1. INTRODUCCIÓN
Hola amigos y amigas de taringa ,la Alquimia ha sido ridiculizada durante demasiado tiempo. En el medio universitario y en su sección científica se ha comprobado la poca importancia que se le da a la madre espiritual de la Química Contemporánea. Para quienes no la hayan estudiado, la alquimia es, simplemente, una mezcla de quimeras y divagaciones debidas a los vanos intentos del hombre para fabricar oro artificial, a lo cual lo condujo su sórdida avaricia, o bien la disparatada y altanera pretensión de igualarse con el Creador. Sin embargo, quienes estudian la alquimia, dejando al margen esas preocupaciones secundarias, descubren pronto en ella un encanto de indescriptible apacibilidad. Tal vez ese empeño por cargar el acento en la transmutación de los metales en oro, no sea más que una añagaza para ofuscar a los no iniciados e impedirles ver las realidades secretas de la Alquimia.
¿De dónde viene la Alquimia? La Alquimia es una y nació de un mismo punto en el espacio y en el tiempo. Tal vez los incas, los egipcios y los chinos solamente utilizaron fórmulas o resultados de una ciencia pasada que ellos no comprendían pero que les llegó por tradición y se envolvió en consideraciones místicas y religiosas.
Imposible es saber cuándo, dónde y cómo se inició la Alquimia, pero su nombre parece indicar un origen a la vez egipcio y árabe, dado que la palabra “khom” es la denominación antigua de Egipto y “al” es el artículo definido en lengua arábiga. Por esta razón se ha sostenido frecuentemente la tesis de que Egipto o khem, el país del suelo oscuro, la tierra bíblica de Ham (Ham o Cam, uno de los hijos de Noé), haya podido ser la cuna de la Alquimia, el “arte del país oscuro”.
Mas nos encontramos con quien sostiene que química deriva del vocablo griego khymós, traducido como “humor”, estado de ánimo, estar o no de humor para algo determinado, por lo que la química la podremos asociar con el humor y, en ese caso, química tendríamos que escribirla con hache, según nos dice Serratosa, del mismo modo que antes Jardiel Poncela nos indicaba que “amor se escribe sin hache”, por lo que comprobamos que la hache es el biombo de la escritura.
Según la tradición, la Alquimia se debe a Hermes –quien fue un rey prefaraónico- y él le dio nombre: arte hermético.
Se le atribuyen varios tratados alquímicos, entre otros la famosa “tabla esmeraldina”, que es, sin duda, el resumen más conciso de la Gran Obra. Según la leyenda, los soldados de Alejandro Magno encontraron dicho texto en lo más profundo de la gran pirámide de Gizeh, que será el sepulcro de Hermes. Éste fue quien empleó un puntiagudo diamante –ese enriquecido hijo del carbono, como le llamó Chesterton- para grabar sobre una placa de esmeralda –de aquí su nombre- las escasas líneas que componen la Tabla. Tabla que decía poseer Don Yllán de Toledo a su ilustre visitante, el Deán de Santiago.
Actualmente parece indudable que las pirámides fueron laboratorios alquímicos. No sólo por las referencias que tenemos de Zósimo de Panópolis y diversos autores árabes, sino por recientes inscripciones del tipo “diluye en agua….calienta hasta que hierva,…..etc
Aparato de Zósimo de Panópolis
Lo cierto es que los antiguos egipcios fueron hábiles en numerosas artes: teñido, coloración del vidrio, esmalte, metalurgia, todas las cuales contribuyeron a proporcionarles algunos conocimientos alquímicos rudimentarios.
El pueblo egipcio conocía el vino (y ya Santo Tomás afirma que no es lícito vender vino químico por natural), cuyo bíblico origen es de todos conocido, y no sólo el obtenido de la vid, sino también el preparado por fermentación del jugo de dátiles maduros. Así mismo la cerveza, cuyo patrimonio de origen pertenece exclusivamente a este pueblo.
