Por aquellos años, la Confederación Argentina estaba formada por tan sólo 14 provincias. El territorio argentino era mucho más pequeño que el actual, ya que por ejemplo toda la patagonia o la región chaqueña eran controlados por pueblos indígenas. La provincia de Misiones estaba deshabitada luego de la cruenta guerra contra Brasil de 1820.
Las provincias de la Confederación eran bastante independientes entre sí, pero se mantenían aliadas por acuerdos y tratados. Al igual que hoy en día, cada una de ellas tenía su Gobernador. Juan Manuel de Rosas, que era el Gobernador de Buenos Aires, tenía más poder que el resto y había unificado a todas las provincias entre sí. Era una especie de "Presidente" de la Confederación.
Aunque en 1831 se había ganado la guerra civil argentina contra el Partido Unitario (que quería que Buenos Aires sea un país independiente), muchos líderes unitarios huyeron a Uruguay y durante décadas provocaron revueltas a la distancia y divulgaban sus ideas contra los Federales. Tanta era la presión desestabilizadora que ejercían desde Uruguay, que en 1844 se enviaron tropas argentinas a asediar la ciudad de Montevideo. Sin embargo, la ciudad resistió casi indefinidamente el bloqueo por casi 10 años porque contaba con apoyo de Francia y Gran Bretaña.
En 1850, Juan Manuel de Rosas prohibió el comercio con Uruguay para castigar aún más al país donde residían sus enemigos unitarios exiliados. Inesperadamente esto perjudicó económicamente a la provincia de Entre Ríos y especialmente a su multimillonario Gobernador, Justo José de Urquiza, quien no pudo tolerar que se le impida vender productos a Uruguay ya que obtenía importantes ganancias monetarias por el comercio por tierra y agua con el país limítrofre. Se sabe incluso que Urquiza vendía oro a otros países en secreto, lo cual era ilegal, exportándolo clandestinamente desde Entre Ríos, lo cual aumentó muchísimo su fortuna.
Urquiza y su increíble mansión, el Palacio San José que está intacto hoy en día
Liderada por Urquiza, la provincia Entre Ríos comenzó a conspirar para derrocar a Rosas en secreto, traicionando al resto de las provincias y aliándose con los unitarios que quedaban en Argentina y exiliados en Uruguay. La provincia de Corrientes era una gran aliada de Entre Ríos y se unió a ella en esta traición, por el momento secreta, liderada por el Gobernador Benjamín Virasoro.
Benjamín Virasoro, gobernador correntino que se unió a la traición de Urquiza
Como Montevideo ya casi no podía resistir el asedio a manos de los argentinos, los uruguayos pidieron ayuda al Imperio de Brasil, quienes aceptaron dar su apoyo militar a cambio de que se le regalen los territorios del norte de Uruguay (entre otras cosas). Los uruguayos aceptaron y entonces el Imperio de Brasil comenzó a movilizar tropas. En secreto, las provincias de Entre Ríos y Corrientes se aliaron con los Uruguayos y Brasileros para atacar al mismo tiempo a Rosas y derrocarlo. Brasil además exigió a Urquiza que si ganaban la guerra, se les permita circular libremente por los ríos argentinos, lo cual fue aceptado.
Pedro II de Brasil aportó tropas ya que obtenía muchísimos beneficios a cambio
Finalmente, en 1852, llegó el momento de la acción. Los brasileros invadieron el norte de argentina con 3500 tropas, al mismo tiempo que Urquiza cruzó a Uruguay con 6000 tropas correntinas y entrerrianas para liberar a Montevideo del asedio. Las provincias de la Confederación se asquearon de la traición de estas dos provincias, repudiando al "loco, traidor, salvaje unitario Urquiza" como principal enemigo. Sin embargo, como decimos hoy en día, estas declaraciones fueron "puro humo" ya que ninguna provincia movilizó tropas para enfrentarlos. Rosas tan sólo comenzó a preparar un ejército que defienda Buenos Aires.
