Hoy desde Gran Misterio me dispongo a tratar un tema algo peculiar: La esmeralda de Lucifer y el poder perdido. Se hablará de algunas piedras con importancia a lo largo del tiempo que según la tradición albergan poderes ocultos e historias no contadas. Las piedras son elementos que desde siempre han aportado cierto conocimiento a la humanidad que se transmite a lo largo de los siglos y que tan solo ellas pueden albergar por el hecho de mantenerse unidas a la tierra. Son así consideradas en la magia como un símbolo de saber en sus diferentes formas, tamaños, cualidades y características.
Ellas despiertan la viveza del entendimiento. El grupo mineral es de alguna forma el portador de las energías del universo, que nacen de la tierra. Algunas de ellas guardan metales en su interior, que guardan energías planetarias. Los minerales expresan así un poder mágico que albergan desde su creación y se cree que atraen algún tipo de fuerza o energía, pues algunos de ellos sirven para curar o estimular sentimientos (se usan también como amuletos y talismanes).
Se dice que Lucifer, antes de la caída, soportaba en su frente el leve peso de una esmeralda. Al ser expulsado del paraíso y habiéndose creado ya la otra cara de la naturaleza humana (lo que existe fuera de Dios) ésta esmeralda le fue arrebatada y esto produjo en él la ilusión de una realidad pasajera y trascendente. No obstante los ángeles tallan de esa piedra preciosa una copa, una copa que era capaz de albergar el espíritu de un cuerpo y así no perder éste el concepto de su creación, que más tarde le entregan a Adán como símbolo de unidad trascendente.
Existen pues piedras veneradas por los hombres dada la creencia de que alguna deidad se esconde en ellas. Este tipo de piedras recibe el nombre de ”Betilos” como referencia al eje central dela tierra que renueva su ciclo continuamente. Un significado parecido por su contenido ”divino” tiene la piedra negra, que representa a la Diosa de la tierra y la naturaleza (la Diosa Cibeles). Se considera a esta piedra como aquella que encierra el poder de la tierra y los cielos, la cual se representaba en forma de montaña. El Omphalos del oráculo de delfos era también representado por una piedra, la cual simbolizaba la comunicación entre el paraíso, el mundo terrenal y el inframundo.
Se cuenta también como Lucifer volvió a ascender pasado el tiempo a su lugar en el cielo, donde se le consideraba ahora el portador de la luz, habiendo recuperado ya la esmeralda que ya una vez portó en su frente.
