Tras el post sobre la libertad, pensé que sería interesante reflexionar sobre el amor, porque así como la libertad, la pregunta por el amor y sus inevitables vivencias nos atraviesan a todos. Todos alguna vez han amado o han creído amar, y por supuesto, cada uno cuenta con más de una tragedia personal en su historia pasada. El uso de la palabra tragedia no fue inconsciente, sino por que en resumidas cuentas, en el amor todo se exagera.
Desde ya les aclaro que cuestiones como la libertad y el amor no pueden resolverse en un post, y tampoco en varios, pero intentaré exponer algunos puntos que les servirán para pensar el amor por fuera de las categorías ya-pensadas. Porque sí, por donde uno observe y escuche, siempre aparecerá una repetida categoría o forma de amor, pero que en la ilusión de los enamorados, se hará pasar por única y diferente (sin embargo, todos culminan contando las mismas historias y explicando de manera trillada sus lamentos).
Dialéctica del Amo y el Esclavo. Duelo de conciencias.
Es probable que hayan escuchado o leído sobre la dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel. Quien sí lo leyó fue Sartre, y en el Ser y la Nada realizó una interpretación sobre las relaciones humanas -siempre tan convencionales-,en este caso de pareja. ¿Qué pasa cuando dos personas emprenden el viaje del amor? Primero veamos un poco sobre la dialéctica ya mencionada.
En la dialéctica del Amo y el Esclavo, el primero es quien está dispuesto a todo -incluso a morir- para ser reconocido como tal, como Amo. El esclavo, por lo contrario, le teme a la muerte, porque sabe que por sus condiciones no tiene oportunidades de sobrevivir, por ende, el esclavo se torna tal al someterse al Amo (el Amo necesita del esclavo para ser Amo, y el esclavo es tal en tanto se someta al primero, de allí la relación dialéctica, es decir, entre dos opuestos). Esto puede verse, a modo de ejemplo, en la relación Empleador-Obrero. El segundo, sólo posee su mano de obra, mientras que el Empleador es quien tiene los medios de producción, y además de que posee mayores posibilidades de sobrevivir -ya que siempre habrá obreros vendiéndose como mercancías en el mercado laboral-, tampoco le teme a la muerte, pues lo único que desea es ser reconocido como Amo. Lo que sucederá finalmente, es que el obrero temeroso de sus escasas posibilidades de sobrevivir (recordemos que sólo tiene su mano de obra), terminará sometiéndose al Empleador-Amo.
En las parejas sucede algo similar, pero que lo interpretaremos como DUELOS DE CONCIENCIAS. En toda pareja hay dos personas, dos conciencias. Una es siempre más fuerte que la otra, no hay dos conciencias que sean idénticas. Por lo tanto, una se impondrá necesariamente a la otra. La conciencia fuerte dominará a la más débil, y esta última, en su carencia, será la conciencia que más ame. A RECORDAR: LA CONCIENCIA DÉBIL ES LA QUE MÁS AMA, pues es dependiente, sumisa, y necesita del otro mucho más que de lo que este último a la persona que es pura debilidad, reflejada en su formar de (no) verse carencia. La conciencia débil SIEMPRE estará dispuesta a ceder parte de su libertad con el fin de alimentar los deseos y satisfacer la voluntad del otro, de la conciencia fuerte. La persona cuya conciencia es débil es afecto-dependiente, le teme a la soledad como el obrero a la muerte, no la tolera, y antes que estar sola, prefiere asumirse (sin saberlo) como carencia y tornarse una alteridad que necesita del amor como si fuera una droga, porque efectivamente piensa que LA NECESITA, y no la disfruta en su auténtica plenitud. . Esta persona, cuya conciencia es débil, no sabe amar, sino que ama la idea de amar y ser amado.
Recién mencioné dos palabras claves: DESEOS Y VOLUNTAD. Toda persona está gobernada por su voluntad. En este caso, no me refiero a voluntad como el querer-hacer consciente, sino que el ser humano es una voluntad que arrastra a su razón. Los deseos dominan a la voluntad, y esta última a la razón, a pesar de que el ser humano se piense como un individuo absolutamente racional. El ser humano, después de todo, es un animal emocional educado por la cultura. Y si alguien piensa lo contrario, que el ser humano es absolutamente racional, entonces que explique el motivo por el cual toma pésimas decisiones, ya que muchas veces comete el mismo error y en reiteradas ocasiones, e incluso toma decisiones que a priori sabe que no son las preferentes, por qué ante las advertencias de los otros se sesga y elige lo que evidentemente no le convenía, o por qué cae en un sin fin de contradicciones o no puede explicar con precisión el motivo de tal accionar que lo deja desorientado, etc.
Para Arthur Schopenhauer, el ser humano pasa toda su vida deseando en este valle de lágrimas que representa la existencia. El hombre va de un deseo a otro, es un péndulo, que en ese desear inexorable que perdurará hasta su muerte se desliza entre dos estados: EL DOLOR Y EL HASTÍO (ABURRIMIENTO). El ser humano desea, desea y desea (entre los deseos está el amor), y cuando consigue aquello que deseaba, se aburre, llega el momento del hastío y terminará persiguiendo otro deseo. Es insaciable, y su voluntad es esclava de sus deseos. El ser humano se torna así, esclavo de todo lo que no tiene.
Repasemos: todo individuo está gobernado por sus deseos que conducen su voluntad. En consecuencia, en una pareja hay dos personas que tienen deseos, y en la inevitable disputa que surge en la vida de a dos, uno de los dos deberá ceder (de acá se comprende los incontables malos entendidos, peleas, negación del querer del-otro, etc). Es imposible que ambos puedan satisfacer sus deseos en la más absoluta plenitud ,porque estos deseos estarán enfrentados, ya que las personas conllevan en sí innumerables diferencias: en sus opiniones, en la ideología política, en los modos de vivir e interpretar el mundo, diferencias en posturas éticas, morales religiosas, etc.
Por lo tanto es imposible que dos seres humanos, en este caso una pareja, puedan pasar los días sin entablar una disputa, hasta llegar al punto en que la disputa forma parte de la vida en pareja y ambos se terminan acostumbrado, en mayor o menor medida, a convivir con cierta crispación. Sartre lo dejó bien en claro: "El infierno son los otros." De aquí que uno deberá someterse al otro, porque si los dos desean ser Amos, la ruptura será inminente. No puede haber dos Amos en una relación, porque dos Amos representan dos voluntades que están dispuestas A NO CEDER. Uno de los dos siempre deberá sentarse en el trono y asumirse como el protagonista, en un rol primario. Por esta razón, las personas viven haciéndose concesiones para "alcanzar la paz", pero el Amo es quien menos concesiones hará, y lo hará en tanto el convenga y no modifique su lugar de Amo. El querer, el dar en la pareja, nunca se traduce en una equidad absoluta, la balanza, aunque mal les pese a los enamorados del amor, siempre estará desequilibrada.
Entonces, para que una pareja pueda sobrevivir -es decir sostenerse en el paso del tiempo, como un proyecto que con el correr de los años es mejor no "echar a la basura"-, una de las dos personas (siempre la conciencia más débil) es la que se inclinará a la conciencia fuerte. Se someterá, no en su totalidad, pero sí en la medida que sea necesario, mutilará su individualidad al negar su voluntad para satisfacer al otro (sodomización), y finalmente se tornará una alteridad, un otro. La conciencia fuerte domina a la más débil que culmina siendo su otro, su complemento, su alteridad, ya que adquirirá el instinto de protagonizar un rol secundario.
Nótese que hay imposibles en las cuestiones de pareja:
¿Ustedes creen que dos personas puedan amararse con IDÉNTICA pasión, con la misma intensidad?
¿Ustedes consideran que dos personas piensan, en el mismo grado emocional, que el otro es fundamental para la vida de uno?
¿Ustedes piensan que dos personas al separarse deambulan en la tristeza acarreando el mismo dolor, que ambos sufren de la misma manera?
