El siguiente texto fue recientemente escrito por un amigo. La intención el post NO es armar polémica, sino expresar la opinión de un estudiante de 20 años. Por que de eso habla el texto, de nuestro derecho a expresarnos libremente.
Al que quiera comentar que primero lea todo.
¿CLARINISTAS O KIRCHNERISTAS?
Estoy angustiado. Sí, así como lo leen, angustiado. Por las cosas que se ven y por las cosas que se leen. No en los medios, digo, sino en la realidad.
Estoy cansado de que se esté a favor o en contra. Estoy cansado de tener que estar con Buzzi o con Moreno, con las Madres de Plaza de Mayo o con los represores de la dictadura, con la privatización de la época de Menem o el milagro democrático de la estatización de Aerolíneas Argentina. Estoy cansado de que todas las elecciones haya que votar entre la Carrió o 4 candidatos peronistas. Estoy cansado de “Kirchner o el Caos”.
Siempre hay que elegir, siempre hay que dividir. Siempre o estás con el Orden Constitucional (representado aparentemente por una única fuerza política) o caes en el Caos de que gobiernen los ineptos.
Cansado de que el campo sea golpista, oligarca, antidemocrático. Cansado de que Clarín quiera atacar a la presidenta porque sea mujer. Cansado de que Menem sea la encarnación del demonio y De la Rúa (el presidente no peronista más cercano en el tiempo) el más inepto de todos.
Y para colmo ahora tenés que elegir si sos clarinista o kirchnerista (¿?). Si estás a favor del ataque masivo al Gobierno o si defendés al Orden Constitucional.
No voté al Gobierno, no opino como los Kirchner en muchas cosas, y no por eso soy golpista, oligarca, menemista, dictador, fascista, elitista o que haya tenido algo que ver en la crisis del 2001.
No tengo ganas de defender a un grupo económico como Clarín, porque ellos son sólo una empresa. A ver si nos entendemos, no gobiernan, no tienen obligaciones con el pueblo. No representan a nadie más que a los directivos que lo manejan. Poco me importa cuál de ellos gane más plata, no se relacionan con mis intereses como ciudadano.
Pero tampoco quiero ser kirchnerista en esta guerra encarnizada. De hecho, no quiero tomar parte de esta guerra que involucra a la Democracia en algo que no tendría que involucrarse. Que hace que el Estado disponga de sus medios para atacar a una Empresa con fines económicos.
Analicemos juntos la situación…
Tenemos una empresa (no un partido político) que maneja muchos medios de comunicación. ¿Es un monopolio? Ok, sí, es un monopolio, un monopolio legal por cierto porque nunca se incumplió ninguna ley. ¿Estos medios de comunicación son objetivos? No, son subjetivos, muy subjetivos, eso está a la vista. ¿Mienten? No, no mienten, pero sólo muestran la parte negativa del gobierno. ¿Y cuál es el problema? Que la gente tiene que poder escuchar todas las campanas. ¿Y no hay discursos oficiales, canales oficiales, voces oficiales hablando? Sí, las hay. ¿Entonces?...
El periodismo debe ser preferentemente independiente. No debe representar ningún interés político ni económico. Pero si lo tiene… ¿atenta contra el orden constitucional? Si sólo critica al gobierno… ¿está mal? Sí, está mal. ¿Y quién tiene que castigar a esos medios?
Respondo la última pregunta: ¡LA GENTE! Ellos tienen que elegir si ver o no a esos medios que atacan al gobierno. De ninguna manera la ley tiene que meterse en esto, a mi entender.
Pero el grupo Clarín ataca todo el tiempo al Gobierno. ¿Qué pueden hacer para responderles? Porque de alguna manera tiene que saber la gente que no todo es así y escuchar la otra campana. Tienen que agarrar un micrófono, salir a la calle y desmentir. Encarar a los periodistas, responder las preguntas incómodas.
