Hola este es mi 4to post, he visto q todos postean cosas de navidad y toda la bola... a mi realmente la navidad me parece que es una degeneracion terrible,que si alguna vez tuvo un significado noble ya lo perdiò . iba a escribir algo yo pero no estoy muy inspirado , q mas que decir que que me molesta mucho y que me encantaria que mis hijos nunca creyeran en papa noel por lo menos ...
he aqui unos textos que encontre navegando por ahi
1. La Pura Verdad acerca de la NAVIDAD por Herbert W. Armstrong
el primero es bastante extenso y refuta muchas cosas que no son ciertas de la navidad y aclara algunos tantos
2.Las cuatro caras de la navidad
3.La Navidad Comercial
4.La Navidad cristiana y la Navidad Consumista
La Pura Verdad acerca de la NAVIDAD
por Herbert W. Armstrong
¿Dónde se originó la costumbre de celebrar la Navidad? ¿Tiene su fundamento en la Biblia o en el paganismo? ¡En este folleto se revelan algunas verdades sorprendentes! ¿Conoce usted el origen del árbol de Navidad, de “Papá Noel” y del intercambio de aguinaldos?
ERA NOCHE BUENA. Los niños habían hecho el pesebre y esperaban ansiosos la venida de Papá Noel cargado de regalos. Al amanecer del día 25 de diciembre encontraron una gran cantidad de paquetes con juguetes y dulces debajo de un flamante árbol de Navidad. Sus padres les aseguraban que todo aquello lo había traído Papá Noel durante la noche mientras ellos dormían.
¿Acaso dudaban los niños de lo que sus padres les decían? ¡Claro que no! Lo daban por hecho. ¿A usted no le sucedió lo mismo?
Muy pocos se han detenido a pensar por qué creen lo que creen, por qué observan determinadas costumbres. La mayoría de nosotros aprendimos a aceptar todo sin vacilar.
¿Por qué sucede esto? ¿Por instinto ovejuno? No exactamente.
Por naturaleza tenemos la tendencia a hacer lo mismo que hacen los demás… aunque estén equivocados. Las ovejas siguen el rebaño hasta el degolladero. Pero los humanos debemos fijarnos hacia dónde vamos.
¿Cuál fue el origen de la Navidad?
¿Es la Navidad realmente la celebración del nacimiento de Jesucristo? ¿Nació Jesús un 25 de diciembre?
Los apóstoles originales, quienes conocieron a Jesús personalmente y fueron instruidos por Él, ¿celebraban su cumpleaños el 25 de diciembre? ¿La idea se les ocurrió alguna vez? Si la Navidad es la festividad más importante del cristianismo, ¿por qué tantas personas que no son cristianas la observan? ¿Lo sabe usted?
¿Por qué es época de intercambiar regalos con nuestros parientes y amistades? ¿Tiene esta costumbre su origen en los magos quienes le presentaron obsequios al niño Jesús? Las respuestas nos pueden sorprender.
La mayoría de las personas “suponen” muchas cosas acerca de la Navidad… cosas que realmente no son ciertas. Pero no supongamos nada, sino que busquemos los hechos.
La palabra “navidad” es una contracción de “natividad”, que significa natalicio. Esta fiesta hizo su aparición en la Iglesia Católica y de allí se extendió al protestantismo y al resto del mundo.
Ahora bien, ¿de dónde la recibió la Iglesia Católica? No fue de las enseñanzas del Nuevo Testamento. No fue de la Biblia ni de los apóstoles quienes habían sido instruidos personalmente por Jesucristo. La Navidad se introdujo en la Iglesia durante el siglo cuarto, proveniente del paganismo.
Puesto que la celebración de la Navidad fue introducida en el mundo por la Iglesia Católica Romana y no tiene otra autoridad que la de ella misma, veamos lo que dice al respecto la Enciclopedia Católica (edición de 1.911):
“La Navidad no estaba incluida entre las primeras festividades de la Iglesia… los primeros indicios de ella provienen de Egipto… Las costumbres paganas relacionadas con el principio de enero se centraron en la fiesta de la Navidad”.
En la misma enciclopedia, bajo “Día Natal”, encontramos que Orígenes, uno de los padres de la Iglesia, reconoció la siguiente verdad: “…No vemos en las escrituras que nadie haya guardado una fiesta ni celebrado un gran banquete el día de su natalicio. Sólo los pecadores [como Faraón y Herodes] celebraban con gran regocijo el día en que nacieron en este mundo".
La Encyclœpedia Britannica, edición de 1.946, dice: “La Navidad no se contaba entre las antiguas festividades de la Iglesia…” No fue instituida por Jesucristo ni por los apóstoles, ni por autoridad bíblica. Fue tomada más tarde del paganismo.
La Enciclopedia Americana, edición de 1.944, dice: “La Navidad… de acuerdo con muchas autoridades no se celebró en los primeros siglos de la Iglesia Cristiana, ya que la costumbre del cristianismo en general era celebrar no el natalicio sino la muerte de personas importantes. [La “Comunión”, o mejor dicho, la Pascua, instituida por autoridad bíblica en el Nuevo Testamento, es una conmemoración de la muerte de Cristo.]… En memoria de este acontecimiento [el nacimiento de Cristo] se instituyó una fiesta en el siglo cuarto. En el siglo quinto, la Iglesia Occidental dio orden de que fuese celebrada para siempre, en el mismo día de la antigua festividad romana en honor del nacimiento del Sol, ya que no se conocía la fecha exacta del nacimiento de Cristo”.
Tomemos nota de este hecho importante: Estas autoridades históricas demuestran que durante los primeros dos o tres siglos de nuestra era los cristianos no celebraban la Navidad. Esta fiesta fue introducida en la Iglesia Romana en el siglo cuarto de nuestra era ¡y no fue hasta el siglo quinto que se estableció como fiesta oficialmente cristiana!
Jesús no nació un 25 de diciembre
¡Jesucristo ni siquiera nació en la época del año en que ahora se observa la Navidad! Cuando Él nació, “había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño” (Lucas 2.8). Esto jamás pudo haber acontecido en Judea en el mes de diciembre. Los pastores traían sus rebaños de los campos y los encerraban a más tardar a mediados de octubre para protegerlos de la estación fría y lluviosa que se acercaba. La Biblia misma prueba, en Cantares 2.11 y Esdras 10.9, 13, que el invierno era época de lluvias, lo cual hacía imposible que los pastores permanecieran de noche en el campo con sus rebaños.
“Era una antigua costumbre de los judíos de aquellos tiempos sacar sus rebaños a los campos y desiertos alrededor de la Pascua (a principios de la primavera) y traerlos nuevamente a casa al comenzar las primeras lluvias” (Adam Clarke Commentary, Comentario de Adán Clarke, volumen 5, página 370).
El mismo comentarista declara: “Los pastores vigilaban sus rebaños día y noche mientras permanecían fuera. Puesto que la primera lluvia caía a principios del mes de chesvan, que corresponde a parte de los meses de octubre y noviembre [comienza en octubre], vemos que los rebaños permanecían en el campo todo el verano. Ahora bien, según el relato bíblico los pastores todavía no habían recogido sus rebaños, lo que hace suponer que el mes de octubre no había comenzado aún y que, por lo tanto, nuestro Señor no nació un 25 de diciembre, cuando no había rebaños en los campos. No pudo haber nacido después del mes de septiembre, ya que los rebaños aún estaban en el campo de noche. Con esto, debemos descartar la natividad en diciembre. El pastoreo nocturno de los rebaños en los campos es un hecho cronológico."
Cualquier enciclopedia u otra autoridad nos puede confirmar el hecho de que Cristo no nació un 25 de diciembre. La Enciclopedia Católica lo dice claramente.
La fecha exacta del nacimiento de Jesucristo es totalmente desconocida. Esto lo reconocen todas las autoridades. La falta de espacio en esta publicación nos impide mostrar las escrituras que indican que este acontecimiento sucedió a principios de otoño, posiblemente en el mes de septiembre, alrededor de seis meses después de la Pascua.
Si Dios hubiera querido que guardáramos y celebráramos el cumpleaños de Jesucristo, no habría ocultado la fecha.
¿Cómo pudo esta fiesta pagana introducirse en el mundo cristiano occidental?
The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge (La nueva enciclopedia de conocimiento religioso, de Schaff-Herzog) lo explica claramente en su artículo sobre la Navidad: “No puede determinarse con precisión… hasta qué punto la fecha de esta festividad dependió de la pagana Brumalia (25 de diciembre), que seguía a la Saturnalia (17-24 de diciembre) y conmemoraba el día más corto del año y el nuevo Sol. Las festividades paganas de Saturnalia y Brumalia estaban demasiado arraigadas en las costumbres populares para ser suprimidas por la influencia cristiana… La festividad pagana, con su alboroto y jolgorio, gustaba tanto que los cristianos vieron con agrado una excusa para continuar celebrándola sin mayores cambios en el espíritu y la forma de su observancia. Predicadores cristianos de Occidente y del Oriente Cercano protestaron contra la frivolidad indecorosa con que se celebraba el nacimiento de Cristo, mientras los cristianos de Mesopotamia acusaban a sus hermanos occidentales de idolatría y de culto al Sol por aceptar como cristiana esta festividad pagana”.
Recuérdese que el mundo romano había sido pagano. Antes del siglo cuarto los cristianos eran pocos, aunque su número iba en aumento, y eran perseguidos por el gobierno y los paganos. Pero con el advenimiento del emperador Constantino quien en el siglo cuarto se declaró cristiano y elevó al cristianismo a un nivel de igualdad con el paganismo, el mundo romano comenzó a aceptar este cristianismo popularizado y los nuevos adeptos sumaron centenares de millares.
Tengamos en cuenta que esta gente había sido educada en las costumbres paganas, siendo la principal aquella fiesta idólatra del 25 de diciembre. Era una fiesta de alegría y gozaba de un espíritu especial. ¡Le gustaba al pueblo! ¡No querían suprimirla! El artículo ya citado de The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge explica cómo el reconocimiento del día domingo por parte de Constantino, día en que antes los paganos adoraban al Sol, y cómo la influencia del maniqueísmo pagano, que identificaba al Hijo de Dios con el Sol, dieron motivo a estos paganos del siglo cuarto, ahora convertidos en masa al cristianismo, para acomodarle a su fiesta pagana del 25 de diciembre (día del nacimiento del dios Sol) el título de día del nacimiento del Hijo de Dios.
¡Así fue como la “Navidad” se introdujo en nuestro mundo occidental! Aunque le demos otro nombre, sigue siendo la misma fiesta pagana de culto al Sol. Sólo ha cambiado el nombre. Podemos llamar “león” a una liebre, mas no por esto deja de ser liebre. La Encyclœpedia Britannica dice: “A partir del año 354 algunos latinos pudieron haber trasladado la fecha del 6 de enero al 25 de diciembre, la cual era entonces una fiesta mitraica… o cumpleaños del invencible Sol… Los sirios y los armenios, aferrándose a la fecha del 6 de enero, acusaban a los romanos de idólatras y adoradores del Sol, sosteniendo… que la fiesta del 25 de diciembre había sido inventada por los discípulos de Cerinto…”
El verdadero origen de la Navidad[/b]
Hemos visto, pues, que la Navidad llegó al mundo por medio de la Iglesia Católica y que ella la recibió del paganismo. Ahora bien, ¿de donde la sacaron los paganos? ¿Cuál fue su verdadero origen?
La Navidad es una de las principales tradiciones del sistema corrupto llamado Babilonia, y como tal es censurado en las profecías y enseñanzas bíblicas. ¡Tiene sus raíces en la antigua Babilonia de Nimrod! Sí. ¡data de la época inmediatamente posterior al diluvio!