Pinturas e inscripciones prueban que la lucha contra el alcoholismo se remonta a los tiempos de Sesostris. En las necrópolis y en las momias se han encontrado pinturas que representan bebedores en estado de ebriedad transportados por amigos, Una de las más notables de estas pinturas representa un grupo de damas del mundo elegante que toman copas de vino, mientras otras revelan, por su actitud, asombro y disgusto por la escena que observan
tomando vino
Se ha supuesto también que la Alquimia surgió más al este, en Caldea e incluso en China. Los caldeos fueron notables astrólogos que asociaron el sol, la luna y los planetas, no sólo con los destinos humanos, sino también con los metales entonces conocidos. Todavía más al oriente, en la antigua China, las ideas alquímicas encajaron en el sistema ampliamente religioso y filosófico del taoísmo. Mucho más tarde, en el siglo II, Wei Po-Yang, considerado como el padre de la Alquimia China, escribió el primer tratado en esta lengua enteramente dedicado a la Alquimia y escribió en la preparación de la “píldora de la inmortalidad”, equivalente chino del “elixir de la vida” de la Alquimia Occidental.
Wey Po-Yang
Como estamos en el Año Internacional de la Mujer, mencionemos a Cleopatra, una de las primeras mujeres doctas en química, ya que estudió la acción del vinagre sobre las perlas y a la famosa alquimista María la Judía, a quienes algunos han querido identificar, erróneamente, como hermana de Moisés, y vivió en la época de Demócrito, es decir , siglo IV a. d. c.
María, la Judía
Ella fue quien inventó el sistema del “Baño María”, de tan frecuente empleo en nuestra cocina; también ideó el “kerotakis”, nombre apropiado para una canción de Eurovisión, pero que es un crisol para cera, usado para mezclar pinturas y para extraer oro y plata de una mezcla de metales básicos; “tribikos” para la destilación: redoma con tres golletes y el aerómetro, instrumento idéntico al que usamos en nuestros días y que, habiendo caído en olvido, fue redescubierto por Antoine Baumé en el siglo XVIII.
Y una mujer, cuya toca las nubes, es la representación de la Alquimia, en un bajorrelieve del gran pórtico de Nôtre Dame de Paris.
Para los alquimistas griegos, la ciencia jermética comprendía dos operaciones fundamentales: la “xanthosis” o arte de teñir de amarillo un metal, o sea, fabricar oro, y la “leucosis” o arte de teñir de blanco, o sea, fabricar plata, idea científicamente comprensible para un pueblo que sabía fabricar esmaltes coloreados y que conocía algunos de los secretos del arte tintorial, pero excesivamente polarizada hacia la utilidad de obtener los dos metales que entonces tenían más valor y con los que se fabricaban las monedas empleadas en el comercio. Con el tiempo la plata fue bajando de valor, y por ello los alquimistas árabes ya no hablan de la “leucosis”, sino sólo del oro.
Casi todos los que dedican algún pensamiento a la Alquimia la dejan de lado al considerarla que no fue ciencia ni arte, sólo un conjunto de teorías filosóficas nacidas de la observación de hechos inexplicables entonces y mezclado con toda suerte de misticismos ocultistas y prácticas mágicas, sin base científica alguna, la mayoría de las veces.
Consideran su historia oscura y poco brillante y se adorna la Alquimia de extraños ropajes: astrología, magia y hechicería. Sus cultivadores son la más extraña mezcla de sabios y charlatanes, monjes, príncipes y criminales, y casi siempre, la mayoría alucinados por la fascinación del descubrimiento de la famosa “piedra folosofal” o fórmula para transformar los metales viles (estaño y plomo), en los metales nobles (así llamados por su brillo permanente) oro y plata.
En contraste con este criterio superficial merece destacarse el del gran químico alemán Justus Von Liebig (1803-1873) cuando afirmaba que la Alquimia no difería en absoluto de la química; para él no era sino la química de los tiempos medievales.