El banquero más importante de Brasil, el Barón de Mauá, le pagó millones a Urquiza para que marche contra sus compatriotas argentinos
Montevideo fue liberada sin derramamiento de sangre, ya que los oficiales argentinos se shockearon al ver que Urquiza llegaba para luchar del lado uruguayo y decidieron rendirse sin hostilidades, a cambio de liberar a la ciudad y poder retirarse. Urquiza entonces liberó Montevideo y reclutó tropas uruguayas para volver con él a pelear a la Argentina. Todos los soldados Brasileros, Uruguayos, Correntinos y Entrerrianos se reunieron en la ciudad de Gualeguaychú, donde se prepararon para invadir Buenos Aires.
Para llegar hasta Santa Fe desde Entre Ríos hay que cruzar el río Paraná. La caballería lo hizo a nado, y la infantería y cañones fueron transportados en buques brasileros.
Todo este ejército pasó por la Provincia de Santa Fe, donde "convencieron" a varios líderes locales para que se unan a la batalla de su lado, lo cual lograron. En el camino, se sublevó un regimiento entero asesinando a su comandante unitario y a todos los oficiales, y se pasaron al bando rosista. Uno de los comandantes "unitarios arrepentidos" más célebres fue Martiniano Chilavert que prefirió unirse a su enemigo histórico Rosas ante que a las fuerzas de un país extranjero.
Martiniano Chilavert, comandante de artillería unitario, prefirió unirse a Rosas antes que invadir Buenos Aires del lado de brasileros
La batalla finalmente se dio cuando Rosas decidió salir a enfrentarse a los brasileros, uruguayos y cipayos argentinos en las afueras de Buenos Aires, en la Estancia de la familia Caseros. Urquiza contaba con al menos 24.000 hombres, entre ellos 16.000 brasileños (que traían 3000 mercenarios alemanes) y 1500 uruguayos. Entre los unitarios que derramaron sangre argentina ese día se encontraban Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento. Rosas por su parte contaba con 22.000 hombres para la defensa de Buenos Aires. En ambos bandos, el grueso de las tropas eran gauchos indisciplinados y con muy baja moral.
La batalla duró 6 horas. En el fondo puede verse la Estancia, y más atrás el Palomar
Durante la batalla se formaron 3 flancos, el izquierdo, el central y el derecho. En el izquierdo los unitarios atacaron a la infantería rosista con caballería, encabezados por Urquiza y sus jinetes entrerrianos. El derecho fue un ataque combinado de uruguayos y brasileros a una estructura conocida como el Palomar, una curiosa construcción circular destinada a la cría de palomas la cual capturaron y desde allí atacaron al flanco derecho que cayó rápidamente. El flanco derecho y el izquierdo de la Confederación fueron derrotados pasadas unas 5 horas, pero la parte central del ejército de Rosas tenía cerca de 40 cañones y no dejaban que nadie se les pueda acercar. Infantería y artillería disparaban con todo lo que tenían a las cargas de caballería que se acercaban, dejando nubes de humo negro y pedazos de cuerpos desparramados por el terreno lleno de cráteres de balas cañones.
La Estancia Caseros se encuentra intacta hoy en día, al igual que el Palomar (que se construyó en el 1600)
La defensa de la parte central estaba dirigida por Martiniano Chilavert. Tanto tiempo resistieron en la parte central del ejército de la Confederación, que los cañones comenzaron a ponerse al rojo vivo, obligando a los artilleros a que los enfríen con agua. Pasadas las horas, ya no había mas agua y se orinaban los cañones para enfriarlos. Se tiene registros de que cuando se les acabaron las balas de cañones, buscaron por el campo de batalla balas enemigas para usarlas, y cuando no encontraron más empezaron a poner rocas y escombros en los cañones. Finalmente, no tuvieron más munición y los sobrevivientes huyeron ante la inminente derrotada. Aunque tuvo oportunidad de huir, Martiniano Chilavert permaneció fumando junto a los cañones esperando a que las fuerzas de Urquiza lo capturen.