La respuesta, con tan sólo meditar unos momentos es NO, NO Y NO. Dos personas no se aman por igual. Eso se dicen entre las parejas para alimentar la ilusión de los enamorados únicos, y esto puede comprobarse en la siguiente idealización, que como tal es trillada: cuando dos personas comienzan una relación, ambas personas les relatan a las personas cercanas sobre el amor que están viviendo, como si nadie en el planeta tierra hubiese experimentando algo semejante, siempre hablan de encontrar al ser-único plagado de virtudes e ínfimos defectos, cuando lo cierto es que hay dos factores que corrompen toda posibilidad de amor libre, auténtico y pleno: la cotidianidad y la monogamia, la segunda es una imposición cultural contra-natura que lleva al hombre a domesticar a Eros o su pulsión sexual, con el fin de formar una pareja y en algún momento reproducirse para perpetrar la especie.
Otros tres aspectos que corrompen y subyugan al amor en su faceta auténtica, libre y esplendorosa, siendo este el amor que verdaderamente está por fuera de todas las categorías, son: las cadenas de la monogamia, la idealización del otro y el letargo en la pasión que produce la convivencia.
En el contexto del amor trillado que se vive en las sociedad occidentales, la persona más necesitada de afecto se aferrará, haciendo todo lo posible, a su amor actual, y en caso de una separación, será quien más lágrimas derrame y quien mayor tormento tendrá que soportar en su cuerpo, o si lo quieren en términos metafóricos, su alma. Es por eso que, la conciencia débil, siempre buscará mantenerse en pareja a pesar de padecer constantemente, porque le profesa terror a la soledad -pues no la comprende- y prefiere ser la alteridad no asumida de la pareja, optando por sacrificarse en pos del otro, para así alimenta la ilusión cotidiana de estar viviendo el amor. El amor como historia de melodrama, digna de una telenovela.
Para que el amor sea formidable, valioso y libre, deberá estar conformado por dos personas que expresen su voluntad libertina, que desprecien las cadenas de la monogamia, la cotidianidad y que asuman que el otro está increíblemente lejos de ser un ideal. Para este amor, es vital que dos personas, además de sentirse atraídas sexualmente, puedan involucrarse intelectualmente hasta el más alto grado. En la libertad absoluta, estas dos personas jamás entrarán en la dialéctica, pues vivirán acorde a sus deseos, jamás serán dependientes del otro y no buscarán someterse, sino encontrarse en la grandeza, proyectándose mutuamente hacia lo más alto, sublime y voluptuoso.
Desde ya les aclaro que cuestiones como la libertad y el amor no pueden resolverse en un post, y tampoco en varios, pero intentaré exponer algunos puntos que les servirán para pensar el amor por fuera de las categorías ya-pensadas. Porque sí, por donde uno observe y escuche, siempre aparecerá una repetida categoría o forma de amor, pero que en la ilusión de los enamorados, se hará pasar por única y diferente (sin embargo, todos culminan contando las mismas historias y explicando de manera trillada sus lamentos).
Dialéctica del Amo y el Esclavo. Duelo de conciencias.
Es probable que hayan escuchado o leído sobre la dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel. Quien sí lo leyó fue Sartre, y en el Ser y la Nada realizó una interpretación sobre las relaciones humanas -siempre tan convencionales-,en este caso de pareja. ¿Qué pasa cuando dos personas emprenden el viaje del amor? Primero veamos un poco sobre la dialéctica ya mencionada.
En la dialéctica del Amo y el Esclavo, el primero es quien está dispuesto a todo -incluso a morir- para ser reconocido como tal, como Amo. El esclavo, por lo contrario, le teme a la muerte, porque sabe que por sus condiciones no tiene oportunidades de sobrevivir, por ende, el esclavo se torna tal al someterse al Amo (el Amo necesita del esclavo para ser Amo, y el esclavo es tal en tanto se someta al primero, de allí la relación dialéctica, es decir, entre dos opuestos). Esto puede verse, a modo de ejemplo, en la relación Empleador-Obrero. El segundo, sólo posee su mano de obra, mientras que el Empleador es quien tiene los medios de producción, y además de que posee mayores posibilidades de sobrevivir -ya que siempre habrá obreros vendiéndose como mercancías en el mercado laboral-, tampoco le teme a la muerte, pues lo único que desea es ser reconocido como Amo. Lo que sucederá finalmente, es que el obrero temeroso de sus escasas posibilidades de sobrevivir (recordemos que sólo tiene su mano de obra), terminará sometiéndose al Empleador-Amo.