Justus Von Liebig
Nos presentan al viejo alquimista de la edad Media como el prototipo de la tenacidad, de la observación y del trabajo. Metido en su laboratorio, oscura cámara donde continuamente arde el fuego en el horno de la transmutación, adornada con extraños signos cabalísticos, y a su alcance el viejo libro donde pacientemente anota todas las observaciones que realiza en las interminables noches de vigilia, su aspecto, generalmente abstraído y descuidado, pendiente sólo del fin que le obsesiona, ofrece, en efecto, indicios de tenacidad, observación y trabajo; pero un análisis más delicado descubre enseguida o alucinaciones de locura o grosera ambición de riqueza. La paciencia, don característico de los alquimistas, es también atributo de la locura y la varicia.
Diversos pintores de los siglos XVI- XVII, como Brueghel, Teniers o Steen, entre otros, o el polaco Matejko, en el siglo XIX, han dejado plasmado en sus lienzos la figura del alquimista. O si acudimos a la catedral de Nôtre dame, podemos contemplarlo en piedra.
También esta opinión se funda en la suposición de que el alquimista buscaba, ante todo, fabricar oro, es decir, estaba dominado por un delirio y, por tanto, pensaba y actuaba como un iluso. No cabe duda de que el motivo espiritual de la obra alquímica es, en principio, más o menos inconsciente, y parece estar escondido en lo más recóndito del alma.
La Alquimia puede compararse con la mística en lo que tiene de camino que permite al hombre llegar al conocimiento de su naturaleza inmortal. Y así lo demuestra la adopción de expresiones alquímicas en la mística cristiana y, de forma más particular todavía, en la musulmana. Los símbolos alquímicos de la perfección apuntan el dominio de la condición humana por el espíritu, al retorno de los orígenes, a lo que la mística de las tres religiones monoteístas describe como recuperación del Paraíso Terrenal.
Nicolas Flamel
Los alquimistas utilizaban con frecuencia el mercurio. Su vapor es tóxico, y el envenenamiento crónico provoca el delirio. Teóricamente, los recipientes empleados se cerraban herméticamente, pero es posible que no todos los adeptos poseyeran el secreto de aquel cierre y que la locura atacase a más de un “filósofo químico”.
Por otro lado, choca el aspecto de criptograma de la literatura alquimista. Se dice que Blais de Vigenère (1523-1596), inventor de los códigos perfeccionados y de los métodos de cifras más ingeniosos, aprendió esta ciencia tratando de descifrar e interpretar los textos de la Alquimia
Blais de Vigenère
eber, o mejor dicho Pseudo-Geber-Corpus, nombre asignado a un conjunto de libros publicados en el siglo XVI, aunque el manuscrito estaba en circulación 200 años antes, pues bien en su “Summa Perfectionis”, hace una recopilación de la alquimia medieval y señala: “No se debe exponer este arte con palabras totalmente oscuras; pero tampoco hay que explicarlo con tanta claridad como para que todos puedan entenderlo, aunque a los espíritus medianos les parezca bastante oscuro; por su parte, los necios y los locos no podrán entender absolutamente nada
De Summa Perfectionis
2. LA ALQUIMIA EN LA EDAD MEDIA
amigos y amigas de taringa en la Edad Media, y especialmente en el período del 400 al 1000 d.c., la preocupación teológica llena los espíritus y, únicamente hacia el siglo VIII empieza a adquirir la Ciencia entre los árabes una cierta importancia. Los conocimientos químicos aprendidos de los egipcios y las ideas filosóficas heredadas de los antiguos, a través de la Escuela de Alejandría dieron a la Alquimia, en manos de los árabes y después en toda Europa, una significación especial.
Los alquimistas consideraron los metales como cuerpos compuestos formados por dos cualidades-principios comunes, el “mercurio”, que representa el carácter metálico y la volatilidad, el “azufre” que poseía la propiedad de la combustibilidad
En el curso del tiempo se unió un tercer principio, la “sal”, que tenía la propiedad de la solidez y la solubilidad. Estos tres principios o elementos, los llamados “tria prima” de los alquimistas, sustituyeron en la Edad Media a los elementos aristotélicos y, aunque al principio tuvieron un carácter abstracto, fueron considerados más tarde como materiales. Consecuencia inmediata de su pensamiento fue para los alquimistas de la transmutación de los metales innobles en nobles y, concretamente, la conversión de plomo, mercurio u otros metales corrientes en oro.