Nimrod, nieto de Cam, hijo de Noé, fue el verdadero fundador del sistema babilónico, sistema de la competencia organizada, de imperios y gobiernos humanos, del sistema económico del lucro, el cual se ha apoderado del mundo desde entonces. Nimrod construyó la torre de Babel, la Babilonia original, Nínive y muchas otras ciudades. Organizó el primer reino de este mundo. El nombre Nimrod se deriva de la voz hebrea marad que significa “rebelar”.
De escritos antiguos aprendemos que fue este hombre quien comenzó la gran apostasía mundial organizada que ha dominado al mundo desde tiempos inmemoriales hasta ahora. Nimrod era tan perverso que se dice se casó con su propia madre cuyo nombre era Semíramis. Muerto prematuramente, su llamada madre-esposa, Semíramis, propagó la perversa doctrina de la supervivencia de Nimrod como ser espiritual. Sostenía que de la noche a la mañana un gran árbol (tipo siempre verde) surgió de una cepa muerta, lo cual simbolizaba el nacimiento de Nimrod a una nueva vida. Ella declaró que en cada aniversario de su natalicio Nimrod dejaría regalos en el árbol. La fecha de su nacimiento era el 25 de diciembre. He aquí el verdadero origen del árbol de Navidad.
Con tramas e intrigas Semíramis se convirtió en la “reina del cielo” babilónica, y Nimrod, bajo diversos nombres, se convirtió en el “divino hijo del cielo”. Después de varias generaciones de esta adoración idólatra, Nimrod también se tornó en el falso mesías hijo de Baal, el dios Sol. En este falso sistema babilónico “la madre y el hijo” (Semíramis y Nimrod nacido nuevamente) se convirtieron en los principales objetos de adoración. Esta veneración de “la madre y el hijo” se extendió por todo el mundo, con variación de nombres según los países y las lenguas. Por sorprendente que parezca, encontramos el equivalente de la Madona ¡mucho antes del nacimiento de Jesucristo!
Así fue como en los siglos cuarto y quinto, mientras los paganos del mundo romano se convertían en masa al “cristianismo” llevando consigo sus antiguas creencias y costumbres paganas y disimulándolas bajo nombres cristianos, se popularizó también la idea de “la madre y el hijo”, especialmente en época de Navidad. Las tarjetas de Navidad, los villancicos y las escenas del pesebre reflejan este mismo tema.
Quienes fuimos criados en este mundo babilónico, quienes hemos escuchado y aceptado estas cosas durante toda la vida, hemos aprendido a venerarlas como algo sagrado. Jamás dudamos. Jamás nos detuvimos a investigar si estas costumbres tenían su origen en la Biblia o en la idolatría pagana.
Nos asombramos al conocer la verdad y, desgraciadamente, hay quienes se ofenden ante la verdad escueta. Pero Dios ordena a sus ministros fieles: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta y anuncia a mi pueblo su rebelión” (Isaías 58.1). Increíble como parezca, estos son hechos reales en la historia y en la Biblia.
El verdadero origen de la Navidad está en la antigua Babilonia. ¡Está envuelto en la apostasía organizada que ha mantenido engañado al mundo desde hace muchos siglos! En Egipto siempre se creyó que el hijo de Isis (nombre egipcio de la “reina del cielo”) nació un 25 de diciembre. Los paganos en todo el mundo conocido celebraron esta fecha siglos antes del nacimiento de Jesucristo.
Jesús el verdadero Mesías, no nació un 25 de diciembre. Los apóstoles y la Iglesia primitiva jamás celebraron el natalicio de Cristo en esa fecha ni en ninguna otra. No existe en la Biblia mandato ni instrucción alguna para hacerlo. Pero sí existe el mandato de observar, no festejar, la fecha de su muerte (1 Corintios 11.24-26; Juan 13.14-17).
Así fue como los “misterios caldeos”, inventados por la esposa de Nimrod nos fueron legados - con nuevos nombres cristianos - por las religiones paganas.
Otras costumbres paganas
Además de las tradicionales costumbres navideñas de nuestros pueblos, hemos adoptado otras que con ser de origen pagano logran una acogida entusiasta. La “flor de Navidad” y el madero que se enciende en la chimenea son “vestigios de épocas precristianas”, según la Enciclopedia Americana. La corona verde o guirnalda que adorna las puertas de tantos hogares es igualmente pagana. De ella dice Frederick J. Haskins en su libro Answers to Questions (Respuestas a algunas preguntas): “Se remonta a las costumbres paganas de adornar edificios y lugares de adoración para la festividad que se celebraba al mismo tiempo de la Navidad. El árbol de Navidad viene de Egipto y su origen es anterior a la era cristiana”.
Aun las velas, símbolo tradicional de la Navidad, son una vieja costumbre pagana, pues se encendían al ocaso para reanimar al dios Sol cuando éste se extinguía para darle paso a la noche.
También el Papá Noel
“Papá Noel”, o “Santa Claus”, es el mismo “San Nicolás”, obispo católico del siglo quinto. La Encyclœpedia Britannica, edición 11, volumen 19, páginas 648-649, dice: “San Nicolás, obispo de Mira santo venerado por los griegos y los latinos el 6 de diciembre… Se dice que una leyenda según la cual regalaba clandestinamente dotes a las tres hijas de un ciudadano pobre… dio origen a la costumbre de obsequiar regalos en secreto la víspera del día de San Nicolás [6 de diciembre], fecha que después se cambió al día de Navidad. De allí la asociación de la Navidad con Santa Claus…”
Los padres castigan a sus niños por decir mentiras pero al llegar la Navidad ¡ellos mismos se encargan de contarles la mentira de “Papá Noel”, los “Reyes Magos” o del “Niño Dios” !Entonces, ¿por qué nos extraña que al llegar a la edad adulta también crean que Dios es un mito?
Cierto niño, sintiéndose tristemente desilusionado al conocer la verdad, le comentó a un amiguito: “Sí, ¡y también me voy a informar acerca del tal Jesucristo!”
¿Es cristiano enseñarles a los niños mitos y mentiras? Dios dice “No engañaréis ni mentiréis el uno al otro” (Levítico 19.11). Aunque a la mente humana le parezca bien y lo justifique, Dios también dice: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.
Estudiados los hechos, pues, vemos con asombro que la costumbre de celebrar la Navidad en realidad no es costumbre cristiana sino pagana ¡Ello constituye uno de los caminos de Babilonia en que el mundo ha caído!
¿Es bíblico el intercambio de regalos?
Para algunas personas este es el punto más importante de todo lo que se refiere a la observancia de la Navidad: la época de comprar e intercambiar regalos. Al respecto muchos exclamarán triunfalmente: “¡Para esto sí tenemos autorización bíblica! ¿Acaso Jesucristo al nacer no recibió regalos de los magos?”
Nuevamente la verdad nos ha de sorprender. Primero, veamos el origen histórico de la costumbre de dar aguinaldos para después ver lo que nos dice la Biblia al respecto.
Citamos lo siguiente de la Bibliotheca Sacra, volumen 12, páginas 153-155: “El intercambio de regalos entre amigos es característico tanto de la Navidad como de la Saturnalia y los cristianos seguramente lo tomaron de los paganos, como lo demuestra con claridad la amonestación de Tertuliano”.
La verdad es que la costumbre de intercambiar regalos con amigos y parientes durante la época navideña, ¡no tiene absolutamente nada que ver con el cristianismo! Aunque nos parezca extraño. ¡ello no celebra el nacimiento de Jesucristo ni lo honra a Él! Supongamos que alguna persona que usted estima está celebrando su cumpleaños. ¿La honraría usted comprando cantidades de regalos para todos los demás parientes y amigos; haciendo caso omiso de la persona a quien desea honrar? ¿No le parece absurdo desde este punto de vista?
Sin embargo, esto es precisamente lo que hace la gente en todo el mundo. Observan un día en que Cristo no nació, gastando todo el dinero que logran reunir para obsequiar regalos a sus parientes y amigos. Pero años de experiencia nos enseñan que los cristianos profesos suelen olvidarse de dar algo a Cristo y a su Obra en el mes de diciembre. Este suele ser el mes en que más sufre la Obra de Dios. Aparentemente la gente está tan ocupada intercambiando aguinaldos que no se acuerdan de Cristo ni de su Obra. Después, durante enero y aun febrero, tratan de recuperar todo lo que gastaron en Navidad, de modo que muchos, en lo que se refiere al apoyo que dan a Cristo y su Obra, no vuelven a la normalidad hasta marzo.
Veamos lo que dice la Biblia en Mateo 2.1, 11 respecto a los regalos que llevaron los magos cuando nació Jesucristo. “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?… Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.
¿Por qué le llevaron regalos a Cristo?
Notemos que los magos preguntaron por el niño Jesús, nacido rey de los judíos. Pero, ¿por qué le llevaron regalos? ¿Por ser su cumpleaños? ¡De ninguna manera!, ya que ellos llegaron varios días o semanas después de su nacimiento. Entonces, ¿lo hicieron para darnos ejemplo? ¡No! Tomemos nota. Ellos no intercambiaron regalos; más bien “le ofrecieron presentes” a Él, a Cristo. ¡No intercambiaron regalos con sus amigos y familiares, ni entre ellos mismos!
¿Por qué? El mencionado comentario bíblico de Adán Clarke, volumen 5, página 46, dice: “Versículo 11. (Le ofrecieron presentes.) En el Oriente no se acostumbra entrar a la presencia de reyes y grandes personajes con las manos vacías. Esta costumbre es señalada con frecuencia en el Antiguo Testamento y aún persiste en el Oriente y en algunas islas… del Pacífico Sur”.
¡Ahí está! ¡Los magos no estaban instituyendo una nueva costumbre cristiana de intercambiar regalos para honrar el nacimiento de Jesucristo! Actuaron de acuerdo con una antigua costumbre oriental que consistía en llevar regalos al presentarse ante un rey. Ellos llegaron en persona ante la presencia del Rey de los judíos. Por tanto llevaron obsequios de la manera que lo llevó la reina de Sabá a Salomón y así como hoy los llevan quienes visitan a un jefe de estado.
La costumbre de dar aguinaldos no tiene nada que ver con este acontecimiento; más bien es la continuación de una antigua costumbre pagana. En vez de honrar a Cristo, lo que hace es atrasar su Obra cada año en la época navideña.
¿Honra a Cristo realmente?
Ahora veamos un argumento utilizado con frecuencia para justificar la observancia de la Navidad.
Hay quienes insisten en que a pesar de tener sus raíces en una costumbre pagana, ahora no se observa la Navidad para honrar a un falso dios, el dios Sol, sino para honrar a Jesucristo.
¿Que nos dice la palabra de Dios al respecto? “No caigas en la trampa detrás de ellos [los pueblos paganos] no consultes a sus dioses ni averigües como les daban culto dichos pueblos, para hacer tú lo mismo. Tú no harás lo mismo con el Señor, tu Dios, porque ellos hacían a sus dioses cosas que detesta y abomina el Señor” (Deuteronomio 12.30-31, Nueva Biblia Española).
Asimismo, el profeta Jeremías nos advierte con respecto a las costumbres tradicionales de la sociedad que nos rodea: “Dice el Señor: No imitéis la conducta de los paganos… Los ritos de esos pueblos son falsos” (Jeremías 10.2-3, Nueva Biblia Española).
Dios nos dice claramente en su manual de instrucciones para nosotros - la Biblia - que no aceptará esta clase de culto aunque sea con la intención de honrarlo a Él. Nos dice que eso es abominable y por tanto no lo honra a Él sino a los falsos dioses paganos. Dios no quiere que lo honremos “como nos dicte nuestra propia conciencia”. Jesucristo dijo claramente: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4.24). ¿Qué es verdad? El mismo Jesús dijo que su Palabra, la Santa Biblia, es verdad. (Juan 17.17). La Biblia dice que Dios no aceptará el culto de personas que, queriendo honrar a Cristo, adopten una costumbre pagana.
De nuevo, Jesús dijo: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15.9). La observancia de la Navidad es un mandamiento de hombres y esto lo ha prohibido Dios. Jesucristo dijo además: “Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” (Mateo 15.6).
Esto es precisamente lo que hacen hoy millones de personas. Desechan el mandamiento de Dios. Su mandamiento con respecto a la celebración de costumbres paganas para honrar o adorar a Dios es clarísimo: “Tú no harás lo mismo con el Señor, tu Dios”. Sin embargo, la mayoría de la personas toman a la ligera este mandamiento y lo invalidan siguiendo la tradición de los hombres al observar la Navidad.
¡No nos equivoquemos! Dios nos permite desobedecer. Nos permite seguir las costumbres de los hombres. Nos permite pecar. Pero también nos advierte que habrá un día de juicio en el que ¡segaremos lo que hayamos sembrado! Jesucristo fue la Palabra viviente y personal de Dios, y la Biblia es la Palabra de Dios escrita. ¡Por esas palabras seremos juzgados para toda la eternidad! No debemos hacer caso omiso de ellas ni tomarlas a la ligera.
Estamos en Babilonia sin saberlo
La Navidad se ha convertido en una fiesta comercial, sostenida en parte por las compañías y campañas publicitarias más grandes. En muchos lugares vemos a un “Papá Noel” disfrazado. Los anuncios publicitarios nos mantienen engañados sobre el “espíritu navideño”. Los diarios que publican estos anuncios también publican editoriales que exaltan y elogian la festividad pagana y su “espíritu”. La gente crédula está tan convencida que muchos se ofenden al conocer la verdad. Pero el “espíritu de Navidad” es revivido cada año, no para honrar a Cristo ¡sino para vender mercancías! Como todos los engaños de Satanás, la Navidad también se presenta como “ángel de luz”, algo aparentemente bueno, Todos los años se derrochan miles de millones en compras… ¡mientras la causa de Cristo sufre por ello! ¡Esto es parte del sistema económico de Babilonia!
Nos hemos denominado naciones cristianas, pero sin saberlo estamos realmente en Babilonia, tal como lo predijo la Biblia. Apocalipsis 18.4 nos advierte: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas”.
Este año, en lugar de intercambiar regalos, ¿por qué no invertir ese dinero en la Obra de Dios?
CUATRO ROSTROS DE LAS NAVIDADES
Probablemente, Navidad nunca fue una fiesta entendida por todos del mismo modo. Hoy, al menos, aparece con múltiples rostros. Hay una Navidad monacal, en latín y canto gregoriano, tan antigua como los monasterios, escondida en abadías recónditas; una Navidad parroquial, con misa del gallo, coros y belén, en declive de fieles y auge celebrativo; una Navidad de coros y scholas que cantan villancicos en iglesias y colegios; una Navidad de cantatas y oratorios de música clásica para los melómanos de los conciertos; una Navidad de vacaciones escolares con incesantes películas de dibujos animados, y una Navidad de tiendas y almacenes y de plazas con tenderetes navideños que invitan al consumo y al derroche. Según se entienda y viva el hecho navideño puede hablarse, al menos, de cuatro navidades: la comercial, la familiar, la popular y la cristiana.
La Navidad comercial
A la luz del calendario comercial, Navidad es una ocasión extraordinaria de los tenderos para multiplicar las ventas de toda clase de productos. Se advierte su proximidad por la decoración e iluminación de calles y plazas, fachadas y escaparates, con miles de bombillas, a cargo de los ayuntamientos. Semanas antes del día de Navidad, a saber, desde el 1 de diciembre al menos, el comercio despliega una actividad febril. Los grandes almacenes y tiendas modestas aprovechan esos días para vender productos típicos de estas fiestas: cordero y besugo, turrones y mazapán, champán y vino dulce, cava y sidra, guirnaldas con bolas de colores y cintas de adorno, portales y figuras del belén, corcho y musgo, árboles de navidad, juguetes y regalos de todo tipo.
Navidad da lugar a ventas abrumadoras, felicitaciones con tarjetas apropiadas, intercambio de regalos, programas televisivos especiales, discursos de los mandatarios, salas de fiestas y comidas suculentas. Con razón puede decirse que uno de los protagonistas más destacados de la Navidad es hoy el consumo, polo opuesto a lo que es estrictamente la Navidad cristiana. Contrasta el nacimiento pobre de Jesús con el comercio navideño que nos invita al derroche. La Navidad primera fue solidaria, oculta, liberadora. La Navidad actual engendra consumismo, emulación y gastos desmedidos.
Al tener las fiestas navideñas un fondo de tradición cristiana, los anuncios se repiten machaconamente año tras año. En navidades apenas se innova. Por supuesto, la estrategia comercial no se opone a la Navidad sino que la integra. Frente a lo comercial queda en segundo plano el hecho religioso del nacimiento de Jesús. Frente al misterio cristiano suena con más fuerza el mensaje comercial.
En la actual sociedad secularizada, las navidades son fiestas de invierno, con el prólogo de la lotería del Gordo, el intermedio de la cena de Navidad, la algarabía de las doce campanadas del año nuevo y el epílogo de la cabalgata de reyes con los juguetes infantiles.
En los días navideños, que coinciden con el final del año viejo, se desorbita todo, quizá por ser un tiempo intensamente festivo, entrañable y popular. Hay obsesión por comprar regalos, sean teléfonos móviles y velas sugestivas, colonias y perfumes, corbatas y pañuelos, libros, vídeos y discos compactos. Se ven las calles abarrotadas de gente con bolsas vistosas, repletas de obsequios. En la Navidad comercial hay mucho ruido, música a todo volumen, consumismo y masificación. Como contrapartida, da trabajo extra a multitud de vendedores, conductores, carteros y barrenderos.
Algunos piensan que las navidades de otra época fueron mejores, al tener por cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Pienso que no es cierto. Las navidades de antes transcurrían en un ambiente cultural rural, pobre y desigual, injusto socialmente. Quizás era una Navidad más cercana y nuestra, de pocos gastos y de clases sociales separadas, frente a la Navidad anglosajona que nos invade, más igualitaria y bullanguera pero descaradamente consumista.
Según encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 60 por ciento de los españoles entrevistados considera que las navidades son «fiestas alegres, en las que la mayoría de la gente disfruta»; un 20 por ciento cree que no son «ni tristes ni alegres» y un 18 por ciento piensa que son «más bien tristes». El 60 por ciento opina que hoy son las fiestas navideñas menos religiosas que antes. Prevalece la cara familiar sobre la religiosa: el 90 por ciento celebra la nochebuena en el hogar familiar. El fin de año se reparte entre la familia (60 por ciento) y los amigos (30 por ciento). Un 16 por ciento encuentra que la Navidad es fiesta religiosa.
Curiosamente, a pesar de que las navidades son, junto al verano, tiempo de consumo desmedido, sólo un 14 por ciento de los españoles considera que es momento de gastar o hacer negocio. De hecho, el 80 por ciento de los españoles reconoce que en Navidad hace gastos extraordinarios en comidas y regalos. Los comerciantes lo saben y aprovechan el tirón de estas fiestas.
La Navidad familiar
Por Navidad se decora el hogar casero con el árbol o el belén o con los dos iconos a la vez. Es un tiempo propicio que reúne a los miembros de la familia, a veces dispersos o escasamente comunicados. La Navidad familiar se hace visible por el retomo de muchas personas al lugar de su nacimiento y a las raíces de su hogar, a la tierra de los antepasados. «Vuelve a casa por Navidad», dice una conocida frase publicitaria. Todo gira en este tiempo en tomo al cuarto de estar con la televisión y a la mesa de la cocina o del comedor.
No todo es en las familias nacimiento y alegría, algarabía y villancicos, sino que hay también soledad y tristeza. Se recuerdan en esos días a los ausentes —sean difuntos o alejados por la distancia—, se hace memoria de tiempos pasados y se procuran olvidar rencillas, tensiones y rupturas. Son días de encuentro y de gozo, de nostalgia y recuerdos, caracterizados por las felicitaciones, la abundancia y calidad de la comida, los villancicos y los regalos. Los niños ocupan un lugar preferente. Hay regiones en España, en las que antes se estrenaban vestidos nuevos, los de invierno por Navidad y los de verano por Corpus Christi.
Se acumula tanto en tan pocos navideños días que uno se siente abrumado y aturdido, alegre y apesadumbrado. La fiesta de Navidad es para algunos agridulce, dadas las tensiones existentes en la familia a causa de opiniones políticas o religiosas contrapuestas. Se echan en falta los miembros que han desaparecido, los que no pueden retomar por estar muy lejos y los que no quieren volver.
En Navidad son recordados asimismo personas y pueblos de otras naciones en su condición de exiliados alejados de sus países de origen, encarcelados, huérfanos de todo tipo y, en general, los pobres y marginados. Por estas razones se promueven en parroquias y asociaciones diversas colectas y gestos caritativos, al mismo tiempo que algunas «Organizaciones no gubernamentales» desarrollan una particular actividad. Cuando se ha tenido experiencia familiar de la Navidad, nunca se olvida. Para muchos, Navidad es exclusivamente una fiesta familiar.
La Navidad popular
Para el calendario religioso popular Navidad es una fiesta entrañable, sensible y bulliciosa que festeja el nacimiento del Hijo de Dios del seno de María, como niño Jesús en el portal de Belén, cuya imagen es aclamada con villancicos, zambombas y panderetas. Para el pueblo cristiano, Navidad es el contrapunto del Viernes Santo. Respecto del belén, el pueblo se fija en algunos aspectos fantasiosos: el niño desvalido, la madre silenciosa, san José embobado, el buey y la mula que dan calor con su aliento, los pastores entrañables con sus ovejas, la estrella resplandeciente, la perversidad de Heredes y los reyes generosos con sus dones.
Propios de esta fiesta son los árboles de Navidad con adornos y luces. Significativas y populares son las comidas típicas, según las regiones. Los días navideños son días festivos intensos por la coincidencia de las vacaciones escolares, porque ocho días más tarde se celebra el fin de año y porque es momento de renovación y vitalización de la existencia: necesidad de empezar, rechazo de los fracasos, esperanza de una nueva vida. También juega un gran papel el reparto de juguetes de los Reyes Magos.
En Navidad hay presencia desconcertante de lo divino y nostalgia de lo trascendente. Navidad y Año Nuevo sirven asimismo de ocasión para que las autoridades civiles (reyes y jefes de gobierno), o religiosas (el Papa) dirijan mensajes especiales a sus súbditos o fieles, para trazar un balance anual y animarles a vivir en paz.
Navidad es tiempo de tregua social, donde se borran las diferencias y se aparcan los problemas. Se recuerdan, como contrapunto de los sueños de Navidad, la pobreza y miseria del Tercer Mundo, la xenofobia contra los inmigrantes, el terrorismo enloquecido y las epidemias y enfermedades incurables.
En un planeta con suficientes alimentos para todos, 30 millones de personas se mueren de hambre cada año y otros 800 millones están subalimentados. De los 6 000 millones que tiene la Tierra, 500 millones viven con holgura y 1200 malviven en la miseria, con un ingreso de un dólar al día. Para la inmensa mayoría de los habitantes de la tierra, la vigilia de Navidad no es noche de paz y de amor, no es noche buena. Sigue siendo noche mala.
No faltan los que rechazan la Navidad basados en argumentos variopintos: Jesucristo no nació el 25 de diciembre, santa Claus no existe; Navidad es una fiesta hipócrita, ya que se rechaza la guerra sólo durante esos días; se oyen canciones acarameladas y se ven películas sentimentaloides; los árboles de Navidad son antiecológicos y prima descaradamente el comercio.
Algunos pesimistas rigurosos sostienen que la Navidad es un monumento del pasado y una idolatría del presente, ya que deshonra el nacimiento de Jesús de Nazaret. Creen que las razones para celebrar la Navidad son hipócritas. Otros, más hipocondríacos, creen que en esas fechas hace estragos el síndrome navideño de la depresión.
La Navidad cristiana
Ante la multiplicidad de significados navideños, los cristianos se preguntan por el sentido cristiano de la Navidad. Responden que su celebración exige voluntad de vivirla a la luz de la fe, en un clima de recogimiento y de paz, de cercanía, desprendimiento y amor. Litúrgicamente, Navidad pone el acento en las raíces subversivas del «Dios con nosotros», cercano a pastores y sabios y alejado de dominadores, adinerados, altaneros y poderosos. Celebra el alumbramiento de María, en peregrinación, de noche, con testigos pobres, en medio de alabanzas celestiales.
Para los cristianos creyentes y practicantes, Navidad es cercanía de Dios, adoración del Niño, opción por los pobres, memoria de solidaridad y apelación de fraternidad, libertad y paz. La Navidad cristiana se centra en la encamación del Salvador, en su compasión por la humanidad a la deriva, en su identificación con el pueblo sencillo, en su amor por todos. El sentido de la fiesta litúrgica navideña está en los relatos de la infancia de Jesús, que proclaman evangélicamente el nacimiento del Hijo de Dios.
Los dos relatos de Mateo y Lucas han influido en pintores, escultores, dramaturgos, directores de cine y poetas. Al mismo tiempo han recibido críticas racionalistas por la presencia de lo maravilloso y fantástico que hay en ellos: la cuadra, el buey y la burra, los ángeles, los pastores, los magos y la estrella. Sin duda alguna, han conformado la piedad básica del catolicismo popular y configurado la liturgia navideña. Para los cristianos, Jesús es hombre que nace, vive y muere según el destino de los seres humanos. Pero el Espíritu de Dios habitó en él con toda su plenitud hasta donarlo al morir y resucitar.
Las comunidades cristianas del s. m comenzaron a celebrar en Navidad el misterio de Dios encarnado en las entrañas de María. Navidad testimonia el nacimiento de Jesús con el término encamación. «El verbo se hizo carne y acampó entre nosotros» (Jn 1,14), se lee en la misa del día de Navidad. Por la encamación. Dios adquiere la experiencia humana de la compasión y solidaridad. La encarnación de Jesús es «abajamiento» que termina en la muerte, inicio de su retomo glorioso al Padre.
Navidad nos descubre quién es Jesús y su buena noticia. Invita a que sea celebrada con paz, alegría y sobriedad. Manifiesta que Dios «se ha hecho en todo semejante a los hombres» (Flp 2,7) y ha dado a conocer «la benignidad y el amor» entre los seres humanos.
Encarnarse significa que algo espiritual toma carne en una realidad material, de ordinario frágil, limitada y pecaminosa. La encamación cristiana indica que Dios asume la condición humana, a saber, comparte misteriosamente la pobreza y acepta la miseria humana para elevarla a su propia vida. Dios se encarna silenciosamente en el seno de María, mujer sencilla, perteneciente a una aldea desconocida, contrapunto de Jerusalén y del templo judío. María es la «privilegiada», la favorecida, la bienaventurada, porque es creyente y está abierta a la voluntad de Dios.
Navidad descubre quién es Jesús y de dónde viene. El primer mensaje navideño es la humanidad de Dios, el misterio de Dios hecho hombre. El segundo, consecuente con el primero, es la divinización de la persona humana en virtud de la fecundidad de María a la «sombra del Altísimo».
Navidad es la fiesta del optimismo cristiano respecto del ser humano y del mundo. Dijo san Ireneo que «Dios se ha hecho hombre para que el hombre se haga Dios». La liturgia navideña habla de un «maravilloso intercambio» entre Dios y el ser humano. También se expresan estas relaciones en términos nupciales.
En definitiva. Navidad celebra dos nacimientos: el del Señor por su encamación en el mundo y el del ser humano a una vida nueva. Entre esposo y esposa, entre Dios y la humanidad, hay un intercambio de entrega y donación. Ante la grandeza del misterio de Dios hecho ser humano, la actitud de la Iglesia es de alabanza, admiración y contemplación. No basta recordar el acontecimiento histórico o reflexionar teológicamente sobre el mismo. La liturgia de la Navidad es una meditación jubilosa.
Las promesas de Dios, mantenidas fielmente por su parte, nacen de la alianza que da cuerpo a la forma de ser y actuar de Dios, Padre y Esposo. Surgen de la iniciativa y compromiso de Dios y se parecen a una alianza nupcial. La alianza de Dios con su pueblo no es ley o contrato, sino compromiso gratuito personal. El nacimiento del Salvador es el comienzo de la nueva alianza.
EL 3er TEXTO
La "Navidad comercial".
A finales de noviembre ya se oyen voces críticas contra la iluminación navideña de las calles, contra el sentido puramente comercial de las fiestas navideñas, el delirio social por vender y comprar regalos total para qué, para que nuestra vida siga siendo igual de vacía.
Odio las cáusticas opiniones sobre la Navidad que acostumbran a correr en esta época del año. Se han convertido en un desagradable tópico.
¿Luces en la calle? ¿cientos de euros en gasto por ciudadano?¿vendedores malpagados? ¿ciudad colapsada de vehículos? ¿aumento descarado de precios en restaurantes y comercios? Si, cierto, esta es la navidad urbana del siglo XX-XXI. Y no es mala, es todo lo buena que uno quiera, y sobretodo, no es algo vacío espiritualmente.
Enfrentarse a la vorágine comercial es, creo, uno de los más monumentales actos espirituales de la modernidad. El problema es que seguimos pensando que nuestros oasis del espíritu están en lugares recónditos, "desiertos lejanos" como diría Aznar, por eso nos corroe esta época del año, porque no conseguimos encontrarle el sentido a eso de erosionar la cinta magnética de nuestra Visa rodeados de un tumulto de gente que hace lo mismo. Nuestro cinismo es a veces cegador. Qué bien nos sentimos mirando con desdén estas fechas mientras esperamos que pasen los días vacíos de diciembre para reencontrarnos de nuevo con nosotros mismos, en una vida sin compras apresuradas, bombillas de colores con forma de gorro de Papa Noel en las calles y copiosas comidas familiares.
Algunos han averiguado ya que el oasis espiritual de nuestro tiempo es el que estamos viviendo ahora mismo. No hay mejor examen de nosotros mismos que vivir las navidades modernas y participar al 100% en ellas. Como una prueba, un desafío al espíritu. Aceptar lo que te ha tocado vivir es de ganadores, quedarse en casa pensando que en un "desierto lejano" serías mejor persona es una ingenuidad.
Enfréntate a las bombillas de colores, a las bolsas de Zara, FNAC o El Corte Inglés. Conocerte es observarte en tu medio, no en un oasis donde no sale a relucir tu verdadero "yo". El problema de siglos y siglos de injusticias ha venido de considerar que el espíritu y la moral se revisa entre los muros de una iglesia, y no en el mismo campo de batalla. Mírarte a ti mismo en las trincheras de los centros comerciales. Es allí donde te encuentras, es allí donde vives, es allí donde debes juzgarte. Huir de la actual navidad comercial, es huir de nosotros mismos.
La navidad cristiana y la navidad consumista
Arnaldo Zenteno S.J. *
En contraste con las Niñas y Niños que en la carretera de Masaya están en los semáforos pidiendo reales hasta las 10 u 11 de la noche, están todas las luces de los grandes hoteles y restoranes de lujo. Vivimos dentro del torbellino comercial de las compras y más compras, de los regalos y más regalos. Es el torbellino Consumista que tiene su dios y sus ídolos: Santa Claus y el dinero. Tiene también sus Santuarios: los grandes centros comerciales. Y todo esto en nombre o con el pretexto de la Navidad. Esta navidad comercial es buena noticia para los que tienen dinero, para los comerciantes, para los que reciben costosos regalos, para los Medios de Comunicación que rebosan de anuncios y más anuncios muy bien pagados.
Bueno de esa Mesa rica también caen algunas migajas - como caían de la mesa del Epulón que critica el Evangelio. Migajas para los pequeños comerciantes, para los taxistas que hacen su agosto en diciembre, y para las Niñas y Niños pobres que reciben como gran cosa, un juguetito. Sin duda hay sus excepciones, hay gente que tiene dinero, que son justos en su trabajo y pago de salarios, y que comparte con buena voluntad unos regalos para las Niñas y Niños desamparados. También hay gente de clase media y gente pobre que comparte con los más pobres. Hay excepciones, pero en general el torbellino comercial y la competencia de regalos, nada tiene que ver con la Navidad Cristiana.
Veamos algunos contrastes o mejor dicho contradicciones.
Jesús es la Buena Noticia de Dios para los Pobres a los que se anuncia la gran alegría del Nacimiento del Salvador. La navidad comercial es buena noticia para los ricos que ponen su salvación en el dinero y en el poder. No es buena noticia para los pobres. En la Navidad Cristiana el primer anuncio es a los Pastores Pobres. En la Navidad Comercial el primer y principal anuncio es para los que tienen dinero.
Jesús nace pobre y entre los pobres rodeado del amor y cariño de María y José. Jesús al nacer no tiene casa. En la navidad comercial, el que nace, renace y se multiplica es el dinero para comprar y gastar en regalos, grandes cenas, grandes paseos.
Jesús es la Buena Noticia de Dios para la Humanidad y especialmente para los Pobres y Oprimidos. La navidad comercial puede tener imágenes de Jesús en sus centros comerciales, pero su dios es Santa Claus con su risa hueca.
En el centro de la Navidad Cristiana están la Justicia, el Consuelo de Dios y la verdadera Paz. En el centro está Jesús.
En la navidad comercial y en el desenfreno consumista, no está Jesús en el Centro. Y en ese mundo domina, campea la injusticia. El consuelo que ofrece al pueblo es propaganda comercial, el que los pobres puedan ver los aparadores o se frustren más por no poder comprar buenos regalos. El consuelo del mundo neoliberal son palabras, palabrería: nos irá mejor con el TLC. La felicidad está en los buenos regalos. Y también están las promesas politiqueras de que nuestra Nicaragua será mejor cuando ellos gobiernos y se satisfarán las necesidades y sueños del pueblo. ¿Cuántos políticos electores, son Santa Claus con otro disfraz?
Y la Paz ¿ cómo puede haber Paz sin justicia? Para Bush, como antes para Reagan y mucho más antes, para los conquistadores y todavía más antes, para el imperio romano que dominaba en tiempo de Jesús, la paz, su paz es impuesta por la guerra. La paz es la sujeción, el dominio y todo el poder.
La Paz que trae Jesús a todas las Mujeres y Hombres de buena voluntad, es la paz de la verdadera fraternidad, de una vida humana íntegra. Es la paz fruto de la Justicia y del Amor. Es la Paz en que se respeta a los más pobres y oprimidos y en la que tienen un lugar especial los Niños y Niñas hoy tan abandonados.
Jesús mismo fue emigrante, con María y José. Y cómo celebran la Navidad tantos Nicas emigrantes en Costa Rica o rumbo a Estados Unidos.
La Navidad es recibir a Jesús con su vida, su mensaje con su clamor por la Justicia y su Mandamiento del Amor. Y esta Navidad, está ocultada y como dice Don Pedro Casaldáliga: Santa Claus se ha robado del pesebre a Jesús. Sí se lo ha robado de muchos corazones, y en su lugar ha puesto al dios dinero, al consumismo. Y en lugar del sueño de Jesús, el Reino de Dios, una vida más humana y más justa, en su lugar está el comprar y comprar, tener y tener más. En lugar de la fiesta cristiana, de la alegría en Jesús, la fiesta se mide por la abundancia de comidas, de bebidas y regalos. Y allí ¿ dónde quedó Jesús? ¿Cómo lo haremos presente en verdad en esta Navidad? ¿Cómo contribuimos a que sea Buena Noticia para los Pobres?
Fuentes:
http://www.cog21.org/site/cog_archives/booklets/spanish_language/La%20Pura%20Verdad%20acerca%20dela%20NAVIDAD.htm
http://www.adital.com.br/site/noticia2.asp?lang=ES&cod=25966
http://www.noticias.com/articulo/06-12-2004/marc-monje/navidad-comercial-4bg6.html
Insulten Tranquilos
he aqui unos textos que encontre navegando por ahi
1. La Pura Verdad acerca de la NAVIDAD por Herbert W. Armstrong
el primero es bastante extenso y refuta muchas cosas que no son ciertas de la navidad y aclara algunos tantos
2.Las cuatro caras de la navidad
3.La Navidad Comercial
4.La Navidad cristiana y la Navidad Consumista
La Pura Verdad acerca de la NAVIDAD
por Herbert W. Armstrong
¿Dónde se originó la costumbre de celebrar la Navidad? ¿Tiene su fundamento en la Biblia o en el paganismo? ¡En este folleto se revelan algunas verdades sorprendentes! ¿Conoce usted el origen del árbol de Navidad, de “Papá Noel” y del intercambio de aguinaldos?
ERA NOCHE BUENA. Los niños habían hecho el pesebre y esperaban ansiosos la venida de Papá Noel cargado de regalos. Al amanecer del día 25 de diciembre encontraron una gran cantidad de paquetes con juguetes y dulces debajo de un flamante árbol de Navidad. Sus padres les aseguraban que todo aquello lo había traído Papá Noel durante la noche mientras ellos dormían.
¿Acaso dudaban los niños de lo que sus padres les decían? ¡Claro que no! Lo daban por hecho. ¿A usted no le sucedió lo mismo?
Muy pocos se han detenido a pensar por qué creen lo que creen, por qué observan determinadas costumbres. La mayoría de nosotros aprendimos a aceptar todo sin vacilar.
¿Por qué sucede esto? ¿Por instinto ovejuno? No exactamente.
Por naturaleza tenemos la tendencia a hacer lo mismo que hacen los demás… aunque estén equivocados. Las ovejas siguen el rebaño hasta el degolladero. Pero los humanos debemos fijarnos hacia dónde vamos.
¿Cuál fue el origen de la Navidad?
¿Es la Navidad realmente la celebración del nacimiento de Jesucristo? ¿Nació Jesús un 25 de diciembre?
Los apóstoles originales, quienes conocieron a Jesús personalmente y fueron instruidos por Él, ¿celebraban su cumpleaños el 25 de diciembre? ¿La idea se les ocurrió alguna vez? Si la Navidad es la festividad más importante del cristianismo, ¿por qué tantas personas que no son cristianas la observan? ¿Lo sabe usted?
¿Por qué es época de intercambiar regalos con nuestros parientes y amistades? ¿Tiene esta costumbre su origen en los magos quienes le presentaron obsequios al niño Jesús? Las respuestas nos pueden sorprender.
La mayoría de las personas “suponen” muchas cosas acerca de la Navidad… cosas que realmente no son ciertas. Pero no supongamos nada, sino que busquemos los hechos.
Lo que dicen las enciclopedias
La palabra “navidad” es una contracción de “natividad”, que significa natalicio. Esta fiesta hizo su aparición en la Iglesia Católica y de allí se extendió al protestantismo y al resto del mundo.
Ahora bien, ¿de dónde la recibió la Iglesia Católica? No fue de las enseñanzas del Nuevo Testamento. No fue de la Biblia ni de los apóstoles quienes habían sido instruidos personalmente por Jesucristo. La Navidad se introdujo en la Iglesia durante el siglo cuarto, proveniente del paganismo.
Puesto que la celebración de la Navidad fue introducida en el mundo por la Iglesia Católica Romana y no tiene otra autoridad que la de ella misma, veamos lo que dice al respecto la Enciclopedia Católica (edición de 1.911):
“La Navidad no estaba incluida entre las primeras festividades de la Iglesia… los primeros indicios de ella provienen de Egipto… Las costumbres paganas relacionadas con el principio de enero se centraron en la fiesta de la Navidad”.
En la misma enciclopedia, bajo “Día Natal”, encontramos que Orígenes, uno de los padres de la Iglesia, reconoció la siguiente verdad: “…No vemos en las escrituras que nadie haya guardado una fiesta ni celebrado un gran banquete el día de su natalicio. Sólo los pecadores [como Faraón y Herodes] celebraban con gran regocijo el día en que nacieron en este mundo".
La Encyclœpedia Britannica, edición de 1.946, dice: “La Navidad no se contaba entre las antiguas festividades de la Iglesia…” No fue instituida por Jesucristo ni por los apóstoles, ni por autoridad bíblica. Fue tomada más tarde del paganismo.
La Enciclopedia Americana, edición de 1.944, dice: “La Navidad… de acuerdo con muchas autoridades no se celebró en los primeros siglos de la Iglesia Cristiana, ya que la costumbre del cristianismo en general era celebrar no el natalicio sino la muerte de personas importantes. [La “Comunión”, o mejor dicho, la Pascua, instituida por autoridad bíblica en el Nuevo Testamento, es una conmemoración de la muerte de Cristo.]… En memoria de este acontecimiento [el nacimiento de Cristo] se instituyó una fiesta en el siglo cuarto. En el siglo quinto, la Iglesia Occidental dio orden de que fuese celebrada para siempre, en el mismo día de la antigua festividad romana en honor del nacimiento del Sol, ya que no se conocía la fecha exacta del nacimiento de Cristo”.
Tomemos nota de este hecho importante: Estas autoridades históricas demuestran que durante los primeros dos o tres siglos de nuestra era los cristianos no celebraban la Navidad. Esta fiesta fue introducida en la Iglesia Romana en el siglo cuarto de nuestra era ¡y no fue hasta el siglo quinto que se estableció como fiesta oficialmente cristiana!
Jesús no nació un 25 de diciembre
¡Jesucristo ni siquiera nació en la época del año en que ahora se observa la Navidad! Cuando Él nació, “había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño” (Lucas 2.8). Esto jamás pudo haber acontecido en Judea en el mes de diciembre. Los pastores traían sus rebaños de los campos y los encerraban a más tardar a mediados de octubre para protegerlos de la estación fría y lluviosa que se acercaba. La Biblia misma prueba, en Cantares 2.11 y Esdras 10.9, 13, que el invierno era época de lluvias, lo cual hacía imposible que los pastores permanecieran de noche en el campo con sus rebaños.
“Era una antigua costumbre de los judíos de aquellos tiempos sacar sus rebaños a los campos y desiertos alrededor de la Pascua (a principios de la primavera) y traerlos nuevamente a casa al comenzar las primeras lluvias” (Adam Clarke Commentary, Comentario de Adán Clarke, volumen 5, página 370).
El mismo comentarista declara: “Los pastores vigilaban sus rebaños día y noche mientras permanecían fuera. Puesto que la primera lluvia caía a principios del mes de chesvan, que corresponde a parte de los meses de octubre y noviembre [comienza en octubre], vemos que los rebaños permanecían en el campo todo el verano. Ahora bien, según el relato bíblico los pastores todavía no habían recogido sus rebaños, lo que hace suponer que el mes de octubre no había comenzado aún y que, por lo tanto, nuestro Señor no nació un 25 de diciembre, cuando no había rebaños en los campos. No pudo haber nacido después del mes de septiembre, ya que los rebaños aún estaban en el campo de noche. Con esto, debemos descartar la natividad en diciembre. El pastoreo nocturno de los rebaños en los campos es un hecho cronológico."
Cualquier enciclopedia u otra autoridad nos puede confirmar el hecho de que Cristo no nació un 25 de diciembre. La Enciclopedia Católica lo dice claramente.
La fecha exacta del nacimiento de Jesucristo es totalmente desconocida. Esto lo reconocen todas las autoridades. La falta de espacio en esta publicación nos impide mostrar las escrituras que indican que este acontecimiento sucedió a principios de otoño, posiblemente en el mes de septiembre, alrededor de seis meses después de la Pascua.
Si Dios hubiera querido que guardáramos y celebráramos el cumpleaños de Jesucristo, no habría ocultado la fecha.
¿Cómo se introdujo en la Iglesia?
¿Cómo pudo esta fiesta pagana introducirse en el mundo cristiano occidental?
The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge (La nueva enciclopedia de conocimiento religioso, de Schaff-Herzog) lo explica claramente en su artículo sobre la Navidad: “No puede determinarse con precisión… hasta qué punto la fecha de esta festividad dependió de la pagana Brumalia (25 de diciembre), que seguía a la Saturnalia (17-24 de diciembre) y conmemoraba el día más corto del año y el nuevo Sol. Las festividades paganas de Saturnalia y Brumalia estaban demasiado arraigadas en las costumbres populares para ser suprimidas por la influencia cristiana… La festividad pagana, con su alboroto y jolgorio, gustaba tanto que los cristianos vieron con agrado una excusa para continuar celebrándola sin mayores cambios en el espíritu y la forma de su observancia. Predicadores cristianos de Occidente y del Oriente Cercano protestaron contra la frivolidad indecorosa con que se celebraba el nacimiento de Cristo, mientras los cristianos de Mesopotamia acusaban a sus hermanos occidentales de idolatría y de culto al Sol por aceptar como cristiana esta festividad pagana”.
Recuérdese que el mundo romano había sido pagano. Antes del siglo cuarto los cristianos eran pocos, aunque su número iba en aumento, y eran perseguidos por el gobierno y los paganos. Pero con el advenimiento del emperador Constantino quien en el siglo cuarto se declaró cristiano y elevó al cristianismo a un nivel de igualdad con el paganismo, el mundo romano comenzó a aceptar este cristianismo popularizado y los nuevos adeptos sumaron centenares de millares.
Tengamos en cuenta que esta gente había sido educada en las costumbres paganas, siendo la principal aquella fiesta idólatra del 25 de diciembre. Era una fiesta de alegría y gozaba de un espíritu especial. ¡Le gustaba al pueblo! ¡No querían suprimirla! El artículo ya citado de The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge explica cómo el reconocimiento del día domingo por parte de Constantino, día en que antes los paganos adoraban al Sol, y cómo la influencia del maniqueísmo pagano, que identificaba al Hijo de Dios con el Sol, dieron motivo a estos paganos del siglo cuarto, ahora convertidos en masa al cristianismo, para acomodarle a su fiesta pagana del 25 de diciembre (día del nacimiento del dios Sol) el título de día del nacimiento del Hijo de Dios.
¡Así fue como la “Navidad” se introdujo en nuestro mundo occidental! Aunque le demos otro nombre, sigue siendo la misma fiesta pagana de culto al Sol. Sólo ha cambiado el nombre. Podemos llamar “león” a una liebre, mas no por esto deja de ser liebre. La Encyclœpedia Britannica dice: “A partir del año 354 algunos latinos pudieron haber trasladado la fecha del 6 de enero al 25 de diciembre, la cual era entonces una fiesta mitraica… o cumpleaños del invencible Sol… Los sirios y los armenios, aferrándose a la fecha del 6 de enero, acusaban a los romanos de idólatras y adoradores del Sol, sosteniendo… que la fiesta del 25 de diciembre había sido inventada por los discípulos de Cerinto…”
El verdadero origen de la Navidad[/b]
Hemos visto, pues, que la Navidad llegó al mundo por medio de la Iglesia Católica y que ella la recibió del paganismo. Ahora bien, ¿de donde la sacaron los paganos? ¿Cuál fue su verdadero origen?
La Navidad es una de las principales tradiciones del sistema corrupto llamado Babilonia, y como tal es censurado en las profecías y enseñanzas bíblicas. ¡Tiene sus raíces en la antigua Babilonia de Nimrod! Sí. ¡data de la época inmediatamente posterior al diluvio!
Nimrod, nieto de Cam, hijo de Noé, fue el verdadero fundador del sistema babilónico, sistema de la competencia organizada, de imperios y gobiernos humanos, del sistema económico del lucro, el cual se ha apoderado del mundo desde entonces. Nimrod construyó la torre de Babel, la Babilonia original, Nínive y muchas otras ciudades. Organizó el primer reino de este mundo. El nombre Nimrod se deriva de la voz hebrea marad que significa “rebelar”.
