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Autodestrucción inducida en relación

Autodestrucción inducida en relación
Autor: Mtro. Psic. Aníbal Santoro


De la etología, que es una rama de la investigación creada por el zoólogo y premio Nobel Konrad Lorenz y que tiene por objeto el estudio del comportamiento animal, han surgido varios puntos de comparación para ayudar a la comprensión del ser humano. Uno de ellos se ha referido a las características y modalidades de ataque empleadas por los animales.

Un solo animal “débil” no puede vencer a uno considerado “fuerte”. Pero un grupo de débiles logra organizarse, tender trampas, separar de su grupo, debilitar, acorralar, someter, echar o matar al fuerte.

La cuestión base es determinar cómo accede el animal a esta posibilidad de organización y respuesta, de acuerdo a “patrones de acción fijos” propios de cada especie, y por la cual cada uno cede su sitio para fortalecerse en el grupo.

La teoría de Lorenz propone que cada especie viene genéticamente determinada para utilizar tanto su agresividad como estímulos y recursos aurales y visuales en respuesta al medio ambiente particular en el que le toca vivir, con el fin de asegurar su propia supervivencia. Con el término impronta nombró a este programa genético, en tanto que creó la palabra mobbing para diferenciar las particularidades del comportamiento animal grupal de los débiles contra los fuertes (sus observaciones iniciales se refirieron al comportamiento agresivo de las aves).

Mobbing deriva del verbo inglés to mob, cuyo significado al traducirse puede entenderse como atropellar, asaltar, atacar violentamente.

Debemos categorizar algunos elementos de entre lo expuesto.

1) Existe un animal que se ve a sí mismo como débil o, al menos, en desventaja
2) Otro al que se lo considera como fuerte
3) Un medio ambiente, un territorio
4) Condiciones que permiten la conformación de un grupo
5) Aplicación de carga agresiva
6) Organización tras un objetivo: matar, someter ó echar
7) Separación de un grupo de pertenencia
8) Debilitamiento
9) Utilización de los estímulos aurales y visuales

Este último punto abre el camino a otra instancia, toda vez que puede asignársele a la parte “estímulos aurales” el fenómeno por el cual el ser humano puede decodificar gestos, posturas y situaciones.

El psicólogo alemán Heinz Leymann estudió el mobbing etológico aplicado al ámbito de trabajo, describiendo en 1986 las consecuencias psicológicas que padece una persona expuesta a este trato hostil, sentando indirectamente las bases para la observación, estudio y reconocimiento de esta situación en vías de lograr su tipificación legal. Actualmente, la Unión Europea define claramente al mobbing, con sus objetivos y alcances, en tanto que algunos de sus países ya esbozan legislación al respecto.

La astucia genética del reino animal, que lleva a la víctima al sacrificio o a ser sometida por ejercicio de la fuerza grupal, tiene su contraparte psicológica en los humanos: es la víctima la que termina actuando contra sí misma.

La cantidad de horas empleadas en el trabajo crea la apariencia de que sólo en él existe mobbing. Lo cierto es que mobbing refiere a un proceso destructivo observable en diversos planos de la vida de relación. Debido a que es la acción de un grupo o de una persona, indistintamente de que sean jerárquicamente superiores, inferiores o pares, puede extenderse la definición al ámbito personal poniendo en evidencia que el mobbing también tiene la posibilidad de presentarse tanto en la pareja como en la familia, la amistad y el estudio.

Previamente se dijo que es la propia persona la que actúa contra sí misma. Para que esto ocurra es necesario que la acción destructiva no sea visible, que se la esté actuando solapadamente en su contra dejándole a la víctima la incierta evaluación de su realidad con la confusión acerca de qué es lo que le está sucediendo.

El proceso destructivo es discreto, sostenido en lapsos de intensa acción psicológica seguido de breves períodos de aparente paz. De modo similar a cómo una dura roca es erosionada por el repetido golpe de una gota de agua tras otra, la persona es llevada a una situación en la que pierde confianza, no sabe en qué creer ni puede evaluar qué es real o producto de su fantasía. Se está atentando directamente contra su autoestima, su realidad psíquica, su dignidad, por lo que también se conoce al mobbing como acoso moral.

La característica que determina la efectividad del mobbing como proceso destructivo es que el ataque no es manifiesto y, por lo tanto, sin opción a contra-ataque. Es una inducción, externa e invisible para la víctima, al logro de su auto-destrucción.

En una franca contienda puede haber un ganador, un perdedor o una posición intermedia en la que ninguno gana ni pierde totalmente, quedando ligado el resultado de la misma a las respectivas fortalezas y habilidades individuales para diseñar estrategias tras el éxito. Por el contrario, en una lucha no declarada la situación se vuelve en contra de aquel que siente o cree que algo está sucediendo debido a que el ataque comienza a aparecer proviniendo desde su propia inseguridad.

¿Cómo se organiza el grupo de ataque? La selección de la víctima por parte del o de los acosadores así como la valoración de sus motivaciones para la ofensiva parece ser, en principio, no verbal, tan sólo por decodificaciones y detección de oportunidades. Luego, ya agrupados, sí tienen comunicación directa entre ellos y en contra de su objeto, pero más como una escalada de envalentonamiento grupal antes que como una forma para planear las acciones destructivas.

