Misa todos los días
La misa de por mi casa se ha vuelto fantasmagórica. Lo que sucede es que yo vivo en un barrio popular, de esos que se hicieron para trabajadores del estado de gama baja y personas con crédito del infonavit. Como es costumbre en esta clase de barrios populares, en alguna fecha de su existencia alguien decidió construir un recito para la secta religiosa mas grande de todos los tiempos; ellos la llaman parroquia y los mas habidos del tema "cuasi parroquia". El punto es que desde que tengo noción, la misa se hace cada domingo sin falta, y los campanazos en la mañana despertando y desesperando a mas de algún ateo ya están grabados en mi memoria, —tanto que si por algún motivo no hubiese misa, igual y me despierto sorpresivamente—, pero no solo eso esta registrado en mi memoria, también lo están los sábados polvorientos en los que el catecismo era la excusa perfecta para que los padres se deshicieran de sus hijos enviándolos con el clero. Lo peor es cuando me obligaban a ir a misa para escuchar los interminables discursos acerca de versículos y cosas a las que pesar de tratar de seguirles el hilo, no podía evitar cabecear a los 5 minutos —jamas pude escuchar una oratoria completa ni agarrarle el sentido a toda esa palabrería—, al final ese ruido quedo almacenado en mi mente, junto a las ceremonias escolares de los lunes por la mañana y los regaños de mi papa. Ahora, muchos años después aun se siguen escuchando las campanadas los domingos... los lunes, los martes, los miércoles, los jueves y toda la puta semana. Cierto es que últimamente, entre semana el ruido de las campanadas se ha desvanecido, ya nada hace ruido, sin embargo me entero de que hay misa por el eco distintivo de los micrófonos en un recinto encerrado como aquel, se puede escuchar desde lejos una especie de voz sosegada y grave, y aunque su contenido es incomprensible se puede ver que alguien esta tratando de leer la biblia, tortuosamente, hastiado de todo, monótono y mecanizado, —como si ya se lo supiera de memoria y sus músculos fonéticos solo se movieran por reflejo instintivo—. Pero no solo el ruido se ha vuelto monótono, a pesar de que ya nada avisa de la misa, aun puedo ver a viejos y ancianas... y familias enteras, arrastrando las piernas y siguiendo una marcha fúnebre; uniéndose a todas esas personas que emergen de los andadores y esquinas del barrio. La misa y todo lo que ello implica se ha vuelto parte del paisaje, junto a los pájaros que cantan al mediodía y los vendedores ambulantes que pasan con sus bocinas repitiendo lo mismo, a la misma hora, todos los días. Son cosas a las que inconscientemente terminas por acostumbrarte. Si embargo hoy he sorprendido aquella voz sonando en un horario inusitado, en la noche, en plena obscuridad, a la par que miraba como una familia andaba rumbo a la capilla tardíamente. No puedo imaginarme otra cosa que una secta queriendo obtener las ganancias máximas de sus discípulos, —veo una canasta de limosnas paseando a todas horas del día, yendo de mano en mano, secas de tanto donar dinero—, seguro que allí ya nadie se entera de lo que pasa, son cuerpos mecanizados que obedecen a la doctrina, y lo peor de todo es que probablemente yo también termine por acostumbrarme a la misa-O-Rama.