Cuando los conquistadores españoles llegaron a América, los indígenas les relataron la historia de unos dioses blancos, barbados, de ojos azules y pelo rojizo que un día partieron con la promesa de volver en el futuro. Uno de éstos dejó una huella indeleble entre aquellas gentes.
Los aztecas y toltecas lo llamaron Quetzalcóatl, los incas Viracocha, para los chibchas era Bochica, para los mayas Kukulkán y en las regiones del Pacífico de Guatemala y El Salvador era conocido como Xiuhtecuhtli. Pero, ¿quiénes eran y de dónde provenían aquellos extraños seres tan sabios como hábiles constructores?
El 6 de noviembre de 1942, Cistóbal Colón escribió en su diario: «Contaron mis mensajeros que después de una marcha de doce millas habían llegado a una aldea como de unos mil habitantes. Los indígenas los recibieron con grandes muestras de afecto y los hospedaron en sus más bellas mansiones; los llevaron en hombros, les besaron manos y pies e intentaron hacerles comprender que ya sabían que los hombres blancos eran los enviados de los dioses. Hasta cincuenta hombres y mujeres insistieron en regresar con ellos al cielo de los dioses eternos…». Los pueblos de América Central y de América del Sur mantenían en su «recuerdo» la visita, en la noche de los tiempos, de unos hombres blancos, altos, rubios y barbudos que les enseñaron la ciencia, la técnica y las leyes básicas para que su civilización progresase. Pero un día desaparecieron, prometiendo su regreso. Según cuenta el conquistador Francisco Pizarro, en Cuzco vio una estatua de tamaño colosal que representaba a un sujeto vestido con una túnica y calzado con sandalias. En el templo de Coricancha habían erigido una estatua de mármol del dios blanco Viracocha, vestido con un largo traje y con porte altivo. En la Relación anónima de las costumbres antiguas de los naturales del Piru, se la describe «con respecto al cabello, color de la tez, facciones, vestimenta y sandalias, era tal como los pintores representan al apóstol san Bartolomé». En todas las antiguas leyendas de los pueblos andinos aparece un individuo de similares características, siempre envuelto en un halo de misterio. Aunque sea conocido por distintos nombres, se trata casi siempre de la misma figura: Viracocha, maestro de la ciencia y la magia, el cual esgrimía terribles armas mortíferas. Llegó en los tiempos del caos para restaurar la paz y la civilización en el mundo.
Si nos remontamos a tiempos anteriores:
1.- Tras el hundimiento de la Atlántida (en torno al 10.000 a. C.).
2.- Alrededor del3114 a. C.
3.- En la época medieval: siglo IX al XIII (vikingos, celtas y otros pueblos europeos o asiáticos habrían desembarcado en América).
En México, los aztecas se referían al dios Quetzalcóatl, que llegó del Reino del Sol para prohibir los sacrificios humanos y predicar la paz. Los mayas, vecinos de los aztecas, aseguraban que sus antepasados arribaron a aquella zona endos ocasiones. La primera de estas migraciones -y al parecer la mayor- provino del este, y fue liderada por un dios blanco llamado Itzamná.
La segunda llegó del oeste, y entre ellos venía Kukulkán, constructor de pirámides y fundador de las impresionantes ciudades de Mayapán y Chichen-Itzá. Luego, desapareció rumbo al sol poniente. ••
En la selva mexicana de Tabasco se conservan leyendas alusivas a Votan, quien venía desde Yucatán. Había sido enviado por los dioses para que dividiera la Tierra, la repartiera a las distintas razas humanas y diera a cada una de ellas su lengua. Votan, promotor de la civilización, es descrito como un individuo de tez pálida, barbudo y vestido con una larga túnica. Su nombre coincide con el de la deidad germánica Wotan y su símbolo principal, al igual que el de Quetzalcóatl, era una serpiente. Más tarde, partió hacia la meseta de Zoque, donde fue rebautizado con el nombre de Condoy y enseñó a sus habitantes ciertos hábitos de conducta. Al sur se asentaban los quichés de Guatemala, quienes llamaron Gugumatz al dios blanco.
