Antes que nada quiero aclarar que si bien estos relatos tienen títulos independientes, son hechos reales de los cuales fui partícipe, algunos, por lo que pude saber hablando con mis compañeros, muy comunes en varias comisarías. Los policías más viejos contaban historias de atrocidades que "supuestamente" (y recalco supuestamente porque no se si hubo alguna investigación al respecto ya que yo entré hace 15 años a la fuerza) se cometieron durante la dictadura, lo que yo entiendo como torturas, muertes, etc. Espero que los disfruten, a mi me dio mucho miedo vivir estos momentos, y el motivo de estos relatos es transmitirles a ustedes aunque sea un poco de ese temor. Enjoy!!!
También quiero agregar que estos relatos fueron inspirados por este post del usuario @whisbell - Venezuela debido a un comentario que hice, a raíz del cual varios usuarios mediante respuesta al comentario o MP, me pidieron que relate estos hechos.
Por último y para no entretenerlos más, les dejo los links de los dos primeros relatos de esta serie:
La Quemada
En el primer relato de esta serie, comenté que hace algunos años trabajé en una comisaría de la zona sur de Rosario, y describí también que esta tenía en esa época, una sala de estar con una puerta a través de la cual se salía al patio trasero, también utilizado como cochera, donde se sabían dejar los vehículos secuestrados, y también algún que otro elemento que no entraba por su tamaño en el depósito cerrado. La comisaría tenía en la parte trasera, un departamento, con una cocina comedor, habitación con dos cuchetas y baño, para uso de personal, aunque rara vez lo utilizábamos.
Una noche habíamos vuelto de patrullar y decidimos descansar unos minutos en la sala de estar, tomando unos mates con mi compañero, el chofer de móvil. Esta sala tenía una ventana que daba hacia el patio, pero solo se veía a través de la misma el ingreso al departamento. Estábamos en lo nuestro, cuando alcancé a percibir a través de la ventana que algo se movía en el patio. No le iba a dar importancia, porque sabía que en la habitación se encontraba descansando un compañero, y pensé que se había levantado por algo, pero entonces el chofer me dijo "VISTE ENTRAR A UNA MUJER AL DEPARTAMENTO?". Lo miré con cara de sorpresa y le dije que había visto a alguien, pero no que fuera una mujer. Inmediatamente nos levantamos para ir a mirar, pero, como era de esperarse, no había ninguna mujer, solo nuestro compañero roncando en la habitación.

Volvimos a la sala de estar, donde mi compañero me contó que vio a través de la ventana, a una mujer joven, de unos 25 años, caminando muy decidida hacia la puerta del departamento. No pudo ver muchos detalles, pero me dijo que antes de entrar, esta mujer lo miró, y a él le pareció que tenía su cara con cicatrices, como si se hubiera quemado. No era la primera vez que nos ocurrían estos sucesos paranormales con mi compañero, y nos quedamos algo alterados. Terminamos una ronda de mates y salimos a patrullar nuevamente.

Regresamos de patrullar a eso de las cinco de la mañana, como era invierno, todavía era de noche. Volvimos a los mates, sumándose a nosotros la Oficial de Guardia. Yo seguía intranquilo por el relato de mi compañero, y cada tanto miraba hacia la ventana, algo inquieto. Habrán pasado unos veinte minutos y me distraje charlando con mis camaradas, cuando la Oficial de Guardia gritó "HEY, UNA MUJER ENTRÓ A LA COCINA!". Nos levantamos los tres para ir a mirar, y enseguida se escuchó un grito. Les juro que los gritos de terror de las películas no tenían nada que hacer al lado de este. Supimos de inmediato que se trataba de nuestro compañero que estaba durmiendo, y lo vimos salir corriendo del departamento, entró en la sala de estar y cerró la puerta. Estaba blanco como una hoja, temblaba y tenía los ojos llorosos. Les aseguro que escuchaba su corazón latir desde donde yo estaba. Con el chofer fuimos a revisar el departamento y no vimos nada. Al volver, nuestro compañero, ya más calmado, nos contó que estaba dormido, cuando sintió una presencia al lado de su cama, abrió los ojos y vio la cara desfigurada de una mujer gritándole, a la vez que sintió que lo zamarreaban de los hombros. Como pudo se levantó y salió corriendo. Al otro día habló con el jefe y le pidió el pase a otro destino, no quiso volver más a esa comisaría.

Un par de guardias después, vino a trabajar con nosotros un sub oficial que ya tenía varios años de antigüedad y había trabajado antes en esa comisaría. Desde lo ocurrido días atrás, cada vez que con mi compañero nos quedábamos en la sala de estar, dejábamos abierta la puerta del patio para poder ver bien si alguien entraba. Como a las dos de la mañana, entramos a la comisaría para tomar unos mates. Estaba con nosotros el sub oficial, los tres hablábamos de cualquier cosa, cuando vemos a una mujer vestida con remera y pantalón de jean, cruzar caminando el patio como si nada, dirigiéndose a la puerta del departamento. Antes de entrar nos miró, y pudimos ver que tenía su cara quemada, no por el sol, sino por el fuego. El chofer y yo nos levantamos para seguirla, cuando el sub oficial nos dijo "ESPEREN. ADONDE VAN?". Le preguntamos si no había visto a la mujer, y riéndose nos contestó que si. Lo que sigue a continuación es su relato: "CLARO QUE LA VI, PERO NO LA SIGAN. SIEMPRE HACE LO MISMO, DESDE QUE MURIÓ, POBRECITA. NO JODE A NADIE. PENSÉ QUE DESPUÉS DE TANTOS AÑOS NO LA IBA A VER MÁS, PERO SE VE QUE SIGUE POR ACÁ. LES VOY A CONTAR. HACE COMO CINCO AÑOS, CUANDO YO TRABAJABA ACÁ, HUBO UN HOMICIDIO EN EL FONAVI. ACÁ A LA VUELTA. EN CEPEDA Y GUTIERREZ. ESTA MUJER SE HABÍA SEPARADO DE SU MARIDO PORQUE LE PEGABA A ELLA Y A SUS HIJOS. EL JUZGADO HABÍA ORDENADO QUE NO LOS PODÍA VER, NI SIQUIERA ACERCARSE, PORQUE DURANTE LAS PRIMERAS VISITAS, TAMBIÉN LOS MALTRATÓ. UNA NOCHE EL TIPO FUE A LA CASA, LA CONVENCIÓ DE QUE LE DEJE VER A LOS CHICOS, Y CUANDO ELLA ABRIÓ LA PUERTA COMENZÓ A GOLPEARLA HASTA DESMAYARLA. LOS CHICOS ESTABAN DORMIDOS Y NO SE ENTERARON DE NADA. LA SACÓ DEL DEPARTAMENTO Y LA ARRASTRÓ DESMAYADA HASTA LA ESQUINA DE CEPEDA Y GUTIERREZ, DONDE YA HABÍA PREPARADO UN TACHO DE DOSCIENTOS LITROS CON UNA FOGATA, Y LA TIRÓ DE CABEZA ADENTRO. LA CHICA SE DESPERTÓ POR EL FUEGO Y EMPEZÓ A GRITAR, LOS VECINOS ESCUCHARON SUS GRITOS Y SALIERON A AYUDARLA, PERO EL MARIDO LA HABÍA AGARRADO DE LOS PIES PARA QUE NO PUEDA SALIR. CUANDO LOS VECINOS LLEGARON, LA SACARON Y APAGARON EL FUEGO, PERO YA ESTABA MUERTA.
Este relato nos dejó consternados, no solo por la crueldad, sino por la aparición de esta mujer en la comisaría. Le pregunté al sub oficial por qué aparecía en la comisaría, se levantó y me dijo "SEGUIME". Fuimos hasta el portón de ingreso al patio, y me preguntó "SABÍAS QUE DICEN QUE LOS MUERTOS SE AFERRAN AL LUGAR EN QUE MURIERON?". Le contesté que no tenía nada que ver, si ella había muerto en la esquina de Cepeda y Gutierrez, entonces levantó su mano derecha y señaló con el dedo índice. Ahí, en un rincón del patio, en medio de varios cachivaches y elementos secuestrados en distintos procedimientos, asomaba un tacho de chapa de doscientos litros, oxidado, pero todavía con marcas de hollín...

Bueno, eso fue todo para esta tercera parte, espero que les haya gustado y que lo recomienden. Estoy preparando la cuarta y última entrega de estos relatos, les voy a avisar cuando esté.., y nuevamente les juro que fue totalmente verídico...