Derrota de la caballería de Rosas, que es herido en la mano
Los unitarios, al capturar a Chilavert, lo llevan ante Urquiza. Allí Urquiza le recriminó que había traicionado a los unitarios al unirse al bando de Rosas. Chilavert le recriminó que el único traidor era él, que se había aliado a esos brasileros esclavistas que tanto dinero le han prestado, para atacar a su patria. Urquiza ordenó fusilarlo por la espalda (castigo reservado a los traidores), pero cuando lo llevaron al sitio de fusilamiento, Chilavert exigió ser baleado de frente y a cara descubierta. Se defendió a golpes, pero fue ultimado a bayonetazos y golpes de culata. Su cadáver permaneció insepulto varios días. Centenares de prisioneros de la batalla fueron ejecutados uno por uno, y sus cadáveres colgados de los árboles del Bosque de Palermo.
Diplomáticos ingleses quedaron horrorizados al visitar a Urquiza en Palermo y ver cadáveres colgando de los árboles
Las fuerza vencedora podía haber entrado a la ciudad de Buenos Aires al día siguiente de la Batalla de Caseros, el día 3 de febrero. Sin embargo los brasileños forzaron a Urquiza a hacerlo recién el 20 de febrero, aniversario de la batalla de ltuzaingó, como reparación por aquella derrota del Imperio a manos del ejército argentino. Rosas renunció a su cargo y huyó a Inglaterra, donde murió a los 84 años. En una carta escrita por Domingo Faustino Sarmiento, cuenta lo que decían los comandantes brasileros acerca de Urquiza una vez terminada la batalla:
"¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía después de entrar a Buenos Aires quería que le demos cien mil duros mensuales, mientras oscurecía el brillo de nuestras armas en Caseros para atribuirse él solo los honores de la victoria."
(Domingo Faustino Sarmiento, Carta de Yungay, 13/10/1852)
Las provincias de la Confederación eran bastante independientes entre sí, pero se mantenían aliadas por acuerdos y tratados. Al igual que hoy en día, cada una de ellas tenía su Gobernador. Juan Manuel de Rosas, que era el Gobernador de Buenos Aires, tenía más poder que el resto y había unificado a todas las provincias entre sí. Era una especie de "Presidente" de la Confederación.
Aunque en 1831 se había ganado la guerra civil argentina contra el Partido Unitario (que quería que Buenos Aires sea un país independiente), muchos líderes unitarios huyeron a Uruguay y durante décadas provocaron revueltas a la distancia y divulgaban sus ideas contra los Federales. Tanta era la presión desestabilizadora que ejercían desde Uruguay, que en 1844 se enviaron tropas argentinas a asediar la ciudad de Montevideo. Sin embargo, la ciudad resistió casi indefinidamente el bloqueo por casi 10 años porque contaba con apoyo de Francia y Gran Bretaña.
En 1850, Juan Manuel de Rosas prohibió el comercio con Uruguay para castigar aún más al país donde residían sus enemigos unitarios exiliados. Inesperadamente esto perjudicó económicamente a la provincia de Entre Ríos y especialmente a su multimillonario Gobernador, Justo José de Urquiza, quien no pudo tolerar que se le impida vender productos a Uruguay ya que obtenía importantes ganancias monetarias por el comercio por tierra y agua con el país limítrofre. Se sabe incluso que Urquiza vendía oro a otros países en secreto, lo cual era ilegal, exportándolo clandestinamente desde Entre Ríos, lo cual aumentó muchísimo su fortuna.