La única manera democrática de callar a quienes nos critican es demostrando con el ejemplo al resto de la gente que aquellos que nos critican están equivocados. Callar sistemáticamente a los demás utilizando el peso de la Ley o del Estado es más antidemocrático que criticar a las autoridades.
Y ahora hablemos puntualmente de la nueva Ley de Medios…
¿El Gobierno quiere atacar a Grupo Clarín con esta ley? La verdad que no sé, eso lo saben ellos solos.
¿Es esta la Ley de la Democracia? Tampoco lo sé. Es algo demasiado general, el éxito de la ley solo se verá cuando se aplique.
¿Es la Ley Antimonopolios? Tampoco sé, en algunos aspectos sí, en otros no.
Y ninguna de las respuestas anteriores me importa, a decir verdad.
Es una ley que técnicamente pareciera ser exitosa. Similar a la aplicada en países primermundistas. Pero hay algo en todo esto que me asusta y que escapa a la comparación con otros países.
Esta ley, objetivamente hablando, le da al Poder Ejecutivo cierto control indirecto sobre los medios masivos de comunicación. Su papel sería el de arbitrar la comunicación para evitar excesos y monopolios. Un papel de policía, un papel de regulador. Me parece bien.
Pero las circunstancias políticas en las que vive la Argentina me parecen no compatibles con el éxito de esta Ley. En los países primermundistas no gobiernan los Kirchner. Tenemos a un ex presidente y a una presidenta con antecedentes de crítica y enfrentamiento directo con la prensa, cuestionando su papel, confrontando políticamente con ellos (“¿Qué te pasa Clarín, estás nervioso?”). Sea lo exitosa que sea esta ley en el marco de lo técnico, es POCO PRUDENTE poner en manos del Poder Ejecutivo el control sobre los medios de comunicación. Y ojo, no estoy diciendo que usen la ley para vengarse del grupo Clarín, digo que existe ALGUNA posibilidad de que así sea analizando el discurso oficialista. No digo que sea una ley AntiClarín, sino que las posibilidades claras y objetivas están. No es prudente entonces, que una Ley así se sancione, porque tiñe de parcial y funcional a un partido político el rol democrático del Congreso.
Cuando digo, entonces, que me opongo a la aprobación de la Ley de Medios que propone el oficialismo, ¿estoy defendiendo a Clarín de algún ataque? Claro, sería clarinista en ese caso.
No defiendo al grupo Clarín, defiendo a cualquier medio de comunicación al cual el Estado ataque sistemáticamente.
Ellos dan un mensaje imparcial, ok. Pero yo como ciudadano soy libre de elegir si quiero o no escucharlo. Ninguna ley debe regular el mensaje que yo pueda escuchar. Bajo ninguna circunstancia. Es una vergüenza que se ponga todo el aparato político y estatal en función de un enfrentamiento de principios entre los políticos gobernantes y una empresa con fines obviamente económicos (al fin y al cabo es una empresa) y que transmite un mensaje subjetivo, pero que evidentemente la gente elije escuchar.
¿No existe canal 7 para que se transmita el mensaje oficialista? La gente no lo ve porque no le interesa, no porque Clarín los obligue a ver Canal Trece o TN, o porque por ley se prohíba que la gente le de raiting a canal 7.
Ante la propia ciudadanía el ex presidente Kirchner fue invitado a los debates entre los candidatos a diputados en las últimas elecciones. No fue. Esa es la forma de enfrentar a los medios opositores: yendo, respondiendo, retrucando, replicando los cuestionamientos, demostrando una práctica de la democracia sensible en quienes nos gobiernan. Dar una conferencia de prensa e invitar a los medios opositores, dejarles preguntar y responder con la verdad es otra manera de mostrarle a la gente la verdad de ellos. Dejá que lo medios de comunicación opositores pregunten y respondé con la verdad si pensás que ellos mienten.