De escritos antiguos aprendemos que fue este hombre quien comenzó la gran apostasía mundial organizada que ha dominado al mundo desde tiempos inmemoriales hasta ahora. Nimrod era tan perverso que se dice se casó con su propia madre cuyo nombre era Semíramis. Muerto prematuramente, su llamada madre-esposa, Semíramis, propagó la perversa doctrina de la supervivencia de Nimrod como ser espiritual. Sostenía que de la noche a la mañana un gran árbol (tipo siempre verde) surgió de una cepa muerta, lo cual simbolizaba el nacimiento de Nimrod a una nueva vida. Ella declaró que en cada aniversario de su natalicio Nimrod dejaría regalos en el árbol. La fecha de su nacimiento era el 25 de diciembre. He aquí el verdadero origen del árbol de Navidad.
Con tramas e intrigas Semíramis se convirtió en la “reina del cielo” babilónica, y Nimrod, bajo diversos nombres, se convirtió en el “divino hijo del cielo”. Después de varias generaciones de esta adoración idólatra, Nimrod también se tornó en el falso mesías hijo de Baal, el dios Sol. En este falso sistema babilónico “la madre y el hijo” (Semíramis y Nimrod nacido nuevamente) se convirtieron en los principales objetos de adoración. Esta veneración de “la madre y el hijo” se extendió por todo el mundo, con variación de nombres según los países y las lenguas. Por sorprendente que parezca, encontramos el equivalente de la Madona ¡mucho antes del nacimiento de Jesucristo!
Así fue como en los siglos cuarto y quinto, mientras los paganos del mundo romano se convertían en masa al “cristianismo” llevando consigo sus antiguas creencias y costumbres paganas y disimulándolas bajo nombres cristianos, se popularizó también la idea de “la madre y el hijo”, especialmente en época de Navidad. Las tarjetas de Navidad, los villancicos y las escenas del pesebre reflejan este mismo tema.
Quienes fuimos criados en este mundo babilónico, quienes hemos escuchado y aceptado estas cosas durante toda la vida, hemos aprendido a venerarlas como algo sagrado. Jamás dudamos. Jamás nos detuvimos a investigar si estas costumbres tenían su origen en la Biblia o en la idolatría pagana.
Nos asombramos al conocer la verdad y, desgraciadamente, hay quienes se ofenden ante la verdad escueta. Pero Dios ordena a sus ministros fieles: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta y anuncia a mi pueblo su rebelión” (Isaías 58.1). Increíble como parezca, estos son hechos reales en la historia y en la Biblia.
El verdadero origen de la Navidad está en la antigua Babilonia. ¡Está envuelto en la apostasía organizada que ha mantenido engañado al mundo desde hace muchos siglos! En Egipto siempre se creyó que el hijo de Isis (nombre egipcio de la “reina del cielo”) nació un 25 de diciembre. Los paganos en todo el mundo conocido celebraron esta fecha siglos antes del nacimiento de Jesucristo.
Jesús el verdadero Mesías, no nació un 25 de diciembre. Los apóstoles y la Iglesia primitiva jamás celebraron el natalicio de Cristo en esa fecha ni en ninguna otra. No existe en la Biblia mandato ni instrucción alguna para hacerlo. Pero sí existe el mandato de observar, no festejar, la fecha de su muerte (1 Corintios 11.24-26; Juan 13.14-17).
Así fue como los “misterios caldeos”, inventados por la esposa de Nimrod nos fueron legados - con nuevos nombres cristianos - por las religiones paganas.
Otras costumbres paganas
Además de las tradicionales costumbres navideñas de nuestros pueblos, hemos adoptado otras que con ser de origen pagano logran una acogida entusiasta. La “flor de Navidad” y el madero que se enciende en la chimenea son “vestigios de épocas precristianas”, según la Enciclopedia Americana. La corona verde o guirnalda que adorna las puertas de tantos hogares es igualmente pagana. De ella dice Frederick J. Haskins en su libro Answers to Questions (Respuestas a algunas preguntas): “Se remonta a las costumbres paganas de adornar edificios y lugares de adoración para la festividad que se celebraba al mismo tiempo de la Navidad. El árbol de Navidad viene de Egipto y su origen es anterior a la era cristiana”.
Aun las velas, símbolo tradicional de la Navidad, son una vieja costumbre pagana, pues se encendían al ocaso para reanimar al dios Sol cuando éste se extinguía para darle paso a la noche.
También el Papá Noel
“Papá Noel”, o “Santa Claus”, es el mismo “San Nicolás”, obispo católico del siglo quinto. La Encyclœpedia Britannica, edición 11, volumen 19, páginas 648-649, dice: “San Nicolás, obispo de Mira santo venerado por los griegos y los latinos el 6 de diciembre… Se dice que una leyenda según la cual regalaba clandestinamente dotes a las tres hijas de un ciudadano pobre… dio origen a la costumbre de obsequiar regalos en secreto la víspera del día de San Nicolás [6 de diciembre], fecha que después se cambió al día de Navidad. De allí la asociación de la Navidad con Santa Claus…”
Los padres castigan a sus niños por decir mentiras pero al llegar la Navidad ¡ellos mismos se encargan de contarles la mentira de “Papá Noel”, los “Reyes Magos” o del “Niño Dios” !Entonces, ¿por qué nos extraña que al llegar a la edad adulta también crean que Dios es un mito?
Cierto niño, sintiéndose tristemente desilusionado al conocer la verdad, le comentó a un amiguito: “Sí, ¡y también me voy a informar acerca del tal Jesucristo!”
¿Es cristiano enseñarles a los niños mitos y mentiras? Dios dice “No engañaréis ni mentiréis el uno al otro” (Levítico 19.11). Aunque a la mente humana le parezca bien y lo justifique, Dios también dice: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.
Estudiados los hechos, pues, vemos con asombro que la costumbre de celebrar la Navidad en realidad no es costumbre cristiana sino pagana ¡Ello constituye uno de los caminos de Babilonia en que el mundo ha caído!
¿Es bíblico el intercambio de regalos?
Para algunas personas este es el punto más importante de todo lo que se refiere a la observancia de la Navidad: la época de comprar e intercambiar regalos. Al respecto muchos exclamarán triunfalmente: “¡Para esto sí tenemos autorización bíblica! ¿Acaso Jesucristo al nacer no recibió regalos de los magos?”
Nuevamente la verdad nos ha de sorprender. Primero, veamos el origen histórico de la costumbre de dar aguinaldos para después ver lo que nos dice la Biblia al respecto.
Citamos lo siguiente de la Bibliotheca Sacra, volumen 12, páginas 153-155: “El intercambio de regalos entre amigos es característico tanto de la Navidad como de la Saturnalia y los cristianos seguramente lo tomaron de los paganos, como lo demuestra con claridad la amonestación de Tertuliano”.
La verdad es que la costumbre de intercambiar regalos con amigos y parientes durante la época navideña, ¡no tiene absolutamente nada que ver con el cristianismo! Aunque nos parezca extraño. ¡ello no celebra el nacimiento de Jesucristo ni lo honra a Él! Supongamos que alguna persona que usted estima está celebrando su cumpleaños. ¿La honraría usted comprando cantidades de regalos para todos los demás parientes y amigos; haciendo caso omiso de la persona a quien desea honrar? ¿No le parece absurdo desde este punto de vista?
Sin embargo, esto es precisamente lo que hace la gente en todo el mundo. Observan un día en que Cristo no nació, gastando todo el dinero que logran reunir para obsequiar regalos a sus parientes y amigos. Pero años de experiencia nos enseñan que los cristianos profesos suelen olvidarse de dar algo a Cristo y a su Obra en el mes de diciembre. Este suele ser el mes en que más sufre la Obra de Dios. Aparentemente la gente está tan ocupada intercambiando aguinaldos que no se acuerdan de Cristo ni de su Obra. Después, durante enero y aun febrero, tratan de recuperar todo lo que gastaron en Navidad, de modo que muchos, en lo que se refiere al apoyo que dan a Cristo y su Obra, no vuelven a la normalidad hasta marzo.
Veamos lo que dice la Biblia en Mateo 2.1, 11 respecto a los regalos que llevaron los magos cuando nació Jesucristo. “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?… Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.
¿Por qué le llevaron regalos a Cristo?
Notemos que los magos preguntaron por el niño Jesús, nacido rey de los judíos. Pero, ¿por qué le llevaron regalos? ¿Por ser su cumpleaños? ¡De ninguna manera!, ya que ellos llegaron varios días o semanas después de su nacimiento. Entonces, ¿lo hicieron para darnos ejemplo? ¡No! Tomemos nota. Ellos no intercambiaron regalos; más bien “le ofrecieron presentes” a Él, a Cristo. ¡No intercambiaron regalos con sus amigos y familiares, ni entre ellos mismos!
¿Por qué? El mencionado comentario bíblico de Adán Clarke, volumen 5, página 46, dice: “Versículo 11. (Le ofrecieron presentes.) En el Oriente no se acostumbra entrar a la presencia de reyes y grandes personajes con las manos vacías. Esta costumbre es señalada con frecuencia en el Antiguo Testamento y aún persiste en el Oriente y en algunas islas… del Pacífico Sur”.
¡Ahí está! ¡Los magos no estaban instituyendo una nueva costumbre cristiana de intercambiar regalos para honrar el nacimiento de Jesucristo! Actuaron de acuerdo con una antigua costumbre oriental que consistía en llevar regalos al presentarse ante un rey. Ellos llegaron en persona ante la presencia del Rey de los judíos. Por tanto llevaron obsequios de la manera que lo llevó la reina de Sabá a Salomón y así como hoy los llevan quienes visitan a un jefe de estado.
La costumbre de dar aguinaldos no tiene nada que ver con este acontecimiento; más bien es la continuación de una antigua costumbre pagana. En vez de honrar a Cristo, lo que hace es atrasar su Obra cada año en la época navideña.
¿Honra a Cristo realmente?
Ahora veamos un argumento utilizado con frecuencia para justificar la observancia de la Navidad.
Hay quienes insisten en que a pesar de tener sus raíces en una costumbre pagana, ahora no se observa la Navidad para honrar a un falso dios, el dios Sol, sino para honrar a Jesucristo.
¿Que nos dice la palabra de Dios al respecto? “No caigas en la trampa detrás de ellos [los pueblos paganos] no consultes a sus dioses ni averigües como les daban culto dichos pueblos, para hacer tú lo mismo. Tú no harás lo mismo con el Señor, tu Dios, porque ellos hacían a sus dioses cosas que detesta y abomina el Señor” (Deuteronomio 12.30-31, Nueva Biblia Española).
Asimismo, el profeta Jeremías nos advierte con respecto a las costumbres tradicionales de la sociedad que nos rodea: “Dice el Señor: No imitéis la conducta de los paganos… Los ritos de esos pueblos son falsos” (Jeremías 10.2-3, Nueva Biblia Española).
Dios nos dice claramente en su manual de instrucciones para nosotros - la Biblia - que no aceptará esta clase de culto aunque sea con la intención de honrarlo a Él. Nos dice que eso es abominable y por tanto no lo honra a Él sino a los falsos dioses paganos. Dios no quiere que lo honremos “como nos dicte nuestra propia conciencia”. Jesucristo dijo claramente: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4.24). ¿Qué es verdad? El mismo Jesús dijo que su Palabra, la Santa Biblia, es verdad. (Juan 17.17). La Biblia dice que Dios no aceptará el culto de personas que, queriendo honrar a Cristo, adopten una costumbre pagana.
De nuevo, Jesús dijo: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15.9). La observancia de la Navidad es un mandamiento de hombres y esto lo ha prohibido Dios. Jesucristo dijo además: “Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” (Mateo 15.6).
