“El poeta se vuelve vidente por un logro inmenso y razonado desequilibrio de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; él mismo busca, agota en sí todos los venenos….”. (Carta de Rimbaud a P. Demeny).
En 1884 Paul Verlaine publica Les poètes maudits (los poetas malditos). En esa publicación hacía referencia a los rasgos de las obras de los poetas franceses Corbiére, Rimbaud y Mallarmé. Marceline Desbordes-Valmore, Auguste Villiers de L'Isle-Adam y Pauvre Lelian ( Pobre Lelian, anagrama de Paul Verlaine)


Caricaturas de Rimbaud por Verlaine
Con esta denominación se intentaba agrupar a los poetas franceses que de una forma decidida había contribuido al desarrollo de la modernidad, que se caracterizaban no sólo por lo novedoso de sus ideas y poética, sino por su forma de estar en la vida, a contracorriente de todas las corrientes establecidas y academicistas del momento. Baudelaire, Rimbaud, el propio Verlaine y Mallarmé son cuatro de los principales representantes del Simbolismo, el movimiento que renovó la lírica en Francia a finales del siglo XIX.El movimiento simbolista nació en Francia hacia 1870 e introdujo un aspecto totalmente revolucionario: el verso libre. Los poetas dejaban así de estar sujetos a las normas de la métrica; estaban más interesados en percibir la realidad a través de los sentidos y en transformarla en poemas llenos de símbolos, sugerencias y resonancias musicales.

Retrato de Mallarme por Paul Gauguin
Los autores identificados bajo el apelativo de “poetas malditos” fueron el máximo exponente del artista bohemio, decadente y profundamente crítico con la sociedad de su tiempo.
De todos ellos quien mejor representa la figura de poeta maldito será Jean Arthur Rimbaud, quien aúna todos los tópicos del artista genial: adolescente rebelde, poeta visionario, marginado social... Rimbaud vivió sólo 37 años, pero lo hizo intensamente.
Verlaine

Paul Verlaine en un café, fotografia de Dornac
" Id, pues, vagabundos, sin tregua,
errad, funestos y malditos
a lo largo de los abismos y las playas
bajo el ojo cerrado de los paraísos.
(...)
Y nosotros que la derrota nos ha hecho, ay, sobrevivir,
los pies magullados, los ojos turbios, la cabeza pesada,
sangrantes, flojos, deshonrados, cansados,
vamos, penosamente ahogando un lamento sordo. "
Arte poetica 1885
"La música ante todo preferimos,
por eso mismo el verso imparisílabo
que es más vago y soluble
y que no tiene ningún peso ni pose
que lo tiente.
Y no olvides tampoco el elegir palabras
que se presten al equívoco:
quedémonos con una canción gris,
que junta lo más claro a lo indeciso.
[...]
¡Lo que buscamos siempre es el matiz,
solo el matiz y nada de color!
Sólo el matiz hermana sin herir
sueño con sueño, flauta y bronco son.
[...]
¡Retuércele el pescuezo a la elocuencia!
Y no estará de más, con mano dura,
poner coto a la rima: si la sueltas
nadie sabe hasta donde nos empuja.
[...]
¡La música ante todo, siempre música!
sea tu verso ese algo volandero
que sentimos huir de un alma
en busca de distintos amores y otros cielos.
Sea tu verso anuncio de ventura
en el crispado viento matutino
perfumado de menta y tomillo…
Y lo demás es ya literatura."
errad, funestos y malditos
a lo largo de los abismos y las playas
bajo el ojo cerrado de los paraísos.
(...)
Y nosotros que la derrota nos ha hecho, ay, sobrevivir,
los pies magullados, los ojos turbios, la cabeza pesada,
sangrantes, flojos, deshonrados, cansados,
vamos, penosamente ahogando un lamento sordo. "
Arte poetica 1885
"La música ante todo preferimos,
por eso mismo el verso imparisílabo
que es más vago y soluble
y que no tiene ningún peso ni pose
que lo tiente.