Esconderse en la afirmación “ellos nos atacan” y mandar al Congreso un proyecto de ley que da la posibilidad de que el gobierno controle el futuro de estos medios (lo haga o no lo haga al final) es una vergüenza en plena democracia. Teniendo medios para responder, teniendo la posibilidad de que te pregunten y cuentes tu verdad, que se aprovechen del poder político para sancionar leyes que permitan controlar qué discursos llegan al pueblo o no es una vergüenza mayúscula.
Porque en esta batalla por intereses políticos hay una desigualdad clara: el Gobierno tiene que cuidar que baje el 40% de pobres que tenemos, atender a la constante privatización de las universidades públicas, mejorar el nivel educativo que se evidencia tanto en el interior del país como en el seno de Buenos Aires. Pero ellos ponen al Congreso a debatir una ley para “ganarle el partido” a los que los critican.
La única forma de ganar limpiamente es dándole a la gente para elegir entre las dos verdades y que ellos elijan. Callando una voz no se gana, no al menos limpiamente.
Y a Clarín no “le cabe por ser opositor”. Lo que le pasa a Clarín le puede pasar a cualquiera que quiera manifestar su oposición al Gobierno: tener a todo el peso del poder estatal en contra de uno, poniendo al Estado en función de quienes lo manejan.
Un verdadero desastre.
Como ciudadano lo único que quiero es que dejen que Clarín siga criticando, y ver al Gobierno responder estas críticas. Demostrar con sus políticas que Clarín está equivocado, que clarín miente, y que no que cambie las reglas del juego para ganar. Si es así, si esa es la intención del Gobierno, Argentina siempre será un país banana, caprichoso, inseguro jurídicamente, un país de chiste democrático constante.
Pero, tampoco hay que ser hipócrita, está la posibilidad de que esta no sea la situación.
Sin embargo, no quiero esperar a que se sancione esta ley para saber si esta era o no la intención del Gobierno. Su sanción más que un “éxito de la democracia” (como dijo el diputado electo Pino Solanas) es una imprudencia total y, de verificarse la intención de los Kirchner, una burla al Pueblo que espera que sus gobernantes se encarguen de asuntos inherentes a él y no de una lucha de medios; una burla que llega tarde para ser corregida. Porque para eso fueron elegidos.
¿Y qué es lo que me permite tomarme la atribución de decir que esta puede ser la intención de los Kirchner? Respondo…
• El proyecto de Ley se envía al Parlamento en el contexto de fuertes enfrentamientos verbales (nunca directos) entre el oficialismo y la prensa antioficialista.
• No hay discurso de la presidenta en la que no haya al menos una pancarta que diga “Fuera Clarín” o “TN miente”.
• Los grupos populares en los que el kirchnerismo se ve representado protagonizaron ataques directos contra el grupo Clarín (afiches, últimamente distribuyendo en Retiro un periódico antiClarín, atacando vandálicamente sucursales del diario). El principal líder de estos grupos es el hijo de los Kirchner (aceptado públicamente por el mismo).
• La “inspección sorpresa” que sufrió la sede principal del diario opositor por 200 inspectores de la AFIP el mismo día que se publicara en la tapa del diario una investigación de corrupción que involucraba al líder de este ente del Estado, Ricardo Echegaray. Para teñir aún más de misteriosa esta escena, según declaraciones del propio funcionario Echegaray, esa inspección se hizo sin que él sepa, cuando cualquier inspección de ese tipo debería llevar su firma para poder concretarse.
• Un ex presidente que dice que las últimas elecciones no fueron contra partidos políticos sino contra el Grupo Clarín, politizando su enfrentamiento personal con este grupo.