En las parejas sucede algo similar, pero que lo interpretaremos como DUELOS DE CONCIENCIAS. En toda pareja hay dos personas, dos conciencias. Una es siempre más fuerte que la otra, no hay dos conciencias que sean idénticas. Por lo tanto, una se impondrá necesariamente a la otra. La conciencia fuerte dominará a la más débil, y esta última, en su carencia, será la conciencia que más ame. A RECORDAR: LA CONCIENCIA DÉBIL ES LA QUE MÁS AMA, pues es dependiente, sumisa, y necesita del otro mucho más que de lo que este último a la persona que es pura debilidad, reflejada en su formar de (no) verse carencia. La conciencia débil SIEMPRE estará dispuesta a ceder parte de su libertad con el fin de alimentar los deseos y satisfacer la voluntad del otro, de la conciencia fuerte. La persona cuya conciencia es débil es afecto-dependiente, le teme a la soledad como el obrero a la muerte, no la tolera, y antes que estar sola, prefiere asumirse (sin saberlo) como carencia y tornarse una alteridad que necesita del amor como si fuera una droga, porque efectivamente piensa que LA NECESITA, y no la disfruta en su auténtica plenitud. . Esta persona, cuya conciencia es débil, no sabe amar, sino que ama la idea de amar y ser amado.
Recién mencioné dos palabras claves: DESEOS Y VOLUNTAD. Toda persona está gobernada por su voluntad. En este caso, no me refiero a voluntad como el querer-hacer consciente, sino que el ser humano es una voluntad que arrastra a su razón. Los deseos dominan a la voluntad, y esta última a la razón, a pesar de que el ser humano se piense como un individuo absolutamente racional. El ser humano, después de todo, es un animal emocional educado por la cultura. Y si alguien piensa lo contrario, que el ser humano es absolutamente racional, entonces que explique el motivo por el cual toma pésimas decisiones, ya que muchas veces comete el mismo error y en reiteradas ocasiones, e incluso toma decisiones que a priori sabe que no son las preferentes, por qué ante las advertencias de los otros se sesga y elige lo que evidentemente no le convenía, o por qué cae en un sin fin de contradicciones o no puede explicar con precisión el motivo de tal accionar que lo deja desorientado, etc.
Para Arthur Schopenhauer, el ser humano pasa toda su vida deseando en este valle de lágrimas que representa la existencia. El hombre va de un deseo a otro, es un péndulo, que en ese desear inexorable que perdurará hasta su muerte se desliza entre dos estados: EL DOLOR Y EL HASTÍO (ABURRIMIENTO). El ser humano desea, desea y desea (entre los deseos está el amor), y cuando consigue aquello que deseaba, se aburre, llega el momento del hastío y terminará persiguiendo otro deseo. Es insaciable, y su voluntad es esclava de sus deseos. El ser humano se torna así, esclavo de todo lo que no tiene.
Repasemos: todo individuo está gobernado por sus deseos que conducen su voluntad. En consecuencia, en una pareja hay dos personas que tienen deseos, y en la inevitable disputa que surge en la vida de a dos, uno de los dos deberá ceder (de acá se comprende los incontables malos entendidos, peleas, negación del querer del-otro, etc). Es imposible que ambos puedan satisfacer sus deseos en la más absoluta plenitud ,porque estos deseos estarán enfrentados, ya que las personas conllevan en sí innumerables diferencias: en sus opiniones, en la ideología política, en los modos de vivir e interpretar el mundo, diferencias en posturas éticas, morales religiosas, etc.
