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Zurditos refutan a libertarios y anarco-capitalistas

Ciencia Educacion11/26/2017
La relevancia del tema justifica que le dediquemos tiempo y espacio en esta pagina, en donde por solo pegarle a los zurdos se abandona el espíritu critico. Yo, personalmente, no soy zurdo (entendiéndolo como el típico militante de izquierda, pro URSS, pro Cuba o Guevarista), pero se puede adscribir a la teoría marxista sin asumir un compromiso político (de hecho, dentro de la línea marxista existen intelectuales que a partir Marx destrozan a los regímenes socialistas).



Como es conocido, la teoría del valor trabajo de Marx es la base de su explicación del origen del plusvalor. De manera que sustenta la crítica del modo de producción capitalista. La teoría del valor utilidad, por el contrario, niega que el capitalismo sea un modo de producción basado en la explotación, y se presenta como una alternativa radical a la teoría de Marx.


Vamos a ser un repaso de las principales concepciones, tanto de la escuela austriaca como de la teoría de Marx.

Teoría del valor utilidad austriaca

La idea primordial de los austriacos es que el valor deriva de la utilidad que el consumidor asigna al bien que compra. Por eso, el énfasis está puesto en la relación del individuo con sus necesidades y el bien. “El valor de los bienes se fundamenta en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los bienes mismos”, escribe Menger (p. 108). En consecuencia, el valor “es la significación que unos bienes concretos o cantidades parciales de bienes adquieren para nosotros, cuando somos conscientes de que dependemos de ellos para la satisfacción de nuestras necesidades” (pp. 102-3). La valuación que realiza el consumidor consiste en preferir un incremento particular de una cosa sobre incrementos de cosas alternativas (una forma de evitar la objeción conocida como “la paradoja del diamante y el agua”, ver más abajo). El individuo establece una escala o ranking de preferencias, y los precios constituyen el reflejo de esa escala.
Por lo tanto, y siempre según los austriacos, el valor no se produce ni puede producirse. De ahí que rechacen la tesis de que el capital genere valor y que el interés se explique por la productividad marginal del capital; o que el salario sea igual a la productividad marginal del trabajo. Como explica Böhm Bawerk, la producción sólo genera bienes que tienen valor a partir de la valorización que hacen de ellos los consumidores. De aquí también que el valor de los medios de producción se establezca por imputación “hacia arriba”, a partir del valor de los bienes finales, o de consumo. Por ejemplo, el precio de una herramienta que se utiliza para producir bauxita deriva de la utilidad del consumo del aluminio; utilidad que determina la utilidad de la alúmina y por lo tanto su precio; del que a su vez se deriva la utilidad y el precio de la bauxita; de la que a su vez se deriva la utilidad y el precio de la máquina que permite extraer la bauxita. Los austriacos sostienen que esto no tiene nada de artificioso, y que cualquiera puede deducir muy fácilmente la forma en que se determinan los precios. El valor, según esta óptica, siempre deriva de la significación que los consumidores finales dan a los bienes.