• La desesperación del gobierno por aprobar rápido esta ley, uniendo cabos que raramente sean casualidad: en el Congreso hay una mayoría oficialista que la gente no votó en las últimas elecciones y que dejaría de existir a partir del 10 de diciembre; el vicepresidente Cobos no estaría a cargo del Senado cuando este proyecto llegue al mismo porque debería hacerse cargo del Ejecutivo ante un viaje de la presidenta (y quedaría a cargo del senado un senador oficialista); los turbios trámites para que la votación en Diputados se hiciera el miércoles pasado llevándose de largo muchos trámites burocráticos por los que pasa toda ley antes de votarse; la carta que recibió el ex presidente Menem (el mismo que según el Kirchnerismo hundió el país que Kirchner salvó en el 2003) de parte del Jefe de Gabinete Aníbal Fernández pidiendo que se solidarice con la Causa Nacional y vote a favor de la Ley que proponen. Y un dato más: el capítulo de las telefónicas en la Ley (que curiosamente era anunciado como uno de los mejores cambios y pilar de la Ley por el Gobierno) se suprimió ante las críticas al ver que con ese cambio muchos más diputados votarían a favor de esta. Son pocas las posibilidades de que tantas casualidades ocurran a la vez. Más bien podría afirmar casi con rotunda objetividad que los Kirchner están desesperados por aprobar esta ley.
Con la nueva Ley de Medios se pone como “asunto de Estado” algo que simplemente es un problema político entre el Gobierno y la voz de algunos periodistas. Y en este juego se pone en peligro la libertad de poder decir lo que uno quiere.
Quiero un país como es hasta ahora, dónde aunque un grupo económico tiene la mayoría de los medios más importantes (que son importantes porque la gente los eligió ver), pueda ser libre de elegir ver o escuchar lo que quiero. Y si quieren quitarle a Clarín el Monopolio, me parece perfecto, pero que no por ello ataquen mi derecho personal de ELEGIR lo que quiero ver o escuchar.
La ley, en su aspecto técnico, puede ser impecable, de hecho por lo poco que entiendo del tema lo es. Pero en el contexto político en el que se encuentra nuestro país puede significar la expresión de la más absurda batalla política, por la cual el pueblo perdería el derecho de elegir a quien escuchar.
No soy ni kirchnrista, ni clarinista, ¿ok? Y no quiero que nadie me haga elegir una postura. Quítenle el monopolio a Clarín (que para eso está el Estado) y déjenme que yo elija si ver TN/canal Trece o no (que para eso están mis derechos).
Comenten con coherencia y respeto, como fue escrito este texto.
Al que quiera comentar que primero lea todo.
¿CLARINISTAS O KIRCHNERISTAS?
Estoy angustiado. Sí, así como lo leen, angustiado. Por las cosas que se ven y por las cosas que se leen. No en los medios, digo, sino en la realidad.
Estoy cansado de que se esté a favor o en contra. Estoy cansado de tener que estar con Buzzi o con Moreno, con las Madres de Plaza de Mayo o con los represores de la dictadura, con la privatización de la época de Menem o el milagro democrático de la estatización de Aerolíneas Argentina. Estoy cansado de que todas las elecciones haya que votar entre la Carrió o 4 candidatos peronistas. Estoy cansado de “Kirchner o el Caos”.
Siempre hay que elegir, siempre hay que dividir. Siempre o estás con el Orden Constitucional (representado aparentemente por una única fuerza política) o caes en el Caos de que gobiernen los ineptos.
Cansado de que el campo sea golpista, oligarca, antidemocrático. Cansado de que Clarín quiera atacar a la presidenta porque sea mujer. Cansado de que Menem sea la encarnación del demonio y De la Rúa (el presidente no peronista más cercano en el tiempo) el más inepto de todos.
Y para colmo ahora tenés que elegir si sos clarinista o kirchnerista (¿?). Si estás a favor del ataque masivo al Gobierno o si defendés al Orden Constitucional.
No voté al Gobierno, no opino como los Kirchner en muchas cosas, y no por eso soy golpista, oligarca, menemista, dictador, fascista, elitista o que haya tenido algo que ver en la crisis del 2001.
No tengo ganas de defender a un grupo económico como Clarín, porque ellos son sólo una empresa. A ver si nos entendemos, no gobiernan, no tienen obligaciones con el pueblo. No representan a nadie más que a los directivos que lo manejan. Poco me importa cuál de ellos gane más plata, no se relacionan con mis intereses como ciudadano.