Esto es precisamente lo que hacen hoy millones de personas. Desechan el mandamiento de Dios. Su mandamiento con respecto a la celebración de costumbres paganas para honrar o adorar a Dios es clarísimo: “Tú no harás lo mismo con el Señor, tu Dios”. Sin embargo, la mayoría de la personas toman a la ligera este mandamiento y lo invalidan siguiendo la tradición de los hombres al observar la Navidad.
¡No nos equivoquemos! Dios nos permite desobedecer. Nos permite seguir las costumbres de los hombres. Nos permite pecar. Pero también nos advierte que habrá un día de juicio en el que ¡segaremos lo que hayamos sembrado! Jesucristo fue la Palabra viviente y personal de Dios, y la Biblia es la Palabra de Dios escrita. ¡Por esas palabras seremos juzgados para toda la eternidad! No debemos hacer caso omiso de ellas ni tomarlas a la ligera.
Estamos en Babilonia sin saberlo
La Navidad se ha convertido en una fiesta comercial, sostenida en parte por las compañías y campañas publicitarias más grandes. En muchos lugares vemos a un “Papá Noel” disfrazado. Los anuncios publicitarios nos mantienen engañados sobre el “espíritu navideño”. Los diarios que publican estos anuncios también publican editoriales que exaltan y elogian la festividad pagana y su “espíritu”. La gente crédula está tan convencida que muchos se ofenden al conocer la verdad. Pero el “espíritu de Navidad” es revivido cada año, no para honrar a Cristo ¡sino para vender mercancías! Como todos los engaños de Satanás, la Navidad también se presenta como “ángel de luz”, algo aparentemente bueno, Todos los años se derrochan miles de millones en compras… ¡mientras la causa de Cristo sufre por ello! ¡Esto es parte del sistema económico de Babilonia!
Nos hemos denominado naciones cristianas, pero sin saberlo estamos realmente en Babilonia, tal como lo predijo la Biblia. Apocalipsis 18.4 nos advierte: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas”.
Este año, en lugar de intercambiar regalos, ¿por qué no invertir ese dinero en la Obra de Dios?
CUATRO ROSTROS DE LAS NAVIDADES
Probablemente, Navidad nunca fue una fiesta entendida por todos del mismo modo. Hoy, al menos, aparece con múltiples rostros. Hay una Navidad monacal, en latín y canto gregoriano, tan antigua como los monasterios, escondida en abadías recónditas; una Navidad parroquial, con misa del gallo, coros y belén, en declive de fieles y auge celebrativo; una Navidad de coros y scholas que cantan villancicos en iglesias y colegios; una Navidad de cantatas y oratorios de música clásica para los melómanos de los conciertos; una Navidad de vacaciones escolares con incesantes películas de dibujos animados, y una Navidad de tiendas y almacenes y de plazas con tenderetes navideños que invitan al consumo y al derroche. Según se entienda y viva el hecho navideño puede hablarse, al menos, de cuatro navidades: la comercial, la familiar, la popular y la cristiana.
La Navidad comercial
A la luz del calendario comercial, Navidad es una ocasión extraordinaria de los tenderos para multiplicar las ventas de toda clase de productos. Se advierte su proximidad por la decoración e iluminación de calles y plazas, fachadas y escaparates, con miles de bombillas, a cargo de los ayuntamientos. Semanas antes del día de Navidad, a saber, desde el 1 de diciembre al menos, el comercio despliega una actividad febril. Los grandes almacenes y tiendas modestas aprovechan esos días para vender productos típicos de estas fiestas: cordero y besugo, turrones y mazapán, champán y vino dulce, cava y sidra, guirnaldas con bolas de colores y cintas de adorno, portales y figuras del belén, corcho y musgo, árboles de navidad, juguetes y regalos de todo tipo.
Navidad da lugar a ventas abrumadoras, felicitaciones con tarjetas apropiadas, intercambio de regalos, programas televisivos especiales, discursos de los mandatarios, salas de fiestas y comidas suculentas. Con razón puede decirse que uno de los protagonistas más destacados de la Navidad es hoy el consumo, polo opuesto a lo que es estrictamente la Navidad cristiana. Contrasta el nacimiento pobre de Jesús con el comercio navideño que nos invita al derroche. La Navidad primera fue solidaria, oculta, liberadora. La Navidad actual engendra consumismo, emulación y gastos desmedidos.
Al tener las fiestas navideñas un fondo de tradición cristiana, los anuncios se repiten machaconamente año tras año. En navidades apenas se innova. Por supuesto, la estrategia comercial no se opone a la Navidad sino que la integra. Frente a lo comercial queda en segundo plano el hecho religioso del nacimiento de Jesús. Frente al misterio cristiano suena con más fuerza el mensaje comercial.
En la actual sociedad secularizada, las navidades son fiestas de invierno, con el prólogo de la lotería del Gordo, el intermedio de la cena de Navidad, la algarabía de las doce campanadas del año nuevo y el epílogo de la cabalgata de reyes con los juguetes infantiles.
En los días navideños, que coinciden con el final del año viejo, se desorbita todo, quizá por ser un tiempo intensamente festivo, entrañable y popular. Hay obsesión por comprar regalos, sean teléfonos móviles y velas sugestivas, colonias y perfumes, corbatas y pañuelos, libros, vídeos y discos compactos. Se ven las calles abarrotadas de gente con bolsas vistosas, repletas de obsequios. En la Navidad comercial hay mucho ruido, música a todo volumen, consumismo y masificación. Como contrapartida, da trabajo extra a multitud de vendedores, conductores, carteros y barrenderos.
Algunos piensan que las navidades de otra época fueron mejores, al tener por cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Pienso que no es cierto. Las navidades de antes transcurrían en un ambiente cultural rural, pobre y desigual, injusto socialmente. Quizás era una Navidad más cercana y nuestra, de pocos gastos y de clases sociales separadas, frente a la Navidad anglosajona que nos invade, más igualitaria y bullanguera pero descaradamente consumista.
Según encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 60 por ciento de los españoles entrevistados considera que las navidades son «fiestas alegres, en las que la mayoría de la gente disfruta»; un 20 por ciento cree que no son «ni tristes ni alegres» y un 18 por ciento piensa que son «más bien tristes». El 60 por ciento opina que hoy son las fiestas navideñas menos religiosas que antes. Prevalece la cara familiar sobre la religiosa: el 90 por ciento celebra la nochebuena en el hogar familiar. El fin de año se reparte entre la familia (60 por ciento) y los amigos (30 por ciento). Un 16 por ciento encuentra que la Navidad es fiesta religiosa.
Curiosamente, a pesar de que las navidades son, junto al verano, tiempo de consumo desmedido, sólo un 14 por ciento de los españoles considera que es momento de gastar o hacer negocio. De hecho, el 80 por ciento de los españoles reconoce que en Navidad hace gastos extraordinarios en comidas y regalos. Los comerciantes lo saben y aprovechan el tirón de estas fiestas.
La Navidad familiar
Por Navidad se decora el hogar casero con el árbol o el belén o con los dos iconos a la vez. Es un tiempo propicio que reúne a los miembros de la familia, a veces dispersos o escasamente comunicados. La Navidad familiar se hace visible por el retomo de muchas personas al lugar de su nacimiento y a las raíces de su hogar, a la tierra de los antepasados. «Vuelve a casa por Navidad», dice una conocida frase publicitaria. Todo gira en este tiempo en tomo al cuarto de estar con la televisión y a la mesa de la cocina o del comedor.
No todo es en las familias nacimiento y alegría, algarabía y villancicos, sino que hay también soledad y tristeza. Se recuerdan en esos días a los ausentes —sean difuntos o alejados por la distancia—, se hace memoria de tiempos pasados y se procuran olvidar rencillas, tensiones y rupturas. Son días de encuentro y de gozo, de nostalgia y recuerdos, caracterizados por las felicitaciones, la abundancia y calidad de la comida, los villancicos y los regalos. Los niños ocupan un lugar preferente. Hay regiones en España, en las que antes se estrenaban vestidos nuevos, los de invierno por Navidad y los de verano por Corpus Christi.
Se acumula tanto en tan pocos navideños días que uno se siente abrumado y aturdido, alegre y apesadumbrado. La fiesta de Navidad es para algunos agridulce, dadas las tensiones existentes en la familia a causa de opiniones políticas o religiosas contrapuestas. Se echan en falta los miembros que han desaparecido, los que no pueden retomar por estar muy lejos y los que no quieren volver.
En Navidad son recordados asimismo personas y pueblos de otras naciones en su condición de exiliados alejados de sus países de origen, encarcelados, huérfanos de todo tipo y, en general, los pobres y marginados. Por estas razones se promueven en parroquias y asociaciones diversas colectas y gestos caritativos, al mismo tiempo que algunas «Organizaciones no gubernamentales» desarrollan una particular actividad. Cuando se ha tenido experiencia familiar de la Navidad, nunca se olvida. Para muchos, Navidad es exclusivamente una fiesta familiar.
La Navidad popular
Para el calendario religioso popular Navidad es una fiesta entrañable, sensible y bulliciosa que festeja el nacimiento del Hijo de Dios del seno de María, como niño Jesús en el portal de Belén, cuya imagen es aclamada con villancicos, zambombas y panderetas. Para el pueblo cristiano, Navidad es el contrapunto del Viernes Santo. Respecto del belén, el pueblo se fija en algunos aspectos fantasiosos: el niño desvalido, la madre silenciosa, san José embobado, el buey y la mula que dan calor con su aliento, los pastores entrañables con sus ovejas, la estrella resplandeciente, la perversidad de Heredes y los reyes generosos con sus dones.
Propios de esta fiesta son los árboles de Navidad con adornos y luces. Significativas y populares son las comidas típicas, según las regiones. Los días navideños son días festivos intensos por la coincidencia de las vacaciones escolares, porque ocho días más tarde se celebra el fin de año y porque es momento de renovación y vitalización de la existencia: necesidad de empezar, rechazo de los fracasos, esperanza de una nueva vida. También juega un gran papel el reparto de juguetes de los Reyes Magos.
En Navidad hay presencia desconcertante de lo divino y nostalgia de lo trascendente. Navidad y Año Nuevo sirven asimismo de ocasión para que las autoridades civiles (reyes y jefes de gobierno), o religiosas (el Papa) dirijan mensajes especiales a sus súbditos o fieles, para trazar un balance anual y animarles a vivir en paz.
Navidad es tiempo de tregua social, donde se borran las diferencias y se aparcan los problemas. Se recuerdan, como contrapunto de los sueños de Navidad, la pobreza y miseria del Tercer Mundo, la xenofobia contra los inmigrantes, el terrorismo enloquecido y las epidemias y enfermedades incurables.
En un planeta con suficientes alimentos para todos, 30 millones de personas se mueren de hambre cada año y otros 800 millones están subalimentados. De los 6 000 millones que tiene la Tierra, 500 millones viven con holgura y 1200 malviven en la miseria, con un ingreso de un dólar al día. Para la inmensa mayoría de los habitantes de la tierra, la vigilia de Navidad no es noche de paz y de amor, no es noche buena. Sigue siendo noche mala.
No faltan los que rechazan la Navidad basados en argumentos variopintos: Jesucristo no nació el 25 de diciembre, santa Claus no existe; Navidad es una fiesta hipócrita, ya que se rechaza la guerra sólo durante esos días; se oyen canciones acarameladas y se ven películas sentimentaloides; los árboles de Navidad son antiecológicos y prima descaradamente el comercio.
Algunos pesimistas rigurosos sostienen que la Navidad es un monumento del pasado y una idolatría del presente, ya que deshonra el nacimiento de Jesús de Nazaret. Creen que las razones para celebrar la Navidad son hipócritas. Otros, más hipocondríacos, creen que en esas fechas hace estragos el síndrome navideño de la depresión.