Y no olvides tampoco el elegir palabras
que se presten al equívoco:
quedémonos con una canción gris,
que junta lo más claro a lo indeciso.
[...]
¡Lo que buscamos siempre es el matiz,
solo el matiz y nada de color!
Sólo el matiz hermana sin herir
sueño con sueño, flauta y bronco son.
[...]
¡Retuércele el pescuezo a la elocuencia!
Y no estará de más, con mano dura,
poner coto a la rima: si la sueltas
nadie sabe hasta donde nos empuja.
[...]
¡La música ante todo, siempre música!
sea tu verso ese algo volandero
que sentimos huir de un alma
en busca de distintos amores y otros cielos.
Sea tu verso anuncio de ventura
en el crispado viento matutino
perfumado de menta y tomillo…
Y lo demás es ya literatura."
Rimbaud

Sueño para el invierno 1
En el invierno viajaremos en un vagón de tren
con asientos azules.
Seremos felices. Habrá un nido de besos
oculto en los rincones.
Cerrarán sus ojos para no ver los gestos
en las últimas sombras,
esos monstruos huidizos, multitudes oscuras
de demonios y lobos.
Y luego en tu mejilla sentirás un rasguño...
un beso muy pequeño como una araña suave
correrá por tu cuello...
Y me dirás: «¡búscala!», reclinando tu cara
-y tardaremos mucho en hallar esa araña,
por demás indiscreta.
Hambre
Si a algo tengo afición, no será más
que a la tierra y a las piedras.
Yo siempre almuerzo aire,
roca, carbones, hierro.
Hambres mías, girad. Pastad, hambres,
del prado de los sonidos.
Atraed el alegre veneno
de las corregüelas.
Comeos los guijarros que otros rompen,
las viejas piedras de iglesia;
los cantos rodados de los viejos diluvios, panes sembrados en los valles grises.
El lobo gritaba bajo las hojas
escupiendo las bellas plumas
de su yantar de corral:
como él yo me consumo.
Las verduras, las frutas
sólo aguardan la cosecha;
pero la araña del seto
no come más que violetas.
¡Que duerma ya! Que hierva
en los altares de Salomón.
El caldo fluye sobre la herrumbre,
y se mezcla con el Cedrón.
Por último, oh felicidad, oh razón, separé del cielo el azul, que es negro, y viví, centella dorada de la luz natural. En mi alegría, adopté las expresiones más bufas y más extraviadas que pude hallar.
¡Ha vuelto a aparecer!
- ¿Qué? - ¡La eternidad!
Es el mar mezclado
con el sol.
Eterna alma mía,
observo tu voto
a pesar de la noche sola
y del día en llamas.
¡Así, pues, te desprendes
de los humanos sufragios,
de los comunes impulsos!
Vuelas según…
- Nunca la esperanza,
ningún orietur.
Ciencia y paciencia,
el suplicio es seguro.
No queda mañana,
brasas de satén,
vuestro ardor
es el deber.
¡Ha vuelto a aparecer!
- ¿Qué? - ¡La Eternidad!
Es el mar mezclado
con el sol.
(…)
De : Una temporada en el infierno
a ella...
En el invierno viajaremos en un vagón de tren
con asientos azules.
Seremos felices. Habrá un nido de besos
oculto en los rincones.
Cerrarán sus ojos para no ver los gestos
en las últimas sombras,
esos monstruos huidizos, multitudes oscuras
de demonios y lobos.
Y luego en tu mejilla sentirás un rasguño...
un beso muy pequeño como una araña suave
correrá por tu cuello...
Y me dirás: «¡búscala!», reclinando tu cara
-y tardaremos mucho en hallar esa araña,
por demás indiscreta.
Hambre
Si a algo tengo afición, no será más
que a la tierra y a las piedras.
Yo siempre almuerzo aire,
roca, carbones, hierro.
Hambres mías, girad. Pastad, hambres,
del prado de los sonidos.