Urquiza y su increíble mansión, el Palacio San José que está intacto hoy en día
Liderada por Urquiza, la provincia Entre Ríos comenzó a conspirar para derrocar a Rosas en secreto, traicionando al resto de las provincias y aliándose con los unitarios que quedaban en Argentina y exiliados en Uruguay. La provincia de Corrientes era una gran aliada de Entre Ríos y se unió a ella en esta traición, por el momento secreta, liderada por el Gobernador Benjamín Virasoro.
Benjamín Virasoro, gobernador correntino que se unió a la traición de Urquiza
Como Montevideo ya casi no podía resistir el asedio a manos de los argentinos, los uruguayos pidieron ayuda al Imperio de Brasil, quienes aceptaron dar su apoyo militar a cambio de que se le regalen los territorios del norte de Uruguay (entre otras cosas). Los uruguayos aceptaron y entonces el Imperio de Brasil comenzó a movilizar tropas. En secreto, las provincias de Entre Ríos y Corrientes se aliaron con los Uruguayos y Brasileros para atacar al mismo tiempo a Rosas y derrocarlo. Brasil además exigió a Urquiza que si ganaban la guerra, se les permita circular libremente por los ríos argentinos, lo cual fue aceptado.
Pedro II de Brasil aportó tropas ya que obtenía muchísimos beneficios a cambio
Finalmente, en 1852, llegó el momento de la acción. Los brasileros invadieron el norte de argentina con 3500 tropas, al mismo tiempo que Urquiza cruzó a Uruguay con 6000 tropas correntinas y entrerrianas para liberar a Montevideo del asedio. Las provincias de la Confederación se asquearon de la traición de estas dos provincias, repudiando al "loco, traidor, salvaje unitario Urquiza" como principal enemigo. Sin embargo, como decimos hoy en día, estas declaraciones fueron "puro humo" ya que ninguna provincia movilizó tropas para enfrentarlos. Rosas tan sólo comenzó a preparar un ejército que defienda Buenos Aires.
El banquero más importante de Brasil, el Barón de Mauá, le pagó millones a Urquiza para que marche contra sus compatriotas argentinos
Montevideo fue liberada sin derramamiento de sangre, ya que los oficiales argentinos se shockearon al ver que Urquiza llegaba para luchar del lado uruguayo y decidieron rendirse sin hostilidades, a cambio de liberar a la ciudad y poder retirarse. Urquiza entonces liberó Montevideo y reclutó tropas uruguayas para volver con él a pelear a la Argentina. Todos los soldados Brasileros, Uruguayos, Correntinos y Entrerrianos se reunieron en la ciudad de Gualeguaychú, donde se prepararon para invadir Buenos Aires.
Para llegar hasta Santa Fe desde Entre Ríos hay que cruzar el río Paraná. La caballería lo hizo a nado, y la infantería y cañones fueron transportados en buques brasileros.
Todo este ejército pasó por la Provincia de Santa Fe, donde "convencieron" a varios líderes locales para que se unan a la batalla de su lado, lo cual lograron. En el camino, se sublevó un regimiento entero asesinando a su comandante unitario y a todos los oficiales, y se pasaron al bando rosista. Uno de los comandantes "unitarios arrepentidos" más célebres fue Martiniano Chilavert que prefirió unirse a su enemigo histórico Rosas ante que a las fuerzas de un país extranjero.
Martiniano Chilavert, comandante de artillería unitario, prefirió unirse a Rosas antes que invadir Buenos Aires del lado de brasileros
La batalla finalmente se dio cuando Rosas decidió salir a enfrentarse a los brasileros, uruguayos y cipayos argentinos en las afueras de Buenos Aires, en la Estancia de la familia Caseros. Urquiza contaba con al menos 24.000 hombres, entre ellos 16.000 brasileños (que traían 3000 mercenarios alemanes) y 1500 uruguayos. Entre los unitarios que derramaron sangre argentina ese día se encontraban Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento. Rosas por su parte contaba con 22.000 hombres para la defensa de Buenos Aires. En ambos bandos, el grueso de las tropas eran gauchos indisciplinados y con muy baja moral.
