Las preguntas difíciles de responder no son las que se conforman por medio de enunciados extensos y complejos. Las preguntas que nos desbordan, que nos arrancan de la realidad, del confort cotidiano de la existencia son las más breves; aquellas que instintivamente parecen responderse por sí mismas o con relativa facilidad. Incluso a veces hasta resultan obvias o son motivos de burla, como si reírse a carcajadas representara la réplica e incluso la superación de dicha pregunta. Y si no lo creen así, mañana mismo tómense la molestia de preguntarle a sus compañeros de trabajo, de la facultad, o a los amigos del barrio, si ellos son libres. Y si les preguntan si son libres, también podrían preguntarles ¿Qué es la libertad?



Si bien no es mi intención que alguno de ustedes pierda una amistad -aunque de todos modos una amistad que se pierde por una pregunta filosófica, jamás fue una amistad-, de seguro que sus compañeros abrirán los ojos o harán algún gesto de sorpresa ante un interrogante que nadie espera y que todos piensan dar por obvio o innecesario. Algunos re-preguntarán por los motivos de aquella inquisición y no faltará el grupo que "no tenga tiempo" para pensar en tales asuntos. Y si el tiempo se pierde, ¿a dónde va ese tiempo cuando lo perdemos? ¿Se pierde el tiempo o no es más que uno? ¿Es un concepto dado a priori o hay varios tiempos? Porque lo cierto es que sólo vivimos en un tiempo (el presente) ya que el pasado son recuerdos que vivimos en aquel presente y el futuro es un porvenir que sólo experimentamos cuando se hace presente. Pasado-presente--presente-presente--Futuro-presente. ¿Es el tiempo presente nuestra libertad? Sartre diría que el presente se esfuma en un pestañeo, porque cuando quiero pensarlo, aferrarme a este, dejó de ser presente y está en el pasado, y no me queda otra que recordarlo como fue (¿lo recuerdo como fue o como quiero creer que fue?) ¿Es el pasado un relato que nos contamos a nosotros mismos para martirizarnos? ¿Para relajar nuestra conciencia y no hacernos cargo de nada? El pasado ya no está, sin embargo hay un fantasma que nos recuerda a el.

Es así que el momento cuando empecé diciendo "las preguntas difíciles de responder" pertenece al pasado, y ahora lo recuerdo en el presente y ya no estoy seguro de haber querido empezar así. Demasiadas vueltas, así que mejor volvamos a la libertad, aunque nos será imposible no volver al tiempo. Otra vez el tiempo.

¿Soy libre? es una pregunta que uno puede hacerse a cualquier edad, cuanto más pronto mejor, porque el hombre de edad avanzada le adjudica al tiempo vivido una experiencia incuestionable de su situación mundana, que en un acto de plena ignorancia lo asemeja a la sabiduría.

De ser así los adultos tomarían las mejores decisiones, pero el mundo en el que vivimos, colmado de miserias, injusticias, guerra, muerte, ignominia y caos, fue construido por los hombres maduros-racionales. Entonces se verá que la madurez y la inteligencia no se corresponden, que el paso de los años no garantiza ningún saber o conocimiento, y que la edad le sirve a uno para saber cuántos años deambuló por la vida. La pregunta por ser libre deberá surgir cuanto antes para la persona que realmente desea llegar a ser lo que es, de no hacerlo, transitará esta existencia como un muerto-en-vida, una pantomima, un ser humano nacido de una cadena de montaje que lo único que hace es repetir la existencia del hombre-masa o rebaño. El hombre libre es lo opuesto al hombre-masa, que es siempre obediente, servil, cobarde, sumiso, disciplinado, amante de la ética y la moral de su tiempo (burgués para Marx y cristiano para Nietzsche) y predecible. Pero no nos detengamos en el hombre-masa y vayamos al hombre libre, o al hombre que busca la libertad, y que de seguro en algún momento de su vida se preguntó por la misma.

¿Cómo puedo proyectarme hacia la libertad? La palabra proyecto no es una mera elección dentro del catálogo que ofrece el diccionario. Proyecto es una palabra sartreana (de Sartre) porque el gran filósofo francés lo consideraba al ser humano su propio proyecto. Para ser libre, o mejor dicho, para proyectarse hacia su libertad, el hombre debe despojarse de todas sus cadenas. Estas cadenas son más complejas de percibir que las cadenas del esclavo -y no el esclavo como metáfora o alusión al rebaño, sino al esclavo sometido ante un amo que lo gobierna y anula por completo su voluntad-, ya que el esclavo posee una ventaja: puede ver las cadenas que lo privan de su libertad, que lo mantienen preso y hacen de su vida una pesadilla. En cambio, el hombre "de apariencia libre" está sujetado por cadenas invisibles, esas cadenas son la cultura, la moral, la ética y el discurso dominante de la época (véase discurso como todo registro discursivo). Toda época estuvo y estará marcada por un discurso dominante que marca, conformando una hegemonía cultural, los límites de lo pensable y lo decible. Esas son las cadenas que someten al hombre, que lo mantienen preso, pero aquí es cuando Sartre expone dos frases que encienden una luz en la oscuridad: "El hombre está condenado a ser libre" y "Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él".