Atraed el alegre veneno
de las corregüelas.
Comeos los guijarros que otros rompen,
las viejas piedras de iglesia;
los cantos rodados de los viejos diluvios, panes sembrados en los valles grises.
El lobo gritaba bajo las hojas
escupiendo las bellas plumas
de su yantar de corral:
como él yo me consumo.
Las verduras, las frutas
sólo aguardan la cosecha;
pero la araña del seto
no come más que violetas.
¡Que duerma ya! Que hierva
en los altares de Salomón.
El caldo fluye sobre la herrumbre,
y se mezcla con el Cedrón.
Por último, oh felicidad, oh razón, separé del cielo el azul, que es negro, y viví, centella dorada de la luz natural. En mi alegría, adopté las expresiones más bufas y más extraviadas que pude hallar.
¡Ha vuelto a aparecer!
- ¿Qué? - ¡La eternidad!
Es el mar mezclado
con el sol.
Eterna alma mía,
observo tu voto
a pesar de la noche sola
y del día en llamas.
¡Así, pues, te desprendes
de los humanos sufragios,
de los comunes impulsos!
Vuelas según…
- Nunca la esperanza,
ningún orietur.
Ciencia y paciencia,
el suplicio es seguro.
No queda mañana,
brasas de satén,
vuestro ardor
es el deber.
¡Ha vuelto a aparecer!
- ¿Qué? - ¡La Eternidad!
Es el mar mezclado
con el sol.
(…)
De : Una temporada en el infierno
Mallarmé
Siesta de un fauno
(Égloga)
El Fauno:
Estas ninfas quisiera perpetuar.
¡Que palpite
su granate ligero, y en el aire dormite
en sopor apretado!
¿Quizás un sueño amaba?
Mi duda, en oprimida noche remota, acaba
en más de una sutil rama que bien sería
los bosques mismos, al probar que me ofrecía
como triunfo la falta ideal de las rosas.(…)
Reflexionemos...
Si las mujeres que glosas
un anhela semejan de tus sentido pródigos,
la ilusión, fauno, escapa de los ojos azules
y fríos, tan llorosa fuente de la más casta:
mas la otra, en suspiros, ¿dices tú que contrasta
como brisa del día cálida en tu toisón?
¡Qué no! por el inmóvil y cansado desmayo
de calor sofocando la matinal frescura,
no murmura agua alguna que no vierta mi flauta
al otero rociado de acordes; sólo el aire
pronto a exhalarse fuera de los dos tubos, antes
que disperse el sonido en infecunda lluvia,
es, en el horizonte de línea perfecta,
el invisible y sereno aliento artificial
de toda inspiración que hasta el cielo retorna(...)
El Fauno:
Estas ninfas quisiera perpetuar.
¡Que palpite
su granate ligero, y en el aire dormite
en sopor apretado!
¿Quizás un sueño amaba?
Mi duda, en oprimida noche remota, acaba
en más de una sutil rama que bien sería
los bosques mismos, al probar que me ofrecía
como triunfo la falta ideal de las rosas.(…)
Reflexionemos...
Si las mujeres que glosas
un anhela semejan de tus sentido pródigos,
la ilusión, fauno, escapa de los ojos azules
y fríos, tan llorosa fuente de la más casta:
mas la otra, en suspiros, ¿dices tú que contrasta
como brisa del día cálida en tu toisón?
¡Qué no! por el inmóvil y cansado desmayo
de calor sofocando la matinal frescura,
no murmura agua alguna que no vierta mi flauta
al otero rociado de acordes; sólo el aire
pronto a exhalarse fuera de los dos tubos, antes
que disperse el sonido en infecunda lluvia,
es, en el horizonte de línea perfecta,
el invisible y sereno aliento artificial
de toda inspiración que hasta el cielo retorna(...)
caricatura de Stéphane Mallarmé como un fauno, portada de la revista literaria Les hommes d'aujourd'hui, 1887.