Hola Diego, creo que esta demás preguntarte como andas, decirte que no importa,
que otra vez será. En este momento hay muchas palabras y expresiones que están
demás, que sobran, que rebalsan de sentido. Igualmente me voy tomar el atrevimiento
de escribirte unas líneas, porque soy argentino, porque cuando te veo y te escucho
hablando de fútbol me emocionan tus palabras, me emocionan tus emociones, me hacen
llorar tus lágrimas.
En este instante es cuando tengo que escribir lo que quiero decirte y se me hace tan
difícil, tan largo, que no se por donde empezar, quizá, porque desde comenzaste a estar
nuevamente en la selección nacional se movilizaron en mí infinitud de cuestiones,
que por suerte y por esa magia que tiene el fútbol la pude compartir con mis amigos,
con mis compañeros de trabajo, con mi país, porque lograste eso Diego, una vez más,
que los argentinos nos uniéramos como país, una vez más bajo el rostro de tu mirada
sedienta de triunfo para regalarle a la patria.
Y cuando comienzo a hablar de lo que me paso en estos meses lo que primero que
quiero decirte es gracias. Ya hace rato Diego que no nos debes nada, hace muchos
años que nos diste todo. Y seguramente no sólo quien escribe, sino millones de
argentinos queremos que sigas en la selección, porque nos diste todo, pero siempre
queremos más. ¿Sabes porqué? Porque estamos acostumbrados a pedirte, como los
eternos niños que demandan a sus padres. Quizá, porque para los que como yo, nacimos
y nos educamos luego de una sangrienta dictadura que desapareció a una generación,
nunca tuvimos la oportunidad de identificarnos con algo, con alguien. Nunca nos
transmitieron porque se llora por una bandera, porque es un orgullo ser argentino,
porque es importante sentir el suelo que se pisa. Vos lograste eso Diego, que una
juventud que nunca se identifico con nada, se ponga la camiseta, pasaste a ser mucho
más que un jugador, pasaste a ser un líder del país, un líder del ser nacional, por eso te
pedimos, y nunca nos satisfacemos, porque un pueblo nunca se conforma con lo que le
dan sus líderes.
A partir del año 1983 fuiste uno de los pocos que logro que un país se sintiera
país. Como te decía, sobrepasaste la pelota para transformarte en un referente, en un
momento histórico donde el país tenía a todos sus líderes sepultados o desaparecidos,
empezaste poco a poco a ocupar ese lugar. Un lugar incómodo, que seguramente debe
doler y seguramente debe ser injusto, porque el pueblo es contradictorio, porque un día
te aman y al otro te matan, porque hiciste que nos una el amor de una camiseta para
olvidarnos por un rato de nuestros espantos.
Creo humildemente que te transformaste en un líder porque el fútbol tiene eso, es
popular, y vos venías de lo popular, saliste de una villa para de pronto, y con la frescura
de quién tiene la sed de triunfo para reivindicar a un país, empezar a mostrarnos que
tenías cosas para decir con la pelota. Nos hiciste ver que la pelota habla, la diseñaste
de poesía, y con esos versos nos hiciste emocionar. Pusiste a todo un país bajo la
contradicción que emerge cuando lo popular toma el poder en la construcción de
sentido. Nos hiciste ver lo que somos. Un pueblo que destruye a sus líderes porque
hay momentos donde no se banca lo que le dicen, porque siempre nos pones en el
lugar de la incomodidad, y es ahí cuando nos exigís que tomemos posición, y ahí
tenemos miedo, y ahí, como siempre en los momentos en lo que hay que tomar
posición, surgen los prejuicios, las contradicciones que nos atraviesan como país.
¿Cómo puede un pibe de la villa que sólo juega al fútbol decir lo que dice? Ahí te
sacamos del lugar que vos te ganaste y que nosotros mismos te dimos, para decir: “y
viste es porque no tiene estudio, salió de una villa”.
En esos momentos no podemos escuchar que los pibes de la villa tienen cosas más
interesantes que decir que los científicos sociales de las academias, que los empresarios,
que los comerciantes, que los estudiantes, que la gente de “bien”.
¿Quién es la gente de bien? La que maneja la construcción del sentido de las cosas. Y
siempre la construcción de sentido empezó por la guita, la gente con plata comienza a
darle nombre a las cosas porque es la que tiene el poder. ¿Sabes qué?, vos te enfrentaste
a los que en este país construyeron el sentido del fútbol, de la camiseta, de la bandera,
de lo verdadero, lo falso.
Somos un pueblo que no ha cerrado sus tragedias, que sigue buscando el modo
de sanar sus heridas, y entonces ahí entras vos como un alivio a tanto dolor, como de
algún modo entra el arte. Entonces nos diste la posibilidad metafórica de la revancha
de un genocidio en un campo de fútbol cuando destrozaste a los ingleses, lloraste desde
el orgullo en Europa por la bandera, volviste de las cenizas para que pudiéramos dar
batalla en otro mundial. Volves de las cenizas siempre Diego, y nosotros te volvemos
a pedir más. Es hora que nos hagamos cargo nosotros de lo que queremos y
dejemos de aplastar a nuestros líderes. Pedimos que haya un fútbol de Argentina, un
fútbol de potrero, el que nos gusta y nos emociona a todos.