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ATLANTES, VIKINGOS, CHINOS ,etc...
En definitiva, uno o varios dioses barbudos recorrieron parte de América Central y del Sur, desde Yucatán hasta el litoral peruano. Desde allí zarparon para el oeste, tal vez hada la Polinesia, donde también se localizan leyendas de dioses blancos que hicieron de las suyas.
Durante siglos se han planteado algunas explicaciones que en ningún caso son plenamente satisfactorias. Por una parte, es innegable que tuvieron lugar viajes precolombinos, en su mayoría accidentales, de Europa a América: vikingos, fenicios, monjes irlandeses, cartagineses, chinos ... que surcaron el Atlántico antes de 1492. Por tanto, no sería descabellado pensar que algunos de estos infortunados marinos se hubieran convertido en instructores de los primitivos pueblos de América. Y si este dato es enigmático, mucho más lo es la presencia de estos seres blancos en épocas más legendarias, asociadas a dos circunstancias: a una gran inundación y a una época de caos. Al parecer, arribaron a las costas americanas huyendo de una catástrofe. Civilizaron a ciertos pueblos, instauraron algunos cultos religiosos ... y luego se marcharon.
El Popol Vuh -recopilación de leyendas de los mayas quiché- afirma que sus ancestros llegaron «del otro lado del mar». Diego de Landa escribió que los indígenas «han escuchado de sus antepasados que esta tierra fue ocupada por una raza de personas que vinieron de Oriente, a quienes Dios había liberado abriendo doce senderos a través del mar». Estas afirmaciones concuerdan con la leyenda de Votan de la que dan cuenta fray Ramón Ordóñez y el obispo Núñez de la Vega, que relata la llegada a Yucatán, hacia el 1000 a. C. según los cálculos de los cronistas, del «primer hombre al que Dios envió a esta región para poblar y distribuir la tierra que ahora se llama América». Realizó cuatro viajes en total. Cuando volvió a América por última vez, dividió el reino en cuatro dominios, fundando una capital en cada uno. Una de las que se menciona es Palenque.
LA RUTA DE VIRACOCHA
Las leyendas son parcas en detalles, pero en algunas encontramos elementos suficientes para darnos cuenta de que la presencia de los dioses blancos obedecía a un plan concreto relacionado con aspectos astronómicos. Por ejemplo, Viracocha, el dios de los andinos, se desplazó civilizando a los pueblos indígenas siguiendo un meticuloso plan. Vino, recuerdan los mitos, para poner orden en un mundo gobernado por el caos. Cuando cumplió su cometido, desapareció adentrándose en el mar. Hoy en día, gracias al uso de las imágenes vía satélite, hemos sido capaces de averiguar que los lugares de Perú, Bolivia y Ecuador que recorrió Viracocha pueden unirse formando una precisa línea recta que une el lago Titicaca, Pukara, Cuzco y Cajamarca, entre otras capitales de la antigüedad. Se trata de un alineamiento geodésico descubierto en 1977 por la arqueóloga María Scholten dEbneth. En su libro La ruta de Wiracacha demostró que la línea de 45 grados sobre la que se ubicó Machu Picchu encaja con una rejilla patrón a lo largo de los lados de un cuadrado, inclinado 45 grados.
Por si fuera poco, las rutas de todos los hijos de Viracocha forman un mismo ángulo de 28 grados y 57 minutos con respecto a la que siguió el dios preinca. Las citadas líneas laterales marcan, casualmente, los puntos clave del recorrido del Sol a lo largo de sus estaciones sobre las tierras peruanas. Los hijos de Viracocha, amén de enseñar a aquellos pueblos primitivos a crecer como civilización, tenían otra misión: «Arreglar los solsticios», tal como les pidió su padre. Señalando sobre el mapa las trayectorias, encontramos que las rutas de los vástagos de Viracocha indican un día concreto: el solsticio de invierno del año 3100 a. C. Esa fecha, aproximadamente, fue para los olmecas y los mayas la primera en su calendario. Según éstos, fue entonces cuando los dioses llegaron del cielo para civilizar la Tierra.