Esta transmutación conocida como la “Gran Obra”, debía realizarse en presencia de la “Piedra Filosofal” cuya preparación fue la tarea primaria de los alquimistas. En el siglo XIII se extendía el objetivo de la Alquimia al buscar el “elixir filosofal o de larga vida”, imaginado como una infusión de la piedra filosofal, el cual debía eliminar la enfermedad, devolver la juventud, prolongar la vida e incluso asegurar la inmortalidad. Se comprende que los alquimistas viejos dedicaron sus últimas fuerzas a la consecución de este sueño.
taller de alquimia
Sean cuales fueran las opiniones sobre el elixir de larga vida, hemos de reconocer que las virtudes medicinales de la piedra son verídicas. A continuación damos un cuadro sinóptico con la longevidad de los alquimistas o fraguadores que poseyeron la piedra filosofal. Naturalmente se excluyen los que murieron asesinados (Zachaire, Kelly –el Cosmopolita-) así como aquellos cuyas fechas de nacimiento y muerte se desconocen (Basilio Valentín, Filaleteo, Lascaris, Schfeld)
Vemos, pues, que la edad media de vida era la de 82 años, en un período en que se registraba un índice general de 38 años.
La Alquimia fue, en general, una práctica secreta debido a los hombres que la relacionaban con la magia y a causa de Dios, pues los alquimistas se consideraban los elegidos para ser depositarios de la verdad y, por ello, no debían divulgar sus conocimientos. Escribieron en un lenguaje hermético describiendo más bien operaciones que hechos y haciendo uso de signos y símbolos
Símbolos alquímicos que podemos contemplar en cualquier farmacia dentro de la cruz hay una copa con una serpiente,hoy en día los símbolos permanecen con las farmacias
Amigos y amigas de taringa aquí os dejo Un libro de alquimia, el “Liber Mutus” no contiene ningún texto sino quince grabados, en su mayoría ininteligibles, para hacer la preparación de la piedra filosofa
3 CONSEJOS PARA ALQUIMISTAS
1º "El alquimista debe ser discreto y silencioso; no revelando a nadie el resultado de sus operaciones";
2º "Vivirá en una casa particular, lejos de los hombres, en donde haya dos o tres aposentos destinados exclusivamente a sus operaciones"
3º "Establecerá meticulosamente la duración y el horario de su trabajo";
4º "Deberá ser paciente, asiduo y perseverante"
5º "De acuerdo con las normas del arte, hará la trituración, sublimación, fijación, calcinación, solución, destilación y coagulación"
6º "Utilizará sólo recipientes de vidrio o vasijas barnizadas, para evitar el ataque de los ácidos"
7º "Deberá poseer suficientes medios económicos para atender a los gastos que requieren tales operaciones"
8º "Sobre todo deberá evitar las relaciones con los principales señores y príncipes, ya que éstos pretenderán primero que acelere su obra y luego le reservarán los peores tormentos si fracasa, o le recompensarán con el encarcelamiento si triunfa"
AQUÍ LA FORMULA PARA CONVERTIR EL PLOMO EN ORO
El mercurio produce oro. Lo mismo ocurre con el plomo. ¿Acaso no es extraño que entre los siete metales conocidos por aquellas fechas, mas algunos cuerpos disponibles, los filósofos herméticos indicaran precisamente que el mercurio y el plomo se transmutaban con facilidad en oro, lo cual es cierto? “Pura casualidad”, respondería seguramente la Facultad de Ciencias, porque en realidad se referían, sin saberlo, a las transmutaciones de isótopos radiactivos.
En efecto, la “casualidad” es algo posible, aunque muy improbable, el “saber” me parece una respuesta más verosímil; el saber acerca de un método que permita transformar los isótopos estables sin necesidad de recurrir a energías formidables.