Por lo tanto es imposible que dos seres humanos, en este caso una pareja, puedan pasar los días sin entablar una disputa, hasta llegar al punto en que la disputa forma parte de la vida en pareja y ambos se terminan acostumbrado, en mayor o menor medida, a convivir con cierta crispación. Sartre lo dejó bien en claro: "El infierno son los otros." De aquí que uno deberá someterse al otro, porque si los dos desean ser Amos, la ruptura será inminente. No puede haber dos Amos en una relación, porque dos Amos representan dos voluntades que están dispuestas A NO CEDER. Uno de los dos siempre deberá sentarse en el trono y asumirse como el protagonista, en un rol primario. Por esta razón, las personas viven haciéndose concesiones para "alcanzar la paz", pero el Amo es quien menos concesiones hará, y lo hará en tanto el convenga y no modifique su lugar de Amo. El querer, el dar en la pareja, nunca se traduce en una equidad absoluta, la balanza, aunque mal les pese a los enamorados del amor, siempre estará desequilibrada.
Entonces, para que una pareja pueda sobrevivir -es decir sostenerse en el paso del tiempo, como un proyecto que con el correr de los años es mejor no "echar a la basura"-, una de las dos personas (siempre la conciencia más débil) es la que se inclinará a la conciencia fuerte. Se someterá, no en su totalidad, pero sí en la medida que sea necesario, mutilará su individualidad al negar su voluntad para satisfacer al otro (sodomización), y finalmente se tornará una alteridad, un otro. La conciencia fuerte domina a la más débil que culmina siendo su otro, su complemento, su alteridad, ya que adquirirá el instinto de protagonizar un rol secundario.
Nótese que hay imposibles en las cuestiones de pareja:
¿Ustedes creen que dos personas puedan amararse con IDÉNTICA pasión, con la misma intensidad?
¿Ustedes consideran que dos personas piensan, en el mismo grado emocional, que el otro es fundamental para la vida de uno?
¿Ustedes piensan que dos personas al separarse deambulan en la tristeza acarreando el mismo dolor, que ambos sufren de la misma manera?
La respuesta, con tan sólo meditar unos momentos es NO, NO Y NO. Dos personas no se aman por igual. Eso se dicen entre las parejas para alimentar la ilusión de los enamorados únicos, y esto puede comprobarse en la siguiente idealización, que como tal es trillada: cuando dos personas comienzan una relación, ambas personas les relatan a las personas cercanas sobre el amor que están viviendo, como si nadie en el planeta tierra hubiese experimentando algo semejante, siempre hablan de encontrar al ser-único plagado de virtudes e ínfimos defectos, cuando lo cierto es que hay dos factores que corrompen toda posibilidad de amor libre, auténtico y pleno: la cotidianidad y la monogamia, la segunda es una imposición cultural contra-natura que lleva al hombre a domesticar a Eros o su pulsión sexual, con el fin de formar una pareja y en algún momento reproducirse para perpetrar la especie.
Otros tres aspectos que corrompen y subyugan al amor en su faceta auténtica, libre y esplendorosa, siendo este el amor que verdaderamente está por fuera de todas las categorías, son: las cadenas de la monogamia, la idealización del otro y el letargo en la pasión que produce la convivencia.
En el contexto del amor trillado que se vive en las sociedad occidentales, la persona más necesitada de afecto se aferrará, haciendo todo lo posible, a su amor actual, y en caso de una separación, será quien más lágrimas derrame y quien mayor tormento tendrá que soportar en su cuerpo, o si lo quieren en términos metafóricos, su alma. Es por eso que, la conciencia débil, siempre buscará mantenerse en pareja a pesar de padecer constantemente, porque le profesa terror a la soledad -pues no la comprende- y prefiere ser la alteridad no asumida de la pareja, optando por sacrificarse en pos del otro, para así alimenta la ilusión cotidiana de estar viviendo el amor. El amor como historia de melodrama, digna de una telenovela.
Para que el amor sea formidable, valioso y libre, deberá estar conformado por dos personas que expresen su voluntad libertina, que desprecien las cadenas de la monogamia, la cotidianidad y que asuman que el otro está increíblemente lejos de ser un ideal. Para este amor, es vital que dos personas, además de sentirse atraídas sexualmente, puedan involucrarse intelectualmente hasta el más alto grado. En la libertad absoluta, estas dos personas jamás entrarán en la dialéctica, pues vivirán acorde a sus deseos, jamás serán dependientes del otro y no buscarán someterse, sino encontrarse en la grandeza, proyectándose mutuamente hacia lo más alto, sublime y voluptuoso.