SU CONEXiÓN CON LA ATLÁNTIDA
En su Historia de las cosas de la Nueva España, fray Bernardino de Sahagún, utilizando los textos originales en la nativa lengua náhuatl, habla de la migración desde Aztlán. Dice que hubo siete tribus en total, que abandonaron Aztlán en barcos. Sahagún llama al lugar de desembarco Panotlán, que significa «lugar de llegada por el mar». Los expertos creen que se trata de la actual Guatemala. Las tribus llevaban con ellos a cuatro hombres sabios para que les guiaran y les dirigieran, y conocían también los secretos del calendario. Desde allí, las tribus se encaminaron hacia el «Lugar de la Serpiente- Nube», donde se dispersaron. Por fin, aztecas y toltecas llegaron a un lugar llamado Teotihuacán y allí construyeron dos pirámides, una en honor al Sol y otra a la Luna.
Los reyes gobernaron en Teotihaucán y fueron enterrados allí. En algún momento las tribus comenzaron a abandonar la ciudad sagrada.
Los primeros en irse fueron los toltecas para construir su propia ciudad: Tallan (Tula), que era una réplica de Teotihuacán a pequeña escala. Estaríamos hablando del año 800 d. C. Y su jefe se llamaría Quetzalcóalt en recuerdo de su dios principal Una pregunta todavía sin respuesta es a quiénes representan las estatuas gigantes encontradas en el templo principal de Tula.
Sus descubridores las llamaron ídolos o «atlantes», convencidos de que representaban a sus deidades, lo cual suponía que pudieran ser los descendientes de la diosa Atlatona, «la que brilla en el agua», o que pudieran haber venido de Atlántida, según sugiere Zecharia Sitchin en su obra Los reinos perdidos (1990).
Algunos arqueólogos menos imaginativos los ven simplemente como guerreros toltecas que sostienen en la mano izquierda un manojo de flechas y un átlatl (arma impulsadora) en la manoderecha. Para Sitchin, este instrumento más bien parece una pistola en su funda, sostenida con dos dedos o una herramienta. Según propuso Gerardo Levet en su obra Misión fatal, sería una «pistola de plasma» para dar forma a la piedra.
(mapa mejor ilustrativo de la epoca)
El geógrafo y cartógrafo inglés James M. Allen ha lanzado una impactante teoría sobre la ubicación de la Atlántida. Basándose en los relatos de Platón, argumenta que éste se refiere al Altiplano central de los Andes. Allen realizó un estudio de los antiguos sistemas de medida usados en los libros de Platón, concluyendo que esa región rodeada por montañas y atravesada por un canal que conectaba con el mar, actualmente seco, estaría en realidad en la zona de Oruro, cerca del lago Poopó (Bolivia).
Otra evidencia que cita Allen es la mención que hace Platón de una aleación de oro y cobre llamada oricalco que sólo se halla en los Andes. Afirma que el actual Altiplano boliviano habría estado rodeado de mar en la época de la Atlántida, justificando su teoría mediante abundantes evidencias de restos paleontológicos y arqueológicos encontrados en los últimos años.
En su libro La At!ántida, la solución andina (1988) describe estas teorías. Además, en un video titulado La Atlántida en los Andes, Allen presenta a varios arqueólogos que proponen una antigüedad de doce mil años para las ruinas de Tiahuanaco (similar a las teorías de Arthur Posnansky en su obra Tihuanacu, la cuna del hombre americano), que cree relacionadas con la Atlántida de Platón. El investigador argumenta que Tiahuanaco y el pueblo aymara fueron uno de los diez reinos de la Atlántida. Es más, defiende que la palabra «Anántida» proviene de dos palabras nativas de América: atl, que significa «agua», y antis, que es «cobre».
¿QUÉ PASÓ HACE 5.100 AÑOS?