Hola amigos y amigas de taringa ,la Alquimia ha sido ridiculizada durante demasiado tiempo. En el medio universitario y en su sección científica se ha comprobado la poca importancia que se le da a la madre espiritual de la Química Contemporánea. Para quienes no la hayan estudiado, la alquimia es, simplemente, una mezcla de quimeras y divagaciones debidas a los vanos intentos del hombre para fabricar oro artificial, a lo cual lo condujo su sórdida avaricia, o bien la disparatada y altanera pretensión de igualarse con el Creador. Sin embargo, quienes estudian la alquimia, dejando al margen esas preocupaciones secundarias, descubren pronto en ella un encanto de indescriptible apacibilidad. Tal vez ese empeño por cargar el acento en la transmutación de los metales en oro, no sea más que una añagaza para ofuscar a los no iniciados e impedirles ver las realidades secretas de la Alquimia.
¿De dónde viene la Alquimia? La Alquimia es una y nació de un mismo punto en el espacio y en el tiempo. Tal vez los incas, los egipcios y los chinos solamente utilizaron fórmulas o resultados de una ciencia pasada que ellos no comprendían pero que les llegó por tradición y se envolvió en consideraciones místicas y religiosas.
Imposible es saber cuándo, dónde y cómo se inició la Alquimia, pero su nombre parece indicar un origen a la vez egipcio y árabe, dado que la palabra “khom” es la denominación antigua de Egipto y “al” es el artículo definido en lengua arábiga. Por esta razón se ha sostenido frecuentemente la tesis de que Egipto o khem, el país del suelo oscuro, la tierra bíblica de Ham (Ham o Cam, uno de los hijos de Noé), haya podido ser la cuna de la Alquimia, el “arte del país oscuro”.
Mas nos encontramos con quien sostiene que química deriva del vocablo griego khymós, traducido como “humor”, estado de ánimo, estar o no de humor para algo determinado, por lo que la química la podremos asociar con el humor y, en ese caso, química tendríamos que escribirla con hache, según nos dice Serratosa, del mismo modo que antes Jardiel Poncela nos indicaba que “amor se escribe sin hache”, por lo que comprobamos que la hache es el biombo de la escritura.
Según la tradición, la Alquimia se debe a Hermes –quien fue un rey prefaraónico- y él le dio nombre: arte hermético.
Se le atribuyen varios tratados alquímicos, entre otros la famosa “tabla esmeraldina”, que es, sin duda, el resumen más conciso de la Gran Obra. Según la leyenda, los soldados de Alejandro Magno encontraron dicho texto en lo más profundo de la gran pirámide de Gizeh, que será el sepulcro de Hermes. Éste fue quien empleó un puntiagudo diamante –ese enriquecido hijo del carbono, como le llamó Chesterton- para grabar sobre una placa de esmeralda –de aquí su nombre- las escasas líneas que componen la Tabla. Tabla que decía poseer Don Yllán de Toledo a su ilustre visitante, el Deán de Santiago.
Actualmente parece indudable que las pirámides fueron laboratorios alquímicos. No sólo por las referencias que tenemos de Zósimo de Panópolis y diversos autores árabes, sino por recientes inscripciones del tipo “diluye en agua….calienta hasta que hierva,…..etc
Aparato de Zósimo de Panópolis
Lo cierto es que los antiguos egipcios fueron hábiles en numerosas artes: teñido, coloración del vidrio, esmalte, metalurgia, todas las cuales contribuyeron a proporcionarles algunos conocimientos alquímicos rudimentarios.
El pueblo egipcio conocía el vino (y ya Santo Tomás afirma que no es lícito vender vino químico por natural), cuyo bíblico origen es de todos conocido, y no sólo el obtenido de la vid, sino también el preparado por fermentación del jugo de dátiles maduros. Así mismo la cerveza, cuyo patrimonio de origen pertenece exclusivamente a este pueblo.
Pinturas e inscripciones prueban que la lucha contra el alcoholismo se remonta a los tiempos de Sesostris. En las necrópolis y en las momias se han encontrado pinturas que representan bebedores en estado de ebriedad transportados por amigos, Una de las más notables de estas pinturas representa un grupo de damas del mundo elegante que toman copas de vino, mientras otras revelan, por su actitud, asombro y disgusto por la escena que observan
tomando vino
Se ha supuesto también que la Alquimia surgió más al este, en Caldea e incluso en China. Los caldeos fueron notables astrólogos que asociaron el sol, la luna y los planetas, no sólo con los destinos humanos, sino también con los metales entonces conocidos. Todavía más al oriente, en la antigua China, las ideas alquímicas encajaron en el sistema ampliamente religioso y filosófico del taoísmo. Mucho más tarde, en el siglo II, Wei Po-Yang, considerado como el padre de la Alquimia China, escribió el primer tratado en esta lengua enteramente dedicado a la Alquimia y escribió en la preparación de la “píldora de la inmortalidad”, equivalente chino del “elixir de la vida” de la Alquimia Occidental.
Wey Po-Yang
Como estamos en el Año Internacional de la Mujer, mencionemos a Cleopatra, una de las primeras mujeres doctas en química, ya que estudió la acción del vinagre sobre las perlas y a la famosa alquimista María la Judía, a quienes algunos han querido identificar, erróneamente, como hermana de Moisés, y vivió en la época de Demócrito, es decir , siglo IV a. d. c.
María, la Judía
Ella fue quien inventó el sistema del “Baño María”, de tan frecuente empleo en nuestra cocina; también ideó el “kerotakis”, nombre apropiado para una canción de Eurovisión, pero que es un crisol para cera, usado para mezclar pinturas y para extraer oro y plata de una mezcla de metales básicos; “tribikos” para la destilación: redoma con tres golletes y el aerómetro, instrumento idéntico al que usamos en nuestros días y que, habiendo caído en olvido, fue redescubierto por Antoine Baumé en el siglo XVIII.
Y una mujer, cuya toca las nubes, es la representación de la Alquimia, en un bajorrelieve del gran pórtico de Nôtre Dame de Paris.
Para los alquimistas griegos, la ciencia jermética comprendía dos operaciones fundamentales: la “xanthosis” o arte de teñir de amarillo un metal, o sea, fabricar oro, y la “leucosis” o arte de teñir de blanco, o sea, fabricar plata, idea científicamente comprensible para un pueblo que sabía fabricar esmaltes coloreados y que conocía algunos de los secretos del arte tintorial, pero excesivamente polarizada hacia la utilidad de obtener los dos metales que entonces tenían más valor y con los que se fabricaban las monedas empleadas en el comercio. Con el tiempo la plata fue bajando de valor, y por ello los alquimistas árabes ya no hablan de la “leucosis”, sino sólo del oro.
Casi todos los que dedican algún pensamiento a la Alquimia la dejan de lado al considerarla que no fue ciencia ni arte, sólo un conjunto de teorías filosóficas nacidas de la observación de hechos inexplicables entonces y mezclado con toda suerte de misticismos ocultistas y prácticas mágicas, sin base científica alguna, la mayoría de las veces.
Consideran su historia oscura y poco brillante y se adorna la Alquimia de extraños ropajes: astrología, magia y hechicería. Sus cultivadores son la más extraña mezcla de sabios y charlatanes, monjes, príncipes y criminales, y casi siempre, la mayoría alucinados por la fascinación del descubrimiento de la famosa “piedra folosofal” o fórmula para transformar los metales viles (estaño y plomo), en los metales nobles (así llamados por su brillo permanente) oro y plata.
En contraste con este criterio superficial merece destacarse el del gran químico alemán Justus Von Liebig (1803-1873) cuando afirmaba que la Alquimia no difería en absoluto de la química; para él no era sino la química de los tiempos medievales.
Justus Von Liebig
Nos presentan al viejo alquimista de la edad Media como el prototipo de la tenacidad, de la observación y del trabajo. Metido en su laboratorio, oscura cámara donde continuamente arde el fuego en el horno de la transmutación, adornada con extraños signos cabalísticos, y a su alcance el viejo libro donde pacientemente anota todas las observaciones que realiza en las interminables noches de vigilia, su aspecto, generalmente abstraído y descuidado, pendiente sólo del fin que le obsesiona, ofrece, en efecto, indicios de tenacidad, observación y trabajo; pero un análisis más delicado descubre enseguida o alucinaciones de locura o grosera ambición de riqueza. La paciencia, don característico de los alquimistas, es también atributo de la locura y la varicia.
Diversos pintores de los siglos XVI- XVII, como Brueghel, Teniers o Steen, entre otros, o el polaco Matejko, en el siglo XIX, han dejado plasmado en sus lienzos la figura del alquimista. O si acudimos a la catedral de Nôtre dame, podemos contemplarlo en piedra.
También esta opinión se funda en la suposición de que el alquimista buscaba, ante todo, fabricar oro, es decir, estaba dominado por un delirio y, por tanto, pensaba y actuaba como un iluso. No cabe duda de que el motivo espiritual de la obra alquímica es, en principio, más o menos inconsciente, y parece estar escondido en lo más recóndito del alma.
La Alquimia puede compararse con la mística en lo que tiene de camino que permite al hombre llegar al conocimiento de su naturaleza inmortal. Y así lo demuestra la adopción de expresiones alquímicas en la mística cristiana y, de forma más particular todavía, en la musulmana. Los símbolos alquímicos de la perfección apuntan el dominio de la condición humana por el espíritu, al retorno de los orígenes, a lo que la mística de las tres religiones monoteístas describe como recuperación del Paraíso Terrenal.
Nicolas Flamel
Los alquimistas utilizaban con frecuencia el mercurio. Su vapor es tóxico, y el envenenamiento crónico provoca el delirio. Teóricamente, los recipientes empleados se cerraban herméticamente, pero es posible que no todos los adeptos poseyeran el secreto de aquel cierre y que la locura atacase a más de un “filósofo químico”.
Por otro lado, choca el aspecto de criptograma de la literatura alquimista. Se dice que Blais de Vigenère (1523-1596), inventor de los códigos perfeccionados y de los métodos de cifras más ingeniosos, aprendió esta ciencia tratando de descifrar e interpretar los textos de la Alquimia
Blais de Vigenère
eber, o mejor dicho Pseudo-Geber-Corpus, nombre asignado a un conjunto de libros publicados en el siglo XVI, aunque el manuscrito estaba en circulación 200 años antes, pues bien en su “Summa Perfectionis”, hace una recopilación de la alquimia medieval y señala: “No se debe exponer este arte con palabras totalmente oscuras; pero tampoco hay que explicarlo con tanta claridad como para que todos puedan entenderlo, aunque a los espíritus medianos les parezca bastante oscuro; por su parte, los necios y los locos no podrán entender absolutamente nada
De Summa Perfectionis
2. LA ALQUIMIA EN LA EDAD MEDIA
amigos y amigas de taringa en la Edad Media, y especialmente en el período del 400 al 1000 d.c., la preocupación teológica llena los espíritus y, únicamente hacia el siglo VIII empieza a adquirir la Ciencia entre los árabes una cierta importancia. Los conocimientos químicos aprendidos de los egipcios y las ideas filosóficas heredadas de los antiguos, a través de la Escuela de Alejandría dieron a la Alquimia, en manos de los árabes y después en toda Europa, una significación especial.
Los alquimistas consideraron los metales como cuerpos compuestos formados por dos cualidades-principios comunes, el “mercurio”, que representa el carácter metálico y la volatilidad, el “azufre” que poseía la propiedad de la combustibilidad
En el curso del tiempo se unió un tercer principio, la “sal”, que tenía la propiedad de la solidez y la solubilidad. Estos tres principios o elementos, los llamados “tria prima” de los alquimistas, sustituyeron en la Edad Media a los elementos aristotélicos y, aunque al principio tuvieron un carácter abstracto, fueron considerados más tarde como materiales. Consecuencia inmediata de su pensamiento fue para los alquimistas de la transmutación de los metales innobles en nobles y, concretamente, la conversión de plomo, mercurio u otros metales corrientes en oro.