Pero tampoco quiero ser kirchnerista en esta guerra encarnizada. De hecho, no quiero tomar parte de esta guerra que involucra a la Democracia en algo que no tendría que involucrarse. Que hace que el Estado disponga de sus medios para atacar a una Empresa con fines económicos.
Analicemos juntos la situación…
Tenemos una empresa (no un partido político) que maneja muchos medios de comunicación. ¿Es un monopolio? Ok, sí, es un monopolio, un monopolio legal por cierto porque nunca se incumplió ninguna ley. ¿Estos medios de comunicación son objetivos? No, son subjetivos, muy subjetivos, eso está a la vista. ¿Mienten? No, no mienten, pero sólo muestran la parte negativa del gobierno. ¿Y cuál es el problema? Que la gente tiene que poder escuchar todas las campanas. ¿Y no hay discursos oficiales, canales oficiales, voces oficiales hablando? Sí, las hay. ¿Entonces?...
El periodismo debe ser preferentemente independiente. No debe representar ningún interés político ni económico. Pero si lo tiene… ¿atenta contra el orden constitucional? Si sólo critica al gobierno… ¿está mal? Sí, está mal. ¿Y quién tiene que castigar a esos medios?
Respondo la última pregunta: ¡LA GENTE! Ellos tienen que elegir si ver o no a esos medios que atacan al gobierno. De ninguna manera la ley tiene que meterse en esto, a mi entender.
Pero el grupo Clarín ataca todo el tiempo al Gobierno. ¿Qué pueden hacer para responderles? Porque de alguna manera tiene que saber la gente que no todo es así y escuchar la otra campana. Tienen que agarrar un micrófono, salir a la calle y desmentir. Encarar a los periodistas, responder las preguntas incómodas.
La única manera democrática de callar a quienes nos critican es demostrando con el ejemplo al resto de la gente que aquellos que nos critican están equivocados. Callar sistemáticamente a los demás utilizando el peso de la Ley o del Estado es más antidemocrático que criticar a las autoridades.
Y ahora hablemos puntualmente de la nueva Ley de Medios…
¿El Gobierno quiere atacar a Grupo Clarín con esta ley? La verdad que no sé, eso lo saben ellos solos.
¿Es esta la Ley de la Democracia? Tampoco lo sé. Es algo demasiado general, el éxito de la ley solo se verá cuando se aplique.
¿Es la Ley Antimonopolios? Tampoco sé, en algunos aspectos sí, en otros no.
Y ninguna de las respuestas anteriores me importa, a decir verdad.
Es una ley que técnicamente pareciera ser exitosa. Similar a la aplicada en países primermundistas. Pero hay algo en todo esto que me asusta y que escapa a la comparación con otros países.
Esta ley, objetivamente hablando, le da al Poder Ejecutivo cierto control indirecto sobre los medios masivos de comunicación. Su papel sería el de arbitrar la comunicación para evitar excesos y monopolios. Un papel de policía, un papel de regulador. Me parece bien.
Pero las circunstancias políticas en las que vive la Argentina me parecen no compatibles con el éxito de esta Ley. En los países primermundistas no gobiernan los Kirchner. Tenemos a un ex presidente y a una presidenta con antecedentes de crítica y enfrentamiento directo con la prensa, cuestionando su papel, confrontando políticamente con ellos (“¿Qué te pasa Clarín, estás nervioso?”). Sea lo exitosa que sea esta ley en el marco de lo técnico, es POCO PRUDENTE poner en manos del Poder Ejecutivo el control sobre los medios de comunicación. Y ojo, no estoy diciendo que usen la ley para vengarse del grupo Clarín, digo que existe ALGUNA posibilidad de que así sea analizando el discurso oficialista. No digo que sea una ley AntiClarín, sino que las posibilidades claras y objetivas están. No es prudente entonces, que una Ley así se sancione, porque tiñe de parcial y funcional a un partido político el rol democrático del Congreso.