En tumbas del antiguo Egipto se han hallado derivados de la cocaína que sólo se puede extraer de la planta de coca, originaria de Sudamérica, lo que sería una evidencia del contacto de los egipcios con los atlantes precolombinos.
La historia relatada por Platón podría haber llegado a oídos de Platón en Egipto, donde estuvo de visita. La teoría de J. M. Allen ha inspirado la Expedición Kota Mama a Sudamérica, conducida por el explorador británico John Blashford-Snell y respaldada por la Sociedad de Exploración Científica de Inglaterra.
En las cronologías de antiguas civilizaciones se alude a 5.100 años atrás, así que algo importante debió ocurrir parta que quedara consigo nada tanto en Oriente como en Occidente. Según el Chilam Balam (conjunto de libros que relatan la milenaria historia maya), la historia comienza en el año- 3113 a. C. El especialista alemán en temas mayas Wolfgang Cordan lo relaciona con un misterioso acontecimiento histórico de gran importancia. Es en el 3100 cuando Menes funda la primera dinastía de Egipto, convirtiéndose en el primer faraón y estableciendo la capital en Menfis.
En Los reinos perdidos (1990), Zecharia Sitchin expone que el dios supremo de América Central, Quetzalcóalt (cuyo nombre significa «la serpiente alada»), no es otro que el dios egipcio Thoth, y que la primera civilización en América Central, la olmeca, de origen africano, comenzó precisamente hacia 3114 a. C., año en el que se inicia la Cuenta Larga de los mayas y la leyenda narra que Thoth fue expulsado de Egipto. Curiosamente, como era el hijo de Enki, lleva la serpiente como símbolo. Lo interesante es que existen datos geológicos y astronómicos que nos permiten determinar que alrededor de dicha fecha ocurrió una catástrofe de dimensiones planetarias, por lo que las leyendas a las que hemos aludido cobran sentido. En ese período hubo una gran concentración de metano en los hielos de Groenlandia y un frío exagerado, de acuerdo a los registros de los pinos bristlecones en Bretaña. Existen dos cráteres que pertenecen a dicha época, y según algunos científicos, parece más que posible que un gigantesco enjambre de meteoros causara una gran destrucción sobre la superficie terrestre y cubriera la atmósfera de polvo, probablemente a causa de la ruptura de un gran cometa proveniente de las regiones internas de nuestro sistema solar.
EL DILUVIO UNIVERSAL: LAS PRUEBAS
Un gran impacto meteorítico tuvo lugar en el 2807 a. C., según el científico del laboratorio de Los Alamos (Nuevo México) Bruce Masse, quien cree que el cráter de Madagascar se remonta a ese mismo año, produciendo un gigantesco maremoto con olas de 200 metros de altura que transportaron a tierra enormes depósitos de sedimentos. Analizó 175 mitos sobre inundaciones. en todo el mundo y 14 mencionaban un eclipse solar total en esa fecha, la mitad una lluvia torrencial y un tercio hablaba de un maremoto. Esto explica que al menos hubo dos grandes diluvios, el ocurrido hace 12.000 años, asociado a la historia de Noé, y el de hace 5.000, relacionado con la historia de Gilgamesh. En El invierno Cósmico (1990), de Clube y Napier, se cuenta la historia de las Táuridas, una lluvia de meteoritos asociados al cometa Encke. Se cree que son los restos de un cometa más grande -que debió tener cerca de 100 kilómetros de largo-, el cual se dividió en varios pedazos en los últimos 20.000 a 30.000 años. Cuando su núcleo pasó cerca de la Tierra, sobre el 3000 a. C., generó toda clase de catástrofes. A pesar de la destrucción y desaparición de una antigua civilización humana, 100 años más tarde surgió el despertar de grandes civilizaciones durante el comienzo del tercer milenio antes de nuestra Era. Es entonces cuando aparecen personajes con un elevado conocimiento en agricultura y astronomía que instruyen a distintos pueblos de un lado y otro del Atlántico.
fin del post ,la verdad nos hará libres ,verdad señor cristoban colon !!!!