Esta transmutación conocida como la “Gran Obra”, debía realizarse en presencia de la “Piedra Filosofal” cuya preparación fue la tarea primaria de los alquimistas. En el siglo XIII se extendía el objetivo de la Alquimia al buscar el “elixir filosofal o de larga vida”, imaginado como una infusión de la piedra filosofal, el cual debía eliminar la enfermedad, devolver la juventud, prolongar la vida e incluso asegurar la inmortalidad. Se comprende que los alquimistas viejos dedicaron sus últimas fuerzas a la consecución de este sueño.
taller de alquimia
Sean cuales fueran las opiniones sobre el elixir de larga vida, hemos de reconocer que las virtudes medicinales de la piedra son verídicas. A continuación damos un cuadro sinóptico con la longevidad de los alquimistas o fraguadores que poseyeron la piedra filosofal. Naturalmente se excluyen los que murieron asesinados (Zachaire, Kelly –el Cosmopolita-) así como aquellos cuyas fechas de nacimiento y muerte se desconocen (Basilio Valentín, Filaleteo, Lascaris, Schfeld)
Vemos, pues, que la edad media de vida era la de 82 años, en un período en que se registraba un índice general de 38 años.
La Alquimia fue, en general, una práctica secreta debido a los hombres que la relacionaban con la magia y a causa de Dios, pues los alquimistas se consideraban los elegidos para ser depositarios de la verdad y, por ello, no debían divulgar sus conocimientos. Escribieron en un lenguaje hermético describiendo más bien operaciones que hechos y haciendo uso de signos y símbolos
Símbolos alquímicos que podemos contemplar en cualquier farmacia dentro de la cruz hay una copa con una serpiente,hoy en día los símbolos permanecen con las farmacias
Amigos y amigas de taringa aquí os dejo Un libro de alquimia, el “Liber Mutus” no contiene ningún texto sino quince grabados, en su mayoría ininteligibles, para hacer la preparación de la piedra filosofa
3 CONSEJOS PARA ALQUIMISTAS
1º "El alquimista debe ser discreto y silencioso; no revelando a nadie el resultado de sus operaciones";
2º "Vivirá en una casa particular, lejos de los hombres, en donde haya dos o tres aposentos destinados exclusivamente a sus operaciones"
3º "Establecerá meticulosamente la duración y el horario de su trabajo";
4º "Deberá ser paciente, asiduo y perseverante"
5º "De acuerdo con las normas del arte, hará la trituración, sublimación, fijación, calcinación, solución, destilación y coagulación"
6º "Utilizará sólo recipientes de vidrio o vasijas barnizadas, para evitar el ataque de los ácidos"
7º "Deberá poseer suficientes medios económicos para atender a los gastos que requieren tales operaciones"
8º "Sobre todo deberá evitar las relaciones con los principales señores y príncipes, ya que éstos pretenderán primero que acelere su obra y luego le reservarán los peores tormentos si fracasa, o le recompensarán con el encarcelamiento si triunfa"
AQUÍ LA FORMULA PARA CONVERTIR EL PLOMO EN ORO
El mercurio produce oro. Lo mismo ocurre con el plomo. ¿Acaso no es extraño que entre los siete metales conocidos por aquellas fechas, mas algunos cuerpos disponibles, los filósofos herméticos indicaran precisamente que el mercurio y el plomo se transmutaban con facilidad en oro, lo cual es cierto? “Pura casualidad”, respondería seguramente la Facultad de Ciencias, porque en realidad se referían, sin saberlo, a las transmutaciones de isótopos radiactivos.
En efecto, la “casualidad” es algo posible, aunque muy improbable, el “saber” me parece una respuesta más verosímil; el saber acerca de un método que permita transformar los isótopos estables sin necesidad de recurrir a energías formidables.