Es correcta la nueva versión de la serie televisiva V, ese pequeño objeto de culto de la primera mitad de la década de 1980 en el que unos reptiles extrarrestres neonazis invadían la Tierra con el propósito de beberse el agua y comerse a la población (y a las ratas, aunque sólo como aperitivo). Los cuatro capítulos que se emitieron este mes, de los trece previstos (se verán a partir de marzo de 2010), no revolucionarán el lenguaje narrativo de la televisión, no se transformarán en mojón periodizador, no le quitarán el sueño a ningún mocoso impresionable, ni se convertirán en tema de conversación excluyente en los patios de escuela. Pero se pueden mirar de buena gana.
Escrita y dirigida por Kenneth Johnson, la miniserie original, V, constó de dos capítulos aireados en mayo de 1983. Esos 197 minutos de televisión son imbatibles (¿alguien recuerda qué genial era la primera escena: Mike Donovan en El Salvador, escapando de los militares, cuando se aparece una nave nodriza?). Ciencia ficción de manual, de la buena, con tanto de las películas de platillos volantes de las décadas de 1940 y 1950 como de la novela de Sinclair Lewis de 1935, Eso no puede pasar aquí, o de la obra de 1938 de Bertolt Brecht, Terror y miseria del Tercer Reich. Todo parecía perfecto: las analogías narrativas con la resistencia y la ocupación nazi, las persecuciones y la clandestinidad, los efectos especiales, el suspense, incluso los personajes chatos y estereotipados tenían vida.
Esos 197 minutos de televisión son, simplemente, clásicos.
En 1984 llegaron otros tres capítulos de dos horas: V: La batalla final. El presupuesto fue menor, Johnson se bajó del proyecto cuando apenas arrancaba, pero de todas maneras estuvieron bien. Pudieron haberlo dado por concluido. No lo hicieron. Entre ese año y el siguiente, fue el turno de V: Las series, 19 capítulos de una hora, bastante pedorrines, que pasaron con más pena que gloria.
Por supuesto que además de esto hubo revistas de comics, álbumes de figuritas, pósters, montones de libros (como V: The second generation, novela escrita por Johnson y publicada en 2008, continuación “oficial” de la miniserie de 1983), portadas, análisis sociológicos, videojuegos, muñequitos y todo eso que convierte a un producto de la industria cultural en “boom”. Cuando se hace un balance de “los años 80”, convertidos en concepto, nunca faltan imágenes de la V roja, del símbolo nazoide de los visitantes, de los uniformes y las naves, de Mike Donovan y Juliet Parrish (los líderes de la Resistencia), de la comandante Diana: uno de los villanos más reconocibles de la televisión del siglo XX.
El personaje de Diana era maravilloso. Por ponerse en ingeniosos: Diana era un lagarto, se veía como una gata y actuaba como una perra.
Ahora que lo pienso, la descripción me recuerda a más de una pretérita novia. Sólo que no volaban en naves espaciales, como Diana, sino en escobas de brujas.
Un mérito de la nueva versión de V es que no replicaron a la original: son otros personajes, otras historias, otras ciudades, otros tiempos. Las analogías con el nazismo y los campos de concentración se sustituyeron por analogías con el terrorismo y las células dormidas. Los líderes de la resistencia no son un camarógrafo y una científica, sino un cura y una agente del FBI. Si Diana (interpretada por la australiana Jane Blader) era una perra manipuladora y cínica, Anna (interpretada por la brasileña Morena Baccarin) es una perra manipuladora pero cool: todo sonrisas, todo zen, todo es amor.
Siempre con la paz, sonríe Anna.
Aún así, no funcionó. O quizás sí, dependiendo de qué se entienda por “funcionar”. En estos cuatro primeros capítulos no se comieron ni una rata; no dispararon ni un rayo láser; apenas se vio de refilón que quizás haya reptiles bajo esas sonrisas, pero la insinuación dependía del guiño cultural: que es una reversión, que ya se lo sabía de antes.
Hubo algunas buenas explosiones y algunas ideas sugerentes, pero como se dijo: la serie es correcta. Sólo correcta. No se puede objetar la actuación ni el elenco, los efectos especiales ni la dirección. Pero a diferencia de 1983, cuando se estrenó la original V, hoy abundan las series “correctas”, y también las “muy buenas” y las “excelentes”. En un escenario de muchas series y de alto nivel, V sólo es una más del montón. Del montón bueno, pero aún así del montón.
Eso sí, y aún a riesgo de sonar como un hereje, entre Anna y Diana, me quedo con Anna. Si una reptil nos va a romper el corazón (o a comernos), que no sea un reptil arrogante y ochentoso, parido en la escuela de las familias Ewings (de Dallas) y Carrington (de Dinastía). Ya no estamos para la voluptuosidad (ni los peinados batidos) de los 80.
Si el mundo se va a ir al traste, que al menos sea en manos de un reptil de movimientos new age y sonrisa cool.
Texto:Marcelo Pisarro
Otros post del gusto rockero amiguitos:
MAS POSTS TEMÁTICOS, DESCARGAS Y HUMOR ROCKERO HACIENDO CLICK EN LOS RAMONES
MAS POSTS TEMÁTICOS, DESCARGAS Y HUMOR ROCKERO HACIENDO CLICK EN LOS RAMONES