La Navidad cristiana
Ante la multiplicidad de significados navideños, los cristianos se preguntan por el sentido cristiano de la Navidad. Responden que su celebración exige voluntad de vivirla a la luz de la fe, en un clima de recogimiento y de paz, de cercanía, desprendimiento y amor. Litúrgicamente, Navidad pone el acento en las raíces subversivas del «Dios con nosotros», cercano a pastores y sabios y alejado de dominadores, adinerados, altaneros y poderosos. Celebra el alumbramiento de María, en peregrinación, de noche, con testigos pobres, en medio de alabanzas celestiales.
Para los cristianos creyentes y practicantes, Navidad es cercanía de Dios, adoración del Niño, opción por los pobres, memoria de solidaridad y apelación de fraternidad, libertad y paz. La Navidad cristiana se centra en la encamación del Salvador, en su compasión por la humanidad a la deriva, en su identificación con el pueblo sencillo, en su amor por todos. El sentido de la fiesta litúrgica navideña está en los relatos de la infancia de Jesús, que proclaman evangélicamente el nacimiento del Hijo de Dios.
Los dos relatos de Mateo y Lucas han influido en pintores, escultores, dramaturgos, directores de cine y poetas. Al mismo tiempo han recibido críticas racionalistas por la presencia de lo maravilloso y fantástico que hay en ellos: la cuadra, el buey y la burra, los ángeles, los pastores, los magos y la estrella. Sin duda alguna, han conformado la piedad básica del catolicismo popular y configurado la liturgia navideña. Para los cristianos, Jesús es hombre que nace, vive y muere según el destino de los seres humanos. Pero el Espíritu de Dios habitó en él con toda su plenitud hasta donarlo al morir y resucitar.
Las comunidades cristianas del s. m comenzaron a celebrar en Navidad el misterio de Dios encarnado en las entrañas de María. Navidad testimonia el nacimiento de Jesús con el término encamación. «El verbo se hizo carne y acampó entre nosotros» (Jn 1,14), se lee en la misa del día de Navidad. Por la encamación. Dios adquiere la experiencia humana de la compasión y solidaridad. La encarnación de Jesús es «abajamiento» que termina en la muerte, inicio de su retomo glorioso al Padre.
Navidad nos descubre quién es Jesús y su buena noticia. Invita a que sea celebrada con paz, alegría y sobriedad. Manifiesta que Dios «se ha hecho en todo semejante a los hombres» (Flp 2,7) y ha dado a conocer «la benignidad y el amor» entre los seres humanos.
Encarnarse significa que algo espiritual toma carne en una realidad material, de ordinario frágil, limitada y pecaminosa. La encamación cristiana indica que Dios asume la condición humana, a saber, comparte misteriosamente la pobreza y acepta la miseria humana para elevarla a su propia vida. Dios se encarna silenciosamente en el seno de María, mujer sencilla, perteneciente a una aldea desconocida, contrapunto de Jerusalén y del templo judío. María es la «privilegiada», la favorecida, la bienaventurada, porque es creyente y está abierta a la voluntad de Dios.
Navidad descubre quién es Jesús y de dónde viene. El primer mensaje navideño es la humanidad de Dios, el misterio de Dios hecho hombre. El segundo, consecuente con el primero, es la divinización de la persona humana en virtud de la fecundidad de María a la «sombra del Altísimo».
Navidad es la fiesta del optimismo cristiano respecto del ser humano y del mundo. Dijo san Ireneo que «Dios se ha hecho hombre para que el hombre se haga Dios». La liturgia navideña habla de un «maravilloso intercambio» entre Dios y el ser humano. También se expresan estas relaciones en términos nupciales.
En definitiva. Navidad celebra dos nacimientos: el del Señor por su encamación en el mundo y el del ser humano a una vida nueva. Entre esposo y esposa, entre Dios y la humanidad, hay un intercambio de entrega y donación. Ante la grandeza del misterio de Dios hecho ser humano, la actitud de la Iglesia es de alabanza, admiración y contemplación. No basta recordar el acontecimiento histórico o reflexionar teológicamente sobre el mismo. La liturgia de la Navidad es una meditación jubilosa.
Las promesas de Dios, mantenidas fielmente por su parte, nacen de la alianza que da cuerpo a la forma de ser y actuar de Dios, Padre y Esposo. Surgen de la iniciativa y compromiso de Dios y se parecen a una alianza nupcial. La alianza de Dios con su pueblo no es ley o contrato, sino compromiso gratuito personal. El nacimiento del Salvador es el comienzo de la nueva alianza.
EL 3er TEXTO
La "Navidad comercial".
A finales de noviembre ya se oyen voces críticas contra la iluminación navideña de las calles, contra el sentido puramente comercial de las fiestas navideñas, el delirio social por vender y comprar regalos total para qué, para que nuestra vida siga siendo igual de vacía.
Odio las cáusticas opiniones sobre la Navidad que acostumbran a correr en esta época del año. Se han convertido en un desagradable tópico.
¿Luces en la calle? ¿cientos de euros en gasto por ciudadano?¿vendedores malpagados? ¿ciudad colapsada de vehículos? ¿aumento descarado de precios en restaurantes y comercios? Si, cierto, esta es la navidad urbana del siglo XX-XXI. Y no es mala, es todo lo buena que uno quiera, y sobretodo, no es algo vacío espiritualmente.
Enfrentarse a la vorágine comercial es, creo, uno de los más monumentales actos espirituales de la modernidad. El problema es que seguimos pensando que nuestros oasis del espíritu están en lugares recónditos, "desiertos lejanos" como diría Aznar, por eso nos corroe esta época del año, porque no conseguimos encontrarle el sentido a eso de erosionar la cinta magnética de nuestra Visa rodeados de un tumulto de gente que hace lo mismo. Nuestro cinismo es a veces cegador. Qué bien nos sentimos mirando con desdén estas fechas mientras esperamos que pasen los días vacíos de diciembre para reencontrarnos de nuevo con nosotros mismos, en una vida sin compras apresuradas, bombillas de colores con forma de gorro de Papa Noel en las calles y copiosas comidas familiares.
Algunos han averiguado ya que el oasis espiritual de nuestro tiempo es el que estamos viviendo ahora mismo. No hay mejor examen de nosotros mismos que vivir las navidades modernas y participar al 100% en ellas. Como una prueba, un desafío al espíritu. Aceptar lo que te ha tocado vivir es de ganadores, quedarse en casa pensando que en un "desierto lejano" serías mejor persona es una ingenuidad.
Enfréntate a las bombillas de colores, a las bolsas de Zara, FNAC o El Corte Inglés. Conocerte es observarte en tu medio, no en un oasis donde no sale a relucir tu verdadero "yo". El problema de siglos y siglos de injusticias ha venido de considerar que el espíritu y la moral se revisa entre los muros de una iglesia, y no en el mismo campo de batalla. Mírarte a ti mismo en las trincheras de los centros comerciales. Es allí donde te encuentras, es allí donde vives, es allí donde debes juzgarte. Huir de la actual navidad comercial, es huir de nosotros mismos.
La navidad cristiana y la navidad consumista
Arnaldo Zenteno S.J. *
En contraste con las Niñas y Niños que en la carretera de Masaya están en los semáforos pidiendo reales hasta las 10 u 11 de la noche, están todas las luces de los grandes hoteles y restoranes de lujo. Vivimos dentro del torbellino comercial de las compras y más compras, de los regalos y más regalos. Es el torbellino Consumista que tiene su dios y sus ídolos: Santa Claus y el dinero. Tiene también sus Santuarios: los grandes centros comerciales. Y todo esto en nombre o con el pretexto de la Navidad. Esta navidad comercial es buena noticia para los que tienen dinero, para los comerciantes, para los que reciben costosos regalos, para los Medios de Comunicación que rebosan de anuncios y más anuncios muy bien pagados.
Bueno de esa Mesa rica también caen algunas migajas - como caían de la mesa del Epulón que critica el Evangelio. Migajas para los pequeños comerciantes, para los taxistas que hacen su agosto en diciembre, y para las Niñas y Niños pobres que reciben como gran cosa, un juguetito. Sin duda hay sus excepciones, hay gente que tiene dinero, que son justos en su trabajo y pago de salarios, y que comparte con buena voluntad unos regalos para las Niñas y Niños desamparados. También hay gente de clase media y gente pobre que comparte con los más pobres. Hay excepciones, pero en general el torbellino comercial y la competencia de regalos, nada tiene que ver con la Navidad Cristiana.
Veamos algunos contrastes o mejor dicho contradicciones.
Jesús es la Buena Noticia de Dios para los Pobres a los que se anuncia la gran alegría del Nacimiento del Salvador. La navidad comercial es buena noticia para los ricos que ponen su salvación en el dinero y en el poder. No es buena noticia para los pobres. En la Navidad Cristiana el primer anuncio es a los Pastores Pobres. En la Navidad Comercial el primer y principal anuncio es para los que tienen dinero.
Jesús nace pobre y entre los pobres rodeado del amor y cariño de María y José. Jesús al nacer no tiene casa. En la navidad comercial, el que nace, renace y se multiplica es el dinero para comprar y gastar en regalos, grandes cenas, grandes paseos.
Jesús es la Buena Noticia de Dios para la Humanidad y especialmente para los Pobres y Oprimidos. La navidad comercial puede tener imágenes de Jesús en sus centros comerciales, pero su dios es Santa Claus con su risa hueca.
En el centro de la Navidad Cristiana están la Justicia, el Consuelo de Dios y la verdadera Paz. En el centro está Jesús.
En la navidad comercial y en el desenfreno consumista, no está Jesús en el Centro. Y en ese mundo domina, campea la injusticia. El consuelo que ofrece al pueblo es propaganda comercial, el que los pobres puedan ver los aparadores o se frustren más por no poder comprar buenos regalos. El consuelo del mundo neoliberal son palabras, palabrería: nos irá mejor con el TLC. La felicidad está en los buenos regalos. Y también están las promesas politiqueras de que nuestra Nicaragua será mejor cuando ellos gobiernos y se satisfarán las necesidades y sueños del pueblo. ¿Cuántos políticos electores, son Santa Claus con otro disfraz?
Y la Paz ¿ cómo puede haber Paz sin justicia? Para Bush, como antes para Reagan y mucho más antes, para los conquistadores y todavía más antes, para el imperio romano que dominaba en tiempo de Jesús, la paz, su paz es impuesta por la guerra. La paz es la sujeción, el dominio y todo el poder.
La Paz que trae Jesús a todas las Mujeres y Hombres de buena voluntad, es la paz de la verdadera fraternidad, de una vida humana íntegra. Es la paz fruto de la Justicia y del Amor. Es la Paz en que se respeta a los más pobres y oprimidos y en la que tienen un lugar especial los Niños y Niñas hoy tan abandonados.
Jesús mismo fue emigrante, con María y José. Y cómo celebran la Navidad tantos Nicas emigrantes en Costa Rica o rumbo a Estados Unidos.
La Navidad es recibir a Jesús con su vida, su mensaje con su clamor por la Justicia y su Mandamiento del Amor. Y esta Navidad, está ocultada y como dice Don Pedro Casaldáliga: Santa Claus se ha robado del pesebre a Jesús. Sí se lo ha robado de muchos corazones, y en su lugar ha puesto al dios dinero, al consumismo. Y en lugar del sueño de Jesús, el Reino de Dios, una vida más humana y más justa, en su lugar está el comprar y comprar, tener y tener más. En lugar de la fiesta cristiana, de la alegría en Jesús, la fiesta se mide por la abundancia de comidas, de bebidas y regalos. Y allí ¿ dónde quedó Jesús? ¿Cómo lo haremos presente en verdad en esta Navidad? ¿Cómo contribuimos a que sea Buena Noticia para los Pobres?
Fuentes:
http://www.cog21.org/site/cog_archives/booklets/spanish_language/La%20Pura%20Verdad%20acerca%20dela%20NAVIDAD.htm
http://www.adital.com.br/site/noticia2.asp?lang=ES&cod=25966
http://www.noticias.com/articulo/06-12-2004/marc-monje/navidad-comercial-4bg6.html
Insulten Tranquilos