Teoría marxista del valor

La teoría de Marx sostiene que el valor es generado por el trabajo humano; por eso tienen valor las mercancías que son reproducibles con trabajo humano. En el capítulo 1 de El Capital Marx define al valor como tiempo de trabajo socialmente necesario, objetivado, en la mercancía (ampliamos más adelante). Esta idea general, sin embargo, es presentada en dos instancias que se corresponden tanto a la concatenación lógica de los argumentos, como al desarrollo histórico. La primera, contenida en los primeros capítulos de El Capital, supone una sociedad de productores simples de mercancías, y la libre competencia. Esto significa que todavía no hay capital, trabajo asalariado ni plusvalía. Dado que la tesis central es que el trabajo es la única fuente de valor, se desprende muy fácilmente (una demostración rigurosa más adelante) que en una sociedad de productores simples de mercancías (esto es, con tasa de ganancia cero) los precios son, aproximadamente, directamente proporcionales a los tiempos de trabajo requeridos para su producción, dada una tecnología e intensidad promedio.
Naturalmente, la idea de que la única fuente del valor es el trabajo humano social es el basamento de todo el desarrollo teórico posterior de Marx. Es que admitida la tesis, deberá admitirse luego que la plusvalía es tiempo de trabajo no pagado. Por eso los economistas austriacos están obligados a criticar la teoría de Marx en este nivel. De manera que nos focalizaremos en este análisis de Marx, que a su vez contiene una crítica a cualquier intento de explicar el valor por la utilidad.
La segunda instancia de la presentación de Marx ocurre cuando tenemos en cuenta que en el modo de producción capitalista las mercancías no se intercambian como productos de productores simples, sino como productos de capitales que exigen participación en la masa global de plusvalía en proporción a su magnitud, aunque sus composiciones de valor (esto es, de capital constante y capital variable) sean distintas. Por lo tanto, las mercancías, en tanto productos del capital, se intercambian a precios que oscilan en torno a los precios de producción. Es que a través de los mecanismos competitivos surge una tasa media de ganancia que determina el recargo que el capitalista hace sobre los costos de producción (lo invertido en salarios y medios de producción). Es lo que en los libros de texto de economía aparece como el mark-up, del que nadie parece dar cuenta teórica. En la teoría de Marx ese mark-up está determinado por la ley del valor trabajo.
Vemos entonces que Marx sostiene que los precios en la sociedad capitalista no pueden ser proporcionales a los valores. Por eso distingue dos escenarios, uno que corresponde a una sociedad de productores simples de mercancías, otro configurado por la producción capitalista de mercancías. De manera explícita sostiene que los precios directamente proporcionales a los valores corresponden a “un estadio muy inferior al intercambio a precios de producción, para el cual es necesario determinado nivel de desarrollo capitalista” (p. 224, t. 3). Los precios de producción, en cambio, corresponden a un modo de producción capitalista. Entonces que el caso de la producción simple de las mercancías puede considerarse una variante del caso particular (composiciones orgánicas iguales en todas las ramas) de la explicación más compleja, referida a los precios de producción.