Vos en este mundial apostaste a eso, y seguramente te lo van a reprochar, ¿Sabes por
qué? Porque es más fácil hablar de vos que empezar a destapar la mafia en la que
se ha transformado el fútbol y en la que todos somos cómplices. Y se van a enojar
con vos, porque vos denuncias eso: y nuevamente nos pone en una contradicción que
no somos capaces de soportar, y volvemos una vez más a cargar contra vos. Volvemos
al elitismo de clase para anular el conflicto que implica pensarse en relación a otro,
diferente, que viene a interpelar lo que sostenemos como sociedad.
Siempre logras hacer eso Diego, porque cuando dijiste “que la sigan chupando” y “la
tiene adentro” dijiste, desde la enunciación de lo popular, ustedes los ilustrados están
equivocados. Y a ellos les molesto, ¿sabes por qué? Porque molesta que hayas dicho
algo que no estamos preparados para escuchar, ni más ni menos que la corporación
periodística es una canallada, un cabaret al modo Rial y Tinelli del fútbol, ¿Y sabes
porque molesta?, porque la clase alta, ilustrada, la misma que se enoja con vos, es la que
consume esa basura.
Y llegamos al mundial, y nuevamente introdujiste la pasión por sobre la razón,
la emoción sobre la táctica, la poesía sobre la planificación. Volviste al concepto
moderno y no mercantil del fútbol. Fuiste un transmisor de experiencias. Volviste una
ves más, a ser un referente. Le diste al pueblo una nueva ilusión, y eso no termino en
el 4 a 0. Fue mucho más allá de eso, porque nos contagiaste que cuando uno debe creer
en lo que hace, y que si tiene las convicciones las cosas siempre salen, seguramente
cuestan más, seguramente conlleva poner mucho más el cuerpo. Vos nos devolviste
las ganas de reencontrarnos con nosotros mismos, creaste nuevamente en un
seleccionado, eso que los antropólogos llamamos identidad, y eso reconforta,
sana y hace soñar. El sueño todavía sigue, será más difícil lograrlo y tendremos
nosotros, hacernos de lo que te pedimos, más allá de un resultado futbolístico.
que otra vez será. En este momento hay muchas palabras y expresiones que están
demás, que sobran, que rebalsan de sentido. Igualmente me voy tomar el atrevimiento
de escribirte unas líneas, porque soy argentino, porque cuando te veo y te escucho
hablando de fútbol me emocionan tus palabras, me emocionan tus emociones, me hacen
llorar tus lágrimas.
En este instante es cuando tengo que escribir lo que quiero decirte y se me hace tan
difícil, tan largo, que no se por donde empezar, quizá, porque desde comenzaste a estar
nuevamente en la selección nacional se movilizaron en mí infinitud de cuestiones,
que por suerte y por esa magia que tiene el fútbol la pude compartir con mis amigos,
con mis compañeros de trabajo, con mi país, porque lograste eso Diego, una vez más,
que los argentinos nos uniéramos como país, una vez más bajo el rostro de tu mirada
sedienta de triunfo para regalarle a la patria.
Y cuando comienzo a hablar de lo que me paso en estos meses lo que primero que
quiero decirte es gracias. Ya hace rato Diego que no nos debes nada, hace muchos
años que nos diste todo. Y seguramente no sólo quien escribe, sino millones de
argentinos queremos que sigas en la selección, porque nos diste todo, pero siempre
queremos más. ¿Sabes porqué? Porque estamos acostumbrados a pedirte, como los
eternos niños que demandan a sus padres. Quizá, porque para los que como yo, nacimos
y nos educamos luego de una sangrienta dictadura que desapareció a una generación,
nunca tuvimos la oportunidad de identificarnos con algo, con alguien. Nunca nos
transmitieron porque se llora por una bandera, porque es un orgullo ser argentino,
porque es importante sentir el suelo que se pisa. Vos lograste eso Diego, que una
juventud que nunca se identifico con nada, se ponga la camiseta, pasaste a ser mucho
más que un jugador, pasaste a ser un líder del país, un líder del ser nacional, por eso te
pedimos, y nunca nos satisfacemos, porque un pueblo nunca se conforma con lo que le
dan sus líderes.
A partir del año 1983 fuiste uno de los pocos que logro que un país se sintiera
país. Como te decía, sobrepasaste la pelota para transformarte en un referente, en un
momento histórico donde el país tenía a todos sus líderes sepultados o desaparecidos,
empezaste poco a poco a ocupar ese lugar. Un lugar incómodo, que seguramente debe
doler y seguramente debe ser injusto, porque el pueblo es contradictorio, porque un día
te aman y al otro te matan, porque hiciste que nos una el amor de una camiseta para
olvidarnos por un rato de nuestros espantos.