La batalla duró 6 horas. En el fondo puede verse la Estancia, y más atrás el Palomar
Durante la batalla se formaron 3 flancos, el izquierdo, el central y el derecho. En el izquierdo los unitarios atacaron a la infantería rosista con caballería, encabezados por Urquiza y sus jinetes entrerrianos. El derecho fue un ataque combinado de uruguayos y brasileros a una estructura conocida como el Palomar, una curiosa construcción circular destinada a la cría de palomas la cual capturaron y desde allí atacaron al flanco derecho que cayó rápidamente. El flanco derecho y el izquierdo de la Confederación fueron derrotados pasadas unas 5 horas, pero la parte central del ejército de Rosas tenía cerca de 40 cañones y no dejaban que nadie se les pueda acercar. Infantería y artillería disparaban con todo lo que tenían a las cargas de caballería que se acercaban, dejando nubes de humo negro y pedazos de cuerpos desparramados por el terreno lleno de cráteres de balas cañones.
La Estancia Caseros se encuentra intacta hoy en día, al igual que el Palomar (que se construyó en el 1600)
La defensa de la parte central estaba dirigida por Martiniano Chilavert. Tanto tiempo resistieron en la parte central del ejército de la Confederación, que los cañones comenzaron a ponerse al rojo vivo, obligando a los artilleros a que los enfríen con agua. Pasadas las horas, ya no había mas agua y se orinaban los cañones para enfriarlos. Se tiene registros de que cuando se les acabaron las balas de cañones, buscaron por el campo de batalla balas enemigas para usarlas, y cuando no encontraron más empezaron a poner rocas y escombros en los cañones. Finalmente, no tuvieron más munición y los sobrevivientes huyeron ante la inminente derrotada. Aunque tuvo oportunidad de huir, Martiniano Chilavert permaneció fumando junto a los cañones esperando a que las fuerzas de Urquiza lo capturen.
Derrota de la caballería de Rosas, que es herido en la mano
Los unitarios, al capturar a Chilavert, lo llevan ante Urquiza. Allí Urquiza le recriminó que había traicionado a los unitarios al unirse al bando de Rosas. Chilavert le recriminó que el único traidor era él, que se había aliado a esos brasileros esclavistas que tanto dinero le han prestado, para atacar a su patria. Urquiza ordenó fusilarlo por la espalda (castigo reservado a los traidores), pero cuando lo llevaron al sitio de fusilamiento, Chilavert exigió ser baleado de frente y a cara descubierta. Se defendió a golpes, pero fue ultimado a bayonetazos y golpes de culata. Su cadáver permaneció insepulto varios días. Centenares de prisioneros de la batalla fueron ejecutados uno por uno, y sus cadáveres colgados de los árboles del Bosque de Palermo.
Diplomáticos ingleses quedaron horrorizados al visitar a Urquiza en Palermo y ver cadáveres colgando de los árboles
Las fuerza vencedora podía haber entrado a la ciudad de Buenos Aires al día siguiente de la Batalla de Caseros, el día 3 de febrero. Sin embargo los brasileños forzaron a Urquiza a hacerlo recién el 20 de febrero, aniversario de la batalla de ltuzaingó, como reparación por aquella derrota del Imperio a manos del ejército argentino. Rosas renunció a su cargo y huyó a Inglaterra, donde murió a los 84 años. En una carta escrita por Domingo Faustino Sarmiento, cuenta lo que decían los comandantes brasileros acerca de Urquiza una vez terminada la batalla:
"¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía después de entrar a Buenos Aires quería que le demos cien mil duros mensuales, mientras oscurecía el brillo de nuestras armas en Caseros para atribuirse él solo los honores de la victoria."
(Domingo Faustino Sarmiento, Carta de Yungay, 13/10/1852)