Esto marca una diferencia, dado que si una persona abiertamente se reúne con otras para establecer un plan de acción en contra de otra, la confabulación puede tipificarse como complot y ser alcanzada por la ley por cuanto cada integrante del grupo puede dar respuesta acerca de lo que ha actuado.

Paralelamente a lo que podría ser una identificación con el líder de un grupo, la detección de sus objetivos y el intento por agradar al mismo, en el mobbing cada agresor interviniente detecta en la que será su víctima a alguien que podría representarle una amenaza.
¿Cómo? No importa por qué medio sea –identificación con una figura parental conflictiva o un consistente conocimiento técnico, una forma seductora de moverse o un estilo agresivo de darse a conocer– lo cierto es que cada uno de nosotros podemos decodificar las situaciones y mensajes que nos envía el entorno para confrontarlos con la imagen que tenemos de nuestra propia realidad, evaluando nuestras fortalezas y debilidades a fin de elegir una estrategia y un plan de acción. Aquel que se considera débil o en desventaja frente a un otro a quien considera fuerte actuará, en consecuencia, enviando mensajes a su medio de modo que puedan ser captados y decodificados por otros generando en algunos una sensación similar.

Una vez activada la maquinaria destinada a destruir a la víctima de mobbing ésta nada podrá hacer por sí sola si es que inconscientemente se hace cargo de la intención de los mensajes que la persona o el grupo le envían. Será impactada por frases tendientes a lograr su auto-devaluación y humillación pública, como: ¿Me entiendes? ó ¿A quién se le puede ocurrir...? Será exigida a enfrentar situaciones más allá de sus posibilidades, las que no le fueron requeridas al ingresar a la empresa o a la relación, con el objetivo encubierto de que ella misma se cuestione su valía laboral o personal. Comenzará a sentir temores y conductas que no le son propias ni conocidas, que no ha vivido y que no concuerdan con las características de su tipo de personalidad.

El deterioro psicológico irá creciendo. La víctima padecerá trastornos psicosomáticos tanto como psicológicos que podrían traducirse en un incremento de ausencias injustificadas y de solicitudes de licencia por enfermedad, disminución de su productividad con aumento de ocurrencia de errores, accesos violentos fuera del ámbito en el que se desarrolla el mobbing, llegando a concretar su renuncia, el abandono de su hogar, violencia intrafamiliar y, en casos extremos, su suicidio.

Además del ataque oculto, intermitente y sostenido en el tiempo, directo al inconsciente de la víctima, el mobbing requiere que la misma tenga algún punto lábil que le dificulte resolver conflictos y que la lleve a conectar con el objetivo que persiguen sus acosadores. Esto hace que le resulta prácticamente imposible defenderse en esta situación.

Lo mejor que le puede suceder a una víctima es que pueda, en algún momento luego de iniciado el proceso de su autodestrucción inducida, hacer un alto y preguntarse: “¿qué me está pasando?” o que pueda percibir que “algo ha cambiado”. Si acompaña este darse cuenta con una búsqueda, en la memoria auxiliar de su red social, de antecedentes y opiniones referidas a su antes y su ahora en sus relaciones es probable que pueda iniciar el camino hacia su recuperación para salir de su estado de auto-devaluación, estrés, crisis emocional, etc.

El soporte psicológico es vital porque el debilitamiento de su estructura puede impedirle actuar para contrarrestar las acciones iniciadas en su contra, aún si lograse reconocer qué le sucede. Como ejemplo, vemos casos laborales en que los empleados soportan maltratos que no denuncian, o cónyuges que no solicitan ayuda profesional ni legal para poner fin al sometimiento que están viviendo.

Al fortalecer su autoestima y su capacidad para sostener su propia defensa, deberá aprender a hacer visible lo invisible, a confrontar a sus acosadores, por ejemplo ante un “¿Me entiendes?” responder con un respetuoso “Sí, te explicas”.

Dado que el mobbing es iniciado por aquellos que se consideran en desventaja frente a su víctima, al traer a la superficie los maltratos psicológicos vividos por el acosador éste se confirma en su posición de debilidad pero en un terreno de lucha declarada en el que el juego de fortalezas cobra importancia para determinar al verdadero vencedor.

Llegado el caso, a veces la única opción posible es dejar el empleo o la relación de pareja, siendo siempre mejor (en lo que a salud psíquica se refiere) ser despedido cobrando legalmente una justa indemnización, o aceptar una propuesta de separación conyugal compartiendo responsabilidades, que partir cargando una culpa que no es propia.

El mobbing, típicamente, se refiere al acoso en el trabajo.
El bullying se refiere al acoso en el ámbito escolar.
El stalking trata del acoso en la pareja, aunque el acoso se observa más comúnmente en parejas separadas.

Por último, cabe destacar que hay tipos de personalidades más aptas para ser acosadoras, otras para ser acosadas y otras que pueden estar en cualquiera de esas situaciones.

Fuente: Revista Yo - Marzo 2005










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