman son un ejemplo de lo que es el periodismo, al decirles que la tienen adentro Diego denuncia a todo el periodismo, el periodismo fue cómplice del agropower, ergo, Diego es revolucionario. Además, a Diego lo quieren voltear, igual que a los Kirchner. Hay un movimiento destituyente en el mundo del fútbol.
¿Eso es?
Entonces apoyemos al Diego.
Firmo.
Y ya que estamos, otra cosa más.
Cuenta Osvaldo Bazán, el miércoles, en Crítica:
“Entre todos los periodistas que defenestraron los dichos de Maradona, figuró Gisela Marziotta en su noticiero de América 24. Lo que dijo no fue ni más ni menos fuerte, inteligente u original que los demás. Digamos que su voz no desentonó con lo que el establishment televisivo dijo al respecto. Al finalizar el informe, y después de que Sandra Russo calificase a Maradona como ‘el que más asusta a los burgueses’, se siguió con el tema del sexo oral. Entonces fue que Orlando Barone puso cara de pícaro y aseguró, como si estuviese en un asado varonero: ‘Entre los que hablaban estaba la chica Marziotta, se ve que conoce del tema, ¿no?’. Momento de desconcierto. Sí, como sonó. Barone dio a entender con media sonrisa que estaba hablando de las costumbres sexuales de Marziotta. Un periodista ‘bardeando’ a una colega desde el machismo más recalcitrante, desde la moralina más berreta. No se sabe qué reacción tuvo Carla Czudnowsky, ex cronista hot y habitual defensora de los derechos sexuales, porque la cámara no la enfocó. Sí mostró a Russo, quien ha hecho notablemente de la defensa de género una parte importante de su discurso. En este caso, Russo se limitó a tapar su cara, bajarla y negar con la cabeza. Se supone que reía. María Julia Oliván, sorprendida, miró a cámara y mandó al corte. Sí. Desde la televisión pública un periodista de los que dan cátedra de ética, de manera sibilina, se refirió a una colega en modos soeces. Seguramente otra vez el presidente del Sistema de Medios Públicos, Tristón Bauer, no tendrá nada para decir. Lo que será entendido como sigan mamándola”.
Notable.
Simplemente, notable.
Ser progre, hoy, es algo muy notable.
Por suerte está Diego que nos distrae un poco.
http://www.elargentino.com/nota-62811-Sexo-oral-y-progresismo.html