En el transcurso de la segunda guerra mundial, hubo varios discursos de los lideres de todas las facciones en conflicto que inspiraron enormemente a su pueblo, pero entre los discursos pronunciados hubo dos que lograron un impulso volcánico en la mente de los ciudadanos.
Satanlin
Stalin líder supremo de la unión soviética y del comunismo a nivel mundial paso de ser un ladrón a dios de los pueblos eslavos, el culto a la personalidad de Stalin rebasaba el de cualquier dios que se hubiera adorado en esas tierras. Padres llegaron a entregar a sus hijos para sufrír una muerte miserable por ir en contra de los designios de Stnlin, alumnos denunciaron a profesores por no mencionar a Stalin en dos clases seguidas.
Lo que el padre Stanlin dijera era ley divina por absurda o coherente que fuera. La devoción absoluta de su pueblo trajo cosas grandes y terribles por igual. En la historia del líder, Stanlin no había hablado al pueblo, era pragmático y de personalidad abrasiva además Stanlin era goerginano, el ruso no era su lengua madre y lo hablaba con un marcado acento georgiano prefería no dirigirse directamente al pueblo.
Pero un día llego el momento del dios entre los mortales LA GUERRA, la URSS nació de una sangrienta guerra, pero del oeste llegaba un poderoso enemigo cruel e implacable la invasión nazi no llevaba ni un mes y ya avanzaba rápidamente por el país, millones de soldados habían caído, ciudades estaban siendo sometidas. La población masacrada, era la hora de hablar. Stalin necesitaba dirigirse a su pueblo y por única vez debía ser honesto así de grave era la situación.
Su dios había hablado el día del juicio había llegado primera reacción fue de un profundo terror, venían enemigos para destruirlos y esclavizarlos, un joven ruso cito ¨Ese día vi a mi padre a pesar que el fue quien me enseno que dios no existe¨, una vez asimilado el mensaje el pueblo siguió las indicaciones de su señor no aceptarían el apocalipsis pelearían, con toda su voluntad y alma.
En el mayor proceso de ingeniería social de la historia humana el pueblo se unió, Millones marcharon al frente para morir, morir y seguir muriendo ellos detendrían a a los invasores los demás trabajarían, el 75% de la industria soviética fue arrasada pero los soviéticos las instalaron en otro lugar y trabajaron y trabajaron descansando solo lo necesario para seguir con vida en meses crearon una armada que a los nazis les llevo diez anos reunir, y lo lograron, los nazis fueron detenidos lo suficiente para crear una interminable cantidad de tanques, aviones armas, balas y todo tipo de brutales piezas de metal, con esa ejercito de maquinas primero se dirigieron a liberar stanligrado donde heroicamente y contra todo pronósticos los nazis fueron detenidos ahora con sus refuerzos el ejercito alemán fue aplastado lo soviéticos liberaron todas las ciudades y siguieron su imparable avance hasta berlin.
Antes del discurso de stalin el pueblo no estaba tan unido como lo estuvo después que solicito que pelearan, tarde pero eso llevo a muchos cambios que llevaron a un estado mas consolidado con una mentalidad mas centralizada a lo que el esfuerzo humano podía conseguir para el bien común.
Hiro Hito.
El emperador de japon era dios como casi todos los reyes de la antigüedad se le trataba como divinidad esto se aprovecho para algo LA GUERRA, los lideres del japon adoctrinaron al pueblo que estuvieran absolutamente convencidos de que el emperador deseaba la guerra y debían obediencia absoluta.
Las masas salieron a contribuir a la guerra por su dios emperador, la guerra se expandió y hordas de atacantes suicidas siendo los kamikazes los mas famosos, se abalanzaban directo a la muerte felices por servir a su dios emperador.
La red de poder al alrededor del emperador era densa, el emperador era tratado como dios pero sur rol era realmente simbólico , el rumbo que se deseaba que siguiera el país se determinaba por la mentalidad de la gente que lo rodeaba. Hirohito vivía de forma muy hermética no tenia completa noción de la situación y su poder era relativo no había necesidad de contradecirlo ni desafiarlo si siempre se esperaba que actuara de cierta forma. El simple hecho de comunicarse ya requería de un largo e insufrible protocolo.
Pero un día la realidad llego a las puertas del cielo, a pesar del fanatismo puesto, japon estaba acabado los americanos soltaron armas atómicas, y tenían una tercera que podía caer sobre tokio, los soviéticos por su parte estaban tomando todas sus posiciones en Asia , la flota estaba destruida el país caería la pregunta era cuanta gente moriría por una guerra perdida.
El consejo se reunió los dirigentes discutían por primera vez una parte se convecino que debían rendirse, rompiendo un todo protocolo se le pregunto al emperador que se debía hacer el emperador entendiendo la situación, comunico que era necesario rendirse, impactados los militares rogaron por no tomar esa decisión pero el emperador tuvo por primera vez una decisión nacida de su propia voluntad la supervivencia de su pueblo y para la rendición era necesaria y preparo un discurso para su pueblo
Fue la primera vez que el pueblo escuchaba la voz de dios emperador habla un lenguaje demasiado formal y arcaico al haber usado su voz pocas veces hablaba con cierta torpeza se necesito que gente tradujera las partes que no estaban claras pero el mensaje general se entendió esa cruenta guerra para sus enemigos y ellos, debía terminar no había forma de ganar y por el bien del futuro debían rendirse.
