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142fc496eac1104b24ae30fdcb1cffa1San Miguel de Tucumán, Tucumán.- Lucha de minorías, masivas movilizaciones, cruces de ideas, todo se fundió en las calles y distintos puntos de Tucumán y el país, para repudiar o avalar una misma cosa. Palabras cruzadas, rimadas, violentas, sin prosa. Palabras de más, de menos, pero todas... tan solo por una palabra: MATRIMONIO

El tema que quita el sueño a todo un país, estuvo en Tucumán y movilizó a miles en las calles y otros puntos de la ciudad capital. Más de 30 mil personas en Plaza Independencia demostraron claramente su repudio a lo que las minorías han titulado como algo discriminatorio.

Pero las pequeñas colectividades no se rinden, ni lo harán, según puede verse en su accionar y forma de luchar. El afán por ser iguales para un sector que los ve como distintos y dice que jamás lo conseguirán, frustra, pero no detiene.

Todo gira por estas horas en una palabra que todos conocemos, la cual muchos de nosotros ya hemos practicado, y otros pocos anhelan con fuerza. El matrimonio, en el ojo de la tormenta, pretende ser alcanzado por unos pocos que eligieron ser lo que no les permitía llegar a él. Quedaron fuera de la ley, por libre elección o de nacimiento, e intentan tener para sí algo que, por propia legislación del país que los acoje, no se les tiene permitido acceder.

Sin embargo, las demandas no se estancan ahí, sino que van más allá de una unión reconocida por la comunidad, atrayendo a un nuevo integrante hacia la sociedad que se pretende labrar legalmente. Los hijos, entendidos o no de la situación de la que podrían ser partícipes, son el objetivo que se ha convertido en primordial para las parejas homosexuales que ya no ven como suficiente el hecho de unirse en matrimonio, por más que la utilización de esta palabra moleste a muchos.

En la actualidad, el tema de la adopción de un hijo es cuestión universal. ¿Qué quiero decir con esto? Cualquier persona soltera, ya sea heterosexual, homosexual o bisexual, puede hacerse de un hijo con los trámites pertinentes, ya que el Estado no puede inferir en la preferencia de género de cada uno de sus ciudadanos, de lo contrario, pecaría de discriminatorio.

Por razones obvias el sector religioso es el principal opositor a la causa, sus fundamentos rozan lo conspirativo, acudiendo a viejos recursos de todavía más viejas escrituras, logrando tan solo enfrentar aún más a las minorías con su apartado Dios. Esto no hace más que centrar la atención en conflictos añejos que no parecen tener solución por cuestiones ideológicas, aunque pareciera deberse más a una cuestión de tolerancia de ambos.

Para el sector político opositor a la iniciativa, en cambio, el tema es tomado con pinzas, algo que parece no hacer la parte avaladora, que rápidamente dio media sanción a una medida que revoluciona cánones sociales, más allá de lo tendiente a lo religioso que tanto protagonismo ha captado hasta ahora, y modifica la forma de vida de miles de personas, arriesgando descontentos que desembocarán eventualmente en segregación de las partes, más que la que seguramente existe hoy frente a minorías de diferente inclinación sexual.

Hay quienes piensan que se debería hacer un profundo análisis, antes incluso de someter proyectos de ley de esta índole a votación parlamentaria. Sin embargo, parece que el tema ya tiene fecha de vencimiento, el próximo 14 de julio en el Senado, cuando busque la media sanción restante, y donde, según una suerte de boca de urna, la iniciativa lleva la ventaja.

Así como existe la contraparte, deberíamos suponer de la existencia de un contraproyecto para atender la inquietud de una minoría, ya que no por su condición queda exenta de la protección del Estado. En este caso, existe.

"Unión Civil" en vez de matrimonio, es lo ofertado desde la oposición, algo así como un matrimonio civil, aunque quitando algunos de los beneficios de los que goza cualquier pareja heterosexual que oficializa su compromiso ante el Estado.

El beneficio que se omite de la contrapropuesta, el cual es agregado como implicancia del proyecto de ley con media sanción en Diputados, es la adopción de hijos, algo que parejas homosexuales quieren alcanzar en su afán de ser vistos como iguales ante la ley.


En este orden, estríctamente hablado del proyecto de ley, una especialista en Derechos Humanos, en los cuales se han basado gran parte de los argumentos de las colectividades, criticó duramente a ley ante la prescencia de graves falencias en su planteamiento.

Por una parte, el proyecto elimina de su raíz a la figura de la madre, habla solo de padres, algo que atenta contra la propia intención de homosexuales por adoptar. Al no cumplir con una dualidad paternal como figura jurídica, y ante el hipotético caso de una disolución del vínculo adoptado legalmente por la pareja gay, el niño quedaría desprotegido legalmente, contrario a lo que casualmente buscan conseguir, ya que al decidir sobre la tenencia de un niño, el Tribunal de Familia se la concede generalmente a la "madre", algo que en este caso ha quedado suprimido. Todo esto generaría un desorden de grandes magnitudes en procesos llevados a acabo por el cuerpo jurídico nombrado.

Por último, se adjunta un beneficio exclusivo del cual no goza una pareja "standard", que tiene que ver al apellido del hijo, el cual podrá ser libremente escogido por cualquiera de los dos integrantes de una pareja homosexual al no existir la nombrada figura "maternal", es decir, existen dos posibles apellidos "paternos" como opción.

Habiendo hecho alusión a esto último, en relación a los hijos, podríamos decir que la problemática es simple, haciendo a un costado a lo que en primera instancia generó el conflicto, el matrimonio gay, y reduciéndola a dos puntos de vista fundamentales y enfrentados: Derecho a criar v/s Bienestar del niño.

El derecho a criar de toda persona, en este caso particular, la de personas homosexuales, parece no estar sujeto al amor que se pueda entregar a un hijo, no es directamente proporcional a las ganas de hacerlo, por lo menos es lo que aduce la parte opositora, afirmando que "por amor no puede cambiarse el código civil".

Sin dudas es admirable como desde colectividades gay, algunos de sus representantes hacen explícitas sus ganas de adoptar y dar un hogar a niños abandonados por sus padres, llegando a declarar que de ser posible, sacarían de la calle a niños que vivan en ellas. Pero hay otro tema áltamente discutible en este ámbito, y es el que justamente encuentra aval en la ciencia: El bienestar psicológico del niño.

Hay estudios que demuestran en Estados Unidos, que chicos adoptados sufren un estrés distinto al de un ñino normal. Este mal, lo lleva a caer en depresión y conductas violentas que, al mismo tiempo, cuando el hijo en cuestión es adoptado por parejas homosexuales, se ven incrementados en forma porcentual.

Ya hubo casos en la Argentina, donde periodistas ensañados salieron a buscar a los hijos de travestis y solteros de inclinaciones sexuales distintas a la "standard", casi en un acto que bordea lo irresponsable en cuanto a la salud mental de los niños, quienes, sometidos a preguntas directas y sin el menor tipo de cuidado, mostraron un claro grado de perturbación psicológica causada, no por sus padres, cabe aclararlo ya que es importante, sino por su entorno.

No es el padre homosexual quien causa el trastorno al niño, sino el entorno que se vuelca hacia él a causa de su condición de hijo de homosexual, algo fuera de lo "standard", cosa que la sociedad no deja pasar fácilmente.


Será cuestión entonces de poner sobre la balanza lo que cualquier padre haría en estos casos, algo así como medir las pretenciones personales en contra del bien común de los hijos.

"Si lo amas, dejalo ir" dice una canción. Si se demostrara fiélmente que lo pretendido por la comunidad gay atenta directamente contra la salud del niño... ¿Estarían dispuestos a relegar su lucha?




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