En la primera frase Sartre enfatiza que el hombre debe hacerse cargo de su libertad, porque de lo contrario nadie lo hará. No hay excusas. El hombre debe aceptar el peso de la existencia que tanto lo angustia y proyectarse hacia lo que todavía no es. Porque el hombre -y cuidado de no marearse ahora- es lo que no es y no es lo que es. Clarifiquemos: El hombre es lo que no es y no es lo que es. Si el hombre es lo que no es, significa que siempre está pro-yectado a consumarse como proyecto. El proyecto es su vida, su obra, su libertad, y NO es lo que ES en el presente porque el proyecto no está consumado, acabado, sino en devenir, en contingencia. Siempre eyectado a la consumación de su libertad. El hombre se hace a sí mismo, se elige a sí mismo en cada una de sus decisiones, y también en cada decisión que no toma. Porque no actuar, es actuar. Siempre, de alguna manera, se actúa. El hombre al elegirse a sí mismo, elige a todos los hombres, se hace responsable de la humanidad.



La filosofía de Sartre (existencialismo ateo) es la filosofía de la libertad, y leerlo suele producir vértigo (él lo define como náusea) y angustia. ¿Qué paradoja no? Hablar de la libertad lleva a sentir náusea y angustia, cuando cualquiera creería que al pensar la libertad debería representarse en la imaginación una continuidad de escenas de lo más gratificantes y añorables. Pero no, la libertad es una responsabilidad inexorable, una lucha incansable, atravesada por la angustia. La angustia es el estado existencial del hombre. El hombre, para Sartre, es pura angustia. No confundir angustia con miedo. El miedo es siempre temor a algo, la angustia es ese estado que no se puede explicar, que es propio de la existencia del hombre. Es el mismo Sartre, además, quien define al hombre con un vacío en su interior. Cada vez que el ser humano siente el peso de la existencia, cada vez que percibe esa náusea está siendo atravesado por la angustia que lo deja ante las puertas de la Nada. El ser y la Nada, dos facetas de lo UNO.

Volvamos a la segunda frase: "Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él". Esto significa que el hombre en algún momento debe dejar de poner excusas. Como diría Feinmann: "Usted, en algún momento de su vida debe dejar de culpar a sus padres, a sus maestros, a la sociedad, a la gente que conoce, y empezar a hacerse responsable de sus decisiones. Ya no puede esconderse en la excusa: Ah, no sé, a mí me hicieron de este modo, yo sufrí esto y sufrí lo otro, no es mi culpa, porque mis padres me enseñaron así, y en la televisión dicen esto otro". No señor, no señora. Usted es responsable de todo, incluso de hacer algo con lo que han hecho de usted. En la filosofía de Sartre no hay lugar para excusas, porque para la libertad se necesita compromiso y lucha, sentir el incesante vértigo de la existencia.

¿Por qué el Ser y la Nada? Porque ambas "dialogan entre sí". Cuando hablamos del Ser, hablamos de lo que todavía no-es -como ya se explicó arriba- y lo que todavía no-es es la Nada, por medio de ese vacío que atraviesa al hombre. Y el Ser es todo lo que es, pero siempre está en devenir, entonces hablamos de lo que no-es, es decir, la Nada. Y cuando hablamos de la Nada, la hablamos respecto al Ser (porque la Nada es nada y de la Nada, nada surge). Hablar del Ser nos hace pensar en la Nada, y hablar de la Nada nos hace pensar por el Ser. Relación dialéctica.




¿Qué es entonces la libertad? ¿Soy libre? Vuelven a resonar las preguntas en este presente que ya se nos escapa (les dije que volveríamos al tiempo). La libertad podría definirse como la aspiración máxima del hombre que desea ser libre, es su insondable horizonte y hacia este se dirige viviendo en pleno vértigo. La libertad es la felicidad, y está allí, como la consumación de su proyecto, como la meta más alejada del hombre, que sólo podrá alcanzarla si vive fiel a sí mismo, si vive para ser quien es, si está siempre actuando por su libertad, por no ser-pensado, por no ser-interpretado, por juzgarse a sí mismo antes que a los demás, que abandona toda excusa con el fin de no representar un fantasma que deambula y sobrevive, que está siempre lanzando a cometer su propósito: ser un hombre libre. Libertad...Actuar como un hombre libre en cada presente que se nos escapa, como por ejemplo, en este pestañeo.


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