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DILE NO A LA EXPLOTACIÓN INFANTIL




Ezequiel Ferreira, de 6 años, falleció de cáncer luego de agonizar varios días en el Centro Gallegos. La enfermedad la habría contraido al trabajar en la empresa Nuestra Huella S.A. con agrotóxicos.

Ezequiel Ferreira, el niño que trabajaba junto a toda su familia en una granja avícola de la empresa Nuestra Huella S.A., fue internado en terapia intensiva producto de un cáncer terminal la semana pasada, y en el día de ayer perdió la vida.


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Esto ¿Es nuevo?

La explotación laboral infantil es un problema que está a la vista de todos. Si embargo hace falta que el tema se torne mediático para que las autoridades, encargadas de velar por los niños reconozcan su existencia.

Casi dos millones de niños y niñas menores de 15 años se ven obligados a realizar trabajos en las ciudades y el campo argentino, y cualquiera que haya caminado la calle los últimos años podía comprobarlo. Algo que nuestros gobernantes no acostumbran a hacer, salvo en épocas electorales.



Lamentablemente los sucesivos gobiernos nacionales se han empecinado en negar el triste fenómeno. Recién a partir de este año el Estado argentino se ha decidido a encarar, por lo menos, un diagnóstico de la situación.

En ese sentido la secretaria de Trabajo de la Nación, Noemí Rial, reconoce que “para que los niños no trabajen se necesita una sociedad más justa y equitativa”. Y va más allá: “No vamos a erradicar el trabajo infantil si no somos un poco menos hipócritas, porque si les pagamos mal a los padres, ellos no van poder mandar a sus hijos al colegio, ni mantener su casa pero a pesar de ello se puede avanzar”.



La mayor parte de los niños trabajadores vive en las grandes ciudades, donde asisten a albañiles en la construcción, confeccionan calzados, bijouterie y prendas de vestir en emprendimientos familiares y pequeños talleres. Los chicos piden monedas y abren las puertas de los autos en las calles, limpian vidrios, son prostituídos, llenan carros con kilos de cartón, realizan tareas domésticas en casas particulares o en sus propios hogares y cuidan a sus hermanitos cuando sus padres no están. No hay forma de no tropezar con ellos en cada esquina, pero a veces resultan invisibles a los transeúntes.

La mano de obra de los niños es utilizada también para cosechar yerba mate en Misiones, tabaco en Salta, algodón en Chaco, cebolla en San Juan, peras y manzanas en Río Negro, limones en Tucumán y diversas frutas y verduras en las quintas bonaerenses.



Los niños campesinos –en su mayoría– trabajan junto a sus familias, empujados por la abusiva forma de contrato “a destajo”. En el 2004, por ejemplo, se llegó a pagar en Mendoza entre 36 y 85 centavos el tacho de uva (de 21 kilos). Pero también hay bandas organizadas que “alquilan” niños por menor paga que un adulto, como en la “tarefa” (cosecha) de la yerba mate mesopotámica, donde la Unión de Trabajadores rurales y Estibadores ( UATRE) estima que entre 6 mil y 7 mil niños dejan la escuela durante la temporada de cosecha.

Mientras tanto, el Programa de Recuperadores Urbanos (PRU) de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires registró, entre 2002 y 2004, al menos 1.100 cartoneros de entre 15 y 17 años, de los cuales el 90 por ciento viaja cada noche hasta la Capital Federal desde el conurbano bonaerense.



La explotación infantil es un flagelo en crecimiento en todo el planeta. La OIT estima que en el mundo trabajan 246 millones de niños, de los cuales unos 179 millones realizan actividades caracterizadas como “peores formas de trabajo infantil”, que ponen en peligro su integridad mental, física y moral.

En tanto en nuestro país la explotación del trabajo infantil ha crecido junto a la pobreza, a la precarización y a la falta de empleo de los adultos. Según datos de UNICEF, entre 1995 y 2002 la brecha de ingresos entre ricos y pobres se duplicó y entre 2001 y 2003 se han empobrecido 1,5 millones de niños más, a razón de 1.570 niños por día. Así, de los 252 mil niños de 5 a 14 años registrados que trabajaban en 1995 se pasó en el 2000 a casi el doble, 490 mil, o sea, el 91,5 por ciento más.



La pobreza, ciertamente, es una de las principales razones que obliga a que los niños trabajen, pero no es la única causa. El problema tiene orígenes complejos, en los que, según UNICEF, influyen la falta de equidad en la distribución del ingreso, la ineficacia – y a veces la inexistencia- de las políticas públicas de fortalecimiento familiar, el avance del sector informal de la economía y las dificultades de los sistemas educativos para obtener resultados en contextos de divesidad sociocultural.

La oficial de Educación de UNICEF, Elena Duro, afirma que “el trabajo infantil reproduce la pobreza, no la soluciona. Un niño que trabaja y deja de estudiar para mejorar las condiciones de vida de su familia será un adulto poco calificado que solo podrá optar por trabajos mal remunerados”.



Duro sostiene que, el tiempo en que los niños deben abocarse a tareas laborales es tiempo robado a sus juegos, amigos, estudio y descanso. Así al planificar acciones contra la explotación del trabajo infantil, la especialísta subraya la importancia de considerar cuanto ganan los niños que trabajan como parte de la estrategia de supervivencia familiar, sino también cuanto pierden, desde una perspectiva que tenga en cuenta sus derechos.

Por su parte, Alejandro Cussiánovich, del Instituto de Formación para Educadores Jóvenes Adolescentes y Niños Trabajadores de América Latina, afirmó que “no solo no es un accidente del sistema sino un componente de la expansión de la economía de mercado, de la explotación mundial, que crecerá y desafiará con mayor fuerza nuestra capacidad de acción. Se trata de persistir en la lucha contra las causas de la pobreza y no solo contra sus síntomas”.



No existen excusas valederas para no tomar partido para erradicar este flagelo, ni siquiera las razones económicas que se esgrimen a menudo, para justificar la inacción de los gobiernos, que hacen incapié en la falta de fondos e infraestructura para abordar el tema en su totalidad.

La Organización Internacional del Trabajo calculó que reemplazar el trabajo de todos los niños en actividad en el mundo por una educación universal representaría una inversión de 760 mil millones de dólares hasta el año 2020, que a su vez podría generar beneficios por 5,1 billones de dólares, una cifra casi siete veces mayor que los costos totales estimados para lograr el objetivo.


Esto demuestra a las claras que sólo hace falta voluntad para solucionar esta verdadera deuda. Una deuda que bajo ningún concepto puede dejar de pagarse.


Fuente

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Pero esto. ¿Pasa sólo en Argentina?

No, sucede en TODO EL MUNDO

¿Y como frenamos esto?

Denunciando. Cada uno podemos aportar nuestro granito de arena. Cuando veas a cualquier chico no dudes en dar el caso a conocer. Los niños tienen derecho a jugar, a divertirse. No a sufrir y ser exclavos de un sistema que explotador que los prive de los derechos humanos. No queremos mas chicos como Ezequiel Ferreyra.

El, como tantos otros niños, nació con al posiblidad de tener estos derechos:



1.Los niños tienen derecho a la vida.

2.Los niños tienen derecho al juego.

3.Los niños tienen derecho a la libertad y a compartir sus puntos de vista con otros.

4.Los niños tienen derecho a dar a conocer sus opiniones.

5.Todos los niños tienen derecho a una familia.

6.Los niños tienen derecho a la protección durante los conflictos armados.

7.Todos los niños tienen derecho a la libertad de conciencia.

8.Los niños tienen derecho a la protección contra el descuido o trato negligente.

9.Los niños tienen derecho a la protección contra el trabajo infantil.

10.Los niños tienen derecho a la información adecuada.

11.Los niños tienen derecho a la protección contra la trata y el secuestro.

12.Los niños tienen derecho a conocer y disfrutar de nuestra cultura.

13.Los niños tienen derecho a la protección contra las minas terrestres.

14.Los niños tienen derecho a la protección contra todas las formas de explotación.

15.Los niños tienen derecho a crecer en una familia que les dé afecto y amor.

16.Todos los niños tienen derecho a un nombre y una nacionalidad.

17.Todos los niños tienen derecho a la alimentación, la nutrición y las onces.

18.Todos los niños tienen derecho a vivir en armonía.

19.Todos los niños tienen derecho a la diversión.

20.Todos los niños tienen derecho a la libertad.

21.Todos los niños tienen derecho a la paz mundial.

22.Todos los niños tienen derecho a la salud.




Lamentablemento Ezequiel no los tuvo...

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"No se lo que es globalización, no se lo que son derechos humanos. Sólo soy un eslabón, una pieza más de un puzle macabro"
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