InicioOfftopicLo que hace falta: Artistas e Intelectuales comprometidos
Jorge Abelardo Ramos (1921-1994) A los veintiocho años publica su primer libro: “América Latina: un país” que es secuestrado por la policía federal por orden de la Comisión de Actividades Anti Argentinas, dirigida por el diputado conservador Emilio Visca. Este libro marcará su camino: la consigna de unidad latinoamericana lo acompañará toda su vida. Juan José Hernández Arregui (1912-1974) El golpe militar del 16 de septiembre de 1955, le quitó sus cátedras, como así también el programa radial. Se sumó a la “resistencia peronista” y cayó detenido en varias oportunidades. La maquinaria de difusión del sistema lo discriminó, aislándolo de publicaciones, revistas, televisión y radio. Él mismo debió costear la impresión de sus libros. Sin embargo desde esta marginación, lanzó sus obras, que constituyeron críticas implacables a la cultura e ideologías dominantes John William Cooke (1919-1968) “La economía no ha sido nunca libre. O se la dirige y controla por el Estado en beneficio del Pueblo o la manejan los monopolios en perjuicio de la Nación”. A mediados de octubre de 1955, cae detenido y lo conducen a la Penitenciaría de la calle, Las Heras, luego lo trasladan a Ushuaia y de ahí a Caseros y nuevamente a Ushuaia, Las Heras y Caseros. Su último destino fue la cárcel de Río Gallegos, donde el 17 de marzo de 1957, junto con Jorge Antonio, Cámpora, Kelly y otros compañeros, logran fugar a Chile. Fermín Chávez (1924-2006) Acontecido el golpe militar del 55' su respuesta fue inmediata: Publicará “Civilización y Barbarie. El liberalismo y el mayismo en la cultura argentina”. Participará además en numerosas publicaciones clandestinas como “De Frente”, “El Populista”, y “Norte”. En 1990 recibirá el Premio Consagración Nacional por parte de la Secretaría de Cultura de la Nación, en 1991 dictará la materia Historia del Pensamiento Argentino en la Universidad de La Plata, y entre 1996 y 1998 Historia Social y Económica en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Lomas de Zamora. Fermín publicó más de 46 libros continuando además la obra de José María Rosa con la colaboración de prestigiosos autores como con Juan C. Cantoni, Jorge Sulé, y Enrique Manson. Arturo Jauretche (1901–1974) En diciembre de 1933, y en varios puntos del país, se produjeron levantamientos contra el gobierno fraudulento del General Justo: entre los radicales civiles detenidos, en Paso de los Libres, aparece Jauretche, a quien la experiencia insurreccional le costará cuatro meses de prisión en Corrientes.Entre 1950 y el 16 de septiembre de 1955 se llamó a silencio; volviendo con todo a la lucha después del golpe militar, escribiendo en “EL Líder” y editando “El 45”, clausurados luego por el gobierno de Aramburu. Publicó “El Plan Prebisch, retorno al coloniaje”, una fuerte crítica a los planteos del asesor económico del gobierno militar. José María Rosa (1906–1991) En 1942 salió su primer libro de historia argentina: “Defensa y pérdida de nuestra independencia económica”, denunciando el comercio libre como factor de sometimiento al capital inglés. El triunfo de la auto denominada “Revolución Libertadora” lo encontró viviendo en la ciudad de La Plata, con cátedras en el secundario y la universidad. Lo dejaron cesante y también lo encarcelaron por dar refugio a su amigo y compañero John William Cooke. Pasó 70 días en prisión, 35 de ellos incomunicado. Rodolfo Puiggrós (1906-1980) Historiador, político, periodista y catedrático Rodolfo Puiggrós fue uno de los intelectuales más notables que ha dado el pensamiento historiográfico y filosófico del siglo XX. En 1973 fue nombrado por el gobierno de Cámpora Rector de la Universidad de Buenos Aires, llevando a cabo importantes transformaciones: creó el Instituto del Tercer Mundo, promovió la expulsión de profesores ligados al capital extranjero como Roberto Alemann, se abrieron nuevas cátedras y se politizaron las Facultades. Pocos meses duró su gestión, caracterizada por la derecha como “subversiva”. Fue atacado luego, por la derecha lopezrreguista que lo obligó a exiliarse en 1974, logrando abortar, a punta de pistola, ese importantísimo proceso de cambio en la UBA y otras universidades nacionales que empezaban a acompañar la lucha popular Raúl Scalabrini Ortiz (1898–1959) En 1933, después de haber investigado en cuanto archivo lo dejaron indagar, llegó a esta triste conclusión: “Verifiqué con asombro inenarrable que todos los órdenes de la economía argentina obedecían a directivas extranjeras, sobre todo inglesas (…) Ferrocarriles, tranvías, teléfonos y por lo menos, el 50 por ciento de capital de los establecimientos industriales y comerciales eran propiedad extranjera (…). Esto explica por qué en un pueblo exportador de materias primas podía haber hambre”. En 1959 luego de una lenta agonía por el cáncer fallece el 30 de mayo, rodeado de su mujer y sus cinco hijos. Enrique Santos Discépolo (1901-1951) Tanto en la década del 20 como en la del 30, mientras la mayoría de los escritores consagrados no registran, en sus poemas, cuentos y novelas, la dramática situación social de la Argentina, “Discepolín”, primero, desde el teatro, y luego, desde sus tangos, deja un testimonio implacable, expresando, como nadie en la Argentina, el sufrimiento y la desesperanza popular. Reducido a “filósofo pesimista” como autor de tangos y calificado de “vendido” por su adhesión al peronismo, Enrique se murió en su departamento de Callao 765. Fallece el 23 de diciembre de 1951. Ese día, “las chicas” del centro porteño – por él retratadas en “Esta noche me emborracho” – deciden no trabajar en homenaje al gran artista a quien, como dijo Manzi, “le dolía como propia la cicatriz ajena”. Leopoldo Marechal (1900–1970) A partir de 1918, con la muerte de su padre y poco después de su tío Mujica, se produjo un giro muy importante en su vida. Estudió magisterio y comenzó su tarea docente en 1921. En la década del veinte, integró el grupo “Martín Fierro”, destacándose como poeta. Varios libros publicados por entonces lo consagraron como uno de los jóvenes poetas más importantes de esa época: “Los aguiluchos” (1922), “Días como flechas” (1926), “Odas para el hombre y la mujer” (1929). Por entonces, cultivó la amistad de Macedonio Fernández, Raúl Scalabrini Ortiz y Jorge Luis Borges. Participó en diversas revistas literarias y en la década del treinta publicó otros libros de poemas: “Laberinto de amor” (1936) y “Cinco poemas australes” (1937). Luego, dio a conocer: “Sonetos a Sophia” (1940) y “El centauro” (1941), recibiendo la más alta distinción: 1° Premio Nacional de Poesía. Este provocó una entusiasta carta de felicitación de Roberto Arlt: “Poéticamente sos lo más grande que tenemos en habla castellana. Desde los tiempos de Rubén Darío no se escuchó algo semejante…”. Héctor Oesterheld (1919–1977) “El Eternauta” es su gran obra, la cual permite a cada generación y en cada etapa de nuestra historia hacer una lectura diferente, propia y eso lo convierte en un clásico. El mismo Oesterheld confiesa: “El héroe verdadero de “El Eternauta” es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo”. En 1976 pasó a la clandestinidad, y en 1977, fue secuestrado por las FF.AA en La Plata. No fue él, dentro de su familia, la única víctima de la dictadura, el accionar represivo montado casi extinguió a la familia Oesterheld: sus cuatro hijas, sus maridos y novios y dos de sus nietos (nacidos en cautiverio) cayeron junto con él. Sólo quedaron vivos Elsa, su esposa, y los dos nietos nacidos antes del golpe. La fecha de desaparición de Héctor Oesterheld pareciera ser entre el 21 y el 27 de abril de 1977. Los represores lo tuvieron detenido en Campo de Mayo, La Tablada y Monte Chingolo y se cree que fue fusilado en 1978, en algún lugar de la localidad de Mercedes. Cátulo Castillo (1906-1975) La esposa de Cátulo , Amanda Pelufo, se refiere en estos términos a su peor época tras la dictadura del 55: “Lo teníamos todo y de pronto, en 1955, nos quedamos sin nada. Llegó la Libertadora y a Cátulo lo echaron de todas partes. Ya no pudo tener cátedras, ni dirigir SADAIC, ni estar en Cultura. Ni siquiera pudo cobrar sus derechos de autor porque SADAIC, precisamente, fue intervenida. En el peor momento hasta llegaron a prohibir que se pasaran sus temas por radio. No le perdonaron nada. Para empezar que un tanguero estuviera en Cultura. Después que haya sido el primero en llevar el tango al Colón… Vendimos todo y nos recluimos. Cátulo escribía tangos, pintaba al estilo de Quinquela y sobre todo descubrió su amor por los animales. Llegamos a tener 95 perros, 19 gatos y dos corderitos”. Carlos Mugica (1930–1974) Cumpliéndose sus presagios: “Estoy dispuesto a que me maten pero no a matar”, el 11 de mayo de 1974, después de celebrar misa en la Parroquia de San Francisco Solano, fue ametrallado. La ejecución respondía a uno de los grupos de la Triple A, comandada por José López Rega, quién era entonces secretario privado del presidente Perón y Ministro de Bienestar Social. En 1973, Mugica había sido asesor de ese Ministerio durante dos meses, del cual había renunciado por “discrepancias insalvables en relación a la política aplicada a las villas miserias” Francisco “Paco” Urondo (1930–1976) Nació en la ciudad de Santa Fe, el 10 de enero de 1930. Poeta, cuentista, periodista y militante político, dio su vida luchando por el ideal de una sociedad más justa. Producido el golpe militar del 24 de marzo de 1976, la conducción de Montoneros dispuso su traslado a la ciudad de Mendoza. Viajó entonces con su mujer Alicia y su hijita hacia esa provincia argentina. Junto a ellas deambuló por varias casas en busca de una base segura donde asentarse. En uno de esos desplazamientos, durante el mes de junio de 1976, una patrulla militar le intima rendición. Francisco Urondo ofreció resistencia y al quedarse sin balas, tomó la pastilla de cianuro falleciendo antes que pudieran capturarlo. Su esposa Alicia fue ultimada en el mismo operativo. Entre sus libros de poemas, cabe citar: “Historia antigua” (1956), “Breves” (1959), “Lugares” (1961), “Nombres” (1963), “Del otro lado” (1967), “Adolecer” (1968), y “Larga distancia” (antología publicada en Madrid, en 1971). En prosa y teatro: “Todo eso” (1966, cuentos), “Al tacto” (1967, cuentos), “Veraneando y sainete con variaciones” (1966, teatro), “Veinte años de poesía argentina” (1968, ensayo), “Los pasos previos” (1972, novela), “La patria fusilada” (1973, entrevistas a los tres sobrevivientes de la masacre de Trelew). Rodolfo Walsh (1927–1977) En 1953 publicó su primer libro de cuentos, “Variaciones en Rojo”, con el que obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Buenos Aires, y la antología “Diez cuentos policiales argentinos”. A fines de 1956 comenzó a investigar los fusilamientos de peronistas en los basurales de José León Suárez, provincia de Buenos Aires: de allí saldrá su libro “Operación Masacre”. En 1958 siguiendo con está línea de trabajo publicó 32 notas que dieron vida al “Caso Satanowsky” – en el cual se revela el funcionamiento de los servicios de informaciones y su conexión con la gran prensa –. Así, en los 70, Rodolfo Walsh pasó de ser el referente intelectual de la CGTA, a ser uno de los intelectuales más importantes de la organización armada revolucionaria montoneros. El 29 de septiembre de 1976, en un enfrentamiento, muere su hija mayor Vicky, también militante montonera, de 26 años y madre de una nena. La vida de Rodolfo va llegando a su fin. Se precipita por los mismos errores que él termina de señalar a su organización, …“la política de Montoneros lleva al exterminio de sus cuadros y a una derrota política total del proyecto revolucionario, más dura que la militar. El 24 de marzo de 1977, al cumplirse exactamente un año del golpe, hace conocer su famosa “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. Al día siguiente en Entre Ríos y Humberto Primo, un grupo de tareas de la marina trata de secuestrarlo; no se deja agarrar con vida y precipita su propia muerte al desenfundar un revólver de bajo calibre que guardaba en su entrepierna. Una ráfaga de FAL (fusil automático liviano) prácticamente lo cortó en dos. El tiro de gracia se lo dio el comisario Ernesto Enrique Frimón “220” Weber, integrante de la patota. Su cadáver fue exhibido como trofeo en la ESMA. Su casa en San Vicente, provincia de Buenos Aires fue saqueada.
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