Las emociones nos gobiernan en muchos aspectos, más allá de si somos rápidos para demostrarlas o no, y esto es algo que ha interesado a los científicos e investigadores desde hace mucho tiempo, en un intento por aplicar el conocimiento de las emociones sobre diferentes campos. Y así es como encontramos a un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts, quienes han demostrado recientemente que pueden medir el nivel emocional de una persona bajo diferentes estímulos que recibe, o situaciones con las que debe lidiar.
Esa determinación podría hacerse efectiva a través de la “medición” de las emociones, y todo parece indicar que un grupo de investigadores de MIT, encabezados por la doctora Rosalind Picard, han logrado demostrar dicho proceso. Esta exposición se llevó a cabo en la última Web 2.0 Expo realizada en San Francisco hace pocos días. Picard, quien también es presidente de la empresa Affectiva dedicada a medir reacciones de los consumidores, enseñó al público (el vídeo tiene problemas de cámara, pero puede verse) cómo funcionó esta tecnología en una niña durante un típico día de escuela. Se lograron captar marcados niveles de tensión cuando la niña debió cantar en una obra y realizar actividad física, y también se detectó un pico de tensión cuando fue molestada por un compañero.
Aunque la investigación parece tener potencial en el ámbito médico, lo cierto es que podría ser aplicada de lleno en el ambiente comercial. A modo de ejemplo, una empresa sería capaz de medir en la audiencia qué clase de reacción emocional provoca un comercial, o el trailer de una película. Por supuesto, si esto llegara a utilizarse, sólo podría ser así con autorización explícita del consumidor. Tratar de deteminar cómo nos sentimos sin preguntar primero podría ser interpretado como una violación a la privacidad en muchos lugares, abriendo así un marco legal muy complejo para explorar.
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Esa determinación podría hacerse efectiva a través de la “medición” de las emociones, y todo parece indicar que un grupo de investigadores de MIT, encabezados por la doctora Rosalind Picard, han logrado demostrar dicho proceso. Esta exposición se llevó a cabo en la última Web 2.0 Expo realizada en San Francisco hace pocos días. Picard, quien también es presidente de la empresa Affectiva dedicada a medir reacciones de los consumidores, enseñó al público (el vídeo tiene problemas de cámara, pero puede verse) cómo funcionó esta tecnología en una niña durante un típico día de escuela. Se lograron captar marcados niveles de tensión cuando la niña debió cantar en una obra y realizar actividad física, y también se detectó un pico de tensión cuando fue molestada por un compañero.
Aunque la investigación parece tener potencial en el ámbito médico, lo cierto es que podría ser aplicada de lleno en el ambiente comercial. A modo de ejemplo, una empresa sería capaz de medir en la audiencia qué clase de reacción emocional provoca un comercial, o el trailer de una película. Por supuesto, si esto llegara a utilizarse, sólo podría ser así con autorización explícita del consumidor. Tratar de deteminar cómo nos sentimos sin preguntar primero podría ser interpretado como una violación a la privacidad en muchos lugares, abriendo así un marco legal muy complejo para explorar.
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