Cuando digo, entonces, que me opongo a la aprobación de la Ley de Medios que propone el oficialismo, ¿estoy defendiendo a Clarín de algún ataque? Claro, sería clarinista en ese caso.
No defiendo al grupo Clarín, defiendo a cualquier medio de comunicación al cual el Estado ataque sistemáticamente.
Ellos dan un mensaje imparcial, ok. Pero yo como ciudadano soy libre de elegir si quiero o no escucharlo. Ninguna ley debe regular el mensaje que yo pueda escuchar. Bajo ninguna circunstancia. Es una vergüenza que se ponga todo el aparato político y estatal en función de un enfrentamiento de principios entre los políticos gobernantes y una empresa con fines obviamente económicos (al fin y al cabo es una empresa) y que transmite un mensaje subjetivo, pero que evidentemente la gente elije escuchar.
¿No existe canal 7 para que se transmita el mensaje oficialista? La gente no lo ve porque no le interesa, no porque Clarín los obligue a ver Canal Trece o TN, o porque por ley se prohíba que la gente le de raiting a canal 7.
Ante la propia ciudadanía el ex presidente Kirchner fue invitado a los debates entre los candidatos a diputados en las últimas elecciones. No fue. Esa es la forma de enfrentar a los medios opositores: yendo, respondiendo, retrucando, replicando los cuestionamientos, demostrando una práctica de la democracia sensible en quienes nos gobiernan. Dar una conferencia de prensa e invitar a los medios opositores, dejarles preguntar y responder con la verdad es otra manera de mostrarle a la gente la verdad de ellos. Dejá que lo medios de comunicación opositores pregunten y respondé con la verdad si pensás que ellos mienten.
Esconderse en la afirmación “ellos nos atacan” y mandar al Congreso un proyecto de ley que da la posibilidad de que el gobierno controle el futuro de estos medios (lo haga o no lo haga al final) es una vergüenza en plena democracia. Teniendo medios para responder, teniendo la posibilidad de que te pregunten y cuentes tu verdad, que se aprovechen del poder político para sancionar leyes que permitan controlar qué discursos llegan al pueblo o no es una vergüenza mayúscula.
Porque en esta batalla por intereses políticos hay una desigualdad clara: el Gobierno tiene que cuidar que baje el 40% de pobres que tenemos, atender a la constante privatización de las universidades públicas, mejorar el nivel educativo que se evidencia tanto en el interior del país como en el seno de Buenos Aires. Pero ellos ponen al Congreso a debatir una ley para “ganarle el partido” a los que los critican.
La única forma de ganar limpiamente es dándole a la gente para elegir entre las dos verdades y que ellos elijan. Callando una voz no se gana, no al menos limpiamente.
Y a Clarín no “le cabe por ser opositor”. Lo que le pasa a Clarín le puede pasar a cualquiera que quiera manifestar su oposición al Gobierno: tener a todo el peso del poder estatal en contra de uno, poniendo al Estado en función de quienes lo manejan.
Un verdadero desastre.
Como ciudadano lo único que quiero es que dejen que Clarín siga criticando, y ver al Gobierno responder estas críticas. Demostrar con sus políticas que Clarín está equivocado, que clarín miente, y que no que cambie las reglas del juego para ganar. Si es así, si esa es la intención del Gobierno, Argentina siempre será un país banana, caprichoso, inseguro jurídicamente, un país de chiste democrático constante.
Pero, tampoco hay que ser hipócrita, está la posibilidad de que esta no sea la situación.
Sin embargo, no quiero esperar a que se sancione esta ley para saber si esta era o no la intención del Gobierno. Su sanción más que un “éxito de la democracia” (como dijo el diputado electo Pino Solanas) es una imprudencia total y, de verificarse la intención de los Kirchner, una burla al Pueblo que espera que sus gobernantes se encarguen de asuntos inherentes a él y no de una lucha de medios; una burla que llega tarde para ser corregida. Porque para eso fueron elegidos.
¿Y qué es lo que me permite tomarme la atribución de decir que esta puede ser la intención de los Kirchner? Respondo…
• El proyecto de Ley se envía al Parlamento en el contexto de fuertes enfrentamientos verbales (nunca directos) entre el oficialismo y la prensa antioficialista.
• No hay discurso de la presidenta en la que no haya al menos una pancarta que diga “Fuera Clarín” o “TN miente”.
• Los grupos populares en los que el kirchnerismo se ve representado protagonizaron ataques directos contra el grupo Clarín (afiches, últimamente distribuyendo en Retiro un periódico antiClarín, atacando vandálicamente sucursales del diario). El principal líder de estos grupos es el hijo de los Kirchner (aceptado públicamente por el mismo).
• La “inspección sorpresa” que sufrió la sede principal del diario opositor por 200 inspectores de la AFIP el mismo día que se publicara en la tapa del diario una investigación de corrupción que involucraba al líder de este ente del Estado, Ricardo Echegaray. Para teñir aún más de misteriosa esta escena, según declaraciones del propio funcionario Echegaray, esa inspección se hizo sin que él sepa, cuando cualquier inspección de ese tipo debería llevar su firma para poder concretarse.
• Un ex presidente que dice que las últimas elecciones no fueron contra partidos políticos sino contra el Grupo Clarín, politizando su enfrentamiento personal con este grupo.
• La desesperación del gobierno por aprobar rápido esta ley, uniendo cabos que raramente sean casualidad: en el Congreso hay una mayoría oficialista que la gente no votó en las últimas elecciones y que dejaría de existir a partir del 10 de diciembre; el vicepresidente Cobos no estaría a cargo del Senado cuando este proyecto llegue al mismo porque debería hacerse cargo del Ejecutivo ante un viaje de la presidenta (y quedaría a cargo del senado un senador oficialista); los turbios trámites para que la votación en Diputados se hiciera el miércoles pasado llevándose de largo muchos trámites burocráticos por los que pasa toda ley antes de votarse; la carta que recibió el ex presidente Menem (el mismo que según el Kirchnerismo hundió el país que Kirchner salvó en el 2003) de parte del Jefe de Gabinete Aníbal Fernández pidiendo que se solidarice con la Causa Nacional y vote a favor de la Ley que proponen. Y un dato más: el capítulo de las telefónicas en la Ley (que curiosamente era anunciado como uno de los mejores cambios y pilar de la Ley por el Gobierno) se suprimió ante las críticas al ver que con ese cambio muchos más diputados votarían a favor de esta. Son pocas las posibilidades de que tantas casualidades ocurran a la vez. Más bien podría afirmar casi con rotunda objetividad que los Kirchner están desesperados por aprobar esta ley.
Con la nueva Ley de Medios se pone como “asunto de Estado” algo que simplemente es un problema político entre el Gobierno y la voz de algunos periodistas. Y en este juego se pone en peligro la libertad de poder decir lo que uno quiere.
Quiero un país como es hasta ahora, dónde aunque un grupo económico tiene la mayoría de los medios más importantes (que son importantes porque la gente los eligió ver), pueda ser libre de elegir ver o escuchar lo que quiero. Y si quieren quitarle a Clarín el Monopolio, me parece perfecto, pero que no por ello ataquen mi derecho personal de ELEGIR lo que quiero ver o escuchar.
La ley, en su aspecto técnico, puede ser impecable, de hecho por lo poco que entiendo del tema lo es. Pero en el contexto político en el que se encuentra nuestro país puede significar la expresión de la más absurda batalla política, por la cual el pueblo perdería el derecho de elegir a quien escuchar.
No soy ni kirchnrista, ni clarinista, ¿ok? Y no quiero que nadie me haga elegir una postura. Quítenle el monopolio a Clarín (que para eso está el Estado) y déjenme que yo elija si ver TN/canal Trece o no (que para eso están mis derechos).
Comenten con coherencia y respeto, como fue escrito este texto.