Dios había dado su veredicto, el impacto psicológico que tuvo el discurso en el pueblo nipon fue tremendo, habían perdido una guerra en la que se aposto todo estaba perdida, cientos de altos militares se suicidadaron inmediatamente , como por arte de de magia millones de feroces soldados dispuestos a morir hasta el final soltaron sur armas, todos los preparativos de defensa fueron abandonados, el pueblo dejo de pelear y se preparo para ser ocupado, lo aliados quedaron estupefactos ante tal reacción, sin duda el emperador era un dios para su pueblo.
Aquí el discurso del Emperador.
“(1) Yo, el Emperador, después de reflexionar profundamente sobre la situación mundial y el estado actual del Imperio japonés, he decidido adoptar como solución a la presente situación el recurso a una medida extraordinaria. Con la intención de comunicároslo me dirijo a vosotros, mis buenos y leales súbditos.
(2) He ordenado al Gobierno del Imperio que comunique a los países de EEUU, Gran Bretaña, China y Rusia la aceptación de su Declaración conjunta.
(3) Ahora bien, conseguir la paz y el bienestar de los súbditos japoneses y disfrutar de la mutua prosperidad y felicidad con todas las naciones ha sido la solemne obligación que me legaron, como modelo a seguir, los antepasados imperiales y de la cual no he pretendido apartarme, llevándola siempre presente en mi corazón.
(4) Por consiguiente, aunque en un principio se declarase la guerra a los países de EEUU y Gran Bretaña, la verdadera razón fue el sincero deseo de la autoconservación del imperio y la seguridad de Asia Oriental, no siendo en ningún caso mi intención el interferir en la soberanía de otras naciones ni la invasión expansiva de otros territorios.
(5) Sin embargo, la guerra tiene ya cuatro años de duración. Y a pesar de que los generales y los soldados del ejército de tierra y marina han luchado en cada lugar valientemente, los funcionarios han trabajado en sus puestos realizando todos los esfuerzos posibles y todos los habitantes han servido con devota dedicación, poniendo cuanto estaba en sus manos; la trayectoria de la guerra no ha evolucionado necesariamente en beneficio de Japón y la situación internacional tampoco ha sido ventajosa. Además, el enemigo ha lanzado una nueva y cruel bomba, que ha matado a muchos ciudadanos inocentes y cuya capacidad de perjuicio es realmente incalculable.
(6) Por eso, si continuamos esta situación la guerra al final no sólo supondrá la aniquilación de la nación japonesa sino también, la destrucción total de la propia civilización humana. Y si esto fuese así, cómo podría proteger a mis súbditos, mis hijos, y cómo podría solicitar el perdón ante los sagrados espíritus de mis antepasados imperiales. Esta es la razón por la que he hecho al gobierno del Imperio aceptar la Declaración Conjunta de las Potencias.
(7) Me siento obligado a expresar mi más profundo sentimiento de pesar con las naciones aliadas que han colaborado permanentemente junto con el Imperio Japonés para la emancipación de Asia Oriental. Asimismo, pensar en aquellos de mis súbditos que han muerto en el campo de batalla, así como en aquellos que dieron su vida ocupando sus puestos de trabajo, cumpliendo con su deber, o aquellos que fueron víctimas de una muerte desafortunada y en sus familias destrozadas es un sufrimiento presente en mi corazón noche y día. Del mismo modo, el bienestar de los heridos y de las víctimas de guerra, de aquellos que han perdido sus hogares y sus medios de vida constituye el objeto de mi más honda preocupación.
(8) Soy consciente de que los sacrificios y sufrimientos que tendrá que soportar el Imperio a partir de ahora son, sin duda, de una magnitud indescriptible. Y comprendo bien el sentimiento de mortificación de todos vosotros, mis súbditos. Sin embargo, en consonancia con los dictados del tiempo y del destino quiero, aun soportando lo insoportable y padeciendo lo insufrible, abrir un camino hacia la paz duradera para todas las generaciones futuras.
(9) Confirmo vuestra lealtad al defender la estructura del Imperio y me siento unido a vosotros, mis buenos y leales súbditos. Por eso, os exijo que evitéis cualquier explosión de emociones que pueda desencadenar complicaciones innecesarias, o enfrentamientos que puedan desuniros, causando desorden y conduciéndoos por un camino equivocado que haría al mundo perder la confianza en vosotros.
(10) Continuad adelante como una sola familia, de generación en generación, confiando firmemente en la inmortalidad del Japón divino, conscientes del peso de las responsabilidades y del largo camino que os queda por delante. Dedicad todos vuestros esfuerzos para la construcción del futuro. Manteneos fieles a una firme moral, seguros de vuestro propósito, y trabajad duro aprovechando al máximo vuestras virtudes sin retrasaros de la línea del progreso del mundo.
(11) Poned en práctica, según lo he dicho, mi voluntad.”[2]