Es domingo por la tarde y estoy trepado a una mesa. Intento cambiar una lámpara del techo. Estoy terminando. De pronto, la mesa cruje y se parte al medio. Previo rebotar contra el respaldo de un sillón, me estrello contra una pequeña mesa ratona. Ni planeada la caída hubiese sido tan melodramática. La mesa ratona también se rompe y quedo tendido en el suelo. Muy cinematográfico. Los daños son menores. Afortunadamente mi bello rostro terminó ileso.
Es miércoles por la tarde y salgo de una clínica médica ubicada en Callao y Lavalle. Sigo mariconeando y maldiciendo mi suerte. ¿Por qué tenía que partirse la mesa al medio justo cuando yo estaba arriba? (tiene algo de retórico el lamento: se rompió, justamente, porque yo estaba arriba) Decido comer un sándwich en Los Galgos. Está al frente de la clínica y es uno de mis bares favoritos de la ciudad.
Estoy a punto de entrar y la veo. Está de espaldas a la ventana. No puedo observarla directamente, sino a través de uno de los espejos del bar. Es una pretérita chica del momento, sentada en una de las mesas. Hace un montón de tiempo que no nos cruzamos. La última vez no volaron cenicerazos, pero casi vuelan. La miro un rato. A fines del año pasado la vi en la presentación de un libro, a lo lejos, y preferí escabullirme junto a las ratas y los cobardes. Está con unas chicas y se ríe de algo. Hay una pátina melodramática y cinematográfica, también, en esta escena. Ya saben. Tony Soprano se preguntaría: “¿Qué pasó con Gary Cooper? El tipo fuerte, silencioso”.
La llamo por celular, esperando que no haya cambiado el número. Suena. La veo revolviendo el bolso y me pregunto si atenderá. Atiende.
―Hola.
―Hola ―digo, no hace falta agregar “soy...”―. ¿Estás ocupada?
―Estoy tomando un café con unas amigas.
―¿Adiviná dónde estoy?
―¿Dónde?
―Atrás tuyo.
Hasta no hace mucho, habría gritado o llamado a los bomberos. Ahora se voltea y me sonríe.
Sale. Nos saludamos con torpeza y hablamos con torpeza. Hay cierta familiaridad, cierta liviandad, cierta cosa conocida. Está bueno.
Dice que llamará para devolverme unos libros. Posiblemente no lo haga. ¿Cómo actuaría Gary Cooper?
Entra al bar y yo decido morir en un Burger King. Pienso: ¡Se robó mi bar! Pienso: ¡Hablamos más de cinco minutos sin discutir! Pienso: ¿Me estoy riendo?
Entonces me doy cuenta: voy sonriendo.
Cuando veo por la calle a alguien sonriendo, me pongo de buen humor. Gente joven y vieja, hombres y mujeres, ricos y pobres. A veces tratan de controlarse, a veces les importa un perno. Sonríen porque aprobaron un examen. Porque recordaron un chiste. Porque van a ser padres. Porque tuvieron una linda cita romántica. Porque consiguieron un trabajo, o un aumento, o un ascenso. Sonríen porque algo les hizo gracia, o porque algo les salió bien, o porque se sienten súbitamente contentos.
¿Qué pasó con el tipo fuerte y silencioso? ¿Qué pasó con Gary Cooper?
A la mierda con Gary Cooper.
Otros post del gusto rockero amiguitos:
MAS POSTS TEMÁTICOS, DESCARGAS Y HUMOR ROCKERO HACIENDO CLICK EN LOS RAMONES
MAS POSTS TEMÁTICOS, DESCARGAS Y HUMOR ROCKERO HACIENDO CLICK EN LOS RAMONES