Creo humildemente que te transformaste en un líder porque el fútbol tiene eso, es
popular, y vos venías de lo popular, saliste de una villa para de pronto, y con la frescura
de quién tiene la sed de triunfo para reivindicar a un país, empezar a mostrarnos que
tenías cosas para decir con la pelota. Nos hiciste ver que la pelota habla, la diseñaste
de poesía, y con esos versos nos hiciste emocionar. Pusiste a todo un país bajo la
contradicción que emerge cuando lo popular toma el poder en la construcción de
sentido. Nos hiciste ver lo que somos. Un pueblo que destruye a sus líderes porque
hay momentos donde no se banca lo que le dicen, porque siempre nos pones en el
lugar de la incomodidad, y es ahí cuando nos exigís que tomemos posición, y ahí
tenemos miedo, y ahí, como siempre en los momentos en lo que hay que tomar
posición, surgen los prejuicios, las contradicciones que nos atraviesan como país.
¿Cómo puede un pibe de la villa que sólo juega al fútbol decir lo que dice? Ahí te
sacamos del lugar que vos te ganaste y que nosotros mismos te dimos, para decir: “y
viste es porque no tiene estudio, salió de una villa”.
En esos momentos no podemos escuchar que los pibes de la villa tienen cosas más
interesantes que decir que los científicos sociales de las academias, que los empresarios,
que los comerciantes, que los estudiantes, que la gente de “bien”.
¿Quién es la gente de bien? La que maneja la construcción del sentido de las cosas. Y
siempre la construcción de sentido empezó por la guita, la gente con plata comienza a
darle nombre a las cosas porque es la que tiene el poder. ¿Sabes qué?, vos te enfrentaste
a los que en este país construyeron el sentido del fútbol, de la camiseta, de la bandera,
de lo verdadero, lo falso.
Somos un pueblo que no ha cerrado sus tragedias, que sigue buscando el modo
de sanar sus heridas, y entonces ahí entras vos como un alivio a tanto dolor, como de
algún modo entra el arte. Entonces nos diste la posibilidad metafórica de la revancha
de un genocidio en un campo de fútbol cuando destrozaste a los ingleses, lloraste desde
el orgullo en Europa por la bandera, volviste de las cenizas para que pudiéramos dar
batalla en otro mundial. Volves de las cenizas siempre Diego, y nosotros te volvemos
a pedir más. Es hora que nos hagamos cargo nosotros de lo que queremos y
dejemos de aplastar a nuestros líderes. Pedimos que haya un fútbol de Argentina, un
fútbol de potrero, el que nos gusta y nos emociona a todos.
Vos en este mundial apostaste a eso, y seguramente te lo van a reprochar, ¿Sabes por
qué? Porque es más fácil hablar de vos que empezar a destapar la mafia en la que
se ha transformado el fútbol y en la que todos somos cómplices. Y se van a enojar
con vos, porque vos denuncias eso: y nuevamente nos pone en una contradicción que
no somos capaces de soportar, y volvemos una vez más a cargar contra vos. Volvemos
al elitismo de clase para anular el conflicto que implica pensarse en relación a otro,
diferente, que viene a interpelar lo que sostenemos como sociedad.
Siempre logras hacer eso Diego, porque cuando dijiste “que la sigan chupando” y “la
tiene adentro” dijiste, desde la enunciación de lo popular, ustedes los ilustrados están
equivocados. Y a ellos les molesto, ¿sabes por qué? Porque molesta que hayas dicho
algo que no estamos preparados para escuchar, ni más ni menos que la corporación
periodística es una canallada, un cabaret al modo Rial y Tinelli del fútbol, ¿Y sabes
porque molesta?, porque la clase alta, ilustrada, la misma que se enoja con vos, es la que
consume esa basura.
Y llegamos al mundial, y nuevamente introdujiste la pasión por sobre la razón,
la emoción sobre la táctica, la poesía sobre la planificación. Volviste al concepto
moderno y no mercantil del fútbol. Fuiste un transmisor de experiencias. Volviste una
ves más, a ser un referente. Le diste al pueblo una nueva ilusión, y eso no termino en
el 4 a 0. Fue mucho más allá de eso, porque nos contagiaste que cuando uno debe creer
en lo que hace, y que si tiene las convicciones las cosas siempre salen, seguramente
cuestan más, seguramente conlleva poner mucho más el cuerpo. Vos nos devolviste
las ganas de reencontrarnos con nosotros mismos, creaste nuevamente en un
seleccionado, eso que los antropólogos llamamos identidad, y eso reconforta,
sana y hace soñar. El sueño todavía sigue, será más difícil lograrlo y tendremos
nosotros, hacernos de lo que te pedimos, más allá de un resultado futbolístico.