Críticas sin sustento

Si bien el nudo de las diferencias entre los marxistas y austriacos está en los argumentos en torno al capítulo 1 de El Capital, los austriacos insisten en que la teoría de Marx fracasó a causa de la distinción entre precios directamente proporcionales a los valores (correspondientes a una sociedad sin capital) y precios de producción (correspondientes a una sociedad capitalista). La crítica se desarrolla en base a tres argumentos: el primero atribuye a Marx ideas que no dijo; el segundo afirma que hay contradicción lógica entre los dos tipos de precios; el tercero sostiene que el planteo es incorrecto porque es complicado, y esa complicación deriva de postulados ad hoc.
En relación al primer argumento, el falseamiento de lo planteado por Marx se advierte claramente en la Historia del pensamiento económico de Murray Rothbard, en el capítulo dedicado a la teoría económica de Marx, en el volumen 2. Para aquellos que no lo conozcan, digamos que Rothbard, fallecido en 1995, continúa siendo uno de los principales referentes de la corriente austriaca. Sus obras se han traducido a varios idiomas, se utilizan como libros de texto, y dentro de la escuela se lo cita aprobatoriamente con frecuencia.
Pues bien, Rothbard afirma que, según Marx, en la sociedad capitalista los precios son proporcionales a los tiempos de trabajo empleados en la producción. Sin embargo, Marx dice explícitamente que no son proporcionales. Rothbard también sostiene que Marx no solucionó la cuestión planteada por el hecho de que, según la teoría del valor, el trabajo es la fuente de la plusvalía, las composiciones orgánicas entre ramas difieren, y las tasas de ganancia tienden a igualarse. Falso de nuevo, Marx dejó una solución al problema. A Rothbard puede no gustarle, pero no puede negar que está presentada la solución a un problema en el que se había trabado Ricardo. Rothbard también afirma que a causa de las contradicciones que enfrentaba en su teoría, Marx “muy pronto dejó de trabajar en El Capital”. Pero éste es otro disparate: Marx trabajó en esa obra hasta poco antes de morir; de hecho, le dedicó 38 años de su vida.
En este punto entonces es necesario hacer una observación de método: toda crítica exige como premisa el rigor, y éste debe empezar por reconocer el principio de “realismo epistemológico” en referencia a los textos. Como dice Umberto Eco, las interpretaciones de texto son abiertas, pero esto no puede tomarse como sinónimo de arbitrariedad, ni para hacerles “decir” lo que nos conviene. Por caso, no se puede atribuir a Marx la idea de que el trabajo tiene valor; o que la tierra es capital; y similares afirmaciones, como hacen libremente los economistas austriacos. Este proceder, además, nos obliga a estar siempre despejando falsedades y confusiones, con el resultado que se oscurecen los argumentos principales. Curiosamente, por otro lado, Rothbard afirma que los marxistas “no actúan como científicos honestos” (p. 449, t. 2).
Voy ahora al segundo cargo austriaco, que dice que Marx incurrió en contradicción lógica al afirmar la existencia de los dos tipos de precios. Para sostener esta acusación, y teniendo en cuenta el principio aristotélico de no contradicción, habría que demostrar que Marx afirma que un mismo sujeto (en este caso, el modo de producción capitalista) tiene, bajo el mismo respecto y contemporáneamente, dos determinaciones opuestas (precios directamente proporcionales a los tiempos de trabajo y precios determinados por la igualación de la tasa de ganancia). Por supuesto, los economistas austriacos no tienen manera de demostrarlo, porque Marx dice precisamente lo opuesto. Sin embargo, insisten con la cantinela de la “contradicción”.
Por último, tenemos la crítica que dice que la distinción entre los dos tipos de precios de Marx es un agregado ad hoc, para “salvar” afirmaciones anteriores, y por eso conforma una teoría demasiado complicada. La crítica sin sustento se centra en las distinciones entre valores y precios, entre valor de la fuerza de trabajo y trabajo, y entre tierra y capital. Se trataría de soluciones propuestas por Marx a problemas específicos, no generalizables, y concebidas para salvar el núcleo central de su teoría de supuestas anomalías (es lo que se entiende en filosofía por explicaciones ad hoc).
La respuesta a esta crítica es sencilla: no existen los planteos ad hoc cuando las distinciones conceptuales se corresponden con el desarrollo lógico. En otros términos, para decir que se trata de soluciones específicas agregadas a posteriori del planteo conceptual primero, hay que demostrar que no existe conexión interna entre las categorías tratadas y esas “soluciones”. Y esto es lo que no pueden hacer los críticos austriacos cuando abordan la teoría de Marx. Por ejemplo, ya en el mismo planteo de qué es valor está contenida la distinción entre valor y precio, así como la tesis de que el trabajo no tiene valor. No se puede entender la noción de valor, presentada por Marx en el capítulo 1 de El Capital, si se pasan por alto estas cuestiones, ya que son inherentes al concepto. Pero Rothbard, ni siquiera se detiene en ella, y por eso no tienen manera de demostrar que, por ejemplo, la distinción entre valor y precio sea un postulado ad hoc. Pero si aquí no hay solución específica, mal se puede afirmar que hay contradicción entre valor y precio de producción; o que el último constituye una solución ad hoc para proteger la teoría del valor de eventuales refutaciones.
Ante esto, sólo quedaría como recurso a los críticos afirmar que la teoría de Marx debe de estar equivocada porque los conceptos en sí son complicados (una pelotudez lisa y llanamente). Con lo cual tendríamos como bonita conclusión que la validez científica de una teoría estaría condicionada a la simpleza de sus afirmaciones. Algo así como “cuanto más simplota una teoría, tanto mejor”. Pero este criterio llevaría al desastre a cualquier ciencia. ¿Qué diríamos del físico que rechazara la teoría de la relatividad, o la mecánica cuántica, por ser “demasiado complicadas”? En particular, las relaciones sociales son complejas, y por eso no siempre se dejan captar con las nociones simples, que son las que generalmente expresan los fenómenos de “superficie” de la sociedad.

Bibliografía

Fuglie, K.; J. McDonald, E. Ball (2007): “Productivity Growth in U.S. Agriculture”, United States Department of Agriculture, Economic Research Service, September.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.
Menger, C. (1985): Principios de economía política, Madrid, Orbis.
Rothbard, (1995): Historia del pensamiento económico, Madrid, Unión Editorial.

RESUMEN LVL 5: Lo que determina, en primera y ultima instancia, el valor de una mercancía es el tiempo de trabajo socialmente necesario que se empleo para producirla, no de la utilidad que le den los consumidores


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