Anécdota

En cierta ocasión estaba Truman Capote en un restaurante de Nueva York, siendo esa noche una de esas pocas veces en las que se encontraba lucido y sobrio. Un grupo de mujeres allí presentes reconoció al famoso dramaturgo y se le acercaron con intención de elogiar su obra y pedirle unos autógrafos.
Le ofrecieron cajetillas de cerillas y servilletas de papel para que les firmase ahí, pero el marido de una de las presentes espetó que:
Gay Reprimidodijo:“es un desperdicio el ofrecer tanta emoción femenina hacia un homosexual“
Acto seguido bajó la cremallera de su pantalón y sacándose el pene lo colocó frente a la cara del escritor, al mismo tiempo que le decía:
Gay Reprimidodijo:«Quizás te gustaría firmar esto»
Capote inspecciono el miembro que colgaba frente a su nariz y cortésmente respondió:
TrumanCapote dijo:
«No sé si puedo firmarlo. Tal vez sólo podré poner las iniciales»
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TrumanCapote dijo: